20/11/08

Estanflación vs deflación

 
Tenemos pues una situación nueva con respecto a la Gran Depresión de los treinta. La depresión actual no se traduce de inmediato en caída general de los precios. Los precios del sector no monopolista (pimes, autónomos, profesionales, ... ) se desploman; lo mismo ocurre con los salarios y las pensiones. En cambio los precios de los sectores y servicios controlados por las multinacionales y las materias primas sujetas a la especulación de los mercados, resisten o suben descaradamente.


Depresión y deflación en el siglo XXI


La deflación se define como lo contrario a la inflación, una caída sostenida y generalizada de los precios. La deflación es un síntoma y una consecuencia de la depresión. La deflación agrava ( en principio) la depresión dado que la toma de decisión del consumo se pospone en el tiempo en espera de precios más bajos y el crédito se encarece (la cantidad a devolver en términos reales aumenta) desanimando aún más la actividad.

La espiral depresiva debería conllevar deflación. Una caída generalizada de los precios ante la falta de demanda. Pero, a diferencia de la 2ª Gran Depresión, la de los años 30, en la depresión actual algunos precios se resisten extrañamente a la baja.

Pero mantener o aumentar los precios de determinados productos en medio de una espiral depresiva es echar más leña al asador puesto que el consumo se deprime mucho más deprisa y en una proporción mucho mayor que condiciones de deflación generalizada. Si los precios no caen, el subconsumo se acelera y la depresión se profundiza.

Estanflación?


El término estanflación (estancamiento + inflación) fue acuñado en 1965 por el ministro de Finanzas británico Ian McLeod, describiendo una situación que confunde las políticas económicas: La política monetaria utilizada para combatir la desaceleración -baja de los tipos de interés- empeora la inflación, mientras las políticas restrictivas de lucha contra el repunte de precios -como el alza de los tipos de interés- tienden a mermar el crecimiento y pueden agravar una recesión.

En realidad existía un grave problema de sobrecapacidad que desalentaba la inversión a pesar de los bajos tipos de interés. La estanflación obedecía a una alta capacidad de endeudamiento, tanto privada como pública. La política monetaria expansiva facilitaba la expansión del crédito y del endeudamiento de familias y empresas pero esto no se traducía en más inversión. La expansión del crédito se traducía sólo en aumento de los precios.

Sin embargo, en la actual espiral depresiva, a pesar de una expansión astronómica de la base monetaria y de unos tipos de interés reales negativos, la inversión no se recupera y en cambio suben los precios de muchos productos básicos. ¿Estamos de nuevo en situación de estanflación?

¿Porqué suben los precios de algunos productos en depresión?


En régimen de patrón oro (convertibilidad de dinero papel a metal), como en los años 20, una fuerte caída del consumo implicaba de inmediato una deflación generalizada. Pero el "tempo" de la espiral era más lento que en la actualidad.

Durante los primeros estadios de la actual Depresión Permanente, a pesar de la descomunal contracción general del consumo, ciertos precios de productos básicos aguantan e incluso suben. Se acumulan grandes stocks invendidos y las empresas cierran plantas y despiden personal pero ciertos precios se resisten a la deflación . Es decir, la deflación, compañera impenitente de la recesión, no acaba de generalizarse. ¿Cual es la causa?

1.- Las situaciones de monopolio frenan la bajada de precios.

Según los manuales tradicionales de economía, la disminución del consumo disminuirá la demanda haciendo bajar el precio. Pero los manuales no explican que en condiciones de monopolio las grandes corporaciones pueden mantener, e incluso elevar sus precios en sectores inelásticos, puesto que no existen competidores capaces de superar las enormes barreras de entrada que impiden cualquier competencia.


2. La estampida de enjambres de especuladores fuera de los mercados de títulos, se ha reconvertido en puro y simple agiotaje en los mercados inelásticos de la energía, materias primas y alimentos. La reciente subida de precios del petróleo y las materias primas se debe más a factores especulativos (dinero que huye de las bolsas a las "commodities": cobre, oro, diamantes, koltan, petróleo, alimentos, ...) que a factores estructurales de ajuste entre la oferta y la demanda real. Los desajustes reales (tirón chino a partir de 2008) se magnifican exponencialmente en el casino global. 

