7/11/14

Historia de los monopolios en España



Marca España: “Un repaso al trabajo de compañías españolas en el extranjero puede servir para llenar de orgullo a cualquiera. Las grandes empresas españolas se encuentran entre las más productivas internacionalmente por encima de las alemanas (10%) y de las del Reino Unido (20%). Y es que un país debe ser muy competitivo para irrumpir en un sector tan maduro como el de la moda y convertir a varias de sus marcas como Mango o Zara en líderes mundiales indiscutibles. ACS, FCC, Abertis, o FERROVIAL, liderando todos los rankings de construcción y gestión de infraestructuras. Y aún más difícilmente habrían concedido a Sacyr Vallehermoso la construcción de las nuevas esclusas del canal de Panamá, una de las obras de ingeniería civil más emblemáticas de este siglo. Si viajamos en avión, sucede que tres de cada cinco vuelos mundiales están controlados bajo sistemas de navegación aérea de la empresa española Indra. Y cuando aterricemos es probable que el aeropuerto esté gestionado por alguna empresa española como Acciona, Ferrovial o FCC. Si optásemos por viajar en tren, posiblemente volvamos a toparnos con la tecnología española, líder mundial en alta velocidad ferroviaria, tanto por kilómetros de líneas instaladas como por tecnología desarrollada, destacando empresas como CAF. o TALGO. Los Bancos como Santander o BBVA, considerados dos de los cinco mejores bancos del mundo, demuestran que el sector financiero español puede competir sin complejos con las mejores instituciones del mundo. Gracias al esfuerzo inversor empresas como Telefónica es una de las cinco compañías telefónicas más fuertes del mundo y líder absoluto en Latinoamérica. Y volviendo a los tópicos, no es incierto que España es un país que destaca por el sol, playa y paella. Además de la gran fortaleza de España en Turismo ese sol y su aprovechamiento junto con otros elementos naturales como el viento y fuertes inversiones en I+D+i han convertido a España en líder mundial en energías renovables, gracias a empresas como Iberdrola, Gamesa, Isofotón, Acciona, Abengoa o Sener.”

¿Que había ocurrido para que en un lapso tan corte de tiempo (10 años) el arcaico y decrépito capitalismo español fuera capaz de salir de la crisálida proteccionista nacional y volar hasta lo más alto de la 2ª Globalización?


Los monopolios internacionales de Emilio Ríu


Emilio Ríu y Periquet (Causas del atraso industrial en España. Revista Nacional de Economía. nº 11. 1918): “La oligarquía en política es la causa de la forma monopolística que toman en España todas las grandes industrias. … Tenemos monopolizado el crédito, que es casi tanto como tener el monopolio del aire vital de la industria; monopolizados, y en mano de los mismos grupos bancarios que monopolizan el crédito, los ferrocarriles; monopolizada la distribución de gas y de electricidad, no por los Municipios, como debería ser, ni por los gremios de los pequeños industriales que utilizan la fuerza, sino por los mismos grupos que monopolizan el crédito y los ferrocarriles; tenemos monopolizado el papel, que es tanto como tener el monopolio de la vida intelectual del país; tiene España monopolizado el hierro, monopolizado el acero, monopolizados los alambres, monopolizados los plomos, es decir, todo lo que constituye la base de las industrias claves de la producción. Está monopolizada o poco me¬nos la producción de tejidos de cáñamo, de lino y de yute; están monopolizados los explosivos, que son el nervio de todas las obras públicas y de la minería; está monopolizado el petróleo, y, por lo tanto, sus derivados de importancia tan enorme en la vida moderna; está monopolizado el azúcar, está monopolizado el alcohol, monopolizado el carburo de calcio, monopolizados los vidrios y los superfosfatos, es decir, casi toda la vida industrial española. ¿Cuáles son las consecuencias de esta organización monopolística?: La creación de grandes fortunas, que llegan, en un Estado débil como el de España, a ser más fuertes que el Estado mismo y constituyen el origen y la causa de la corrupción que domina en la vida política española. Que la masa general del país no pueda atender a satisfacer un mímum de vida, pesando sobre la misma, no sólo las cargas de los impuestos, sino las cargas de una organización económica que altera en beneficio de unos pocos toda la distribución-de la riqueza que se produce en España.”

Emilio Riu denunciaba en su revista el completo sometimiento de España al capital internacional que se estaba apropiando de los sectores claves del país, imponiendo precios de monopolio y eludiendo pagar impuestos a un Estado que se desangraba. Riu defendía la necesidad de industrializar el país para “liberarlo” del expolio que sufría en manos de los grandes trusts y holdings multinacionales de la época.

Desde mediados del siglo XIX las economías de escala y las enormes inversiones necesarias para el desarrollo de la 2º revolución industrial (ferrocarriles, sistemas de telefonía y telegrafía, generación y transporte de energía eléctrica, etc.), coadyuvaron a la formación de grandes corporaciones monopolistas u oligopolistas en los principales sectores económicos de los países más industrializados. Una vez consolidadas sus posiciones en sus países de origen, los capitalistas buscaban expansionarse fuera de sus fronteras, conquistando mercados y fuentes de materias primas, y estableciendo réplicas o sucursales de sus negocios en el resto del mundo con el apoyo de la internacionalización financiera. España, como otros países, quedó sometida al capital internacional. Todos los sectores claves fueron cayendo en manos de grandes grupos corporativos extranjeros.

