29/1/16

El desnudo capitalismo salvaje del caucho: El Estado Libre del Congo y la Peruvian Amazon Rubber Company


Manos de chocolate en una pastelería belga

La fiebre del caucho vivió su auge entre 1879 y 1912 a causa de la creciente demanda para fabricar automóviles, además de bicicletas, botas de agua, cableado telegráfico y otras aplicaciones para una revolución industrial que entraba en su segunda fase de expansión. El caucho solo se podía obtener entonces en las selvas tropicales, básicamente en las cuencas del Congo (un enorme territorio apenas explorado)  y el Amazonas (la selva Lacandona era un tierra de nadie que abarca territorio venezolano, colombiano, ecuatoriano , brasileño y peruano). 

K. Marx (Teorías de la Plusvalía. parte III): “En general, el trabajo forzado muestra de la forma más brutal, pero con la mayor claridad, las características esenciales del trabajo asalariado”

Malthus: (refiriéndose evidentemente  al proletariado):“La producción precisa del látigo del hambre y la amenaza de la inanición puesto que la raza humana es por naturaleza inerte, lenta, con aversión al trabajo, si no es compelida por la necesidad 

W.E. Hardenburg (1912): “Las atrocidades de la explotación del caucho en Perú, que han sorprendido a la opinión pública y despertado el horror y la indignación generalizada -atrocidades peores que las del Congo -, no pueden considerarse simplemente como un fenómeno aislado. Estos incidentes son la manifestación extrema de una condición que se expresa de diferentes formas en todo el mundo, el comercialismo y el industrialismo, cuyos exponentes al enriquecerse, niegan una proporción justa de los frutos de la tierra y de su esfuerzo a los obreros que producen la riqueza. El mecanismo opera en casi cualquier país, en casi todas las industrias; y aunque sus métodos en otros lugares no alcanzan el salvajismo y la barbarie aplicados al Congo o la Amazonia, no por ello dejan de generar indecibles sufrimientos a la humanidad.”

El capital que consiguió el virtual monopolio del caucho y el marfil del Congo era capital belga y nada tenía que ver con el capital inglés, francés, alemán y peruano que fue invertido en la explotación del caucho de la Amazonia. Sin embargo, en ambos casos, separados por miles de kilómetros, las formas de organización empresarial, el monopolio, los sistemas de incentivos y los resultados, fueron idénticos, calcados. En lo más profundo de las selvas tropicales, sin reporteros ni cámaras, el capitalismo pudo desenvolverse sin los avituales disfraces del supuesto "mercado laboral."

El supuesto mercado laboral


El sistema capitalista, para disimular la explotación a que somete a la mayoría de la humanidad, la disfraza como un acto mercantil, un contrato de compra-venta, en el que la fuerza de trabajo aparece como una mercancía de un supuesto “mercado laboral” donde es libremente “negociada” entre las partes contratantes.

En realidad no existe tal mercado ni se da tal negociación. El mercado  laboral es una ficción. Es un fetiche para confundir a los explotados. No hay nada que negociar. El obrero no puede quedar sin trabajar puesto que carece de medios de producción para hacerlo. Por tanto “aceptará” el salario que quiera pagarle el capitalista. Y lo aceptará porque está sometido al terror capitalista, la amenaza demoledora del paro.

 Solo podría hablarse de "mercado" laboral entre el capital y la población si los demandantes dispusieran de medios alternativos para su subsistencia. Es el caso del campesino con tierras suficientes o del trabajador autónomo. Como ambos disponen de medios de producción propios, es decir, de medios alternativos de subsistencia, existiría un verdadera negociación con el capital que quisiera contratarlos.

Pero al capital no le interesa tal negociación. Desde sus inicios el capitalismo fabrica su propia clase obrera, su propio proletariado, su propio desempleo, apropiándose de todos los medios de producción o destruyendo los que no pueda apropiarse. El objetivo no es otro que la explotación sin negociación posible. El supuesto "mercado laboral" no es otra cosa que la competencia perpetua entre la mayoría de la población acuciada por el terror del paro.

Aunque la mayoría de las teorías sobre el sistema capitalista intentan separarlo de la esclavitud o el trabajo forzado como algo anacrónico e ineficiente frente al invento del "mercado laboral", en realidad el trabajo forzado y el esclavismo son factores crónicos del sistema desde sus más tiernos orígenes y cuando no le queda otro remedio que acudir al fetiche del mercado laboral, el capital procura por todos los medios convertirlo en lo más cercano al trabajo forzado esclavo para maximizar sus beneficios.

