4/9/09

Brotes verdes?

 

Stephen Mihm: "Es como Voldemort, el némesis  de Harry Potter que no puede ser nombrado: la Gran Depresión"

Andrew W. Mellon, Secretario del Tesoro norteamericano, 31 de diciembre 1929: “No veo nada en la situación actual que sea amenazante, o garantice el pesimismo. Tengo plena confianza en que habrá un renacimiento de la actividad en la primavera, y que durante el próximo año el país tendrá un progreso constante”.

¿Una luz al final del túnel?

La crisis económica, ... ¿se trata de un accidente? Esta es la impresión que machaconamente transmiten los medios de comunicación. La misma publicidad ha incorporado el concepto y su transitoriedad. Sin embargo la palabra "depresión" es tabú. De "crisis" quien más quien menos ha experimentado ya alguna. Pero lo que enfrentamos, lo que se está desarrollando ante nuestra narices no es una simple crisis sino  la "depresión", la "gran depresión"  del siglo XXI.

La subida de las bolsas, las amañadas declaraciones de beneficios por parte de la banca zombie, la remontada de los precios energéticos, la desaceleración del paro, el reembolso de préstamos estatales por parte de la banca norteamericana, la recuperación de la producción industrial en Alemania en mayo y junio... El FMI ya anuncia a bombo y platillo que ha modificado al alza sus previsiones para 2010. Los gobiernos anuncian que lo peor ya ha pasado, que hemos tocado suelo y que el "rebote" ya está en marcha. (en el argot de bolsa existe un término, "rebote del gato muerto" que definiría bastante bien la situación global)

Pero rebotar sobre el fango es imposible. Las condiciones para una recuperación de la demanda global siguen dependiendo de un crédito cada vez más difícil de conseguir para la mayoría de desacreditados ciudadanos y pronto lo va a ser para las cada vez más desacreditadas instituciones públicas.

Todo el tinglado que nos ha conducido hasta aquí sigue en pie y reforzándose. La concentración empresarial aumenta con la crisis, la especulación anima de nuevo los parquets, los paraísos fiscales siguen ahí, intocables, la finanza sigue tan desregulada como en 2007 y la polarización social va en aumento.

Wall Street ya se jacta de ser una pieza clave para la recuperación (la hiper concentración capitalista en marcha precisa de sus expertos servicios) y sigue "produciendo" nuevos derivados financieros, tales como los "bonos de la muerte" - death bonds -, comprando pólizas de seguros de vida a ancianos o enfermos necesitados de dinero líquido, - por ejemplo un seguro de vida de 200.000$, por 100.000$ - empaquetándolas a cientos o a miles en forma bonos cuyos compradores recibirán sus réditos a medida que los ancianos y enfermos vayan traspasando (traspaso acelerado según aumente la depresión). Las ayudas y el crédito al 0,5% de interés no van a préstamos sino que han sido inyectados de nuevo en los circuitos de la especulación. De ahí los sorprendentes "beneficios" de Goldman Sachs y Cia en medio de la depresión (Wall Street ha obtenido 15.000 millones de $ en beneficios a partir de derivados financieros durante la 1ª mitad de 2009).

Mientras, nuevas burbujas ("nuevos brotes"?) - parquets calenturientos, rallies monetarios,  , corridas inmobiliarias, mercados de créditos de emisión de contaminantes, mercado titulizado de patentes, ... - se vislumbran en el panorama.

Los nuevos brotes: bolsas, tochos y carry trade

Miles de millones de $ invaden los parquets asiáticos y se forman burbujas inmobiliarias en China, Hong Kong, Singapur y Vietnam. La liquidez bombeada al sistema por los bancos centrales, elude la demacrada economía real y vuela en busca del grial especulativo.

Mientras la economía real permanece en situación de fiasco, la especulación rebrota con fuerza por doquier.  Los "helicópteros monetarios" antidepresión de B.Bernanke reverdecen el paisaje  especulativo.

Carry trade: Después de un alza espectacular del dólar como valor seguro tras el caos financiero, el dólar está cayendo en picado a pesar de los esfuerzos de muchos países para contener la revaluación de sus monedas.

La mayor parte de la enorme liquidez suministrada por los bancos centrales se está canalizando hacia la especulación (rallies monetarios). Los especuladores están pidiendo prestado en dólares (interés entre cero y 0,25%, el más bajo del mundo) para invertir los fondos en países con tipos de interés más altos y con mejores perspectivas económicas.

Más reformas estructurales

Mientras la concentración empresarial y las fusiones rompen récords lanzando más y más trabajadores al paro, la OMC, la UE, la OCDE, el FMI ... continúan promoviendo "reformas estructurales" para aumentar la productividad y la competitividad (dumping social, despido libre, recortes salariales, empeoramiento de las condiciones laborales, la supresión de la ayudas sociales, etc...). 200 millones de pobres se han añadido ya al grupo que subsiste con menos de 2$ al día. 500 millones más se añadirán a medida que se vayan generalizando las "reformas estructurales" país tras país, deprimiendo aún más la demanda global en una espiral infernal.

La dura realidad es que el estancamiento y la depresión se han enrocado definitivamente en el sistema. A pesar de la descomunal intervención del sector público y de la inmensa flota de helicópteros monetarios la economía privada no demarra, el consumidor 2007 ha muerto y no hay quien lo resucite.


Las sucesivas crisis anteriores (crisis asiática, crisis de las punto.com, etc...) necesitaron la formación de una burbuja alternativa, y ... más grande, para lograr un nuevo demarraje. ¿En qué burbuja estarán pensando los que anuncian que la recuperación ya está en marcha?

El consumo y la inversión privados está siendo substituido por el gasto  público en un desesperado intento de capear el temporal o retrasar la debacle. Pero el recalentamiento de todo el sistema sigue y nuevos ciclones de energía insospechada se están formando en el horizonte. No se trata de una crisis en forma de V, ni tan siquiera una en forma de W, se trata de un "cuatro", un corto y entrecortado respiro resultado del salvataje y la intervención del sector público antes del abismo.

El momento de rendir cuentas se acerca peligrosamente de ahí la imperiosa necesidad de poner fecha a la recuperación.

