18/9/17

Separatismo neoliberal, el caso catalán


Bandera catalana tras el 1-O

Separatismo neoliberal, el caso catalán


Natalie Sabanadze en su libro Globalization and Nationalism: The Cases of Georgia and the Basque Country, a diferencia de la explicación convencional que argumenta que se trata de posiciones opuestas y enfrentadas, plantea que, en la actualidad, globalización y el nacionalismo tienden a convertirse en fuerzas aliadas.

Reconoce que el nacionalismo reacciona contra la creciente globalización y representa una forma de resistencia a las influencias globalizadoras, pero al estudiar casos concretos como los casos de Georgia y el País Basco se topa con una aparente paradoja. Tanto en el caso de Georgia como en el País Vasco, hay poca evidencia que sugiera la existencia de fuerte oposición nacionalista políticamente organizada a la globalización si no más bien al contrario, son los nacionalistas los que se muestran de lo más encandilados con la globalización. Se trata de nacionalismos pro-globalización, lo cual la lleva a concluir que la globalización y el nacionalismo son fuerzas complementarias y no contradictorias.

El error de Sabanadze está en que aunque observa el funcionamiento dos tipos de nacionalismo, uno anti-globalización y otro pro-globalización, no es capaz de resolver la aparente paradoja puesto que no profundiza en el análisis de la funcionalidad del segundo tipo.

De hecho el enfoque de Sabanadze queda velado porque no analiza a fondo el mecanismo de la globalización capitalista.

El capitalismo necesita de los estados-nación, un preciso marco jurídico institucional para desarrollarse que proteja estrictamente sus derechos de propiedad y regule sus mercados. Pero este marco puede volverse en su contra en tanto en cuanto el poder del Estado caiga en manos inadecuadas.

Un estado democrático, en el que pueden votar el 99% de los perdedores de la globalización monopolista, es peligroso para las multinacionales, tanto más cuanto mayor sea este estado. Varios estados-nación pueden firmar acuerdos de armonización de políticas financieras, industriales, fiscales, mediomabientales, sanitarias, sociales, laborales, etc. que atenten a sus intereses.

Para blindar los intereses del 1%, una legión de economistas (Friedrick von Hayek, Milton Friedman, Stephen Gills, James Buchanan, Barry Weingast, etc) se han dedicado desde hace décadas a diseñar estrategias para neutralizar la democracia subordinando el orden político al orden económico neoliberal.

Los globalizadores diseñan diversos tipos de estrategias para disciplinar a los Estados y vaciarlos de gobernanza económica.

La monopolización y la “libre” movilidad internacional de los capitales (a través de los mercados financieros liberalizados y el libre comercio potencian el efecto disciplinario sobre las democracias, y por tanto constituyen el elemento clave de la globalización neoliberal. La movilidad del capital obliga a los estados a practicar el dumping democrático para competir por el capital monopolista transnacional, proporcionando el tipo de políticas neoliberales que los inversores y las empresas multinacionales demandan.

Estrategias globalizadoras por arriba: Organismos i tratados internacionales


Para asegurar el sometimiento de los Estados y la movilidad internacional de los capitales se han creado por arriba mecanismos supranacionales, como el Fondo Monetario Internacional (la liberalización del mercado de capitales es una condición para ser miembro), la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLCAN, NAFTA), El Acta Única Europea, etc., todos ellos con cláusulas específicas que aseguran la libre movilidad de la inversión directa transnacional.

Otros ejemplos de mecanismos de bloqueo frente a la intervención de los Estados son las disposiciones sobre derechos de propiedad intelectual de los inversionistas contenidos en diversos acuerdos comerciales. El Acuerdo sobre los Derechos de Propiedad Intelectual (ADPIC) de la OMC y el Capítulo 11 del TLCAN relacionados con el Comercio son sólo dos ejemplos en los que figuran disposiciones para sentar a los Estados en el banquillo en los casos en que las empresas multinacionales consideren que las políticas gubernamentales han infringido sus derechos. El TPP y el TTIP en ciernes abundarían exponencialmente en esta línea.