3. Los gobiernos se endeudan para mantener el precio de los activos en manos de los bancos (vivienda, suelo, activos hipotecarios, etc) evitando o retrasando la caída de precios en el sector.

4. Los salvatajes financieros han puesto una enorme masa de instrumentos monetarios en manos de los bancos reconvertidos en especuladores compulsivos, combustible explosivo que seguirá provocando bandazos en los precios aunque la economía real haya entrado en barrena en la recesión.

M. Friedman, campeón del neoliberalismo y los monopolios, afirmaba que era teóricamente imposible tener una deflación en una economía basada en dinero fiduciario. "Mientras los gobiernos dispongan de imprenta y suficientes helicópteros, la deflación y la crisis podrá apagarse en cualquier momento a base de suficientes pasadas."

Ben Bernanke, sucesor de A. Greenspan en la presidencia de la R.F., fiel seguidor de Friedman, consiguió el cariñoso mote de "Helicopter Ben" de tanto repetir la cita. Fridman murió pero la historia a brindado a su mejor discípulo la oportunidad de poner en práctica sus teorías.


La política monetaria norteamericana ha dejado a la Reserva Federal exhausta de recursos y se estaría incluso planteando emitir su propia deuda (sin ningún control del Congreso) y competir con el Dep. del Tesoro por los recursos escasos del mercado. El balance de la Reserva Federal ha pasado de un total de $900.000 millones a más de 2 billones desde agosto pasado.

El problema es que los famosos helicópteros sólo sueltan su carga cuando pasan sobre los bancos y estos no prestan el dinero llovido del cielo a la economía real sino que se dedican con más ahínco a la especulación.

5. Los mercados presionan a los endeudados estados para que cedan sus monopolios públicos a las multinacionales que de inmediato elevan los precios de los inelásticos servicios básicos (suministro de agua, transporte, electricidad, calefacción, sanidad, farmacia, ... ) que caen en sus manos.

Estanflación para los ricos y deflación para los pobres


Tenemos pues una situación nueva con respecto a la Gran Depresión de los treinta. La depresión no se traduce de inmediato en caída general de los precios. Los precios del sector no monopolista (pimes, autónomos, profesionales, ... ) se desploman. Lo mismo ocurre con los salarios y las pensiones. En cambio los precios de los sectores y servicios controlados por las multinacionales y las materias primas sujetas a la especulación de los mercados, resisten o suben descaradamente.

A medida que avanza la depresión se va consolidando una extraña situación de deflación - estanflación, con precios que aguantan, remontan e incluso registran subidas espectaculares y que solo benefician a los ricos, y precios y salarios que caen perjudicando al resto de la población.

Expansión monetaria mundial


Norteamérica está literalmente quemando el dólar como último recurso frente a la crisis, monetizando su endeudamiento a marchas forzadas.

La hasta ahora ortodoxa Reserva Federal pretende burdamente esconder la enorme cantidad de liquidez que están inyectando en el mercado y que indica la magnitud de la depresión. En un vano intento de aumentar la oferta monetaria inyecta dinero a mansalva en el sistema bancario sin conseguir que el multiplicador bancario revitalice el crédito a la decaída economía.

Las cifras son tan grandes que las autoridades monetarias estadounidenses, aduciendo "altos costes de cálculo", han dejado de publicar la M3 desde marzo del 2006. La M3 es la base monetaria sobre la que se crean, en una proporción más o menos estable, el conjunto de medios de pago de una economía.

A pesar de ello, economistas independientes (como John Williams, o http://www.nowandfutures.com/, ) publican estadísticas sobre la M3 y su evolución, magnitud que obtienen a partir de simples hojas de cálculo y un PC.

Con un déficit corriente de 0,750 billones de $ al año y una combinación de deuda externa pública y privada que ya ha superado los 10 billones de $ (el déficit público oficial para 2008 ha sido de 0.5 billones y según las proyecciones oficiales para 2009 y 2010, rondaría los 1.35 billones cada uno de dichos años), EEUU no puede permitirse una revalorización deflacionista de su moneda (le interesa que no suba demasiado con respecto al euro y demás divisas), pero al mismo tiempo se ve obligado a participar en operaciones de salvamento para que el dólar no pierda toda su credibilidad. Es como jugar a la ruleta rusa.