Espiral y Crac del mercado de deuda

El crecimiento del gasto público se está financiado enteramente a base de emisiones de títulos de deuda, emisiones cuya colocación se ha beneficiado, por el momento, de los bajos tipos de interés, la monetización (pura y simple en el ámbito anglosajón - quantitative easing -  y camuflada en la UE) y de la aquiescencia conservadora de los asustados inversores.

El camuflaje europeo  se hace bajo el velo de los swaps de divisas. La Reserva Federal se ha convertido en prestamista de última instancia del Banco Central Europeo y otros bancos centrales, vía peloteo de swaps de divisas. Se trata de un acuerdo recíproco en el que se  establece una línea de intercambio depósitos. La RF crea depósitos en dólares y  el BCE crea depósitos en euros que se intercambian al tipo de cambio corriente en el día de la transacción. El "sawp" supone deshacer el intercambio tras un período pactado y al tipo de cambio inicial. Si el swap se renueva o incrementa - peloteo - implica que la RF está actuando de prestamista de última instancia. De esta forma el BCE dispone de una fuente de dólares a bajo coste  que puede prestar a la banca privada europea para que pueda hacer frente a sus pasivos en dólares. La RF estableció estas líneas inmediatamente después del salvataje de AIG en septiembre de 2008 de forma que buena parte de los rescates dirigidos a la gigantesca aseguradora acabaron siendo canalizados hacia la banca europea en apuros. Ben Bernanke se niega a informar sobre el volumen de estas operaciones.

Sólo la recuperación de las exportaciones europeas podría generar los fondos para cancelar esta bola creciente de swaps y las autoridades financieras estadounidenses parece que están por esperar a que esto ocurra.

Pero las cantidades crecientes de deuda pública que los estados deberán colocar para seguir financiando los déficits astronómicos en que están incurriendo acabarán reventando los mercados de renta fija, provocando un descenso imparables de los precios de estos títulos en el mercado secundario. Un título de 1.000 € pasará a valer 800 o 700 €, con lo cual, el comprador del título recibirá un interés superior en proporción a la desvalorización del nominal del mismo. Ningún inversor aceptará nuevos títulos de deuda pública a un interés inferior al del mercado secundario. Así pues, para colocar nuevos títulos en el mercado primario los estados, en competencia entre ellos, se verán constreñidos a aumentar los tipos de interés por encima de la tasa mínima que marque el mercado secundario.

The Economist ha publicado un ilustrativo mapa comparativo de la progresión geométrica que está experimentando la deuda pública mundial. Se denomina el Global Public Debt Clock y se actualiza cada pocos segundos, registrando el total de la deuda publica mundial y la deuda pública por países con solo colocar el puntero del ratón sobre el mapa.(*)


El total de la deuda mundial ya está en 35 billones de $. Se trata de una nueva espiral o remolino. Cuanto más baje el valor de los títulos más subirán los intereses y por tanto la carga financiera de la deuda. El fantasma de la bancarrota de los agentes públicos ganará cuerpo entre los timoratos inversores y los precios de la obligaciones se precipitan aún más, ...

La amenaza de crac en los mercados de deuda pública y la consecuente  subida de los tipos de interés inducirá al sistema a:

a) Recortar los gastos públicos, la inversión pública, los servicios públicos y las ayudas sociales.

b) Monetizar la deuda. Los bancos centrales adquieren la deuda pública en el mercado secundario con lo cual inducen una cierta recuperación del valor de los títulos. En EEUU ya lo hacen (expansión monetaria cuantitativa, o quantitative easing, contribuyendo, de paso, a la depreciación del dólar y por lo tanto a la disminución del valor real de su deuda externa). El resultado es el aumento de la base monetaria, la inflación y la depreciación de la moneda. En la zona euro de momento está prohibido y se hace de forma camuflada.

Todo ello implicará un deterioro aún mayor de la demanda global y de la espiral depresiva de subconsumo y paro.

Para un resumen de la dantesca situación española: Los grandes desequilibrios de la economía en cifras i R. Centeno: "Lo peor de la crisis ha pasado"

* La idea de The Economist viene de Seymour Durst que ya instaló en 1989 una gran pantalla electrónica en Time Square de Nueva York que registra en tiempo real la evolución de la Deuda Pública norteamericana,

Terremoto financiero 2.0

La banca no ha dado carpetazo a la crisis. 350 billones de € en contratos sobre derivados financieros siguen flotando en los balances de los bancos e instituciones financieras, contratos cuya circulación se ha parado y que no van a resistir un nuevo seísmo en ciernes a medida que la falla de los impagados en las cuentas bancarias acumula ingentes dosis de energía explosiva. Se trata de artefactos de ignición retardada que siguen ahí y que nadie ha desactivado aún. No hay que descartar que las pérdidas superen los 3 y pico billones de $ que se llevaron las subprime.

La opción de mantener en pie, a base de fondos públicos y manipulaciones contables, “bancos zombie”, entidades insolventes que no prestan, es una opción para convertir el inmediato futuro en una larga "década perdida" a la japonesa. En España, los préstamos incobrables podrían superar los 0,2 billones de euros en los próximos años.

Análisis de Variant: Una discutible percepción - a la inglesa - sobre la banca española: “Los bancos españoles ocultan pérdidas y morosidad, y los inversores fuman crack si creen que son los más sólidos de Europa”.

Terremoto monetario 1.0

Mientras los asustados inversores se han lanzado en masa  a lo seguro - los títulos de deuda pública que emiten los EEUU - , la mayor economía del mundo,  EEUU, está jugando a la ruleta rusa. Monetizando su deuda pública (quantitative easing) mata dos pájaros de un tiro. El Tesoro Publico emite bonos que compran los bancos. La Reserva Federal (Banco Central) compra inmediatamente esos bonos públicos (y, de paso, ingentes cantidades activos tóxicos) a cambio de aumentar las reservas de esos bancos en la Reserva Federal (estimulándolos a prestar más),  y ...  disminuye el montante real de su endeudamiento externo vía desvalorización del dólar.