El capital algodonero esclavista norteamericano (con derecho a torturar y mutilar, derecho a matar, a violar y apropiarse de la descendencia de la mujer esclava), suministró la mayor parte de la materia prima clave de la revolución industrial (en Liverpool se negociaba alegremente con contratos de futuros del algodón esclavista, derivados financieros esclavistas)

Las emprendedoras y eficientes compañías caucheras dedicaron la mayor parte de su capital a la fabricación de un nuevo proletariado del caucho, destruyendo sistemáticamente los medios de producción de las naciones tropicales congoleñas y amazónicas. Al operar en un territorio poco explorado, lejos de las cámaras y los reporteros, no necesitaban disimular mediante contratos ni mercados la explotación inhumana a la que iban a someter al nuevo proletariado.

Los nuevos proletarios del caucho


H. M. Stanley: “Mientras viajamos a través y de las tierras del Congo, haciendo caminos, levantando estaciones, negociando privilegios, inspeccionando la vasta zona, enseñando y preparando a los nativos para el cercano advenimiento de un futuro brillante y feliz por ellos, ganarnoslos por nuestra gentileza, apaciguando sus pasiones, inculcándoles principios comerciales, mostrándoles la naturaleza de los productos comercializables cuando el hombre blanco viniera.”

E.V. Sjöblom: “Entonces sus campos de arroz son destruidos, y se arrebatan sus reservas de suministros. Sus plátanos se cortan mientras aún son jóvenes y sin fruta, y con frecuencia sus chozas se queman, y, por supuesto, se toma todo lo que hay de valor”.

Cónsul ThesigerEn todas partes era la misma historia: los supervisores les prohibían despejar nuevos terrenos para el cultivo o cazar o pescar. Si trataban de hacerlo sus redes e implementos eran destruidos. En algunas aldeas los indígenas intentaban cultivar en secreto pequeños huertos en el bosque, cuando se suponía que debían estar fuera cortando árboles del caucho, pero a menudo pagaban tal desaguisado con la propia vida.”

Cuando Henry Morton Stanley llegó por primera vez a la cuenca del Congo comprobó que las zonas ribereñas estaban densamente pobladas.

H. M. Stanley, tras sus largas expediciones conocía bastante bien el sistema económico predominante en el Congo. Se trataba de sociedades relativamente avanzadas. La mayoría de la población practicaba la agricultura y la ganadería como base de su subsistencia. Cazaban, pescaban y recolectaban en un entorno extraordinariamente bien dotado. Fundían y trabajaban el bronce y el hierro. Como es habitual, la tierra era un comunal de la tribu. Para ellos no era comprensible el concepto de propiedad privada de la tierra y evidentemente el jefe de la tribu no podía comerciar con dicha propiedad.

Aldea del Congo antes de la llegada de las compañías

Había también comerciantes indígenas que negociaban a lo largo y ancho del enorme territorio y había también ciudades de comerciantes. Refiriéndose a ellos Stanley apuntaba:

"Estos comerciantes estaban familiarizados con muchas tierras y tribus en el Alto Congo. Desde Stanley Pool hasta Upoto, a una distancia de 600 millas, conocían a la perfección cada lugar de desembarco en las orillas de los ríos. Conocían muy bien su entorno, dominaban el arte del trueque. Todas las artes del tacto diplomático les eran tan familiares como lo es el alfabeto romano para nosotros. No es de extrañar que todo este conocimiento comercial hubiera dejado su imprenta en sus rostros; de hecho, ocurre lo mismo en nuestras grandes ciudades en Europa. ¿No distingue usted en ellas por sus facciones al militar entre un poeta, un banquero, un artista o un poeta? Pues lo mismo ocurre en África, sobre todo en el Congo, con las personas que se dedican al comercio ".

"Durante los pocos días durante los que mantuvimos relaciones con ellos, nos dieron una alta idea de sus cualidades - la industria, después de su propio estilo, no siendo el menos visible."

Se trataba evidentemente de una actividad comercial marginal y complementaria de una sociedad fundamentalmente agrícola.

Para las compañías caucheras había unos enormes incentivos por parte del mercado mundial. Un enorme negocio languidecía en las cálidas forestas tropicales a la espera del capital que supiera transformarlo en valor.

Pero para la puesta en valor del caucho, los capitalistas necesitaban personal laboral especializado que conociera el medio, que supiera localizar los árboles del caucho, y fundamentalmente que fuera capaz de mantenerse vivo en el interior de la selva.

Así pues, la obtención de una abundante mano de obra proletarizada fue condición imprescindible para la expansión de la empresa cauchera, tanto en la producción y manipulación del látex, como en el transporte del caucho desde los centros de recogida al puerto de embarque y posteriormente a la ciudad.