La combinación de la M3 (Base monetaria) más todos los créditos (bancarios, al consumo, comerciales e hipotecarios) se conoce como la "cantidad de dinero total".

La masa monetaria ha crecido de forma explosiva. Desde inicios de agosto del 2007 ha saltado desde unos 35 billones de $ hasta unos 43 billones a finales de agosto del 2008, un aumento cercano al 23% en un solo año.


Las intervenciones de salvataje de la banca no han hecho más que empezar y los más de 3 billones de dólares empleados de momento ... (EEUU y Europa) podrían multiplicarse por 5 o más a lo largo del año que viene haciendo irresistible la tentación de imprimir billetes a destajo (helicópteros Ben).

La acción coordinada de los bancos centrales (EEUU, Japón, BCE) interviniendo en los mercados de divisas entre julio y septiembre de este año, han aguantado el precio del dólar, de momento, pero los diques al Catrina monetario no parece que vayan a resistir mucho tiempo más.

En 2005 ya se produjo una intervención masiva para mantener al dólar y disminuir su tendencia a la baja. El efecto duró menos de medio año. En las condiciones actuales los efectos de la última manipulación del verano pasado pueden ser aún mas cortos.

Si los desequilibrios presupuestarios generalizados, resultado de las medidas anticrisis, no consiguen reactivar la economía, se irá consolidado un estado de deflación encubierta por una descomunal expansión monetaria fiduciaria que puede llevar al traste todo el sistema monetario internacional.

Llegado el momento, la bancarrota norteamericana se hará realidad con el resultado de la huida masiva hacia cualquier otro depósito de valor distinto del color verde. Entonces habremos entrado de lleno en el peor de los escenarios "imposibles", tan imposible como todo lo que ha venido ocurriendo estos últimos meses.

La solución a la crisis


Tenemos una huelga general de consumidores ante las narices. Tenemos ante las narices una crisis de sobreproducción galopante. Ya casi nadie compra lo que se produce y en cambio la gran mayoría de la humanidad carece de casi todo.

Tenemos grandes stocks de 4x4s que se compran para ir a buscar los niños al cole, yates de todos los tamaños y esloras para hacer el pijo en los clubes de vela, chalets en urbanizaciones residenciales para 15 días de vacaciones, ... un largo etc de productos "de diseño" superfluos para ricos o para emular a los ricos. Con la creciente polarización social de los últimos decenios, toda la estructura productiva se ha adaptado a un consumo desigual, desequilibrado, con productos de alta gama, pisos y mansiones "alto standing" para ricos y comida basura y pisos patera para los demás.

El segmento "rico" cada vez más rico pero cada vez menos numeroso mantiene el poder de aumentar y manipular los precios a pesar de la caída en picado de la demanda. En cambio el segmento "pobre" cada vez más pobre pero cada vez más numeroso, es el que sufre en sus carnes la deflación.

La polarización social ha llegado al extremo de la generalización de espacios secesionados alternativos - off worlds - para ricos, ciudades futuristas, ciudades flotantes, selectas urbanizaciones sobre islas artificiales, ...

En los años 20 ocurría algo parecido y se hubo de reconvertir todo el tejido industrial para adaptarlo a producir otras cosas (cañones, munición, buques de guerra, tanques y aviones). Se crearon "nuevos" puestos de trabajo con buenos sueldos y en una fase subsiguiente a la de la guerra la industria se adaptó a producir, en buena medida, para los trabajadores.


Estamos en una situación semejante y quizás mucho peor. La capacidad productiva está íntegramente organizada para un tipo de producción para ricos que ha declarado la guerra al planeta. Como en el caso de la Gran Depresión 2.0., la necesidad de reconvertir todo el tejido productivo es incuestionable.

La única solución a la crisis es la redistribución real de la renta y la riqueza. Se trata simplemente de que los trabajadores ganen lo suficiente para poder adquirir lo que producen. Las inyecciones monetarias, si no van acompañadas de redistribución, pierden casi inmediatamente su efecto estimulante en las condiciones actuales de deflación encubierta y se convierten en combustible de la especulación.