La Maquinista fue quizá la única empresa que intentó resistir la presión de las multinacionales

Las fianzas de los Pereire y los Rothschild se aliaron con las finanzas autóctonas para crear los primeros grandes monopolios ferroviarios en España (M.Z.A. y CCHNE) con sus consejos de administración cargados de políticos españoles.

La pérdida de Cuba, Puerto Rico y las Filipinas significaron una considerable repatriación de capitales que revirtieron en la fundación de grandes bancos (Banco Hispano-Americano 1900, Banco Español de Crédito 1902, Banco de Vizcaya 1901) o en la concentración bancaria (El Banco de Bilbao se fusionó con el Banco del Comercio en 1902). Sin embargo, el capital bancario autóctono no hizo mas que colaborar con el capital exterior para desarrollar cualquier negocio con posibilidades de convertirse en monopolio, de ahí los monopolios u oligopolios extranjeros en el sector eléctrico, transportes, servicios y suministros urbanos, telefonía, minería, hierro, petróleo, gas, etc. España se había convertido en un país subdesarrollado bajo el dominio del gran capital internacional.

El único y realmente curioso caso de internacionalización del capital español fue el de la CHADE.(Compañía Hispano-Americana de Electricidad). Tras la 1ª GM, la amenaza de expropiación o decomiso en concepto de reparaciones de guerra se cernía sobre la principal compañía de electricidad de América Latina, la alemana CATE-DUEG con importantes inversiones en Argentina y Chile (era la única productora y distribuidora de electricidad en Buenos Aires). Los alemanes andaban a la búsqueda de algún amigable inversor para sus cuantiosos activos en riesgo. En 1920, un consorcio bancario español, capitaneado por el catalanista (aunque colaborador con el alzamiento franquista) Francesc Cambó, se ofreció para efectuar la operación. Se constituyó una nueva sociedad multinacional, oficialmente española, la CHADE (presidida por Cambó), con un 20% de capital español, que absorbería a CATE-DUEG y se convertiría de facto en la primera multinacional española de la historia.

Los monopolios domésticos de Ramón Tamames


Tras la primera Guerra Mundial y la revolución bolchevique, las tensiones sociales y el creciente nacionalismo forzaron el desmantelamiento paulatino de la Primera Globalización. En España, este proceso de “domesticación” capitalista que había sido preconizando Emilio Ríu, tomó cuerpo durante la dictadura de Primo de Rivera (1923-30). Se fomentó la sustitución de importaciones y la formación de monopolios “nacionales”: monopolio de compañías aéreas – CLASSA - (la futura Iberia) , Monopolio de Petróleos – CAMPSA – con participación mayoritaria del Banco de Vizcaya, Banco Hispano Americano, Banesto y Banco Urquijo. El papel económico del Estado debía centrarse en el apoyo logístico (creación del Banco Exterior de España, enseñanza primaria pública - 8.000 nuevas escuelas -, establecimiento de marcos de participación y negociación colectiva de los salarios, creación de la Ciudad Universitaria de Madrid, etc.) y en la construcción de infraestructuras (obras hidráulicas e hidroeléctricas, 7.000 kilómetros de nuevas carreteras, mejoras ferroviarias, portuarias y aeroportuarias, etc,) Las esperanzas nacionalistas autárquicas se basaban en un esperado crecimiento continuo de las exportaciones agrícolas y la apuesta por la baza del turismo de masas (creación de paradores nacionales). El proceso continuaría con la 2ª República y se consolidaría con el franquismo.

El resultado sería una estructura oligopolística de carácter nacional centrada en un omnipotente oligopolio bancario (los 7 grandes) controlando todos los sectores susceptibles del establecimiento de posiciones monopolistas (energía eléctrica, siderurgia, cemento, fertilizantes, vidrio, azúcar, petróleo, tabaco, etc.) a partir de múltiples conexiones a través de consejeros comunes, tanto provenientes del sector público como del sector privado. En muchos casos la concentración no llegó a su máximo posible –una sola firma – debido sólo al encuadre de las grandes sociedades en grupos financieros diferentes.


Estos monopolios “nacionales” desencadenaron desproporcionadas reacciones por parte de los grandes monopolistas internacionales de la época. CAMPSA, creada a partir de la nacionalización de Industrias Babel y Nervión (Standard Oil) y de la Sociedad Petrolífera Española (Royal Dutch Shell), así como la integración de la Sociedad de Petróleos Porto Pi (creada por Juan March en 1925), a pesar de su insignificancia a nivel global, representaba un peligroso precedente que podía anticipar futuras insurrecciones contra el poder monopolista global de las grandes petroleras. Entre 1925 y 1927 la Shell y la Standard Oil, que controlaban el 80% del mercado mundial del petróleo, orquestaron una inusitada campaña de boicot (prohibición de vender crudo a España) y de desestabilización diplomática (EEUU y el RU al unísono) contra el gobierno de España, contribuyendo sin duda a su derrocamiento. (Primo de Rivera y Calvo Sotelo no se habían atrevido a nacionalizar Telefónica (ITT) por miedo a represalias de EEUU)


A diferencia de los monopolios de la época de Emilio Riu, los monopolios domésticos eran un mal menor puesto que pagaban impuestos y estos impuestos se quedaban en España. Como las soberbias rentas de monopolio no podían acumularse fuera de España la codicia monopolista no llegaba a la desmesura y se pagaban sueldos decentes a sus empleados directos que eran la envidia de la clase obrera. Además, el proteccionismo que los defendía de sus rivales allende los Pirineos, también amparaba a los sectores no monopolistas (agricultores y PyMEs).