Mientras, chinos, árabes, ... es decir, todo quisqui con reservas en dólares, se tiran de los pelos ante cada bajón del valor del dólar y no paran de maquinar, "en secreto" y con desmentidos a derecha e izquierda (para evitar quedar pillados por su desplome), una posible sustitución de la dichosa moneda, ... y el oro sube que te sube.

Así pues lo de la luz al final del túnel podría ser la de una locomotora a toda marcha que viene hacia acá.

¿La locomotora asiática?

Desde los años 80 Asia oriental se ha ido convirtiendo en el taller de mundo. El "milagro" asiático, llegó a convertirse en modelo envidiado de desarrollo económico con docenas de ("gatos"?) aspirantes a "tigres". Pero las sociedades asiáticas se dejaron atrapar en las redes de la estrategia transnacional de las grandes corporaciones.

La evolución del modelo asiático

De la mano de los intereses de las grandes corporaciones multinacionales, la economía de Asia oriental evolucionó desde un estadio inicial de competencia entre distintos países exportadores para ganar cotas de mercado en EEUU y Europa, estadio en el que las relaciones comerciales interasiáticas eran débiles o nulas (hasta finales de los 80), a un nuevo estadio en el que buena parte de las economías involucradas fueron dejando de producir productos acabados para especializarse en la producción de maquinaria y componentes que se exportan a China.

En el modelo inicial, las élites asiáticas podían obtener suculentos beneficios en tanto en cuanto mejoraba la productividad de sus economías. Parte de estos avances en productividad se trasladaban a los trabajadores y se tradujeron en una mejora del nivel de vida del conjunto de la población. Este fue el camino seguido por Japón, Korea del Sur, Taiwan, Hongkong, Singapore y en cierta medida por los llamados "tigres asiáticos" de segunda generación.


Pero el sistema capitalista en su fase terminal había entrado de lleno en su fase burbujista. La globalización corporativa, la deslocalización + hipertrofia financiera, iban a imponer unas nuevas reglas del juego que harían desaparecer cualquier esperanza de avances sociales en el continente asiático.

La incorporación tardía de China representó un vuelco sustancial en la evolución de los acontecimientos.

China, el último país en sumarse al modelo, mostró una capacidad sin rival en cuanto al suministro de fuerza laboral preparada, barata y dócil, y en la absorción de niveles inconcebibles de polución y degradación medioambiental y acabó convirtiéndose en el centro funcional del sistema.

Progresivamente los antiguos "tigres" pasaron de producir productos acabados para exportar a producir maquinaria, componentes y piezas para las factorías de ensamblaje chinas. El comercio interasiático de piezas y componentes pasó del 30% a principios de los 90 a superar el 50% a mediados de la primera década del segundo milenio, mientras que las exportaciones chinas a EEUU y Europa escalaban del 29% al 50% durante el mismo período.

Así pues el nuevo modelo asiático implica en la actualidad un importante comercio interregional de maquinaria, partes y componentes hacia China, convertida en un gigantesco centro de ensamblaje para la exportación a occidente.

El sector exportador representa en la actualidad el 80% del PIB chino.(40% del PIB es producción para la exportación y otro 40% representa inversión en instalaciones y maquinaria para el sector exportador).Si en 1980 el consumo doméstico representaba el 50% del PIB chino, en la actualidad no llega ni al 33%.

Este nuevo modelo de producción transnacional ha significado para los trabajadores de la región la presión y la amenaza permanente de los estándares de explotación laboral existentes en China de forma que a pesar de unas cifras récord de crecimiento económico las condiciones laborales han ido empeorando paulatinamente en toda la zona.

Pero el nuevo modelo estaba castrado desde el inicio. El tinglado funcionaba en la medida que EEUU era capaz de mantener y acrecentar sus déficits. Ello implicaba que el punto y final del sistema no andaba lejos y dependía en última instancia de insólitos y cada vez más arriesgados malabarismos financieros piramidales que generaban una sensación irreal de crédito indefinido.

Tras la caída de Wall Street China resultó inmediatamente afectada. Como sus exportaciones dependen en buena parte de las piezas y componentes que importaban del resto de países de la región, los problemas económicos se trasladaron rápidamente a través de la cadena de suministros, alcanzando de lleno a toda Asia oriental.

La única salida a la crisis sería estimular la demanda de la población asiática y reconvertir buena parte de la capacidad instalada para satisfacer las necesidades domésticas de los asiáticos. Esta redistribución de la riqueza implicaría, por ejemplo, que las factorías de Shenzhen pasaran de montar iPods i teléfonos móviles, a producir productos asequibles al consumidor chino lo cual requeriría un largo proceso de reconfiguración de las cadenas de suministro a lo largo y ancho de la región, afectando, por ejemplo, la producción de semiconductores de Taiwan, la producción de memorias de Korea, y la producción de hardware de Singapore.

Todo ello implicaría una fuerte reducción de los beneficios de los agentes corporativos multinacionales. Por tanto la respuesta que se diseña en los puestos de mando de las corporaciones y los despachos de las élites es la de "capear el temporal" pasando el coste de la crisis sobre los trabajadores, presionando a la baja sus condiciones laborales y hundiendo aún más sus niveles de vida en una espiral deflacionista imparable.

El gigantesco plan de estímulo (fiscal y monetario) que se está implementando (0,586 billones de $, equivalente al 14% del PIB), aunque en parte intenta apaciguar el descontento de la población con un aumento del gasto en seguridad social del 18%, un aumento similar en los subsidios agrícolas y un programa de salud universal en los próximos tres años dotado con 850.000 yuans (123.000 millones de $), está centrado básicamente en la inversión en el sector exportador en orden a aumentar aún más su capacidad (los gobiernos locales se han lanzado a una carrera  de construcción de grandes complejos industriales), y acumular enormes stocks de minerales y materias primas estratégicos, en espera de una rápida recuperación de la economía mundial.

Esta acumulación de stocks a beneficiado momentáneamente a exportadores de minerales y materias primas como Brasil, Perú o Chile, (brotes verdes?). Pero si la demanda de EEUU no se recupera (las exportaciones chinas registraron una caída espectacular del 23.4% en agosto 2009), las materias primas acumuladas se van a quedar en los almacenes y la cancelación de pedidos a los países exportadores implicará un socavón nunca visto en sus frágiles economías.