Sólo la redistribución equitativa de la renta y la riqueza podrá generar una demanda para un tejido productivo que se habrá de readaptar de pies a cabeza para cubrir las necesidades, "racionales" y sostenibles, insatisfechas de la gran mayoría de la población.

5/11/08

La trampa de la liquidez




Naomi Klein: "Se ha nacionalizado parcialmente a los bancos privados o, por el contrario, es el Tesoro de los EEUU el que ha sido parcialmente privatizado por Wall Street?

Nouriel Roubini
: Los bancos centrales han pasado de ser "prestamistas de última instancia" a convertirse en "prestamistas de primera y única instancia"

Definición


La trampa de la liquidez se ha definida como la incapacidad por parte de la autoridad monetaria de estimular la economía bajando los tipos de interés para aumentar el crédito.

El banco central baja el tipo de interés de los créditos y préstamos a corto plazo que concede a los bancos con garantía del papel comercial y otras partidas en los activos de esos bancos. Ello debería favorecer un aumento del préstamo bancario a sus clientes a tipos más bajos aumentando la cantidad de dinero en circulación.

Si el mecanismo se atasca, estamos en situación de trampa de la liquidez. Los bancos centrales crean más y más base monetaria pero el sistema financiero es incapaz de convertirla en oferta monetaria. El multiplicador bancario no funciona.

Esta situación es propia de las espirales recesivas y se dio en los años 30. La falta de expectativas a causa del subconsumo desalientan la inversión y las rebajas en el precio del dinero caen en saco roto ante la inapetencia del público.

Crisis de liquidez y crisis de solvencia


Se aborda la crisis financiera según la metáfora del fontanero. Se trataría de un bloqueo que, una vez liberado, dejará que fluya de nuevo el crédito como antes.

Pero el crédito no es un fluido. El crédito es un contrato. Precisa de una parte prestamista y de otra prestataria. El prestatario tiene que ofrecer la garantía o aval de alguna propiedad que no se desvalorice y disponer de un flujo estable y seguro de renta.

En condiciones de depresión ni prestamistas ni prestatarios están por la labor. Los contratos de crédito se están convirtiendo en una especie en peligro. La gente ha dejado de comprar electrodomésticos o automóviles a plazo, no porque no obtenga buenas condiciones de financiación sino sencillamente por que prefieren ahorrar ante la inseguridad de la depresión. Es así como opera la trampa de la liquidez. Es el tenebroso fantasma de la insolvencia generalizada el que oscurece el ambiente propicio para el crédito.

Así pues, detrás de la crisis de la liquidez se yergue una espeluznante crisis de solvencia generalizada, un agujero negro en el que los activos desvalorizados (balances bancarios, deuda doméstica, quiebras corporativas, deuda institucional ... ) acaban cayendo uno tras otro, arrastrándose entre sí. La cifra engullida podría acabar rondando los 30 billones de dólares. Se ha entrado en un acelerado proceso de insolvencia global.

La trampa de la liquidez y la privatización de los servicios públicos


Un incentivo añadido al atesoramiento en depresión es el desequilibrio financiero de los entes públicos, endeudamiento que, más pronto o más tarde, les obligará a ofrecer, a precios de ganga, una variada y suculenta gama de bienes públicos a quien disponga de dinero fresco y líquido para comprar al contado.

Transferir fondos públicos a la banca para que vuelva, "voluntariamente" y de buena fe, a prestar a las familias y empresarios en apuros, es como repartir tickets para las subastas masivas de bienes públicos que se va a producir en una segunda fase de la depresión. El riesgo de insolvencia se hace mayor cada día que pasa y es absurdo pensar que vuelvan a prestar en los términos en que lo hacían durante la burbuja inmobiliaria por más dinero que reciben de las arcas públicas.

Las corporaciones locales y comunidades autónomas se están quedando sin ingresos y recurriendo masivamente al endeudamiento, mientras que los bancos rescatados con fondos públicos, se dedican a adquirir deuda pública para acudir bien pertrechados a las cada vez más próximas subastas. Muchas emisiones institucionales han sido ya literalmente expulsados de los mercados de títulos de deuda. Además, los recortes de ingresos y la misma trampa de la liquidez, impiden a los entes públicos asumir incluso el mínimo mantenimiento de las infraestructuras básicas de los servicios públicos.