En 1967, en pleno franquismo, el economista Ramón Tamames publicó un libro con el título “Los monopolios en España” (en realidad, el libro era una reedición de un fragmento de una publicación anterior – La lucha contra los monopolios - editada en 1961) en el que analizaba la estructura monopolista del capitalismo español. El libro, con un pequeño formato “de combate” (para “llevarlo a las puertas de las fábricas y de los talleres, y a las barriadas de nuestras ciudades industriales” según Tamames) fue un verdadero hito editorial con casi una docena de reediciones (como ha pasado con multitud de economistas progres, Tamames ha dejado hace mucho tiempo de “luchar” contra los monopolios). Cincuenta años después del artículo de Emilio Ríu en la Revista Nacional de Economía, fundada por él mismo para luchar contra los monopolios, Ramón Tamames volvía a constatar la pertinaz permanencia de los monopolios en España pero ahora se trataba de otro tipo de monopolios. Se trataba de monopolios domésticos.

El papel del Estado en este esquema monopolista “nacional” seguía siendo el de prestar apoyo logístico y mejorar las infraestructuras, pero ahora ejercía además como árbitro protector y socio industrial subsidiario. Protegía al capital nacional privado con aranceles, controles cuantitativos, etc., y promocionaba los monopolios u oligopolios nacionales privados creando y promoviendo oficinas e instituciones “corporativas” para pactar precios y repartirse el mercado (Consejo Superior Bancario y Juntas Locales de Banca para el oligopolio bancario, UNESA para el oligopolio eléctrico, UNINSA y Central Siderúrgica de Ventas para el oligopolio siderúrgico, la Central de Ventas de Cemento para el oligopolio del cemento, FENINA para el pool de los fertilizantes, etc.). El papel subsidiario (INI) lo ejercía el Estado en el caso de incapacidad o ausencia de interés industrial por parte del sector privado. Así, por ejemplo, la falta de iniciativa privada en el sector siderúrgico, que forzaba crecientes importaciones para cubrir la creciente demanda, llevó a la creación en 1950 de ENSIDESA, la cual, sin embargo, estuvo operando siempre por debajo de su capacidad para mantener altos los precios y por tanto las ganancias del cártel siderúrgico privado.

A pesar de la dominación monopolista de los sectores claves, el proteccionismo favoreció también la pervivencia de de multitud de pequeñas y medianas empresas que prosperaron en el ámbito no monopolizado y que permitieron la formación de un amplio estrato de clases medias en España. La total monopolización del país debería esperar hasta el cambio de siglo.

De vuelta a la globalización. La 2ª Globalización


Casi 100 años después de los alegatos de Emilio Ríu contra la 1ª Globalización, los monopolios transnacionales volverían de nuevo a campar a sus anchas esquilmando a placer la sufrida península Ibérica y sus habitantes.

La presión globalizadora empezó a ganar fuerza a finales de los años 1970, y a partir de mediados de la década de los 1980 asistimos a una oleada mundial de privatizaciones que irán devolviendo lo mejor de los monopolios naturales a manos de las grandes corporaciones transnacionales. En numerosas ocasiones son las mismas siglas de antaño las que recuperan las posiciones perdidas (SOFINA, AEG, ITT, etc)

La globalización no significa solo “privatización” y “transnacionalización” sino esencialmente "monopolios", “grandes” monopolios transnacionales. Es decir, un ataque sin cuartel a los trabajadores y a la pequeña y mediana empresa a la cual restan dos opciones: o ser barrida, destruida y aniquilada por las grandes corporaciones o someterse a trabajar para los monopolios en régimen de subcontratación o sub-subcontratación.

La transición monopolista y la nueva oligarquía


El gran capitalismo español se vio obligado a reaccionar rápidamente y adoptar una nueva estrategia ante la seria amenaza de perder sus posiciones, más pronto o más tarde, ante el sunami que se avecinaba.

El objetivo era el de reconvertir los monopolios domésticos en campeones transnacionales globales capaces de controlar parcelas suficientes del mercado global como para evitar ser absorbidos o simplemente barridos del nuevo escenario que se estaba gestando. Se trataba de crear la marca España sacrificando a España.

El Estado iba a jugar un papel decisivo en esta operación relámpago para aumentar la masa crítica del capital monopolista español acomodando a su medida el marco legislativo y diplomático al completo, liquidando en un plis-plas todo el patrimonio público español, repartiéndolo entre los futuros campeones de la marca España, y asumiendo buena parte del coste financiero de la macro-operación.


Tal profunda implicación del Estado a favor de unos cuantos monopolistas privados precisaba también rediseñar y “modernizar” la antigua oligarquía político financiera que venía controlando el país desde los tiempos de Primo de Rivera. Hacía falta nueva sangre, más dinamismo, más juventud, … La nueva oligarquía político financiera, capaz de hacerse con un lugar propio en la 2ª Globalización, debía abrir sus puertas a los ambiciosos líderes de la izquierda moderada, de la izquierda posibilista, de la izquierda sin prejuicios, en definitiva, a los líderes del PSOE. De esta manera la transición política hacia un sistema de turno bipartidista y de puerta giratoria complementaría la transición económica monopolista que se estaba diseñando.

La transición monopolista del PSOE 


Hacia 1985 existían en total unas 130 grandes empresas públicas y unas 850 filiales de las anteriores (además de las empresas públicas de los gobiernos autónomos y municipales). Estado controlaba directamente el 17% de la Bolsa española a través de sus empresas; en 2006 esta participación se había reducido al 0,4%.