Estrategias globalizadoras por abajo: Federalismo y nacionalismo neoliberal


El neoliberalismo está perfeccionando dos estrategias diseñadas por abajo para neutralizar la capacidad de intervención de los gobiernos en la economía y su posible reacción anti-globalización. Se trata del federalismo neoliberal y del separatismo neoliberal.


Federalismo neoliberal, el manual de USAID


Adam Hanieh: “El neoliberalismo promueve la descentralización para dislocar la resistencia que puedan ofrecer los Estados bajo la presión de sus ciudadanos.”


Una búsqueda en Google 'market-preserving federalism" y aparece una larga lista de artículos defendiendo el federalismo como la mejor arma política para la defensa del mercado monopolista neoliberal frente a la posible reacción democrática de los estados. Si abrimos la pàgina de la Wikipedia (sólo en inglés) definen el concepto como "El “federalismo para preservar el mercado”  plantea descentralizar la autoridad para formular políticas económicas, este federalismo reduce la capacidad del gobierno central para actuar arbitrariamente (ha renunciado a estos poderes) y los gobiernos subnacionales se enfrentan a la competencia entre ellos por el escaso capital y mano de obra."


USAID (la agencia más importante en la promoción del neoliberalismo a nivel mundial) tiene editado un manual titulado Decentralization and Democratic Local Governance Programming (mayo de 2000), que sirve como una receta detallada para promover la descentralización en una variedad de diferentes contextos nacionales donde puede haber resistencia a las reformas neoliberales.

Un tema central de este manual es el desplazamiento de la responsabilidad de la prestación de los servicios públicos desde el Estado hacia los gobiernos locales. El manual prevé una situación en la que: "Los gobiernos locales deben hacer algo más que simplemente limpiar las calles; deben asumir una variedad de responsabilidades de servicios no tradicionales, tales como asegurar la atención primaria de la salud, la educación básica, la seguridad pública, los servicios públicos, la protección del medio ambiente, y la regulación de construcción ".

Con el fin de proporcionar estos servicios, los gobiernos locales se verán obligados a aumentar sus ingresos propios, y entrar en competencia para establecer tasas, privatizar, y pedir dinero prestado en los mercados internacionales de capital. "Pueden emplear enfoques nuevos o innovadores, incluidas las asociaciones público-privadas, la participación proactiva en programas de desarrollo con el gobierno nacional o los donantes, y la subcontratación de los servicios".

"Construir capacidades administrativas subnacionales para desarrollar transparentes y responsables presupuestos sometidos a la ley de la eficacia y llevar a cabo el desarrollo económico local .... y fortalecer la capacidad de las autoridades locales para participar en los debates sobre la apropiada devolución de la responsabilidad a los niveles locales de gobierno".

Para asegurar la disciplina de mercado en el contexto de un país, se potencia un tipo de federalismo donde los gobiernos sub-nacionales compiten entre si para atraer a los capitales en el contexto de una economía nacional.

Hayek sostiene que "el resultado ideal sería la transformación de los gobiernos locales e incluso regionales en corporaciones cuasi comerciales compitiendo entre sí para atraer a los inversionistas”.

La movilidad del capital crea una especie de “mercado” de políticas gubernamentales en el que las firmas demandan localizarse en aquellas jurisdicciones que les ofrezcan el más favorable mix de impuestos y servicios.

Los estados federados (o las autonomías como en el caso español), por su parte, detentarán una primaria responsabilidad regulatoria sobre la economía (fiscal, social, laboral, sanitaria, medio ambiente, etc) de forma que deberán flexibilizar sus jurisdicciones políticas para competir entre si, en una carrera hacia el fondo, en orden a atraer al esquivo y caprichoso capital. Cuanto mayor grado de federalismo o autonomía (España, Alemania, los mismos EEUU), mejor responden los estados a los intereses de los grandes grupos monopolistas neoliberales.

También se promueve la autonomía y la competencia entre sí de las "comunidades locales” tanto en lo que respecta a políticas pro-globalización como en tanto que mecanismo de compensación de las deficiencias del mercado. Esta es otra área en la que las ciudades o regiones urbanas adquieren importancia en el proyecto neoliberal, ya que son los principales sitios de la iniciativa ciudadana, y donde se acumulan las tensiones económicas y sociales resultado de los proyectos neoliberales.