Las compañías precisaban los servicios de los indígenas pero ningún producto europeo interesaba a los nativos lo suficiente para instarles a recolectar caucho en las selvas adyacentes a sus poblados y menos aun en territorios más alejados.

El primer paso para la proletarización forzosa era acabar con los modos de producción propios de las sociedades indígenas, destruyendo los medios de producción de las naciones centroafricanas y amazónicas y (como en la Inglaterra del siglo XVIII) arrebatarles las tierras comunales.

En el caso del Congo, se conminó a los nativos a abandonar la agricultura para devolverlos a la condición de cazadores-recolectores. En la Amazonia ocurrió lo mismo con las tribus que practicaban la agricultura. El capitalismo más avanzado devolvía a la humanidad a la condición del cazador-recolector paleolítico.

Una de las primeras medidas de Leopoldo II de Bélgica como monarca del nuevo Estado Libre del Congo fue un decreto de 1887 que declaraba propiedad del estado toda la "tierra vacante" es decir, las tierras “no explotadas” libres de cultivos o asentamientos. Según esta ley quedaban para los nativos los pequeños asentamientos de sus aldeas y los pequeños y escasos campos de grano o de mandioca que las rodeaban. En todas partes más allá de estos parches minúsculos se extendían las llanuras y bosques que habían sido hasta la llegada del capital las ancestrales tierras comunales de los indígenas.

A pesar de todo, los nativos de ambos continentes no parecían demasiado dispuestos a convertirse en clase obrera del capitalismo. Hubo que obligarlos a trabajar para el capital. El capitalismo dejó a un lado los disfraces y los fetiches. El capitalismo desnudo impuso el terror más inhumano y salvaje para someter a los indígenas y convertirlos en clase obrera a su medida, en los proletarios del caucho.

El negocio del caucho tenía fiebre pero también tenía mucha prisa. Tras la siembra de semillas del árbol del caucho en el Sudeste asiático, los días del monopolio, tanto para la Amazonia como para el Congo, estaban contados.

Así pues, tanto el capital fijo, como el capital humano iban a ser de un solo uso. Las compañías forzaban a los nativos a sobre-explotar los árboles del caucho de forma que éstos morían a causa de la pérdida excesiva de fluidos. Algunas de las compañías (como el cártel Kasai Company) recurrieron a cortar y despedazar los árboles para sacarles todo el látex posible.

El capital cauchero fabricó un proletariado a la medida de su negocio. La proletarización de los indígenas fue radical. Se destruyeron las plantaciones y se quemaron las cosechas, los almacenes, los talleres de herramientas y utensilios, se mató el ganado y se destruyeron las barcas de pesca. El proletariado del caucho iba a ser un proletariado de usar y tirar. Se calcula que la cifra de población indígena a la llegada del capitalismo a la zona del Congo oscilaría entre los 20 y los 30 millones de habitantes. Según el censo realizado en 1911, veinte años después, la población del Congo se había reducido a tan sólo 8.500.000 personas.

Terror, productividad y eficiencia


El supuesto libre mercado se convirtió en mercado forzado.

Cónsul Thesiger 1908: “La mercancía se distribuía, entregando un sombrero a un indígena, una azada metálica a otro, y así sucesivamente. Cada receptor era entonces, al final de un mes, responsable de recolectar un cierto número de quilos de caucho. Los obreros no podían elegir los objetos ni negarse a adquirirlos, no se permitía ninguna negativa. Si alguien hacía alguna objeción, los objetos se lanzaban frente a su puerta, y tanto si lo tomaba o lo dejaba, el obrero debía recolectar los quilos de caucho estipulados por la otra parte contratante.”

Mark Twain : "Las cestas de manos cortadas, a los pies de los comisarios europeos, se convirtieron en el símbolo del Estado Libre del Congo. ... La recolección de manos se convirtió en un fin en sí mismo. Soldados de la Force Publique las traían a las estaciones de recogida en lugar de caucho; incluso salían a cosecharlas en lugar de goma ... Se convirtieron en una especie de moneda. Llegaron a ser utilizados para compensar el déficit en las cuotas de goma; los soldados cobraban sus bonificaciones sobre la base de la cantidad de manos que recogían”.

Tanto el territorio cauchero de la Amazonia (situado entre Brasil, Bolivia, Perú y Colombia) como el del Congo eran verdaderas “tierras de nadie”, es decir sin testigos ni cámaras.