G-20 septiembre 09?

Así pues la receta mágica para la salida de la crisis vía productividad y aumento de las exportaciones tiene un serio problema. Haría falta otro planeta donde colocar los excedentes de producción. Los déficits por cuenta corriente de los grandes países consumidores se está comprimiendo por momentos y todo indica que los EEUU van a dejar de ser los "consumidores de última instancia" del planeta. Las exportaciones no volverán a jugar nunca más el papel que jugaron en la desequilibrada trayectoria china de los últimos 10 años.

Mientras tanto un buen número de economías (países bálticos, Bulgaria, Rumania, Hungría, Portugal, Grecia, Irlanda, España, ...) están implosionando literalmente y el  juicio final está cada vez más próximo a medida que aumenta el desempleo y se acumulan los impagados.

En fin, la perspectiva de los próximos años es simplemente la de la Depresión con mayúsculas y las locomotoras arrastran... pero hacia el precipicio.

El crecimiento del depósito de barcos varados por la recesión cerca de Singapore (cementerio de buques atacados por la depresión) es otro "contador" significativo del avance imparable de la Depresión del siglo XXI. No es extraño que no se de publicidad a este voraz triángulo de las Bermudas.

Un buen libro para entender lo que pasa: Fred Magdoff and Michael D. Yates:The ABCs of the Economic Crisis: What Working People Need to Know.

14/5/09

Socialismo, pura cuestión de supervivencia


John Bellamy Foster: "Como actuemos hoy en respuesta a este sistema fallido es la cuestión más crítica que ha enfrentado nunca la humanidad"

István Mészáros (Más allá del capital): "Hemos entrado en una época histórica en que la supervivencia de la humanidad ya no es posible sin el establecimiento de un orden social basado en la igualdad sustantiva como principio orientativo central en el terreno tanto de la producción como de la distribución. Ello es así porque la incorregible destructividad del capital afecta cualquier simple faceta de nuestra vida diaria: desde la suicida orientación de la producción para el desperdicio ... hasta la deshumanizante producción en masa de personal superfluo en la forma de desempleo crónico".

Minqi Li: "Aunque el socialismo triunfe en la segunda mitad del siglo XXI, la tarea de los futuros gobiernos socialistas no será ya la de prevenir las catástrofes generadas por el cáncer capitalista, sino intentar sobrevivir a ellas"

El socialismo no es una cosa sino un proceso. Es un camino complejo heterogeneo, zigzagueante y contradictorio puesto que los participantes son heterogeneos. Si muchos revolucionarios no tienen nada que perder, otros son conservadores luchando por salvar los derechos que el capitalismo pretende arrebatarles (Estado del bienestar, ecologistas, conservacionistas). Rosa Luxemburg avisó de que estamos tratando de construir el futuro con materiales del pasado, incluidos nosotros mismos. Las trayectorias socialistas pueden degenerar en sistemas capitalistas burocráticos monstruosos, abocados al colapso para revertir sumisamente al redil capitalista. La historia no es una llana y directa senda desde el atraso a la modernidad sino un proceso ramificado y lleno de baches y altibajos estructurado por la gran complejidad de las relaciones sociales.


Productividad vs destructividad


"Productividad" y "competitividad", milagroso elixir contra la crisis y la depresión, santo Grial capaz de revitalizar el moribundo capitalismo, tras el cual cabalgan en tropel políticos, periodistas, patronos, sindicatos, ...

¿Como ser más competitivos? ¿Como ser más innovadores? ¿Como aumentar la productividad? Empresarios y sindicatos padecen por igual de competitivitis y productivitis aguda. Unos ponen el acento en reducciones de salarios, costes e impuestos, otros en la inversión en I + D + I.

En realidad lo que se está planteando es más de lo mismo. Más destructividad. Disminuir las rentas del trabajo o dejar más gente sin trabajo, ahoga la demanda en un momento en que buena parte de la capacidad productiva industrial está parada. El aumento de la productividad en condiciones de capitalismo, sea mediante nueva maquinaria, aumento de jornada laboral o reorganización del proceso productivo, lanzará mas trabajadores al paro. En un planeta controlado por un puñado de multinacionales globalizadas cualquier "innovación" es inmediatamente absorbida y su producción trasladada a China. Además, en condiciones de depresión de la demanda mundial, y sin el aliciente de los beneficios, el inversor monopolista deja buena parte de la capacidad instalada en paro, dedicándose, entre tanto, a aumentar sus cuotas de mercado a costa de sus competidores y a husmear en espera de alguna nueva especulación o agiotaje.

Como todos estamos en crisis, el juego que nos proponen es de suma negativa: ser más competitivo e innovador que el vecino implica traspasarle parte de la crisis con lo cual no van a comprar más bienes y servicios por más que aumentemos nuestra productividad ad infinitum.

En realidad se están confundiendo los síntomas de la enfermedad con las causas. El capitalismo estimula la productividad hasta el paroxismo, pero se trata de una productividad suicida que una vez alcanzada la fase monopolista globalizada, se traduce en una tendencia permanente a la sobreproducción y al estancamiento.

En condiciones de ahogo el capitalismo recurre a los que algunos llaman sin ambages "destrucción productiva". En fase de crisis extrema, la supervivencia a cualquier coste del sistema contempla como objetivo estratégico y legítimo la progresiva destrucción de la humanidad.

El capitalismo se encuentra en fase terminal, intentando superar, a base financiarización y especulación, la progresiva esclerosis que le atenaza, dosis crecientes de morfina para sofocar los síntomas hasta que el enfermo ha ingresado en la UVI entre convulsiones.

La larga agonía del capitalismo monopolista


Los síntomas empezaron a evidenciarse a partir de la década de los 70. Estanflación (estancamiento con inflación), desorden monetario, deslocalización industrial, financiarización, especulación, ... Las transfusiones especulativo-financieras empezaron a ser cada vez más masivas y arriesgadas: orgías monetarias, aumento imparable de la deuda, proliferación de instrumentos de crédito cada vez más complejos, conversión de los mercados en casinos para jugadores compulsivos,....