Los gobiernos, por su parte, que tan alegremente están dilapidando sus reservas y su crédito para "ayudar" a la banca, mientras la crisis y la caída del consumo resecan sus fuentes de ingresos, pronto habrán de poner en venta cualquier cosa de valor a su disposición a precios de ganga. Servicios de abastecimiento de agua, tratamiento de aguas residuales, transporte público, autopistas, aeropuertos, suelo industrial o residencial, centros escolares, centros universitarios, mercados públicos, parques naturales,  ... Las privatizaciones de Boris Yeltsin van a parecer cosa de niños.

La mayoría de los servicios públicos constituyen situaciones de monopolio de facto sobre bienes inelásticos de primera necesidad (por eso son públicos) y si caen en manos privadas, pueden imponer precios abusivos para obtener suculentos beneficios. El modelo a seguir ha sido la privatización de los servicios de distribución de agua potable en el Reino Unido. Las empresas distribuidoras han impuesto unas subidas en las tarifas de entre el 17,5% al 62,2% en un año y las proyecciones apuntan a una tarifa de unas 1000 libras por hogar y año dentro de 5 años.

Las posibilidades para invertir en el negocio del agua se han multiplicado: fondos hedge hídricos, fondos de índices en agua, índices EFT, etc. mientras que las grandes corporaciones bancarias de Wall Street se han lanzado a la carrera por la apropiación de los derechos sobre el agua y las redes públicas de distribución y saneamiento.

Goldman Sachs, Citigroup, Carlyle Group, AIG Highstar Capital, Credit Suisse, UBS AG, JPMorgan Chase, Deutsche Bank y otros bancos de inversiones y corporaciones de private-equity, en colaboración con otras instituciones ( fondos de pensiones públicos australianos, canadienses y europeos, fondos soberanos asiáticos o del Medio Oriente) están amasando "cofres de guerra" por valor de miles de millones de $, en anticipación de la crecida marea de privatización de infraestructuras que se vislumbra en el horizonte inmediato.

Rescates públicos y Cofres de guerra privados


Lo de "trampa" se podría entender en varios sentidos: el más tradicional según el cual las autoridades monetarias caen en la trampa de facilitar liquidez a quien no piensa usarla adecuadamente, o bien en el sentido del compás de espera de los predadores para abalanzarse sobre las escuálidas presas que en número creciente caen en la trampa de la espiral depresiva.

En depresión se multiplican los incentivos al atesoramiento. El consumidor o el inversor, cuando ven que los precios bajan, (deflación) tiene un incentivo adicional en no consumir o no invertir y atesorar, en la medida de lo posible, esperando a que los precios bajen aún más para apropiarse de las innumerables gangas que aparecen en el horizonte. Las quiebras y las insolvencias fuerzan la subasta, a precios de saldo, de una inmensa cantidad de activos de todo tipo. El fenómeno no se reduce al de un público variopinto, de nacionalidades diversas, que acude de subasta en subasta, con la bolsa llena de dólares, comprando casas y pisos a docenas en las urbanizaciones desahuciadas de los EEUU.

A medida que avanza la crisis, el dinero líquido se convierte en un bien escaso, en un verdadero "capital de guerra" (muchas enormes fortunas son fruto de tales circunstancias y un ejemplo aleccionador es el de Juan March). Por tanto, el dinero no se presta fácilmente y tiende a acumularse, por más que las autoridades monetarias bajen los tipos de interés de referencia. Los depredadores atesoran la munición necesaria para acudir a las subastas de activos a precios de ganga que se suceden a ritmo frenético (REPSOL en venta, quien lo iba a decir).

Asistimos atónitos a la colaboración masiva y sin contrapartida de los gobiernos en la constitución de estos verdaderos "cofres de guerra", a base de inmensos "rescates" financieros que, en una primera fase, se están utilizando para un proceso relámpago de concentración capitalista del sistema financiero . En EEUU ya está ocurriendo; buena parte de los 700.000 millones de $ entregados a la banca se están empleando, con el beneplácito del Tesoro, en comprar otros bancos (Los obreros despedidos de Chicago se han dado cuenta del tinglado; Bank of America ha recibido 25.000 millones de $ y se niega a conceder un préstamo a Republic Windows and Doors para pagar los sueldos de sus empleados los cuales han ocupado la factoría con el eslogan: "Bank of America: a vosotros os rescatan y a nosotros nos tiran") . En la misma tónica en una siguiete fase se van a invertir en comprar otro tipo de saldos más sustanciosos.