Ante tales circunstancias los avispados CEOs de las compañías explotadoras recurrieron a incentivos poco convencionales y más convincentes para aumentar la productividad de la mano de obra:

1. La toma de rehenes familiares (mujer e hijos) como moneda de cambio de la fuerza de trabajo. Los rehenes sólo podían ser rescatados mediante la entrega de determinadas cantidades de caucho (las rehenes eran sistemáticamente violadas y maltratadas durante su reclusión).


Extracto de la contabilidad de ABIR. Relación de secuestrados.

 * contrainte par corps: Disposition qui consiste à appréhender un détenu dans afin qu'il s'acquitte de sa dette

2. Tanto en la Amazonia (endeude) como en el Congo se utilizaba el sistema del peonaje por deudas para esclavizar y explotar a los indígenas.

3. Se empleaban asiduamente castigos físicos contra la población nativa. El instrumento de uso más extendido era el chicotte, una especie de látigo que desgarraba las carnes del reo. Las primeras noticias de su uso se remontan a 1888. Este castigo se aplicaba también a niños y niñas para hacer trabajar a sus padres.

4. Las mujeres también fueron obligadas a proletarizarse. La violación era la pena habitual por el bajo rendimiento.


5. Se empleaba sistemáticamente la tortura. Si un proletario varón escapaba, su esposa e hijos eran torturados hasta que el escapado volvía o ellos mismos se revelaban su paradero.

6. Las balas constituían el principal incentivo para estimular la productividad.

Como castigo por negarse a recolectar o no haber aportado las cantidades estipuladas por la compañía, eran frecuentes los asesinatos masivos. Como prueba de que estos asesinatos se habían llevado a cabo, los agentes de las compañías amputaban una mano a los cadáveres. En otras ocasiones se les cortaba la cabeza, o, para demostrar que los asesinados eran varones, los genitales. Las manos eran ahumadas (para su conservación en un clima tropical) y entregadas a los jefes de puesto europeos como prueba de que los matones habían hecho su trabajo.

En ocasiones, los supervisores no mataban a los nativos, sino que sólo les amputaban la mano derecha para engañar así a sus superiores, y empleaban las balas para cazar. Varias fotografías de la época documentan estas mutilaciones.

Las compañías capitalistas acabaron no importando otra cosa que armas y balas. Como denunciaría Edmund Dene Morel, los barcos que llegaban cargados de caucho a Amberes, volvían al Congo cargados de rifles, cadenas, munición y explosivos.

Desnudo capitalismo salvaje


E.D. Morel (Comentando la Conferencia de Berlín de 1885): “…, era visible a través de las deliberaciones que tuvieron lugar en el transcurso de la elaboración de las cláusulas del acta de la conferencia, el deseo de proteger a los nativos de África de la injusticia y la expropiación; garantizarles la posesión pacífica de su tierra y sus propiedades; poner freno, en la medida de lo posible, a la guerra entre tribus y a las incursiones los esclavistas árabes; y para mantener y desarrollar el comercio. Se hizo especial hincapié en este último punto, se reconoce universalmente que el intercambio comercial es, por encima de todas las cosas, el medio más seguro para el progreso de las comunidades desde un estado de barbarie primitiva a un mayor conocimiento de las artes y oficios, y, en general, a una alta concepción de la vida.”

El capitalismo de finales del s. XIX y principios del s. XX era un capitalismo maduro en fase de globalización. Sus sicofantes lo habían embellecido y elevado a lo más alto de la civilización. Los departamentos de relaciones públicas de las empresas organizaban convenciones geográficas y filantrópicas para ocultar y disfrazar el saqueo colonial. Se trataba de un verdadero “sistema” que se aplicaba por doquier.

El capital que consiguió el virtual monopolio del caucho y el marfil del Congo era capital belga y nada tenía que ver con el capital inglés, francés, alemán y peruano que fue invertido en la explotación del caucho de la Amazonia. Sin embargo, en ambos casos, separados por miles de kilómetros, las formas de organización empresarial, los sistemas de incentivos y los resultados, fueron idénticos, calcados. En lo más profundo de las selvas tropicales, sin reporteros ni cámaras, el capitalismo pudo desenvolverse sin los disfraces del fetichismo del supuesto mercado laboral.

El capital dejo en Europa y EEUU a su disfrazado Dr. Jekyll para desarrollar, sin escrúpulos ni cortapisas, su intrínseca y verdadera naturaleza, para operar a gusto, desnudo y salvaje, como Mr. Hyde.