El estancamiento definitivo podía haberse producido durante la década de los 80 pero la apertura de China y el bloque soviético a la penetración del sistema abrió la posibilidad de frenar momentáneamente la tendencia hacia el colapso.

Pero la monstruosa deriva financiera había alcanzado tal grado de desarrollo que ya no cabe la vuelta atrás. Fueron unos años más de vida, un final desenfrenado envuelto en e-humo y fuegos inmobiliarios artificiales que no consiguieron velar el pertinaz avance de la artrosis senil que atenaza al sistema.

El capitalismo, renqueante y sin repuestos, se desliza aceleradamente hacia el abismo. En su última fase, la "destrucción creativa" se convierte en puro canibalismo suicida. Las consecuencias traumáticas que enfrenta la humanidad no tienen parangón con nada de lo visto hasta ahora.

El 3r mundo avanza hacia el Norte. Es el turno para Europa y los EEUU


La cuestión ya no es capitalismo o socialismo. El capitalismo es una forma de organización social hipertrófica y suicida que amenaza la misma existencia de la humanidad en el planeta.

Bajo la enseña del "libre mercado" - que significaba, según los economistas clásicos, un mercado libre de monopolios - los monopolios arramblan "libre" e impunemente con todo, saquean sin cuartel los presupuestos para, seguidamente, despedazar, parcelar, privatizar y monopolizar los bienes y servicios públicos.

Esto es lo que hay. El capitalismo no puede dar marcha atrás a la deriva monopolista depredadora. No hay un botón de reinicio. Ya no es posible volver a la "sana" competencia de los primeros tiempos del sistema. La fase monopolista globalizada no tiene vuelta atrás. Las frecuentes invocaciones de los oligopolios a la "competencia" son puras artimañas para desregular, privatizar, depredar, acumular, concentrar y asegurarse impunidad.

El estadio en que se encuentra el sistema ha rebasado el umbral que hacía posible una vuelta al "capitalismo con rostro humano" de la época keynesiana. Cualquier grupo, zona o país del planeta que pretenda escapar al cáncer capitalista sufrirá represalias aniquiladoras.

América Latina fue "privatizada", despedazada, saqueada y reducida a la miseria en los 80. La misma suerte cayó sobre buena parte de los países africanos, asiáticos y el antiguo bloque soviético en los 90. En el cambio de milenio la suerte ya ha sido echada y el saqueo capitalista apunta ahora directamente al corazón de la vieja Europa y los EEUU. Los jinetes del Apocalipsis ensombrecen ya los últimos reductos del "Estado del Bienestar".

Una poco armoniosa tendencia permanente al estancamiento


La historia del capitalismo se ha presentado como una senda de crecimiento sostenido salpicada por algunos períodos aislados de crisis. En realidad la tendencia al estancamiento es inherente al sistema y está profundamente enraizada en su funcionamiento. Cuanto más avanza la concentración del capital más evidente aparece la amenaza de estancamiento.



No se trata de un mecanismo, como afirman sus defensores, que se autoajusta y redirecciona automáticamente en la senda del desarrollo y el crecimiento. Por el contrario, es un sistema que tiende al colapso permanentemente bajo el peso de sus contradicciones, y las condiciones para la recuperación, una vez agotada la fase de la globalización financiera, se van reduciendo a cero.

Basar un sistema de organización social y económica en la exaltación de la codicia y la insolidaridad social en aras a la obtención del óptimo social y económico, constituye una de las falacias más sublimes de una imaginación calenturienta. La gran mentira de la teoría económica es que no hace falta proyectar, controlar, supervisar o regular, porque "los mercados" se cuidan de que todo marche a pedir de boca.

El productivismo sin límite y sin criterio desata multitud de efectos no directamente intencionales como los desastres medioambientales, el agotamiento de los recursos y la miseria creciente. A pesar de todo, la respuesta recurrente es que los mercados, de la mano de la diosa codicia, generarán la solución apropiada. El "libre" mercado (con monopolios en todos y cada uno de los sectores, lo de "libre" da risa) y la "mano invisible" (que ha de convertir la codicia individual en bienestar general) dirigen y corrigen, cuando es necesario, el rumbo a seguir.

Así pues, habrá que esperar que los "desregulados" y "libres" mercados financieros, en colusión y simbiosis con los mercados aún más desregulados y dinámicos del crimen en todas sus variedades y facetas, todo un armonioso y desregulado universo centrado en una nebulosa de paraísos fiscales, nos saquen del actual atolladero.

El sistema necesita autoreproducirse a una escala cada vez más ampliada y el planeta se le ha acabado quedando pequeño. Sin posibilidad expansiva el sistema implosiona.

De vuelta a Marx


¿Estupefacción? Ya hay una patulea de economistas que, ante la magnitud del desastre, parecen haber experimentado una reconversión milagrosa al keynesianismo y aceptan con desparpajo ser catalogados como tales. Pero lo de Keynes sólo fue posible gracias a la presión de una fuerte oposición socialista y pudo servir en una fase expansiva (aún no globalizada) en que el capitalismo aún podía levantar cabeza, unas condiciones que ya no se dan.

150 años lleva el marxismo estudiando las crisis capitalistas. A contracorriente, Robert Kurz, G.M. Tamás,  Paul M. Swezy, Harry Magdoff, (editores ya desaparecidos de la Monthly Review), John Bellamy Foster, Mike Davis, James Petras, Robert Brenner, Robin Blackburn, István Mészáros, ... mantuvieron y mantienen en alto sus afilados floretes, desentrañando los entresijos del cáncer y la metástasis capitalista. Ahí hay que beber, por más que les pese a muchos, si queremos entender algo de lo que está pasando.

Ante la magnitud descomunal del desastre también las cátedras de economía andan con los fusibles fundidos. Los pocos economistas que se dejan ver, después de aparcar sus todavía recientes apasionados discursos sobre el crecimiento indefinido y la bondades incuestionables de la globalización, siguen erre que erre, defendiendo que el sistema, aunque tocado y en horas bajas, con ciertos retoques y ajustes, podrá seguir funcionando.

