15/12/15

Antropoceno vs Capitaloceno

English translation

John Kerry (tras el fracaso de la Cumbre sobre el clima de París): “Estamos mandando un mensaje clave al mercado global”, “los mercados ya tienen una señal clara” El País, 13-12-2015.

James Hansen (director del NASA Goddard Institute for Space Estudies y el más renombrado mundialmente científico del clima): "Los acuerdos sobre el clima valen menos que el papel sobre el que se han escrito" "El acuerdo de París es un fraude"

Abengoa, líder mundial en renovables, presentó el 25 de noviembre de 2015, el mayor preconcurso de acreedores de la historia de España, desplomándose en bolsa.

Kevin Anderson and Alice Bows (2012): “La equivocada creencia de que para evitar el calentamiento  todavía se puede conseguir con un impuesto sobre el carbono aquí, un poco de comercio de emisiones allí o un acuerdo voluntario allá, no será suficiente. Los objetivos a largo plazo (por ejemplo, 80% de CO2 en 2050) no tienen ninguna base científica. Lo que rige las futuras temperaturas globales y otros impactos climáticos adversos son las emisiones de ayer, hoy y de los inmediatos próximos años

Noam Chomsky : "El mundo que estamos creando para nuestros nietos es sombrío ... El nivel de destrucción de especies en el mundo de hoy se acerca al nivel de hace sesenta y cinco millones de años, cuando un gran asteroide golpeó la Tierra y tuvo efectos ecológicos horripilantes”. “Lo mismo está sucediendo ahora, excepto que ahora somos nosotros el asteroide

Richard Smith: “El problema con el capitalismo es la economía no se puede poner a votación y hoy en día, las enormes decisiones que nos afectan a todos, a otras especies, e incluso el destino de la vida en la tierra, son todas todavía decisiones privadas, hechas por los consejos de administración de las grandes corporaciones monopolistas transnacionales”.

Climate change go marching in


El 10 de mayo de 2013 los científicos del Observatorio de Mauna Loa en Hawaii anunciaron que las emisiones mundiales de CO2 habían cruzado el umbral de las 400 partes por millón (ppm), por primera vez en millones de años lo cual significa que nos acercamos rápidamente a los temidos tipping points (puntos de no retorno a partir de los cuales el proceso se retroalimenta automáticamente) - deshielo de la tundra subártica o descongelación y la liberación de las vastas cantidades de metano congeladas aún en el suelo submarino del Ártico. La concentración ha aumentado más del 40% durante los últimos 200 años, con una tendencia actual a aumentar entre 2 y 2,5 ppm cada año. Así pues, a pesar de todas las cumbres del clima (Kyoto, Copenhague, Cancún, Ciudad del Cabo, Doha y la última de París) y las consiguientes promesas de autolimitación o el famoso mercado del CO2, el crecimiento de las emisiones y las concentraciones atmosféricas se han acelerado (Curva Keeling).

El avance de la concentración de CO2 se puede monitorizar en la web de la Scripps Institution of Oceanography en la UC San Diego. Se puede visualizar como marchamos con paso firme y decidido hacia el desastre.

Durante el plioceno, la era geológica de entre 3 y 5 millones de años antes del presente, había una concentración de CO2 en la atmósfera por encima de las 400 ppm: Estudios recientes estiman que la concentración máxima llegó a 415 ppm, con temperaturas globales entre 3 a 4 grados por encima de las temperaturas actuales. El nivel del mar era entre 5 a 40 metros más alto que en la actualidad. El nivel del mar no ha tenido tiempo de escalar tanto todavía debido a la gran inercia en la reacción de los océanos a la absorción del calor extra.

El informe publicado en 2013 por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) (es un organismo por diseño conservador, llamando la atención sólo sobre los aspectos donde hay más consenso científico), estima que las temperaturas globales aumentarán entre 1,8 y 4 grados centígrados a mediados de este siglo; El informe destaca que más allá de 2 grados, los seres humanos podrían perder la capacidad de tomar acciones para remediar sustancialmente o mitigar el cambio climático, después de lo cual se habría ingresado en una "zona de peligro" en la que el clima podría convertirse en impredecible y las consecuencias en gran medida imprevistas.

El calentamiento del planeta hasta ahora ha sido más o menos lineal. A más CO2 más calor. Pero según los modelos con mayor consense entre los científicos, más allá de los 2 ° C, el nivel de incertidumbre y la amenaza del calentamiento de la Tierra se convierte en incontrolable debido al cruce de umbrales sucesivos (puntos de inflexión o tipping points) que son como si de golpe se pusieran en funcionamiento centenares de miles de nuevas centrales térmicas alimentadas con carbón. No sabemos cuándo se llegará a este punto de inflexión global, pero la ciencia del clima de hoy nos dice que estamos mucho más cerca de un aumento de 2 ° C de lo que se pensaba cuando ese límite fue propuesto originalmente.

El capitalismo, una civilización de frontera


El desastre ecológico y medioambiental ha sido causado por una ínfima y cada vez más restringida minoría de humanos, la clase capitalista, que ha conseguido imponer sobre todo el planeta una forma cancerígena de organización social basada en un sistema de apropiación voraz diseñado para asegurar todo el poder y concentrar toda la riqueza en manos de un pequeña élite depredadora.