Cuando el 23 de febrero de 1983, el Consejo de Ministros del Gobierno del PSOE decretó la expropiación forzosa del grupo Rumasa, la mayoría de sus inocentes electores pensaron que se trataba de la primera nacionalización de la lista de un gobierno que se autoproclamaba “socialista”. En realidad se trataba del disparo de salida de la primera etapa de la transición monopolista. Los bancos de Rumasa hacían la competencia (tipos de interés en los depósitos, bajas comisiones, etc.) al viejo oligopolio bancario español y el gobierno del PSOE debía mostrarse como el agente imprescindible para acometer la reestructuración monopolista de la banca española. Rumasa fue expropiada y sus despojos, recapitalizados con fondos públicos, repartidos entre los grandes bancos. El ministro Miguel Boyer tuvo el honor de ser el primero en inaugurar la flamante puerta giratoria que daba paso al PSOE a las filas de la nueva oligarquía, fichado por CLH (CLH es el resultado de la escisión de los activos comerciales de la antigua CAMPSA) y luego por Red Eléctrica Española.

1ª etapa. Reestructuración y concentración a cargo de fondos públicos


El gobierno del PSOE, en una primera etapa preparatoria, procedió a una profunda reestructuración –“modernización” - de todo el sector público empresarial español a base de importantes aportaciones (subvenciones, avales, privilegios fiscales, etc.) y, a menudo, con cargo al mismo presupuesto estatal.

• Se introdujo o reforzó la mentalidad empresarial y de rentabilidad como objetivo básico en todo el sistema.
• Se reorganizaron sectores productivos enteros, fusionando numerosas empresas, con el supuesto objetivo de constituir empresas o grupos sectoriales dinámicos y competitivos a escala internacional.
• Simultáneamente se llevó a cabo un proceso de reestructuraciones y fusiones internas: nueve empresas públicas del sector del petroquímico y del gas fueron absorbidas por Repsol; cinco empresas públicas del sector del aluminio fueron fusionadas en Inespal; seis empresas públicas del sector de la electrónica fueron absorbidas por Indra; ocho empresas públicas del sector de la alimentación fueron adquiridas por Tabacalera; las acciones de todas las empresas públicas eléctricas pasaron a Endesa; la siderurgia pública (Ensidesa, AHV y Siderurgia del Mediterráneo) se fusionó en la nueva Corporación Siderúrgica Integral (Aceralia); los bancos públicos (Banco Exterior, Caja Postal, Banco de Crédito Industrial y los bancos del Instituto de Crédito Oficial) se fusionaron en Argentaria. El buque insignia y pieza más significativa de esta política fue la creación en 1992 del grupo público multi-sectorial Téneo en el que se agruparon todas las empresas (ya reestructuradas y fusionadas) del INI que eran rentables. Algunas de las nuevas empresas públicas recién reorganizadas adoptaron una agresiva política expansiva, comprando nuevas empresas e iniciando una meteórica expansión internacional financiada en buena parte por el Estado español.

2ª etapa. Proceso relámpago de ventas


Inmediatamente después empezó a vender empresas: Secoinsa (Electrónica), Telesincro (Electrónica), Viajes Marsans, Textil Tarazona, SKF española (Rodamientos), Entursa (Turismo), SEAT, Purolator Ibérica (Aux. Automóvil), Maquinista T.M. (Material Ferroviario), Atienza (Material Ferroviario), Enfersa (Fertilizantes), Astican (Astilleros), Oesa (Endiasa) (Aceite), Intelhorce (Textil), Imepiel (Calzado), Hytasa (Textil), Salinas de Torrev, Enasa -“Pegaso”, G. Empr. Alvarez (Porcelanas), CAMPSA, Fábrica de S. Carlos (Bienes Equipo), Carcesa (Alimentación), Artespaña (Artesanía), C.Trasatlántica, ENAGAS, Sidenor (Siderurgia), Lactaria Española, Sagane (Gas). ACESA (Autopistas), GESA (Electricidad), ENDESA, el 30% (Electricidad) , ENCE, el 50% (Papel), REPSOL, el 80%, ARGENTARIA, el 50%, INDRA, el 25% (Electrónica), TELEFONICA 11%, AUXINI, el 40% (Construcción).

Los gobiernos del PSOE se mostraron como verdaderos expertos en el diseño de sutiles “innovaciones” y artilugios administrativos para allanar el terreno a los nuevos monopolios. Lo normal es una venta de una empresa pública a un solo comprador o la venta en Bolsa de una parte de las acciones de la empresa pública o la venta de parte de sus activos. Pero también estamos ante una privatización (por la puerta trasera) cuando se subcontratan tareas y servicios de la Administración Pública a empresas privadas. Estamos ante el inicio de una futura privatización-monopolización cuando se reorganiza una entidad pública, aplicándole las formas organizativas y criterios de eficiencia típicos de las empresas privadas o cuando se dejan de ‘producir’ dentro de la Administración Pública ciertos servicios, pasando a contratarlos con una empresa privada o una pública creada al efecto, “abierta al mercado” (con el fin de privatizarla a la más mínima ocasión), o cuando se segrega económicamente una actividad o un servicio interno de la Administración Pública, transformándolo jurídicamente en una empresa pública “abierta al mercado”, o cuando se reduce o elimina la subvención a un determinado bien o servicio suministrado por empresas públicas.