Integración vertical de la empresa


Roger David Casement "Una de las mayores compañías concesionarias del Congo había dirigido una solicitud a sus directores en Europa para un suministro adicional de cartuchos. Los directores cumplimentaron esta demanda preguntando qué había sido de los 72.000 cartuchos enviados hacía unos tres años. La respuesta fue que éstos habían sido utilizados en la producción de caucho”…“Cada vez que el caporal sale a conseguir caucho se le entrega una determinada cantidad de cartuchos. Debe devolver todos los no utilizados; y por cada uno utilizado debe traernos una mano derecha

W.E. Hardenburg: “A medida que la goma se hace más y más difícil de encontrar, los indios, con el fin de ser capaces de entregar la cantidad completa del caucho que les exige la Compañía y así escapar a las seguras flagelaciones y torturas, con frecuencia adulteran el látex del caucho con la sabia de otros árboles, reduciendo de esta manera la calidad del caucho Putumayo
0. Apropiación de los medios de producción

En los documentos que firmó H.M. Stanley (recolectó no menos de 450 “tratados”) con los jefes de las tribus locales, estos traspasaban sus derechos sobre sus territorios a la Asociación Internacional del Congo "para el avance de la civilización y del comercio" a cambio de baratijas. Está claro que los jefes locales no tenían conciencia de los que estaban firmando. Pensaban seguramente que estaban concediendo permisos para el establecimiento de establecimientos comerciales. La idea de que en realidad estaban vendiendo sus tierras (según los apartados del documento en francés) no podía caber en su mente. Pero según estos tratados, más de 20 millones de personas fueron expropiadas y toda la riqueza de sus tierras atribuida a la compañía belga.

Eugene Robuchon (explorador que denunció los 
crímenes de la PARC) con nativos de la cuenca amazónica

Las modernas multinacionales de la segunda globalización, como Inditex o Appel, camuflan el terror que ejercen sobre la clase obrera que explotan desintegrando su estructura empresarial, externalizando la producción a base de subcontratación.

Los directivos de las empresas caucheras de la primera globalización no precisaban aún de tales artilugios. Establecieron un eficiente sistema de integración vertical para conseguir la máxima productividad posible de su mano de obra.

Un vasto territorio del planeta, de una extensión similar a la de toda Europa, iba a convertirse en un campo de concentración capitalista.

El organigrama de las compañías obedecía fielmente a esta integración vertical:

1. División administrativa: Tanto en la Amazonia como en el Congo el territorio de dividió en circunscripciones o distritos controlados por superintendentes blancos.

2. Establecimiento de Estaciones de acopio o centros de recogida

 Huitotos frente a un centro de recogida o barranca de la PARC

Cada distrito incluye un determinado número de centros de recogida que están a cargo de las aldeas nativas circundantes. Cada dos o tres meses, el caucho recogido era transportado a la ciudad (Iquitos en la Amazonia, Boma en el Congo) en barcazas.

3.  Contratación de Comisarios

En el Congo uno o dos comisarios blancos (belgas, franceses, ingleses, alemanes, etc) contratados por las compañías, ejercían como comisarios, dirigían y controlaban la producción desde dichos centros o contadurías. Cobraban un pequeño sueldo fijo pero recibían bonus suplementarios en proporción a la cifra de negocio.

En la Amazonia la Peruvian Amazon Rubber Company PARC a los comisarios al control de los centros de recogida o barrancas se les denominaba “jefes”. Los jefes no cobraban salario sino solo comisiones por la goma recogida. Cada jefe tenía bajo control entre 10 y 80 “racionales” procedentes de las islas Barbados.

4. Supervisores de la fuerza de trabajo

Los comisarios de los puestos de recogida controlaban a los supervisores.

Las tareas de los supervisores eran las habituales de cualquier empresa:

• Determinar los requisitos de la producción (como cantidad y calidad de la producción, coste, tiempo, requisitos de mano de obra),
• Determinar la programación, las secuencias y asignaciones para las actividades del trabajo de recolección y secado del caucho.
• Reunirse con otros supervisores para coordinar las operaciones y las actividades.
• Dar instrucciones a los trabajadores, p.ej., sobre las especificaciones del trabajo.
• Monitorizar y controlar los procedimientos productivos para detectar defectos o fallos.
• Monitorizar el rendimiento de los trabajadores, p.ej., mediante la monitorización de medidas, pesos y otros indicadores.
• Controlar la calidad y la cantidad de la producción.
• Evaluar los presupuestos de producción actuales y los rendimientos.

En el Congo a los supervisores se les denominaba “Capitas”. Se trataba de indígenas de tribus caníbales procedentes de zonas muy alejadas de las aldeas del caucho. En cada aldea se colocaba, día y noche, un “Capitas”. El eficiente Capitas vigilaba de cerca la labor de recolección de los aldeanos imponiendo medidas cautelares de terror por falta de diligencia. En caso de violencia contra el capitas se organizaba una expedición punitiva que normalmente significaba la destrucción de las aldeas implicadas.