El problema es que no hay tiempo. No se trata de retoques y ajustes sino de taponar enormes vías de agua de un sistema que se está yendo a pique por momentos. Se trata de una crisis sistémica. Ya no hay margen para una nueva fase de "crecimiento". El tupido velo burbujista que cubría la podredumbre y las miserias del sistema, se está desgarrando por doquier, mientras la adicción ludópata y masoquista del sistema promete un sádico final especulando en sus propias vísceras.

Relocalización socialista


El capitalismo ha demostrado una y otra vez que es capaz de renacer de sus cenizas. Es un verdadero cáncer capaz de reprogramarse rápidamente y contaminar y modificar los mejores planteamientos a su favor. Los proyectos socialistas basados en la coexistencia de sistemas han acabado siendo reabsorbidos, fortaleciendo al sistema que pretendían reemplazar - ver otros artículos de este blog - y esto es un elemento a tener siempre en cuenta en el futuro.

Frente a la Gran Depresión el recurso al nacionalismo resulta recurrente. En esta lógica, la presión política durante la gran depresión de los años 30 condujo a una redistribución de la renta y la riqueza a nivel nacional por la vía del proteccionismo y la relocalización productiva. Cerrando a cal y canto el mercado nacional para las empresas "nacionales", los empresarios podían pagar unos salarios adecuados para generar la demanda imprescindible para sus negocios.

En la actualidad, la globalización, la deslocalización, la subcontratación, ..., son la otra cara del desballestamiento de las estructuras estatales. Los paladines monopolistas "nacionales" que preconizaban el proteccionismo y el "nacionalismo económico", se han independizado de sus antiguas matrices nacionales. Las grandes corporaciones multinacionales ya no tienen una base "nacional". La crisis puede perjudicar a sus beneficios, aquí o allá, pero también abre suculentas oportunidades para absorber a sus rivales y alcanzar cotas de monopolio mayores. Además, para los monopolios transnacionales, la crisis es una oportunidad de oro  y la aprovechan para crecer, anexionar y arramblar  con todo y debilitar y saquear a los estados.

Sin embargo, es imprescindible una vuelta a la "localización" del tejido productivo para superar la depresión capitalista. Han sido las economías de escala "financieras" y la utilización generalizada por parte de las grandes corporaciones multinacionales del dumping social y medioambiental, lo que han vaciado el tejido industrial de los países. El capitalismo, en su fase final, es inconcebible sin deslocalización. Capitalismo y deslocalización se han convertido en sinónimos. Por tanto la relocalización del tejido productivo a una escala avalada por el respeto a los derechos sociales y medioambientales sólo será posible en condiciones de socialismo. La relocalización será socialista o no será.

Planificación y terciarización socialistas


La ciega hostilidad hacia la planificación nos es familiar a todos. Las fallas de la planificación capitalista soviética probarían que toda planificación económica centralizada estaría condenada al fracaso.

El caso es que en determinadas emergencias los países capitalistas han recurrido con éxito notable a la planificación centralizada de la economía. La planificación central consiguió el milagro industrial norteamericano en los años de la 2ª G.M. Los directivos del plan determinaban, desde Washington, lo que debía y no debía producirse, que nueva capacidad productiva debía construirse, cómo se distribuían las materias primas y recursos industriales y estratégicos. La planificación centralizada alemana de los años 30 consiguió el milagro industrial que sostuvo y dio alas a la aventura nazi.

El fracaso estrepitoso de los mecanismos de mercado (carbon markets) ante la emergencia climática a la que nos ha llevado el sistema, muestra a las claras la necesidad ineludible de la planificación para frenar el desastre medioambiental.

Con la profundización de la depresión, cada vez será más evidente la contradicción entre una tasa decreciente de utilización de productos, servicios y maquinaria productiva, por falta de rentabilidad del capital, y una tasa creciente de necesidades insatisfechas de millones y millones de personas a las que el sistema monopolista excluyente desemplea y niega toda posibilidad de participar.

El capitalismo está dejando a la humanidad y al planeta en situación de emergencia aguda. La planificación para recomponer y superar sus desmanes será ineludible.

La enorme productividad actual significa la expulsión y el desempleo para la mayoría de la población. Terciarización, en la fase actual del capitalismo, es sinónimo de precarización, sub-empleo y miseria, terciarización tercermundista. Relocalización y terciarización sostenibles serán socialistas o no serán.

El humilde socialismo del siglo XXI


István Mészáros: (La teoría económica y la política: más allá del capital): "El derrocamiento del Estado capitalista y de las personificaciones capitalistas privadas del capital no puede crear por sí solo otra cosa que no sea un sistema fatídicamente inestable, que tarde o temprano debe volver al orden capitalista si no logra ir más allá del capital."

Robert Kurz: "Incluso después del capitalismo, seguirá habiendo enfermedad y muerte, envidia e individuos despreciables. Sólo que ya no existirá una paradójica pobreza masiva, ..."El objetivo es grande, justamente porque se muestra modesto, y no promete nada más que liberar de sufrimientos completamente innecesarios"

La preocupación ética acerca del valor intrínseco de la vida humana, la vida de otras criaturas, y el mantenimiento del medio natural, resultan completamente invisibles en el modelo estándar capitalista, ignorante de la física más elemental (2ª ley de la termodinámica: un crecimiento económico permanente es biofísicamente imposible).

En gran depresión, el capitalismo acelera su ritmo de depredación de forma inaudita hasta acabar físicamente con su huésped. Hemos entrado ya de lleno en esta fase maltusiana en la que buena parte de la humanidad se convierte en superflua. El sistema se ha convertido en un mecanismo infernal de producción en masa de personal superfluo en la forma de desempleo crónico permanente. El capitalismo monopolista globalizado es intrínsecamente excluyente. Su trayectoria va soltando lastre de forma acelerada puesto que los monopolios pueden mantener sus beneficios aun cuando buena parte de la producción no encuentre colocación.

Para una gran mayoría de la población y buena parte de las demás formas de vida del planeta, el socialismo es ya una pura cuestión de supervivencia.