Cuando la privatización-monopolización afecta a monopolios naturales (canta demasiado) y el resultado de su privatización es un monopolio u oligopolio privado (telecomunicaciones, suministros y servicios públicos, autopistas, puertos, aeropuertos, agua corriente, gas, electricidad, etc.), la excusa es el compromiso para “regularlo” y para "fomentar la competencia" vía normas legales, pero también vía ayudas y subvenciones (las eléctricas ingresaron miles de millones para ponerse al día), mediatizadas por la casta oligárquica y la lucrativa colaboración-intervención de la banca en la operación (déficit tarifario).

La gran banca española resultó especialmente favorecida como agente, intermediaria y comisionista del proceso. La operación de privatización (generalmente mediante OPV) se iniciaba con la selección del asesor financiero del proceso. El banco elegido valoraba la empresa en cuestión y diseñaba la estrategia de privatización, buscando los posibles compradores y además se encargaba del aseguramiento de la operación. Una vez diseñada la operación, en el caso de una OPV (Oferta Pública de Venta) se pasaba a seleccionar a las entidades financieras que serían los coordinadores globales y de tramos de la operación. A los bancos escogidos para intervenir o gestionar la colocación de las acciones, además de las suculentas comisiones, se les concedía el derecho a una opción de compra, al precio final de adjudicación, del 10% del paquete de acciones privatizado (en la privatización del 52,8 % de Aceralia en diciembre de 1997 los bancos coordinadores de la operación obtuvieron unas comisiones de 20 millones de €).

Las privatizaciones del Partido Popular

José María Aznar no escondió en su programa su apuesta por la privatización-monopolización (el PSOE, como siempre, había hecho muy bien su trabajo de manipulación de la opinión pública y ahora cedía el testigo al PP). Desde su toma de posesión no tardó ni un mes y medio en aprobar las “Bases del Programa de Modernización del Sector Público Empresarial del Estado” (28 de junio de 1996) para poder colgar a toda prisa el cartel de “se vende” en la puerta de la mayoría de las empresas públicas españolas que quedaba por vender. En cinco años (1997-2001) lo que quedaba del patrimonio empresarial de los españoles pasó a manos de la nueva oligarquía. Sodical, Iongraf (Tratamiento para metales), Sefanitro (Fertilizantes), Mina de Almagrera, Supergiclinic-plus (Material clínico), Ferroperfil (Siderurgia), Infoleasing (Arrendamiento financiero), Tisa (Telefonía Internacional), Elcano (Naviera), Inespal (Aluminio), Productos Tubulares (Siderurgia), Inima (Ingenieria), H. J. Barreras (Astilleros), Suria K/Potasas del Ll. (Fertilizantes), Initec (Ingeniería), AYA (Bienes Equipo), ICSA (Bienes Equipo), Astander (Astillero), Enatcar (Servicio de Autobús), Santa Bárbara (Armamento), Babcok Wilcox Esp. (Bienes de Equipo), Conversión Aluminio, Aerolíneas Argentinas, Transmediterránea (Naviera), Musini-Riesgo industrial (Seguros), GAS NATURAL, CSI (Siderurgia), RETEVISION, ALDEASA (Tiendas libres de impuestos), CSI-Aceralia, TABACALERA, COMEE (Compañía Operativa del Mercado Eléctrico Español), Red Eléctrica de España, IBERIA. Además se acabaron de vender ENDESA, ENCE, REPSOL, ARGENTARIA, INDRA, TELEFONICA y AUXINI.

Los principales grupos financieros y empresariales asistieron entusiasmados al reparto de la herencia del asesinado sector público español. Las llamadas “Joyas de la Corona” (GAS NATURAL, CSI, RETEVISION, ALDEASA, CSI-Aceralia, TABACALERA, COMEE, Red Eléctrica de España, IBERIA, ENDESA, ENCE, REPSOL, ARGENTARIA, INDRA, TELEFONICA, AUXINI) eran empresas públicas con un historial y perspectivas de alta rentabilidad, con una fuerte implantación en sus mercados, con significativa proyección internacional y con capacidad para constituir cada una poderosos grupos empresariales monopolísticos gracias a las recientes fusiones y adquisiciones. Especialmente en los casos de Repsol, Argentaria, Telefónica y Endesa.

                   Repsol             Endesa        Argentaria       Telefónica
1987             21,2 %          16,0 %
1988             27,5 %          17,5 %
1989             24,0 %          19,6 %
1990             27,8 %          21,4 %
1991             28,1 %          25,0 %            17,0 %           10,3 %
1992             24,4 %          24,8 %            19,3 %             7,2 %
1993             23,2 %           24,1 %           20,0 %             8,9 %
1994             26,5 %           23,9 %           17,7 %           12,3 %
1995             28,7 %           23,4 %           15,3 %           15,5 %
1996             22,2 %           30,8 %             7,5 %           18,5 %
1997                                   13,4 %
            Beneficios obtenidos antes de su privatización

Un cálculo del promedio de los resultados de sus tres últimos años como empresas públicas antes de su privatización, tanto para las rentables como para las no rentables, muestra que las empresas rentables generaron 4.057 millones de euros de beneficios frente a los 765 millones de euros de pérdidas registradas por las empresas deficitarias (Vergés, J. 1999 “Balance de las políticas de privatización de empresas públicas en España, 1985-1999”, Economía Industrial, nº 330 pp. 121-139.)