En la Amazonia, la PARC contrataba en Barbados, como supervisores, a antillanos de nacionalidad británica denominados “racionales”. Estos “racionales” mandaban una tropa de secuaces subalternos llamados “boys” o “muchachos”, en general indígenas huérfanos, adiestrados para brutalizar a sus congéneres. Los “racionales” ejercían labores semejantes a las de los Capitas congoleños.

Racional de la PARC con un grupo de sus boys

5. Para mantener aterrorizados a los obreros del caucho era preciso que tuvieran siempre presente la existencia de un enorme ejército de reserva (otros nativos susceptibles de ser reclutados) y por tanto su absoluta prescindibilidad física.

6.  El terror debía practicarse con la máxima eficiencia y eficacia. No bastaba con asesinar sino que el terror debía ser algo escénico y espectacular. Se torturaba en público, se quemaban vivas las víctimas derramándoles lentamente (gota a gota) líquido inflamable sobre sus cabezas, se empalaban las cabezas cortadas, los genitales, etc., en las empalizadas de las aldeas, se crucificaba, a veces boca abajo, se empalaba a las esposas o hijas, etc.

Según Veritas en el periódico West African Mail, uno de los capitas de la Anglo-Belgian India Rubber and Exploration Company (ABIR), Mon. Foecie, practicaba un terror terriblemente escénico: Cuando asesinó al jefe Isekifasu de la región de Bolima, mató a su mujer y a sus hijos, los cortó en pedazos y se comió algunos de ellos delante de todos. Luego decoró la casa del jefe con los intestinos, el hígado y el corazón de algunas de las víctimas.

http://eltrabajonoshacelibres.blogspot.com.es/2012/08/leopoldo-ii-de-belgica-y-la-explotacion.html
Comisarios blancos de la ABIR junto a supervisores o Capitas

7. Se controlaba minuciosamente el coste del terror. Desde la contaduría se controlaba el número de cartuchos entregados a los supervisores y a las fuerzas del orden, exigiéndose una prenda como contrapartida al final de la jornada (manos cortada y ahumadas, testículos, orejas, etc.; las manos cortadas se ahumaban para su conservación durante el periodo de recolección - de 30 días a dos o tres meses - antes de la aportación al puesto de recogida). Un comisario del distrito, León Flévez, recibió en un solo día 1.308 manos cortadas. Se recomendaba poner a las víctimas en fila para asesinarlas con una sola bala.

Las compañías implicadas


a) Compañías en la cuenca del Congo

Junto a la AIC, propiedad de Leopoldo, las empresas que obtuvieron las principales concesiones fueron la Sociedad de Amberes de Comercio del Congo (Société Anversoise du Commerce au Congo) y la Compañía Anglo-Belga del Caucho y la Explotación (Anglo-Belgian India Rubber and Exploration Company (A.B.I.R.)). Leopoldo tenía una importante participación en las dos compañías, directamente o por medio de testaferros. El otro gran capitalista detrás de estas empresas era el banquero Alex de Browne de Tiège, poseedor de 1.100 de las 3.400 acciones de la Sociedad de Amberes, y de 1.000 de las 2.000 de la Compañía Anglo-Belga. Otras empresas operando en la zona eran la Compagnie du Kasai (un cartel de 14 empresas que conseguía dividendos del 700% anuales), la Lomami Company, la Compagnie des Grands Lacs, la Lulonga Company y la Compagnie du Katanga.

b) Las compañías más activas en la cuenca del Amazonas eran:

La Compañía de Colombia, la H. and U. Rubber and Coffee Status Lted., la Rubber Corporation y la Peruvian Amazon Rubber Company (PARC) que luego se convertiría en la Peruvian Amazon Company (PAC)

La más importante era la Peruvian Amazon Rubber Company Ltd (PARC) constituida el 1 de octubre de 1907 con un capital de 1.000.000 £ esterlinas, dividido en 300.000 acciones preferentes al 7 por ciento con un nominal de £ 1 cada una y 700.000 acciones ordinarias, también de nominal 1 £ cada una.

El total del capital británico invertido en bonos y acciones de empresas caucheras operando en la cuenca amazónica y cotizando en la Bolsa de Valores de Londres superaba los seis millones de Libras Esterlinas, consiguiendo beneficios del 5% de promedio. Algunas de estas empresas pagaban dividendos del 12%, 20% y 25%.

El orden público


E.D. Morel: “Los gastos relacionados con la intendencia de los soldados regulares e irregulares caníbales eran infinitesimales, los cuerpos de los enemigos muertos seguían siendo suficientes a todos los efectos, teniendo en cuenta que cada caníbal tenía al menos un cuerpo para comer, y, de hecho, más de lo que podía manejar cómodamente, porque los casos de muerte a través de exceso o indigestión no eran desconocidos.”