Separatismo neoliberal


Pero si el federalismo no basta, una opción neoliberal más ambiciosa es la promoción del separatismo. Las grandes entidades estatales (Francia, Inglaterra, España, Italia, Alemania, etc.) representan un peligro frente al avance de la globalización puesto que son susceptibles de desviación por la senda de la izquierda o del nacionalismo económico frente a la crisis multipolar monopolista neoliberal. Mejor que estados federados o comunidades autónomas, por que no pequeños estados independientes compitiendo a muerte entre sí para atraer las inversiones del escurridizo y caprichoso capital monopolista. El tigre escocés, el tigre gaélico, el tigre catalán, el tigre piamontés, etc. dispuestos a arrancar la piel a tiras a cualquiera que ose enfrentarse a la globalización monopolista neoliberal.

Los ensayos precedentes tuvieron lugar en Europa del Este con la desmembración de la URSS y el despedazamiento de Yugoslavia y Checoslovaquia. Todos los nuevos estados independientes entraron a competir entre sí privatizando sus activos estatales y reventando sus legislaciones laborales y sociales para atraer inversiones, pensando que la globalización neoliberal iba a mejorar sus vidas. Hoy el fracaso más absoluto de este sueño es evidente y se está produciendo una reacción nacionalista anti-globalización en muchos de ellos (Hungría, Eslovaquia, Serbia, Polonia, Chequia, etc.)

El separatismo neoliberal catalanista (catalexit)


El caso más paradigmático y ejemplarizante del separatismo promovido por el capital globalizado es el del separatismo catalán del siglo XXI. Las clases pudientes catalanas han visto la posibilidad de enriquecerse a escala global separando a la región autónoma del resto de España contando con el apoyo internacional ante la amenaza de una escalada de la izquierdfa tras el 11M. Desde buen principio cuentan con reintegrar rápidamente al nuevo estado independiente en los organismos, mecanismos y foros internacionales del capitalismo globalizado.

El mecanismo para el catalexit es del más puro diseño neoliberal. Se aprovecha una primera fase “autonómica” en la que la díscola comunidad autónoma catalana aprovecha todos los mecanismos y recursos descentralizados (gobierno y parlamento autonómico, legislación autonómica, activos y empresas públicas cedidas, impuestos cedidos, prensa, radio y televisión pública autonómica, policía, etc.) para preparar meticulosamente la secesión.

La experiencia de otras intentonas “revolucionarias” “pintorescas”, promocionadas, apoyadas y s menudo, financiadas directamente por el capital monopolista globalizado (Soros, y compañía), aconseja la intervención de “izquierdistas” desencantados (CUP y tránsfugas de otros partidos de izquierda) como fuerza de choque de la deriva secesionista.

Convirtieron las elecciones autonómicas del 27 de septiembre de 2015 en supuestamente “plebiscitarias”, coaligando todas las fuerzas soberanistas en una candidatura única denominada “Junts pel si” pero que al final, a pesar una campaña mentirosa digna de Goebbels, solo consiguió el 48% de los votos gracias a la participación masiva de la población. Sin embargo, los separatistas, gracias a una ley electoral hecha a su medida, ganaron más escaños y finalmente formaron gobierno gracias al apoyo de la CUP. A partir de entonces toda la maquinaria autonómica se reajustó para preparar la secesión. La machacona campaña de 2015 se amplificó durante los dos años siguientes.

El cúmulo de repetidas mentiras sin paliativos parece haber afectado más a las propias cabezas dirigentes que al conjunto de la población, de forma que empezaron a poner fechas concretas al proceso de secesión, una estrategia rígida e inflexible sin otra salida que el victimismo ante la previsible reacción del estado español.


Consecuencias económicas del catalexit


Dada la alta especialización de Cataluña en la venta de productos al resto de España, se estima que en el escenario medio el catalexit significaría una caída del 44% del comercio bilateral. Así, el PIB catalán caería un 14% y el desempleo aumentaría un 16%.