En 1997 y 1998, los ingresos procedentes de las privatizaciones sirvieron para lograr fuertes reducciones en el déficit fiscal y en el endeudamiento público, lo cual, a su vez, permitió que España cumpliese con los criterios de convergencia del tratado neoliberal de Maastricht, y pudiera entrar en la Unión Monetaria Europea en 1999. La operación había durado 10 años y había resultado redonda. El Estado español había soltado todo el lastre que tenía. Diez años después, y como consecuencia de su absoluta sumisión a los intereses monopolistas de las empresas del IBEX, España debería enfrentar la peor crisis económica de su historia básicamente “en pelotas”.

Los monopolios globalizados de la Marca España 


William Chislett (2007): “Si hace 15 años alguien hubiera pronosticado que hoy en día las empresas españolas poseerían la mayor empresa de telefonía móvil del Reino Unido (O2), que operarían tres de las líneas del metro de Londres y los principales aeropuertos del país (incluido Heathrow), que habrían adquirido uno de sus principales bancos hipotecarios (Abbey) y una empresa energética (ScottishPower), que dos de sus mayores bancos dominarían el escenario bancario de América Latina o que Inditex se convertiría en el segundo mayor minorista de moda del mundo por número de tiendas, nadie le habría tomado en serio, pensando que bromeaba. Pero esto es lo que ha sucedido, y no sólo esto. Aunque las entradas de inmigrantes son el factor hacia el interior más significativo en la España de hoy, el principal factor hacia el exterior son las enormes inversiones en el extranjero de las empresas españolas y la creación de un considerable número de multinacionales”.

Mientras la Marca España florece, España agoniza
 Tras el sunami neoliberal y la ola de privatizaciones, la economía española se ha convertido en una de las más monopolizadas del mundo. A los monopolios de la marca España se fueron añadiendo los de allende los mares con la provechosa colaboración financiera de la banca. Repsol, Enel (Endesa), Gas Natural, Abertis- Sacyr, Acciona, Alsa (vendida a la británica National Express) etc., detentan poderosas posiciones de monopolio en España. Abertis copa la mayoría de las concesiones de autopistas. En el transporte marítimo Balearia (Matutes) pretende romper el duopolio existente comprando Transmediterránea, en venta por parte de Acciona. Telefónica ha ido perdiendo terreno a manos de sus competidores multinacionales pero el mercado español sigue siendo cosa de cuatro (Movistar, Orange, Vodafone, OMVs) con dos tenores principales, Movistar y Orange y los precios más altos de Europa. En 2007, la sospechosa “Comisión Nacional de la Competencia” abrió un expediente sancionador contra los tres mayores operadores frente a los descarados abusos de concertación de precios.

En 2009 Enel se convirtió en el dueño de Endesa (92% de su capital social), poniendo fin a la larga batalla por el control de la mayor empresa eléctrica española, que se inició en septiembre de 2005 con la OPA hostil de Gas Natural e Iberdrola (lanzada en 2005 con el apoyo financiero de Société Générale, UBS Investment Bank y La Caixa) con lo que el recibo de la luz en España ya fue sólo cosa de dos. La gasolina, cuyo precio se retrasa siempre respecto al del mercado mundial en perjuicio de los españoles, es cosa de 2 (Repsol y BP). El gas (Repsol y Gas Natural) y las autopistas también son también cosa de dos.

Nuestros campeones monopolistas ya no se conforman con ordeñar el mercado ibérico. La experiencia adquirida en el proceso relámpago de privatizaciones de la transición monopolista española representó la mejor escuela para aprovecharse del proceso de privatizaciones que empezaba a desarrollarse en el subcontinente americano. La inestimable colaboración diplomática y financiera del Estado español en favor de la marca España (subvenciones, exenciones de impuestos, avales, etc) jugaría un papel trascendental. Las empresas españolas pueden deducir de los impuestos el 30% de los costes del fondo de comercio de cualquier compra de una empresa extranjera. El fondo de comercio es la diferencia entre el valor contable de los activos de una empresa y el precio real pagado por ella. Esto permite a las empresas españolas ofrecer más que otras empresas en una medida que no sería posible de otro modo. Los créditos FAD (Financiación de Ayuda al Desarrollo) son condicionados a la compra y contratación de bienes y servicios a grandes transnacionales españolas, créditos que acaban computando como Ayuda Oficial al Desarrollo. La Agencia Española de Cooperación Internacional al Desarrollo (AECID) organiza partenariados "publico-privados" para canalizar financiación pública hacia las grandes constructoras, Telefónica, BBVA, Santillana, etc. El Fondo de Cooperación para el Agua y Saneamiento (FCAS) facilita las licitaciones a favor de AGBAR en Ahití o Colombia.

La mayor parte de la expansión de la marca España en América Latina ha tenido lugar en empresas de servicios públicos, de telecomunicaciones, de servicios financieros y de infraestructuras, sectores protegidos como lo estuvieron en su día en España y que estaban siendo privatizados como consecuencia de la presión de las agencias neoliberales. Felipe González se hinchaba  los bolsillos con charlas sobre el fabuloso éxito del mix transición política - transición monopolista del que había sido el principal artífice en la península. La primera incursión en América Latina era el camino más fácil para unos directivos españoles que ya habían adquirido gran experiencia en procesos de desregulación en su propio país. A principios de 2002, las empresas españolas se habían situado entre los principales operadores del sector de las telecomunicaciones, la electricidad, el agua y los servicios financieros en toda América Latina. Telefónica es ya la tercera mayor empresa transnacional no financiera de América Latina, tras las estadounidenses Wal-Mart y General Motors; Endesa es la 7ª e Iberdrola la 23ª.
Fuente: Alfredo Arahuetes y Aurora García según datos del Registro de Inversiones y de la base de datos de los autores.