Las compañías del Congo tenían el derecho de ejercer funciones de policía en las zonas sobre las que tenían concesiones, pero, en caso de necesidad, podían recurrir a la ayuda de la Force Publique.

Desde principios de la década de 1880, ante la falta de población belga en disposición de trasladarse Leopoldo había contratado a mercenarios europeos para servir a sus intereses en el Congo. En 1888 quedaron organizados en un ejército mercenario denominado Force Publique que actuaba al mismo tiempo como ejército de ocupación y como fuerzas de orden público al servicio de las empresas comerciales. Todos los oficiales eran blancos.

Force Publique

La dificultad para crear asalariados se hizo sentir a la hora de reclutar personal para el nuevo ejército. Aunque se consiguió reclutar a elementos de tribus muy atrasadas que practicaban el canibalismo (literalmente se comían por la noche a las víctimas de la jornada laboral), se tuvo que recurrir al reclutamiento forzoso. Los soldados eran contratados a la fuerza y obligados a servir en el cuerpo por un mínimo de siete años. Los reclutas eran a menudo comprados a los jefes de sus tribus (si no aceptaban venderlos eran ellos mismos y su tribus los represaliados) o a traficantes de esclavos; en otras ocasiones eran simplemente secuestrados.


La Force Publique fue además un instrumento de exterminio étnico, utilizado por el capitalismo colonial para fomentar el enfrentamiento entre las diversas etnias y grupos sociales del Congo, generalmente contra el grupo mayoritario kongo, favoreciendo su debilitamiento y su control demográfico.

El espíritu empresarial y las Relaciones Públicas


Rey Leopoldo: “Nuestro único programa, estoy ansioso de repetir, es la obra de regeneración moral y material, y debemos hacer esto entre una población cuya degeneración en sus condiciones heredadas es difícil de medir. Los muchos horrores y atrocidades que deshonran a la humanidad van retrocediendo paso poco a poco gracias a nuestra intervención

Edgard Malet (representante de GB en la Conferencia de Berlin 1885): "No se puede olvidar que los nativos no están representados entre nosotros, y que las decisiones de la Conferencia serán, sin embargo, tienen una extrema importancia para ellos.

Leopoldo II, rey de Bélgica desde 1865, resultó ser un hombre muy emprendedor. Inicialmente fue atraído por el negocio del marfil. En 1876, presidió la Conferencia Geográfica de Bruselas que reunía a expertos, exploradores y científicos de las principales naciones europeas. En ella Leopoldo planteó la necesidad de civilizar África Central. Como principal resultado de dicha conferencia se decidió crear una asociación internacional, la Asociación Internacional Africana (Association Internationale Africaine, AIA, (creada en 1876) de carácter filantrópico para coordinar la magna tarea.

En noviembre de 1878, en Bruselas, se fundó el Comité de Estudios del Alto-Congo (CEHC), una "société en participation" con un capital social de un millón de francos, cuyos principales suscriptores eran el propio Leopoldo, con más de la cuarta parte del capital (260.000 francos), y la AHV (la compañía neerlandesa Afrikaansche Handels-Vereeniging) con 130.000 francos. Aunque la finalidad del Comité, según se definía en sus estatutos, era principalmente filantrópica y científica, se hablaba ya abiertamente de fomentar el comercio y la industria en la zona. La AHV hizo suspensión de pagos; Leopoldo vio en este suceso la oportunidad de tomar por completo las riendas de la empresa. Convirtiéndose, de facto, en el único propietario de la sociedad que cambiaría de nombre denominándose ahora Asociación Internacional del Congo (AIC).

Leopoldo trabajó intensamente para lograr el reconocimiento internacional de sus derechos sobre el nuevo territorio. Jugó la baza de su fama como rey filántropo, y permitió que se produjese un útil equívoco entre la antigua y altruista Asociación Internacional Africana, y la actual Asociación Internacional del Congo.

Estados Unidos fue el primer país que reconoció los derechos del rey Leopoldo II sobre el Congo el 22 de abril de 1884.

Leopoldo anunció que su “Estado Libre del Congo” gozaría de completa libertad de comercio, sería todo él un puerto franco, sin impuestos sobre importaciones o exportaciones, ganándose así el favor de la prensa europea.

Se necesitaba, sin embargo, que todas las potencias europeas llegasen a un acuerdo acerca de la cuestión del Congo. Con este fin, convocó en 1884 la Conferencia de Berlín, a la que fueron invitadas tanto las principales potencias de la época.