El cáncer capitalista tiene sus orígenes a mediados del siglo XVI cuando empezó a extenderse, a partir de Holanda e Inglaterra por todo el planeta. Originalmente nadie quería al capitalismo (engendro de destrucción, miseria y desigualdad sin parangón desde sus más tiernos balbuceos) y en sus mismos países de origen encontró enorme resistencia. El capitalismo se ha impuesto y expandido a base de fuerza bruta, diplomacia de las cañoneras, terapias de choque, etc. Pero también ha perfeccionado su arsenal ideológico (A. Smith, Malthus, Ricardo, M. Friedman, Jayek, etc.) para justificarse como algo “natural”, como algo racional y ajustado a la propia naturaleza humana. Su capacidad mutante le ha permitido disfrazarse incluso de “comunista” en la URSS, China, etc.

El capitalismo no avanza ni ha avanzado nunca a partir unicamente de la acumulación de las plusvalías extraídas en el área plenamente mercantilizada bajo su control, sino que ha avanzado y se ha expandido siempre a saltos a través sucesivas fases de acumulación por apropiación. De hecho el proceso de acumulación por apropiación de territorios, de recursos naturales, de sociedades, etc., aún no mercantilizadas, constituye un aspecto fundamental y consustancial al sistema. El capitalismo es un verdadero free rider de forma que en cada una de las sucesivas olas expansionistas, la frontera proporcionó vastas reservas de trabajo, alimentos, energía y materias primas susceptibles de apropiación sin contrapartida, hacia el vórtex de la acumulación capitalista.  La acumulación por apropiación, a parte del latrocinio del extrarradio capitalista (colonialismo, esclavismo, exterminio y apropiación de territorios de frontera, etc.) implica también la externalización, también sin contrapartida, de los residuos y la polución más allá de la frontera. Pero, si la acumulación por apropiación externa falla, el sistema se colapsa. Y se colapsa tanto si falla el latrocinio del extrarradio como si falla la capacidad del vertedero del extrarradio.

Pero los días para el capitalismo que hemos conocido están contados. Las posibilidades de acumulación por apropiación del extrarradio se están reduciendo a la mínima expresión. El planeta no es plano e infinito sino esférico y finito. Los recursos apropiables se están agotando o se han agotado definitivamente. Ya no queda prácticamente mano de obra con sus bases de reproducción en el extrarradio del sistema (los últimos fueron los 100 millones de campesinos sin papeles chinos explotados por las multinacionales monopolistas) y, para colmo, la atmósfera, que tampoco ha resultado ser un vertedero infinito, ya no soporta más emisiones contaminantes y reacciona con violencia creciente.

Sin embargo, hoy día, con la mayoría de la humanidad en la miseria y a punto de desencadenar un holocausto climático, el capitalismo se presenta a sí mismo, gracias su control omnímodo mediático, como el mal menor que evitará, por el momento, a corto plazo, al menos, un descalabro inmediato, y, en cualquier caso, nos acompañará y guiará hasta el fondo del abismo que nos está preparando.

La dicotomía capitalista entre el hombre y la naturaleza


Engels (Dialéctica de la naturaleza): "No debemos presumir demasiado nuestras victorias sobre la naturaleza. Por cada una de estas victorias, la naturaleza toma venganza sobre nosotros. Es verdad que en cada victoria tenemos, en primera instancia, los resultados esperados, pero en segunda y tercera instancia, son efectos diferentes, imprevistos que a menudo anulan los primeros...La naturaleza es la base sobre la que nosotros, los seres humanos, nosotros mismos productos de la naturaleza, hemos crecido... a cada paso se nos recuerda que de ninguna forma gobernamos sobre la naturaleza como un conquistador sobre un pueblo extranjero, o como alguien que está en pie “fuera de la naturaleza”, sino que con la carne, la sangre y el cerebro, pertenecemos a la Naturaleza y existimos en su seno”.

Kingsnorth (2011): “Mi sensación es que el movimiento ecologista se ha torpedeado a sí mismo con las cifras. Su obsesión con el cambio climático, y su insistencia en considerarlo como un desafío de ingeniería que deben superarse con soluciones tecnológicas guiadas por la mirada neutral de la ciencia, le ha obligado a integrarse en un gueto del que nunca podrá escapar. La mayoría de los ecologistas ahora pasan el tiempo discutiendo sobre si prefieren los parques eólicos o las baterías de turbinas mareomotrices o la energía nuclear al secuestro de carbono. Ofrecen incluso predicciones muy afinadas de lo que pasará si hacemos o no hacemos esto o lo otro, todo ello basado en cifras recogidas de un u otro "estudio" como si el mundo fuera una hoja de cálculo gigante que sólo precisa equilibrarse correctamente”.

Jason HribalLos animales parte de la clase obrera

El Capitalismo plantea la relación hombre naturaleza desde un enfoque cartesiano. En una caja está el hombre y en otra está la naturaleza. De esta forma el homo economicus capitalista se sirve de la naturaleza y la explota y le saca rendimiento sin miramientos. Se trata de considerar la naturaleza como un objeto externo susceptible de ser cartografiado, cuantificado y regulado, para ponerlo al servicio de la acumulación de capital. De esta manera la cuestión del cambio climático se considera, incluso por parte de muchos ecologistas militantes, como un desafío ingenieril que tiene que ser resuelto mediante soluciones tecnológicas cuantificables.

Ninguna formación social precapitalista hubiera planteado las cosas de esta manera. Los seres humanos se han sentido siempre formando parte del entorno natural en el que han vivido excepto en el capitalismo, donde la dicotomía cartesiana ha alcanzado niveles gargantuescos. Timothy W. Luke ha publicado un libro con un título bien explícito: “El desarrollo de la contabilidad planetaria: fabricando la naturaleza como si fuera un producto almacenable, un servicio, y un sistema para la gobernanza ecológica”. Y es que la botánica, la geología, la geografía y demás ciencias de la tierra no son solo “ciencia” sino, y sobre todo, grandes negocios.