Telefónica se ha convertido en la tercera mayor empresa de telecomunicaciones del mundo por número de consumidores totales (más de 200 millones) y la mayor de Europa con telefonía tanto fija y móvil, y está presente en 24 países. En 1987, empezó a hacer incursiones en América Latina. Primero adquirió participaciones y asumió la dirección de CTC y ENTEL en Chile y del operador argentino (ENTEL); en 1994 adquirió CPT y Entel en Perú. Estas empresas eran empresas recién privatizadas. En 1996, entró en Brasil a la cabeza de un consorcio que adquirió el 35% de las acciones de voto de CRT , en el estado meridional de Rio Grande do Sul, y, en 1998, ese consorcio encabezado por Telefónica ganó la licitación para adquirir Telesp, que opera en el estado de São Paulo, el centro neurálgico de la economía del país. En 2000 adquirió todo el capital de sus empresas en Argentina, Brasil, Chile y Perú, y en 2001, adquirió los activos de telefonía móvil de Motorola en México. En 2002 ya disponía de más líneas de telefonía fija en América Latina (21,6 millones) que en España (18,7 millones) y contaba con 21,3 millones de clientes de telefonía móvil (18,4 millones en España). En 2003, Telefónica y Portugal Telecom, el operador preexistente en el país, en el que Telefónica dispone de una participación del 9,8%, establecieron una joint venture que combinaba los activos de telefonía móvil de ambos en Brasil (bajo el nombre de Vivo) y, en 2004, Telefónica adquirió los activos de telefonía móvil de BellSouth en América Latina, lo que la convirtió en la mayor empresa de telefonía móvil de la región. El 51% de los ingresos de Telefónica viene de Latinoamérica, donde Brasil se configura como el gran motor de crecimiento -aunque los ingresos y el beneficio operativo que allí se obtiene aún es menor que el registrado en España-. Reino Unido y Alemania también se constituyen en mercados importantes para la compañía. En el primero, la facturación fue de casi 5.000 millones de euros hasta septiembre; en el segundo, de 3.600 millones.

Así pues, en muy pocos años los abanderados del capital monopolista español se han convertido en verdaderos campeones multinacionales con puestos cada vez más destacados en las listas de FORBES o Fortune: OHL (Obrascón Huarte Lain, S.A.), la antigua Huarte, cuyas ventas fuera de España son el 74%, tiene unos beneficios de explotación, antes de impuestos, del 92% y está construyendo una línea del metro de Miami. Abertis se consolida como el líder mundial de las autopistas. Compra activos en Brasil y Chile, y gestionará el nuevo sistema de pago de peaje del Dartford Crossing, uno de los principales accesos a la ciudad de Londres. Sacyr captura el 55% de sus ingresos fuera de España y tiene un papel destacado en la construcción del nuevo Canal de Panamá. Ferrovial ocupa la pole position en el ranking mundial por volumen de inversión en infraestructuras; explota la autopista canadiense ETR 407, las autopistas LBJ y North Tarrant Express en Texas; detenta un contrato de gestión de carreteras e iluminación urbana en Birmingham y se encarga de la explotación del aeropuerto de Heathrow. El Grupo ACS (Florentino), mascarón de proa de la Marca España, al que cada españolito habrá que pagar una cuota fija en el recibo del gas durante 20 años por su fallido depósito submarino frente a la costa de Tarragona, ya captura el 31% de sus ingresos fuera de España y participa en un túnel subterráneo en Seattle. FCC, la compañía de Esther Koplowitz, aborda su segundo gran expediente de regulación de empleo en España mientras trabaja en el metro de Riad, en Arabia Saudí y opera también en Reino Unido, Perú, Qatar, India, Mozambique, Brasil, Chile, Angola y Cabo Verde, obteniendo el 55% de sus ingresos fuera de España. Santander es ya el mayor banco de la Eurozona y uno de los trece mayores del mundo por capitalización bursátil. Atiende a más de 100 millones de clientes en una red global de 14.400 oficinas, la más grande de la banca internacional. En la actualidad es el principal grupo financiero en España y también en América Latina (Brasil, México, Chile y Argentina). También detenta cuotas relevantes en el Reino Unido, Alemania, Portugal, Polonia y el nordeste de Estados Unidos y ofrece servicios de financiación al consumo en los países nórdicos, Holanda, Austria, Italia y Bélgica. BBVA está presente en 31 países. El 71% del margen bruto viene del exterior, aunque nuestro país sigue siendo el primero en este ranking  puesto que produce el 29% del margen, por delante del 28% de México. Iberdrola, junto a General Electric, ha puesto en marcha la central de ciclo combinado de Koudiet que generará el 18% de toda la energía eléctrica consumida en Argelia. Técnicas Reunidas posee dos refinerías en Bolivia, un potente complejo de hidrocarburos en Argelia y participa en un plan de modernización de refinerías encargado por Lukoil. El 30% de la facturación de Abengoa proviene de EEUU, por delante de Latinoamérica (28% ). Abengoa gestiona Solana, la mayor planta termosolar del mundo, ubicada en Arizona. En Brasil le ha sido adjudicada la ingeniería, construcción, mantenimiento y la operación de un gran proyecto de transmisión eléctrica.

¿Lo que es bueno para la marca España es bueno para los españoles?