El Reino Unido ocupa la 9ª posición en el ranking mundial de competitividad, España ocupa el puesto 35º. Por regiones Londres ocupa el tercer lugar en el ranking de competitividad de las regiones europeas. Cataluña el 142 (más competitiva es la Comunidad de Madrid, que ocupa la 57ª posición).

Caso de que la secesión triunfara (sin violencia), la expulsión inmediata de la UE implicaría ponerse a la cola de la readmisión con la amenaza segura del veto español. En esta larga transición se produciría la salida de la Unión Monetaria Europea y del Mecanismo Único de Supervisión financiera. Para Cataluña, el euro se convertiría en una moneda extranjera cuya utilización, caso de adoptarlo como moneda, podría encarecer sus exportaciones y mermar peligrosamente su competitividad. Fuera de la Unión Monetaria quedaría desvinculada del BCE con lo que las entidades financieras con domicilio en territorio catalán perderían el acceso a sus baratas líneas de financiación. También se esfumarían las subvenciones europeas al quedar excluida de los fondos estructurales (El Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER), El Fondo Social Europeo (FSE), El Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural (FEADER) y el Fondo Europeo de Marítimo y de Pesca (FEMP). La inseguridad llevaría a la prima de riesgo a niveles inasumibles, al dejar de contar con la red de protección del Estado español y la hacienda de la nueva república se hundiría irremisiblemente.

Fuera de Europa y de España las exportaciones a estas zonas quedan sometidas a aranceles, ya que dejaría de beneficiarse de las ventajas de pertenecer a una zona económica con libre circulación de mercancías. El pago de esos sobrecostes haría mucho menos competitivas las exportaciones catalanas.

El "proceso" separatista, de llegar a materializarse, reduciría los derechos, el bienestar y el futuro de la mayoría de los catalanes a cenizas. El impacto económico, incluso excluyendo las terribles consecuencias de una más que posible deriva violenta propia de los procesos secesionistas (no parece que los españoles vayan a dejarlos marchar de rositas), sería enorme y devastador.

De ahí la tergiversación, mentira y manipulación sistemática de la información (amplificada por la labor de los medios de comunicación públicos en sus manos: TV3, Radio, prensa comarcal, etc.) a que se ven obligados los dirigentes separatistas para esconder la realidad de las consecuencias sobre la mayoría de la población.

Sin embargo, para los intereses globales del neoliberalismo monopolista, el desastre para la mayoría de la población catalana sería, como suele ocurrir muy a menudo, simple efecto colateral (como en el caso de Ucrania y el de otras muchas “revoluciones pintorescas”).

Para el capital globalizado, la aparición de la nueva república catalana significaría el fin de una siempre latente amenaza para sus intereses de una deriva populista, izquierdista, o simplemente de nacionalismo económico (como el caso inglés o francés) de la nación española que podría arrastrar a otras grandes naciones de Europa. Los independentistas esperan alcanzar un puesto privilegiado en el escalafón de la globalización neoliberal erigiéndose en firmes baluartes de la globalización contribuyendo a doblegar la resistencia española.

No es extraño que el Wall Street Journal de Rupert Murdoch, el Washington Post, propiedad de Jeffry Bezos de Amazon o el Financial Times aplaudan con fervor las pintorescas asonadas de la cada vez más atronadora furia catalanista.

Catelexit, un proceso Win Win para el capitalismo monopolista neoliberal


Para el capital monopolista neoliberal, la estrategia secesionista en Europa, y en concreto en España, está resultando beneficiosa en todos los sentidos. La amenaza separatista en España, aunque pueda resultar fallida, está favoreciendo la recuperación de la corrupta y asocial clase política neoliberal (PP – PSOE) en detrimento de la izquierda que, incapaz de entender el carácter neoliberal del nuevo separatismo del siglo XXI, está suministrando fuerza de choque al “procés” (CUP) o defendiéndolo con más o menos matices (Podemos y sus variantes regionales), con lo que está perdiendo buena parte de posible base electoral.

El neoliberal Macron estaría encantado con un movimiento secesionista de la Cataluña francesa para poder colar su reforma laboral neoliberal en la senda de la de Rajoy. De hecho, su antecesor, F. Holande, ya inició en 2014 una reforma exprés del esquema territorial francés en pro de una mayor "autonomía" económica territorial.