Trampa de la liquidez actual y helicópteros


Una descomunal expansión monetaria tuvo lugar durante la fase de creciente de la pirámide crediticia. Se trataba de un enorme castillo de naipes tipo "Ponzi" en el que las cartas y el dinero circulaban a enorme velocidad y que al derrumbarse deja a los "propietarios" con la parte de la baraja que tenían en la mano (títulos financieros o inmobiliarios que no puede vender ni traspasar).

De pronto ya no hay liquidez, no hay dinero. Nadie compra y como no hay mercado nadie sabe ya el valor de las cartas. El dinero no circula. Estamos metidos en la trampa de la liquidez.

Ante la sequía general los bancos centrales están lanzando sacos de dinero fresco para devolver la liquidez a los mercados. Pero los sacos no caen uniformemente. Llevan etiquetado el destinatario.

La expansión de la base monetaria no va destinada a "estimular la economía". No se trata de una expansión monetaria que forme parte de una "política macroeconómica". En las condiciones actuales, la "macro-economía" ha pasado a segundo término. Los gobiernos e instituciones multilaterales se han puesto al servicio exclusivo de las grandes corporaciones y de sus ricos propietarios, al margen de cualquier otra prioridad.

En realidad no se está siguiendo ningún tipo de política económica. No se trata de que las "políticas económicas" resulten inadecuadas o fallidas. Lo que está ocurriendo es un asalto a mano armada a los recursos estatales para compensar las pérdidas de los más ricos. Se trata de disimular los taladros y la dinamita bajo el disfraz cada vez menos creíble de la política económica anticrisis.


La expansión monetaria forma parte de una macro-operación de trasvase de pérdidas a los contribuyentes. El atraco del siglo se vende como si se tratara de "macroeconomía", "política macroeconómica" bien intencionada que no acaba de funcionar por culpa de la maldita "trampa de la liquidez". Primero salvamos los bancos. Luego los bancos vuelven a trabajar y aquí no a pasado nada (salvo el pequeño detalle de un enorme trasvase de riqueza presente y futura a favor de los potentados)

El sistema financiero ha perdido su papel de intermediario


Los suministros de liquidez al sistema financiero desaparecen como en un sumidero, sin dejar rastro en la economía real. La expansión monetaria es absorbida en su totalidad por la desvalorización imparable de los activos financieros.


En la situación de desfalco generalizado en que se encuentra el actual sistema financiero no es de extrañar que haya abandonado su papel de intermediario. La esperanza en la recuperación del sistema se basa en volver a poner a los bancos en pie a base de fondos públicos. Pero la crisis demuestra que a partir de cierto umbral de desigualdad social, el consumo vía "burbujanomics" ha dejado de funcionar. El sistema capitalista funcionaba dopado a base de ingentes inyecciones de crédito hasta acabar colapsado y en la UCI a causa de una sobre dosis sub-prime. La economía ya no reacciona, por más sobredosis de antibiótico crediticio.

En tales circunstancias, las economías domésticas, cuyo consumo hasta el crac venía inducido por el crédito, han optado en masa por el subconsumo. Se trata de una huida en espiral. El dinero circula poco, tímidamente y con la máxima precaución. La economía se colapsa rápidamente. Es la depresión.

En la espiral recesiva, las grandes corporaciones están traspasando las pérdidas al sector más pobre. La polarización social se está agudizando exponencialmente con lo que las condiciones para un rebote (corrección en la distribución de la renta y la riqueza) son nulas.




La aritmética del apalancamiento


Se trata de una simple cuestión de aritmética. Durante la burbuja, la expansión monetaria permitía a los bancos prestar 25 o 30 veces el valor de su capital (apalancamiento 1/30 que explica los altos beneficios declarados). Una pequeña desvalorización de sus activos (hipotecas, ... ) del 4% colocaría al banco en situación de insolvencia. 20.000 millones de $ inyectados a un banco con 2 billones en activos serían barridos de un plumazo sólo con una desvalorización de estos activos del 1%.