Antropoceno o Capitaloceno


Los geólogos dividen 4.500 millones años de historia de la Tierra en una jerarquía de intervalos de tiempo (eones, eras, periodos, épocas y edades) llamada la Escala Geológica del Tiempo. Vivimos en el Período Cuaternario, la más reciente subdivisión de la Era Cenozoica, que comenzó hace 65 millones de años. El Cuaternario a su vez se divide en dos épocas: el Pleistoceno, que comenzó hace 2,58 millones de años, y el Holoceno, que comenzó hace 11.700 años y se extiende hasta el presente.

Las divisiones no son arbitrarias: reflejan cambios importantes en las condiciones dominantes y las formas de vida en la Tierra. La Era Cenozoica está marcada por el ascenso de los mamíferos, después de la extinción masiva de los dinosaurios al final del Mesozoico. El Pleistoceno se caracterizó por sucesivas "edades de hielo". El último retroceso de los glaciares marca el comienzo del Holoceno, que se ha caracterizado por ser un clima estable, relativamente caliente.

Los límites oficiales de los eones, eras, periodos y épocas geológicas los define la Comisión Internacional de Estratigrafía. Cada cierto tiempo se publica una nueva Tabla Cronoestratigráfica Internacional, una relación consensuada de los distintos periodos geológicos. La época geológica en la que nos encontramos es el Holoceno (comenzó hace sólo 11.700 años). Los impactos de las acciones humanas en el planeta en los últimos 300 años han sido tan profundos que puede justificarse la definición de una nueva era geológica de la Tierra, el Antropoceno (término acuñado por Paul Crutzen, premio Nobel por el descubrimiento del agujero en la capa de ozono). De hecho se ha constituido un grupo de trabajo al respecto (que incluye al español Alejandro Cearreta) y se ha fijado el 2016 para tomar una decisión.

La definición de Antropoceno intenta vincular al capitalismo con el homo sapiens. En este sentido continúa con la manía de los teóricos pro-sistema de equiparar al ser humano con su homo economicus. La especie humana fue capaz de manipular y controlar el fuego lo cual inició su carrera como manipulador y agente del clima del planeta. Cuando la humanidad encendió su primer árbol muerto, aquello sólo podía conducir, un millón de años más tarde, a la quema de un barril de petróleo..

La idea de Antropoceno intenta trivializar que “los humanos” hemos creado cosas que no existían como minerales sintéticos, fibras de carbono, plásticos, hormigón (que se ha extendido en la superficie de nuestro planeta a una velocidad de dos millones de kilómetros por año), que hemos sido capaces de quemar alrededor de 200 millones de años de fósiles, entre carbón, petróleo y gas, que las excavaciones en busca de minerales y combustibles fósiles han perforado más de 50 millones de kilómetros bajo la superficie, etc.

De nuevo, para escurrir el bulto, se plantea como responsable del cambio climático al abuso antropozoico de “los combustibles fósiles” como si bastara con cerrar unas cuantas plantas de carbón para solucionar el problema. Lo cierto es que el capitalismo no es un fenómeno que empieza con la máquina de vapor y la revolución industrial hace 200 años (el interesado modelo de los dos siglos), sino que se trata de una malformación, una degeneración que empezó a mediados del siglo XV en Europa y que se expandió cada vez más rápidamente con estrategias audaces de conquista mundial y mercantilización sin fin. Si apagamos algunas plantas de carbón se puede quizás ralentizar el calentamiento global por unos días; si apagamos, en cambio, las relaciones sociales que dieron origen al crecimiento irracional y al despilfarro, lo detendremos para siempre.

La noción antropocénica, además de eludir responsabilidades, incluye la falacia de atribuir al sistema la capacidad de manipular el clima y el medioambiente a su antojo mediante sistemas de secuestro de emisiones o experimentos de geoingeniería (diseño de tecno-estructuras planetarias para la reducción y la remoción de gases de efecto invernadero).

La ciencia del clima, la política y el discurso en general están constantemente formulados según la narrativa del Antropoceno: autoflagelación colectiva, llamamiento a “los consumidores” para enmendar sus costumbres y otras piruetas ideológicas que sólo sirven para ocultar al verdadero conductor, el capital. Dehistorizar, universalizar, eternizar y naturalizar un modo de producción que es específico para un determinado lugar y tiempo constituye la clásica estrategia de legitimación ideológica.

Además, el Antropoceno, al excluir la causalidad capitalista, fomenta la confusión y la falacia planteando la responsabilidad no en términos de sistema, de clase, sino en términos geoespaciales, con unos países o zonas geográficas más responsables que otros, dividiendo al planeta entre humanos que aún tienen derecho a polucionar y emitir gases tóxicos y otros que ya no tienen tantos derechos. En esta línea se plantea que es lógico que los chinos polucionen más puesto que han llegado más tarde al desarrollo (cuando en realidad el desastre medioambiental chino ha sido ingeniado y provocado por la externalización industrial de las grandes corporaciones monopolistas occidentales). Dudo mucho que los trabajadores chinos estén pensando en estos términos, y más si se tiene en cuenta que China es especialmente vulnerable al cambio que se avecina. Una elevación del nivel del mar de unos 25 m reduciría el área habitable de las cuencas ribereñas de tal forma que 250 millones de personas deberían ser refugiadas tierra adentro.