La producción sostenible y el empleo digno (la cancelación de la explotación) sólo serán posibles bajo parámetros democráticos, racionales, socialistas y solidarios. La fórmula también es simple: Redistribución + Democracia = Recuperación Sostenible

Pero el socialismo no cae del cielo. La mano "visible" de la solidaridad socialista significa que no hay automatismos que valgan. El socialismo, a diferencia de su rival, no es un mecanismo automático de organización del sistema productivo. El socialismo hay que crearlo, construirlo, conservarlo, defenderlo, perfeccionarlo y mejorarlo, sustituyendo los parámetros de la codicia individualista desenfrenada por los de la solidaridad, la cooperación, la humildad y la sostenibilidad.

El socialismo del siglo XXI tiene una triste ventaja respecto a los intentos anteriores. La evidencia creciente e incontestable de que la senda capitalista es un callejón sin salida y que la cuenta atrás ya ha empezado. El capitalismo equivale a la autodestrucción de la sociedad humana y de buena parte de la vida en el planeta.

Al socialismo del s. XXI le ha tocado, más que la opción brillante de la "superación" del capitalismo, la humilde tarea de intentar salvar al planeta de las letales heridas infringidas por unos niveles de depredación irresponsable, indignos de una especie que se considera "inteligente".

El socialismo no es una cosa sino un proceso. Es un camino complejo heterogéneo, zigzagueante y contradictorio, puesto que los participantes son heterogéneos. Si muchos revolucionarios no tienen nada que perder, otros son conservadores luchando por salvar los derechos que el capitalismo pretende arrebatarles (Estado del bienestar, ecologistas, conservacionistas). Rosa Luxemburg avisó de que estamos tratando de construir el futuro con materiales del pasado, incluidos nosotros mismos. Las trayectorias socialistas pueden degenerar en sistemas burocráticos monstruosas, abocados al colapso para revertir sumisamente al redil capitalista. La historia no es una llana y directa senda desde el atraso a la modernidad sino un proceso ramificado y lleno de baches y altibajos estructurado por la gran complejidad de las relaciones sociales.

No bastará con "derrocar" al capitalismo


El capitalismo no es un régimen que pueda ser derrotado mediante una revolución política. No bastará con "derrocar" al estado capitalista "abandonable" por parte de las grandes corporaciones transnacionales. Se trata de superar la lógica objetiva del capital en sí. Se trata de establecer un intento sostenido para ir más allá de la reforma, la reconversión, la neutralización, ... de los mecanismos de la reproducción capitalista. El socialismo sólo será factible a partir del cuestionamiento del sistema en su totalidad y en su globalidad. La "coexistencia" nunca fue posible y nunca lo será. El capitalismo es un cáncer asesino. No se puede coexistir con él. O lo aniquilas o te aniquila.

Desprivatizar los comunales


El sistema capitalista amenaza la supervivencia económica inmediata y la supervivencia biológica a medio plazo.

El socialismo ya no tiene que ver sólo con la socialización de las fuerzas productivas, la distribución de la riqueza y la no-explotación laboral, sino con la organización de una nueva forma de vida, un forma de organización social y económica ecológicamente sostenible.

El agua, las fuentes de energía, la tierra, el subsuelo, los recursos naturales, la biodiversidad, ... todo se está privatizando y concentrando, a marchas forzadas. La nutrición, la salud, la educación, la información, la comunicación, el mercado (corrompido, manipulado o simplemente anulado impunemente por oligopolios y monopolios, por la prevaricación descarada en la obtención de contratos públicos, la información privilegiada ...),... tienen que ser liberados de las manazas de las grandes corporaciones.

Formas de producción y distribución sostenibles


Pero también las formas de producción y distribución, las condiciones en que se produce, lo que se produce, donde y como se produce, cuanto se produce, como se reparte y se redistribuye ... habrían de estar bajo el control democrático, social y racional en aras a la sostenibilidad, la solidaridad y el legado a las futuras generaciones.

En capitalismo, "crecimiento" implica la constante, irracional e insostenible creación y reintroducción de multitud de productos, en buena parte superfluos, de calidad voluntariamente inferior (obsolescencia planificada), sin ninguna consideración por el reciclaje y el malbaratamiento de los recursos. Prima el despilfarro, el consumismo compulsivo y el lujo extravagante, sin control alguno de la acumulación de basura, la polución y los residuos tóxicos.

Habrá que romper el círculo vicioso de la escasez artificialmente creada y del despilfarro suicida de recursos, mediante la reorientación cualitativa de las prácticas productivas en orden a una mejora de la tasa de utilización de los bienes y los servicios y de la capacidad productiva. La I+D+I al servicio de la humanidad y no de los intereses del capital.

Sólo la redistribución equitativa podrá generar una nueva óptica social y un nuevo tipo de demanda racional, para un tejido productivo que se habrá de readaptar de pies a cabeza en orden a cubrir las necesidades de la especie humana de manera sostenible.

Socialismo democrático


Rosa Luxemburgo: "Lo negativo, su desmantelamiento, puede ser decretado; lo constructivo, lo positivo, no puede serlo. Se trata de un territorio nuevo. Miles de problemas a resolver. Sólo la experiencia es capaz de corregir y abrir nuevas sendas. Sólo la vida efervescente y sin obstrucciones, incurre en multitud de nuevas formas e improvisaciones, genera fuerzas creativas y ella misma corrige las intentonas y vías equivocadas. La vida pública de países con libertad limitada resulta tan paupérrima, tan miserable, tan rígida, tan infructuosa, precisamente porqué, por la exclusión de la democracia, corta de cuajo la fuente de vida de toda la riqueza espiritual y el progreso." (citado por Yiching Wu: "Rethinking Capitalist restoration")

La trayectoria del pseudo-socialismo del siglo XX demuestra que el problema político central en un proceso revolucionario socialista está en asegurar que dicho proceso no transmute en su opuesto y se convierta en la base para una nueva clase de opresión y explotación capitalista "anormal" que prepare el terreno para una vuelta al redil "normalizado"

En última instancia, socialismo y democracia deben formar parte indivisible de un único proyecto.