Marca España:Las multinacionales son esenciales para el desarrollo de España por su aportación a la creación de empleo y generación de riqueza, por la transmisión del conocimiento, su inversión en I+D+i, Formación, Responsabilidad Social… Nuestras empresas desarrollan buenas prácticas que se transmiten como conocimiento al entramado empresarial local y modernizan el conjunto de la sociedad. Desarrollan nuevos modelos de negocio y favorecen la competitividad… Las multinaciones extranjeras en España dan empleo a 1.239.000 personas de manera directa y propician la existencia de más de cuatro empleos indirectos por cada uno directo. Favorecen el empleo de calidad…nuestras empresas contribuyen a la industrialización del país y realizan importantes inversiones en la creación de centros de excelencia e innovación, suponen el 15% del PIB y son responsables del 26% de la inversión en I+D+i en España…"

Suena muy bonito! pero las multinacionales destruyen empleo y chantajean (con deslocalizar), desindustrializan y subdesarrollan al país. Generan pobreza allí donde se instalan (obligan a cerrar a toda posible competencia) y extorsionan a sus forzados proveedores, se apropian del conocimiento ajeno para privatizarlo y cobrar por ello, y su inversión en I+D+i, que no ceden bajo ningún concepto, suele acabar en mayores precios y más empleos perdidos. Destruyen los sistemas educativos y sanitarios, desarrollan malas prácticas de corrupción y lobbing, crean muy pocos puestos de trabajo directos, cada vez peor pagados, y fuerzan a sus proveedores y subcontratados a ofrecer los contratos basura propios de la más absoluta irresponsabilidad social, crean innovadores centros de manipulación de la opinión y la información (FAES), y suponen mucho más que el 15% del PIB si se añadiese el producto de sus múltiples subcontratas y subsubcontratas sumergidas.


Para los ciudadanos españoles ¿Son mejores los monopolios de la marca España a los de otras marcas?

Tras la 1ª Globalización, los monopolios redomesticados de la época dorada del capitalismo se vieron obligados a desarrollar a su país, a crear multitud de empleos directos de calidad, a no exprimir a sus proveedores, a realizar inversiones en I+D+i, en formación y en responsabilidad social, pagando impuestos que modernizaban el país, sus servicios públicos y sus infraestructuras.

Los actuales campeones de la 2ª Globalización ya no respetan a su marca original. Ya no pagan impuestos a nadie. España constituye su coto cerrado. Inflan los recibos de la luz, del gas, del agua, del teléfono, de la gasolina, etc., mientras desconectan a millones de usuarios. Perforan a 3km de profundidad frente a las Canarias a pesar de la oposición de todos los isleños. Generan terremotos frente a la costa catalana hasta que consiguen miles de millones de euros como "indemnización". Sus empleos directos son substituidos por subempleo precario o simplemente centrifugados hacia la periferia de la explotación y el neo-esclavismo (esclaviZARA). Son engendros diseñados y perfeccionados para explotar, polucionar y depredar sin medida, lo más irresponsable social y ecológicamente que haya existido jamás en este planeta.

Donde "paga" sus impuestos la marca España

En definitiva, a pesar de las advertencias de Emilio Riu, España ha vuelto a caer en manos de los monopolios transnacionales. La marca España engloba a la marca Zara, a la marca ACS, a la marca Repsol, a la marca Endesa, etc. Se trata de criaturas perfeccionadas (peores y más agresivas y poderosas) descendientes de las corporaciones transnacionales que esquilmaban la España de principios del siglo XX.

Los monopolios transnacionales no pagan impuestos (ni los de la marca España ni los de otras marcas), fijan precios de monopolio en los inelásticos bienes y servicios básicos (suministros de agua, gas, electricidad), gasolina, telecomunicaciones, transportes públicos, etc.; cortan el suministro y desahucian a la gente, explotan a sus proveedores y a sus empleados, abusan de sus patentes mal adquiridas, subcontratan para reducir costes y eludir cualquier responsabilidad laboral, social o medioambiental resultado de sus prácticas, promueven la corrupción esquilmando al Estado con carísimas infraestructuras fallidas; privatizan ganancias y socializan descaradamente sus pérdidas.

La mayoría de los gobiernos y las altas instituciones económicas al completo están a su servicio (FMI, BM, UE, BCE, OCDE, OMC, etc). Están armadas con un régimen jurídico internacional asimétrico a su favor (Lex Mercatoria) que pone a su disposición un completo arsenal jurídico a través de tratados de libre comercio y acuerdos de promoción y protección de inversiones (TTIP), así como un aguerrido aparato judicial para sentar en el banquillo a los estados recalcitrantes, el CIADI, dependiente del Banco Mundial, o el Sistema de Solución de Diferencias (SSD) de la OMC. Por contra, no existen ni tribunales ni mecanismos efectivos para proteger a la población puesto que vienen bloqueando cualquier iniciativa de desarrollo de un cuerpo normativo internacional ante el que deban responder de sus desmanes.

¿En que va a quedar el "derecho a decidir"  que invocan los separatistas catalanes, la mayoría de los cuales están a favor del antidemocrático tratado TTIP? Recomiendo el vídeo de Cafeambllet. No tiene desperdicio.

Liberarse de sus garras va ha ser una tarea ardua y difícil y la vuelta a un capitalismo con rostro humano al estilo anterior a la 2ª Globalización no parece ya una cosa factible. El mundo y la sociedad deberán reinventarse bajo otros parámetros completamente distintos. ¿Podremos?

Links: 

Vídeo sobre el TTIP

Multinacionales españolas
Constructoras españolas a la conquista del mundo
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