La nueva era geológica en la que estamos no es pues el Antropoceno sino el Capitaloceno, la edad del capital (que tiene la ventaja de nombrar al verdadero culpable), el artífice de los cercamientos de tierras, de la apropiación de los comunales, de la mercantilización de la vida, del colonialismo, de la esclavitud, de la industrialización irracional, de las guerras mundiales, de las bombas atómicas, de la guerra fría, del marketing y la obsolescencia planificada, de la producción para el despilfarro, del agotamiento irracional de los recursos, de la manipulación biogenética, del agujero en la capa de ozono, de la explotación y de la miseria de sus propios congéneres a una inconcebible escala nunca sufrida por ninguna otra especie en la historia del planeta. Hoy en día, el homo más numeroso y representativo del Capitaloceno malvive en enormes e insalubres barriadas barraquistas sin alcantarillado ni servicios de ninguna clase. Casi la mitad del mundo, más de 3 mil millones de personas, malviven con menos de $ 2.50 al día, el 80% de la humanidad malvive con menos de $ 10 por día. Estos son los números que cualifican al Capitaloceno no los del Antropoceno.

http://monthlyreview.org/2015/09/01/when-did-the-anthropocene-beginand-why-does-it-matter/
Puede observarse en la gráfica como la aceleración a partir de mediados de los años 1950 coincide con los inicios y el despliegue imparable de la globalización monopolista. Durante el corto Capitaloceno el exterminismo nuclear ha sido siempre un desenlace previsible pero que al fin y al cabo depende de un solo botón. El agujero de la capa de ozono se ha conseguido revertir cambiando el mix de emisiones que lo producían. Con el cambio climático ocurre que hay demasiados interruptores a apagar y es algo consustancial con el sistema el no apagarlos sino, por el contrario, seguir instalando más para seguir acumulando capital.

¿Es posible la lucha contra el cambio climático en condiciones de capitalismo?



Nicholas Stern: "El problema del cambio climático involucra un fallo fundamental de los mercados: los que dañan a otros mediante la emisión de gases de efecto invernadero en general no pagan"... y "el cambio climático es el resultado del mayor fallo del mercado que el mundo ha visto."

No se trata de un simple fallito, sino de un tremendo fracaso del mecanismo de mercado. Pero plantearlo mecanicamente como fallo implica aún la posibilidad de reparar o afinar el mecanismo que falla. Stern sigue en esta vía. Thomas Friedman tampoco se corta ante tales fallos del mercao y plantea un futuro mercado de "empleos verdes" relacionados con las energías renovables, las plantas nucleares y los coches eléctricos como "el próximo gran motor del crecimiento industrial" – la perfecta solución win win capitalista.

A nivel mundial, las plantas de energía eléctrica alimentadas por combustibles fósiles generan solo el 17% de las emisiones de gases de efecto invernadero, la calefacción es responsable del 5%, otras formas de quema de combustible representan 8,6%, la industria el 19%, el transporte 14,3%, la agricultura 13,6%, los cambios en el uso de la tierra (principalmente deforestación) 12.2%. La producción de millones de coches eléctricos en lugar de millones de coches con motor de gasolina, no sería menos ecológicamente destructivo y contaminante, incluso si todos fueran a funcionar con energía solar.

James Jansen ha propuesto la creación de un sistema de "impuesto-dividendo" por tonelada de CO2 emitida a cobrar a las corporaciones que trafican con combustibles fósiles. El impuesto debería rebertir, no al gobierno (feudatario de las petroleras) sino directamente a toda la población en forma de dividendo transferido electrónicamente a las cuentas corrientes de los beneficiarios. El impuesto (115 $/Tm) generaría 670.000 millones de $ en dividendos con lo que cada residente en los EUA recibiría 3000$ al año.

El problema es que el capitalismo es un sistema que se rige por estímulos y dictámenes del mercado, un sistema obtusamente cortoplacista compensado por la perversa planificación antidemocrática que obedece a los intereses de clase de las grandes corporaciones privadas. 

La única manera de frenar el cambio climático será imponer un drástico repliegue, y en algunos casos el cierre total, de industrias, incluso sectores enteros, en toda la economía y en todo el planeta – no solo a productores de combustibles fósiles, sino a todos los sectores que los consumen y producen emisiones de gases de efecto invernadero - automóviles, camiones, aviones, líneas aéreas, transporte marítimo y de cruceros, construcción, productos químicos, plásticos, telas sintéticas, cosméticos, fibras y tejidos sintéticos, fertilizantes sintéticos y agronegocios de engorde animal concentrado. La gran mayoría - por lo menos tres cuartas partes - de todos los bienes y servicios que producimos hoy simplemente no necesitan ser producidos en absoluto.

Todos estos cambios no son simples y requieren acabar con el capitalismo y sustituirlo por una economía orientada a la producción de lo que necesitamos, mientras conservamos los recursos para las futuras generaciones de seres humanos y de otras especies con las que compartimos este planeta.

Estamos entrando en la era post-antibiótica, donde una infección después de un rasguño o a través de un catéter de hospital podría significar una sentencia de muerte. El aumento de la resistencia antimicrobiana es en muchos sentidos una amenaza más inmediata para la humanidad que incluso el cambio climático. La razón: la negativa de los monopolios farmacéuticos para a invertir en antibióticos puesto que no son lo suficientemente rentables en comparación con los medicamentos para enfermedades crónicas.

Sector tras sector, el conjunto de todas las cosas que son rentables es mucho menor que el conjunto de todas las que son útiles. El capitalismo limita lo que podemos producir a sólo aquellas cosas que permiten la acumulación de capital. El capitalismo sólo puede ofrecer una sombra del potencial de innovación que el socialismo podría acometer.