La nacionalización de los medios de producción y distribución, sin la correlativa socialización del poder político, sólo crea una ficción legal en la que una clase privilegiada burocrática capitalista posee "colectivamente" los medios y producción, fuerza relaciones sociales de trabajo alineado, y se atribuye el poder y los privilegios.

Esta situación, resultado de un intento de "quemar etapas de desarrollo" capitalista, por mucho que se eternice, prepara las condiciones y pone a punto algunos de los ingredientes claves - la acumulación primitiva de capital -, para un proceso relámpago re-captura por parte del capitalismo transnacional.

El resultado es la reintroducción de la fuerza de trabajo y los activos, recursos y bienes públicos en el circuito capitalista globalizado, en condiciones de hiper-explotación/exclusión.

Pero el resultado también es la confirmación de que los pseudo-socialismos totalitarios capitalistas están en vía muerta. La senda socialista del siglo XXI tendrá otro ancho de vía.

Larga y problemática es ya la historia, llena ilusiones y logros pero también de sombras, fracasos, corrupciones y traiciones, de los proyectos y experiencias socialistas, comunistas y socialdemócratas. Todo este material constituye un valioso arsenal para avanzar en la tarea de construir un mundo socialista que permita una cohabitación humilde y sostenible de la organización social de la especie humana con el conjunto del planeta.

El socialismo realmente existente no será una panacea, un mundo feliz, un modelo único y acabado, sino el resultado de un proceso que germinará dificultosamente tras un un parto difícil y complejo de proyectos, contrastes, pruebas y errores, enfrentado a un cáncer capitalista que, aunque desarbolado y en desbandada, ofrecerá, nadie lo dude, una tenaz resistencia.

Fascismo 1.0 vs fascismo 2.0


Fascismo 1.0

El mundo ha experimentado las miserables consecuencias del totalitarismo. Las crisis constituyen el riego y el mejor abono para estas degeneraciones y mutaciones del sistema capitalista.

El capitalismo, en crisis, muta con asombrosa rapidez al formato totalitario. El gobierno progresista de la república de Weimar fue destruido por las mismas fuerzas capitalistas que había llevado a Alemania a la guerra y a la derrota.

Los nazis eran relativamente impopular entre 1923-1928. Su fortuna cambió tras el crac de Wall Street. EEUU canceló sus préstamos a Europa provocando un fuerte aumento del desempleo que en Alemania pasó de 1,25 millones en 1929 a 4 millones en 1930, un 15,3% de la población. En 1932 más del 30% de la población alemana estaba desempleada. En las elecciones de 1933 Adolf Hitler prometió que si ganaba aboliría el desempleo.

Más del 80% de los miembros del partido nazi eran desempleados que fueron instruidos para comunicar su rabia y resentimiento al resto de la población para finalmente someterla bajo la tutela totalitaria. Las tácticas que se emplearon entonces se emplearán de nuevo en contra de cualquier propuesta progresista alternativa al sistema.

Una vez en el poder el gobierno nazi basó en el gasto público y el déficit masivo la recuperación económica. Prohibió la introducción de maquinaria de última generación ahorradora de mano de obra. Los empresarios tuvieron que solicitar permisos para poder despedir a sus empleados. En la construcción de las primeras autopistas de Europa, el gobierno concedió contratos preferenciales a aquellas empresas que utilizaban más mano de obra que maquinaria. Los jóvenes en paro fueron contratados para plantar bosques, reparar y limpiar las orillas de los ríos, desecar pantanos, ... Se estableció un sueldo de 1.000 marcos para las amas de casa. El verano de 1935 se introdujo el RAD (servicio laboral) que ofrecía trabajo a todo alemán entre los 19 y los 25 años durante seis meses.

Con la implementación del programa "Kraft durch Froide" (Esfuerzo y disfrute) el utilitario (volkswagen _ coche del pueblo, diseñado por Ferdinand Porsche, costaba 990 marcos) y las vacaciones pagadas se generalizaron entre la clase trabajadora. Cruceros a las Canarias, esquí en los Alpes, tours por Italia,... En 1938 unos 180.000 alemanes se embarcaron en cruceros a Madeira, los fiordos noruegos. El programa fomentaba el tiempo de descanso y el aprovechamiento cultural del mismo. Se construyeron numerosas instalaciones deportivas, teatros, museos, salas de conciertos, ... que permitieron celebrar múltiples eventos culturales y deportivos y dieron trabajo a miles de artistas, músicos, pintores, ... El desempleo cayó de los 6 millones en 1933 a 0,3 millones en 1939.

El enorme incremento del gasto público no se correspondió con un aumento similar de los ingresos. El endeudamiento público superaba los 40.000 millones de marcos en 1939. Sin embargo el desequilibrio presupuestario no se tradujo en inflación puesto que los controles de los movimientos de capital impedían los ataques especulativos.

Después de liquidar sus reservas auríferas el déficit de la balanza de pagos se disparó. Hitler y el capitalismo alemán precisaban importar masivamente materias primas para continuar su expansión industrial y mantener en pleno empleo. Al final optaron por proporcionárselas invadiendo los países productores. La 2ª G.M.

Fascismo 2.0

 En la actualidad, las sinergias entre el fascismo y los empresarios "nacionalistas" ya no funcionan. Los pocos empresarios "nacionales" que quedan ya no pueden proporcionar los apoyos y recursos que acumularon los totalitarismos del siglo XX.

Las grandes corporaciones transnacionales no tienen "bases" nacionales únicas. Sus bases nacionales son dispersas, sustituibles e intercambiables. Su operativa ya no es "nacional" sino "transnacional". Ello significa que los fascismos que vienen y ya empiezan a proliferar, son fascismos 2.0 de baja estofa, con tendencias tribales y/o mafiosas, relacionadas, no con el reforzamiento de las estructuras estatales sino, todo lo contrario, con el debilitamiento progresivo e implacable del Estado. 


Links:
Para un repaso de la historia de los proyectos socialistas: Robin Blackburn: Fin de Siècle: Socialism after de Crash.
Cáncer y capitalismo