Leopoldo obtuvo el reconocimiento de su soberanía sobre el Estado Libre, cuyas fronteras había trazado, con ayuda de Stanley, en agosto del año anterior. La zona costera cercana a la desembocadura del Congo quedó repartida entre Francia, la AIC y Portugal. Leopoldo obtuvo el puerto de Matadi, su punto de partida para la exploración y colonización del interior.


Indígenas del Congo que se resistían
 a ser civilizados por Leopoldo

El 1 de agosto de 1885 nació oficialmente el Estado Libre del Congo. Leopoldo asumió el título de "rey soberano" del nuevo estado con la aprobación del Parlamento belga.

El Estado Libre tenía también su bandera: la misma que habían llevado la Asociación Internacional Africana y la Asociación Internacional del Congo. Una estrella dorada sobre fondo azul. Irónicamente, esta estrella simbolizaba los beneficios que la civilización habría de llevar al África Central.

Bismarck, pronunció su bendición bautismal. "El Estado Libre del Congo está llamado a convertirse en uno de los principales promotores de la obra civilizadora que tenemos en mente, y ruego por su próspero desarrollo y para el cumplimiento de las nobles aspiraciones de su ilustre fundador”.

Las fortunas del caucho


Edmund Wade Davis: ”Los magnates del caucho prendían sus habanos con billetes de cien dólares y aplacaban la sed de sus caballos con champaña helado en cubetas de plata. Sus esposas, que desdeñaban las aguas fangosas del Amazonas, enviaban la rupa sucia a Portugal para que la lavaran allá. Los banquetes se servían en mesas de mármol de Carrara, y los huéspedes se sentaban en asientos de cedro importados desde Inglaterra (...) Después de cenas que costaban a veces hasta cien mil dólares, los hombres se retiraban a elegantes burdeles. Las prostitutas acudían en tropel desde Moscú y Tánger, El Cairo, Paris, Budapest, Bagdad y Nueva York. Existían tarifas fijas. Cuatrocientos dólares por vírgenes polacas de trece años...

En Tervuren, en las afueras de Bruselas, se encuentra el Museo Real de África Central edificado por Leopoldo II. El museo posee una de las colecciones de arte y objetos africanos más importantes del mundo. El museo, por supuesto, no alberga recuerdo alguno de las terribles matanzas que se llevaron a cabo en nombre del libre mercado. En 2005 se realizó en el museo la exposición La mémoire du Congo, donde sólo parcialmente se reconocían los numerosos crímenes coloniales, y se destacaban los aspectos positivos de la colonización.

En Tervuren, en las afueras de Bruselas, se encuentra el Museo Real de África Central, que posee una de las colecciones de arte y objetos africanos más importantes del mundo. Leopoldo encargó numerosas construcciones sufragadas por el fruto de sus negocios africanos. Entre ellas se encuentra el llamado Arco del Cincuentenario (un parlamentario de la oposición lo bautizó como el Arco de las Manos Cortadas), así como la avenida de Tervuren, construida con motivo de la Exposición Universal de Bruselas, en 1897, para que los belgas pudieran visitar, entre otras cosas, el zoo humano que se instaló en Tervuren.

Gran parte de los documentos relativos a la administración del Estado Libre fueron arrojados al fuego por orden de Leopoldo en 1908, poco antes de la cesión del territorio a Bélgica. Los que sobrevivieron estuvieron clasificados como secretos hasta la década de 1980 pero su consulta está llena de extrañas dificultades administrativas de todo tipo.

Manaus vivió su apogeo entre 1890 y 1920, con tranvía eléctrico, cuando Nueva York o Boston sólo ofrecía tranvías tirados por caballos. Las avenidas fueron construidas sobre pantanos desecados, se irguieron edificios imponentes y lujosos como el Teatro de la Amazonas, el cual fue inaugurado el 6 de enero de 1897 con una presentación de La Gioconda de Amilcare Ponchielli, interpretada por la Gran Compañía de Ópera Italiana.

Post scriptum

Remitida la fiebre del caucho no tardaron en llegar otras fiebres capitalistas a las selvas del Congo y la Amazonia. En la Amazonia, el caucho fue reemplazado por la madera y el petróleo. En el Congo el cobre, los diamantes, el coltán, etc., seguirían atrayendo al capital salvajemente sediento de beneficios en una sucesión inenarrable de atrocidades genocidas.

 Links:

PARC

 Pdf caucho en amazonas

Película: Leopoldo el genocida

EN EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS... DEL PUTUMAYO, 1890-1932.

La Kasai Company a sus accionistas