La alternativa es nacionalizar y socializar las grandes corporaciones monopolistas que están destruyendo el planeta. Tendrán que ser nacionalizadas, muchas cerradas, otras adelgazadas, y otras reconvertidas. La alternativa al capital tiene que ser una combinación de planificación democrática y racionamiento. Un control democrático colectivo sobre la economía para dar prioridad a las necesidades de la sociedad, el medio ambiente, otras especies, y las futuras generaciones. Esto requiere concatenar la planificación económica nacional con la mundial para organizar la economía y redistribuir el trabajo y los recursos a escala global.

El mercado deberá perder el protagonismo y volver a cumplir el humilde papel residual que había jugado en la historia de las sociedades antes de la gran aberración capitalista.

Links:

Jason Moore:
The Capitalocene Part I:
The_Capitalocene Part_II

Capitalism and the destruction of life on Earth

The Anthropocene Myth

2/9/15

La III Gran Depresión. La Depresión Monopolista

English translation
http://isj.org.uk/the-global-crawl-continues/

La relación entre la actual depresión y los monopolios parece que escapa a los analistas. Introduje en el buscador Google "Depresión Monopolista" y las únicas entradas en la red vinculándolos siguen siendo las de este bloc. Ni una sola referencia en ningua otra parte. Chocante. Lo probé en ingles "Monopolistic Depression" y al parecer se trata de una rara variedad depresiva mental. Ni una referencia a la economía. Probé con "Monopoly Depression" y las únicas entradas (a parte del blog en inglés Exit Capitalism )  hacen referencia al juego del Monopoly y, de nuevo al desarreglo mental. Lo probé finalmente con "Economic Monopolist Depression"  y en este caso solo seis resultados, todos referidos a Exit Capitalism. Más chocante aún. Pues bien, queramoslo o no, existe una fuerte relación que vincula estrechamente ambos fenómenos.

Las grandes depresiones sientan bien al capital monopolista.
  • . Con la depresión los monopolistas ganan cuota de mercado a costa del sector no monopolista. 
  •  . Con la depresión se mantienen e incluso aumentan los beneficios del sector monopolista que es capaz de mantener e incluso aumentar sus precios en depresión.  
  • . Según la doctrina del shock (Naomi Klein), el capital monopolista aprovecha los desastres, la conmoción y la confusión, generados por la gran depresión para introducir regulaciones neoliberales que aseguren sus negocios y sus rentas de monopolio.
  •  . La gran depresión genera sustanciosas oportunidades para la concentración capitalista: el endeudamiento de los estados facilita la privatización de las empresas públicas y de los servicios públicos.  
  • . Con la depresión, la alocada competencia en el sector no monopolista (proveedores, subcontratados, trabajadores, etc) conlleva la caída de sus precios, rentas y beneficios (deflación), caída que se traduce en disminución de costes para el sector monopolista y por tanto en aumento de sus rentas de monopolio. Es decir que la caída de las rentas y beneficios de unos, la gran mayoría, aumenta los beneficios de la minoría monopolista. El sector monopolista aumenta su participación en la renta global en detrimento de la disminución de la cuota de renta de todos los demás.
  • La depresión monopolista significa la redistribución de la renta y de la riqueza en favor de los más ricos. Pero tal redistribución es la otra cara de la proletarización. El capital monopolista es la verdadera esencia del capitalismo y la máquina perfecta de apropiación o destrucción total de los medios de producción que todavía no están en sus manos. La depresión monopolista significa proletarización en gran escala.
  • . Las grandes depresiones, sin embargo pueden resultar peligrosas para el capital monopolista si los pueblos o los estados reaccionan en contra de sus intereses (nacionalismo económico, controles sobre los movimientos de capital, renacionalizaciones, socializaciones, regulaciones anti-monopolios, etc.) De ahí el ahínco en la introducción de regulaciones (tratados bilaterales de libre comercio, Tratado de Maastricht, Tratado TLCAN o NAFTA,TTIP, TPP, etc.) que aseguren la depresión a perpetuidad constitucionalizando la incapacidad democrática de los pueblos y de los estados para reaccionar frente a la depresión monopolista. El TTIP, TPP y similares constitucionalizan la Gran Depresión.

En 2011 publiqué un artículo titulado Fase 4. Depresión Permanente donde prometía la entrega del capítulo III, una vez que finalizara el tirón chino. Pues bien. Estamos entrando en el capítulo III de la Gran Depresión del s. XXI. El tirón chino ya puede darse por finalizado.

I- El fin del desacoplamiento 

de los países emergentes



Brad DeLong: “En algún momento deberemos dejar de llamar a esto “La Gran Recesión” y empezar a llamarlo “La Gran Depresión”"

El término “Depresión” causa escalofríos y está vedado en los medios de comunicación pero aquí y allá, de forma aislada pero insistente, surgen tímidos avisos de que estamos ante algo mucho más profundo y peligroso que una recesión larga y se empieza a hablar de un “Estancamiento Secular” (el término vendría prestado del economista keynesiano Alvin Hansen que lo utilizó en los años 40. Krugman lo define como “Un situación persistente en la que una economía depresiva es la norma, salpicada con episodios cada vez más esporádicos de recuperación del empleo”)
 

1.El desacoplamiento chino

La demanda china de materias primas, junto a la especulación en bolsa inducida por laxas políticas monetarias, endeudamiento descomunal y gigantescas rondas de monetización de deuda (Quantitative Easing), permitió un desacoplamiento temporal de los países exportadores de materias primas y un cierto freno a la tendencia depresiva global gracias a la demanda de los BRICS. Esta etapa está a punto de finalizar. dado que China nunca va a sustituir a EEUU o Europa como locomotora consumista mundial, puesto que la estructura monopolista global excluye mejorar las condiciones de los trabajadores chinos.