De ahí el cierre de los mercados. Los oscuros títulos no circulan. Los títulos hipotecarios se han convertido en criaturas que temen a la luz. Nadie quiere reconocer que lo que posee no vale un pimiento. Nadie está dispuesto al desapalancamiento.


La doble "trampa de la liquidez" española


En España cae todo "menos la banca". Lo peculiar de la crisis en España es que el consumo y la producción están cayendo a un ritmo superior al de las economías que si han registrado crisis bancaria. Existe un desacoplamiento entre el sector bancario y el resto de la economía. Las empresas cierran, los trabajadores se quedan sin empleo, los autónomos y profesionales se quedan sin trabajo, el consumo cae y cae, pero... los hipotecados siguen pagando religiosamente las cuotas de la hipoteca. Si no alcanza, ahí están las ayudas públicas disponibles "sólo" para ayudar a pagar a los bancos.

El autobombo bancario español es patético. Se jactan de no haber adquirido títulos tóxicos como sus homólogos franceses o alemanes. ¿Para qué adquirir títulos hipotecarios extranjeros cuando nuestra "saneada" y "bien regulada" banca había transmutado toda la estructura económica española en factoría de hipotecas basura a todo trapo? ¿Para qué comprar CDOs anglosajones si aquí producimos sub-prime ibérico pata negra?

Desde 1998, el número acumulado de viviendas construidas en España equivale a las construidas en Francia, G.B., Alemania e Italia juntas. El sector representa un 18% del PIB (30% si tenemos en cuenta los sectores relacionados) y absorbía hasta hace unos meses más del 60% del crédito bancario (que tuvo que endeudarse fuertemente en el extranjero).

En 2006 se empezaron 865.000 viviendas en España (En EEUU, durante el mismo período y también con fiebre inmobiliaria, "solo" se empezaron 1.400.000). El estoc de viviendas en venta en 2008 rondaría el millón trescientas mil unidades.

Tenemos un sistema bancario que aguanta la crisis, no presta, ha bloqueado el mercado inmobiliario (no se vende, no se compra y no bajan los precios) y a su alrededor el resto de la economía hundiéndose a un ritmo espeluznante.



La causa es que la trampa de la liquidez, en el caso español, está actuando a un doble nivel. Mientras unas entidades atesoran para resistir los vencimientos del apalancamiento exterior (deuda externa que acumularon durante el boom inmobiliario) y se preparan para la inminente carrera de suspensiones de pagos, las entidades más agresivas (Banco de Santander, BBVA) están atesorando fondos para cuando se impongan las condiciones óptimas para la depredación. En una primera fase lo van ha utilizar en un proceso relámpago de concentración capitalista del sistema financiero español, del cual podrían quedar operativas cuatro o cinco entidades, como mucho, para pasar inmediatamente a adquirir activos a precios de saldo del resto de la economía, nacional o extranjera.

La caída descomunal del consumo así lo atestigua. Los bancos no prestan, por más dinero que les llueva de las arcas públicas. Nunca, hasta ahora, se había producido una caída porcentual tan drástica en el consumo en condiciones de paz y caídas del consumo de dos dígitos implican recesión inmediata.

En EEUU los inmuebles "devueltos" a los bancos en crisis, se están poniendo apresuradamente a la venta en innumerables subastas, con lo que el mercado inmobiliario empieza a revitalizarse a precios muy inferiores.

Cuanto más se retrase la crisis financiera, cuanto más se tarde en trasladar la carga de la crisis al sistema financiero español, principal responsable de la especulación de los últimos años, más intratable se mostrará la trampa de la liquidez y más profunda será la caída del consumo en un país que se resiste a dejar de estar totalmente hipotecado.

En España la trampa de la liquidez se ha metamorfoseado en una pantagruélica "trampa hipotecaria" que está consumiendo toda la intervención "anti-crisis" del gobierno en beneficio exclusivo de un sector financiero improductivo, que no apuesta un duro por las a familias, negocios y empresas en crisis, aterrorizado por la mala calidad de unos activos hipotecarios que van a convertir a cajas y bancos en gestores de saldos inmobiliarios en un futuro cada vez más cercano.

Link: Jo-Shing Yang: Why Big Banks May End up Buying Your City's Public Water System