China ha quedado atrapada al final de la cadena de la división internacional del trabajo. Nunca evolucionará como un nuevo Japón o un nueva Corea del Sur. Si en los 90 parecía que la burocracia controlaba el proceso de apertura al capitalismo, en la siguiente década las multinacionales tomaron definitivamente el control. El capital extranjero transnacional controla ya la mayoría de los sectores industriales del país (60% de las exportaciones y el 80% de las exportaciones del sector de electrónica y maquinaria). La mayoría de las marcas chinas han ido sucumbiendo una tras otra. Las firmas extranjeras ya no sólo controlan el sector exportador sino que están tomando posiciones en el sector de servicios (consultoría, inmobiliario, seguros, auditoría, mensajería, entretenimiento, refrescos, deporte, grandes superficies, etc. ) e incluso en los servicios públicos del país (suministro de agua potable, alcantarillado, sanidad, educación, ...) .

Tras la crisis de 2009, el enorme estímulo de inversión pública (gracias a las enormes reservas de dólares acumuladas tras años de superávits comerciales con respecto a EEUU)  no se ha traducido en una mejor distribución de la renta y la riqueza (demanda interna) sino más bien al contrario. China es el país con más desigualdad del mundo (después de Nepal). Además, la mayor parte de la nueva capacidad instalada lo ha sido en el sector exportador (subordinado a los monopolios multinacionales) contando con una fuerte recuperación de la demanda externa mundial. Pero la recuperación de la demanda por parte de EEUU, la UE y Japón ha sido de todas todas decepcionante con lo que China siguió tirando de estímulo irracional, que la ha conducido a una descomunal crisis de sobrecapacidad agravada por un gran endeudamiento que amenaza traducirse en crisis financiera.

2. La crisis de las exportaciones


El crecimiento mundial desde el crack de 2008 en gran parte ha sido impulsado por Asia y Latinoamérica.  Sólo Asia representó casi el 60% del crecimiento mundial en el período 2009-2014.

Pero el crecimiento en Asia previo a la crisis financiera de 2008 había sido impulsado por las exportaciones de las grandes corporaciones transnacionales deslocalizadas allí, a los países capitalistas avanzados, en particular los EE.UU.

Sin embargo, como resultado de dicha deslocalización (menos puestos de trabajo) la demanda de los países desarrollados fue cayendo pertinazmente, con lo cual, los países asiáticos vieron como sus exportaciones se iban desplomando. La siguiente gráfica muestra el crecimiento de las exportaciones de año a año para el desarrollo de los países asiáticos.

http://blogs.lclark.edu/hart-landsberg/2015/08/03/signs-of-global-slowdown/


El comercio inter-asiático (básicamente compuesto de partes y componentes) también está cayendo en barrena tal como muestra la siguiente gráfica:

 http://blogs.lclark.edu/hart-landsberg/2015/08/03/signs-of-global-slowdown/

La siguiente figura muestra las exportaciones agregadas (China, Hong Kong, Corea, Singapur, Taiwán y Tailandia). Los descensos en las exportaciones a Japón y la UE son especialmente llamativos.

http://blogs.lclark.edu/hart-landsberg/2015/08/03/signs-of-global-slowdown/

El periódico The Wall Street Journal y el mismo FMI reconocen que se trata de un modelo económico (basado exclusivamente en las exportaciones asiáticas a occidente) que hace agua por todas partes.
 
El gasto de inversión masiva de China ha servido para apoyar las exportaciones y el comercio intra-asiático. Tras el colapso de las exportaciones en 2009, las autoridades chinas lanzaron un programa de inversiones descomunal para mantener el ritmo de actividad mientras se recuperaban las exportaciones. El problema es que la exportación no se recuperó lo suficiente. La recuperación experimentada en los llamados países emergentes, América Latina y África, beneficiados por las exportaciones a China, no fue suficiente dado el permanente retraimiento de la demanda en los países del centro. Con el retraimiento de la demanda, ahora global, China se encuentra con un problema de sobrecapacidad sin parangón.

Pero China sigue en la misma adicción, erre que erre (¿temor a disturbios incontrolables?). Desde febrero de 2014, China ha aprobado al menos 2.300.000 millones de dólares adicionales en nuevos proyectos de infraestructura para contrarrestar la creciente desaceleración de la economía. Pero estas infraestructuras, aparte de verdaderos elefantes blancos, no están dirigidas a las necesidades del mercado interno sino que, como las anteriores, están destinadas en su mayor parte a reforzar el modelo exportador (que exige salarios irrisorios, agotamiento de los recursos y destrucción medioambiental), subordinado a la globalización monopolista.

Los gobiernos de toda la región mantienen estrategias similares lanzados a una competencia ciega entre ellos para atraer y mantener la inversión empresarial monopolista a costa de mantener los costos de mano de obra lo más bajos posibles.

3. Caída del precio de las materias primas


Gillem Tulloch “China está consumiendo más acero, hierro y cemento per cápita que ninguna otra nación industrial en la historia. Todo va a ferrocarriles que nunca harán dinero, carreteras en las que nadie conduce o ciudades donde nadie vive.”

Otro indicador de la fragilidad global es la disminución de los precios de las materias primas. Por supuesto, esta tendencia es en gran medida una consecuencia de la anterior. La disminución de las exportaciones de Asia se ha traducido en un descenso en la actividad manufacturera regional y una caída en la demanda, así como en los precios, de la mayoría de los productos básicos (los precios del cobre, el aluminio, el platino, el petróleo, el carbón, el hierro, etc., están ya cercanos a los niveles de 2009 y algunos ya han caído más abajo)

Estas fuertes caídas en los precios de las materias primas amenazan con reducir drásticamente las tasas de crecimiento de los países africanos y latinoamericanos, la mayoría de los cuales dependen de las exportaciones de estos productos básicos para financiar las importaciones necesarias para apoyar la producción y el consumo interno, amenazando con reducir aún más las exportaciones chinas (círculo vicioso de la Depresión)

4. Deuda creciente


Desde la crisis financiera de 2008 el mundo se ha apalancado aún más. El total de la deuda pública y privada global se ha incrementado desde los 143 billones de $ en 2007 hasta los 200 billones en 2014. La deuda global ha pasado del 258% del PIB mundial en 2007 al 270% del mismo en 2014. El mundo capitalista nunca en su historia había estado tan endeudado.

Mientras que Europa ha vivido un trasvase de deuda privada a deuda pública vía rescates financieros, en China, la deuda total, incluido el sector financiero, se ha casi cuadruplicadlo desde 2007, alcanzando el equivalente al 282% del PIB.

Antes de la crisis de 2008, todas las naciones europeas, aparte de Portugal y de Grecia, estaban reduciendo su nivel de deuda-PIB. La mayor parte de Europa estaba reduciendo la deuda pública a niveles muy manejables y históricamente bajos. La deuda de Irlanda, por ejemplo, era muy baja (27%). Parecía como si se estuvieran preparando para el subsiguiente rescate masivo. La próxima crisis financiera va ha ser sin duda otra crisis de deuda. Pero una vez iniciada, sin embargo, la crisis  va a ser muy diferente de la última puesto que esta vez casi todas las naciones ya están muy endeudadas y serían incapaces de asumir una nueva ola de rescates.

5. Deflación en el sector no monopolista 


E.J. Jobsbawm (Industria e Imperio): "Durante la Gran Depresión el nivel de vida de los obreros que aún tenían trabajo se mantuvo gracias a la caída del coste de la vida".

En las antiguas crisis cíclicas de sobreproducción del siglo XIX, era la fuerte competencia entre las empresas la que deprimía los precios (deflación), caían las empresas menos competitivas y el mercado remontaba a partir de precios bajos y menos empresas ofertantes.

La actual debilidad de la mayoría de las economías, combinada con la fuerte caída de los precios de la energía, ha levantado el temor al fantasma de la deflación por primera vez desde la Gran Depresión. En diciembre de 2014 la Eurozona cayó de nuevo en deflación (ya hubo deflación en 2009). Japón sigue en deflación y los EEUU y el RU rondan cada vez más de cerca tasas de precios deflacionarias.

Según los economistas académicos el problema de la deflación (y de las expectativas que conlleva) es que se trata de una espiral que se retroalimenta. La deflación reduce la tasa de beneficios de las empresas que como respuesta bajan aún más los salarios, con lo que baja aún más la demanda agregada y vuelven a bajar más los precios. La deflación hace que el valor real de las deudas de las familias, de las empresas y de las administraciones públicas, aumente, con lo que una leve subida de los tipos de interés puede llevarles a la morosidad o a la quiebra. Además, el endeudamiento generalizado retrae la inversión de los estados y la demanda de las familias.

Un problema de esta teoría es que no explica por qué no remonta la demanda al bajar los precios. En anteriores crisis, con el sistema menos monopolizado, los precios se desplomaban por la falta de demanda (deflación) y la competencia entre las empresas. La desaparición de empresas por un lado y los bajos precios por el otro, acababan al final con la sobrecapacidad, el paro y la deflación.

Otro problema de esta interpretación es que contempla la deflación como algo general que afecta a todos los sectores, tanto a los monopolizados como al resto. Aunque haya sectores en los que los precios no solo no se deprimen sino que suben, al computar los datos agregados se camufla lo bien que resisten los precios (y los beneficios) de los sectores fuertemente monopolizados (bancos, energía eléctrica, gas, agua, gasolineras, fármacos, alimentos, bebidas, peajes de autopistas, servicios de telecomunicaciones, etc.)

En un sector no monopolista en crisis (viviendas en alquiler, bares, chiringuitos, ...) , quien no baja los precios no coloca sus productos o servicios. En este caso los consumidores resultan beneficiados y pocos de ellos quedan excluidos. En cambio en los sectores monopolizados, como el de las corporaciones energéticas, telecomunicaciones, gasolineras, servicios públicos privatizados, etc., los precios resisten i incluso suben durante la crisis y los beneficios aumentan a cargo de los clientes que, a falta de suministradores alternativos, sólo pueden optar entre pagar el recibo o quedar excluidos. Los monopolios privados pueden compensar con creces la caída de la demanda subiendo sus precios aunque esto implique la exclusión y la marginación de buena parte de la población del planeta.

Otro agujero de la teoría convencional es que da por hecho que la sobrecapacidad es un mal para la economía y es mala para todos. Pero resulta que el monopolista tiene un cierto interés en el mantenimiento de la sobrecapacidad puesto que ésta constituye una buena barrera de entrada con respecto a sus acotados mercados. Wal-Mart mantiene en funcionamiento en ciertas zonas enormes superficies comerciales, totalmente superfluas, para disuadir posibles contrincantes.

6. Más financiarización


Los bajos tipos de interés y los helicópteros monetarios (QE o compra masiva de bonos y deuda por parte del Banco Central) en EEUU y ahora en la Zona Euro no han conseguido su supuesto efecto estimulante de la inversión. Las grandes corporaciones, financieras y no financieras, han capturado este maná fiduciario emitiendo bonos a tipos irrisorios para invertirlo en las bolsas.

El dinero “fácil” que ofrecen actualmente los bancos centrales, supuestamente para restaurar el crecimiento, es un dinero fácil para el gran capital pero no, por supuesto, por la mano de obra ni los pequeños negocios. No estimula la inversión sino solo el sector financiero y especulativo, aumentando la desigualdad y la redistribución negativa detrayendo cada vez más recursos de los pobres para dárselos a los más ricos.

Una forma de aumentar los beneficios sin invertir en la economía real es la de autocomprar (buyback) tus propias acciones. De esta forma se consigue bajar la proporción entre ingresos y número de acciones (el EPS - earnings per share – aumenta) es decir, la tasa de beneficios de los títulos aumenta artificialmente con lo que se atrae a más inversores hacia la bolsa y aumenta la cotización. Solo una pequeña parte residual de estos estímulos se usa para invertir en nuevas tecnologías o más puestos de trabajo.

http://blogs.lclark.edu/hart-landsberg/2015/07/26/capitalism-at-work-profits-over-people/

La linea verde, con su escala a la izquierda, recoge los pagos por beneficios a los accionistas y las autocompras de acciones, mientras que la línea roja, con escala a la derecha, recoge los fondos destinados a inversión productiva.

Las operaciones de recompra anunciadas para 2015 van a registrar un record nunca alcanzado de 993.000 millones de dólares. Desde 2009 las grandes corporaciones norteamericanas han gastado 2,4 billones en operaciones de recompra de sus propias acciones.

Según Bloomberg Businessweek, numerosos analistas comparten el punto de vista de que las grandes corporaciones se ven obligadas a adoptar este comportamiento debido o a la falta de alternativas más “atractivas” (debilidad de la demanda agregada y malas expectativas de beneficios) para el uso de sus fondos.

7. Pésimas perspectivas de crecimiento


En resumen, las perspectivas de crecimiento en los países centrales son pobres y como consecuencia, Asia se enfrenta el agotamiento de su estrategia de crecimiento impulsado por las exportaciones. Y lo mismo es cierto para el África subsahariana y América Latina.

Y las perspectivas de crecimiento de los países centrales son poco halagüeñas dadas las políticas de austeridad impuestas por la Troika y las estrategias alemana y japonesa de crecimiento vía exportaciones (sacrificando su demanda interna). En cuanto a EEUU, y a pesar de la caída del precio del petroleo (que como en todas partes tarda lo suyo en bajar el precio de la gasolina), es difícil que la exuberancia de Wall Street y las bolsas de valores se traduzcan en un “efecto riqueza” que estimule suficientemente la demanda, recuperando su antiguo papel de locomotora de última instancia de la economía global.

En suma, sin cambios estructurales significativos en la mayoría de las economías, cambios que incluyan políticas destinadas a impulsar la mejora de las condiciones de vida y de trabajo y a enfrentar decididamente el desastre medioambiental causado por el neoliberalismo monopolista, entraremos de lleno en un largo período de dificultades.

II. La Depresión beneficia 

a los monopolistas


Shimshon Bichler and Jonathan Nitzan:” Los economistas suelen consensuar que la proporción de las rentas del capital en la renta total de los países avanzados es procíclica, es decir que en épocas de bonanza económica y poco paro sus rentas aumentan más que proporcionalmente. Pero esto no es lo que ocurre en la práctica. De acuerdo con los datos, desde la posguerra mundial, la participación en la renta del capital ha sido contracíclica, elevándose durante las crisis y cayendo durante los booms”… “Hablando en plata: los capitalistas no están en absoluto preocupados por la crisis sino todo lo contrario. Les enamora.“.

Las grandes depresiones sientan bien al capital monopolista.

  1. Con la depresión los monopolistas ganan cuota de mercado a costa del sector no monopolista.
  2. Con la depresión se mantienen e incluso aumentan los beneficios del sector monopolista que es capaz de mantener e incluso aumentar sus precios en depresión.
  3. Según la doctrina del shock (Naomi Klein), el capital monopolista aprovecha los desastres, la conmoción y la confusión, generados por la gran depresión para introducir regulaciones neoliberales que aseguren sus negocios y sus rentas de monopolio.
  4. La gran depresión genera sustanciosas oportunidades para la concentración capitalista: el endeudamiento de los estados facilita la privatización de las empresas públicas y de los servicios públicos.
  5. Con la depresión, la alocada competencia en el sector no monopolista (proveedores, subcontratados, trabajadores, etc) conlleva la caída de sus precios, rentas y beneficios (deflación), caída que se traduce en disminución de costes para el sector monopolista y por tanto en aumento de sus rentas de monopolio. Es decir que la caída de las rentas y beneficios de unos, la gran mayoría, aumenta los beneficios de la minoría monopolista. El sector monopolista aumenta su participación en la renta global en detrimento de la disminución de la cuota de renta de todos los demás.
  6. Las grandes depresiones, sin embargo pueden resultar peligrosas para el capital monopolista si los pueblos o los estados reaccionan en contra de sus intereses (nacionalismo económico, controles sobre los movimientos de capital, renacionalizaciones, socializaciones, regulaciones anti-monopolios, etc.) De ahí el ahínco en la introducción de regulaciones (tratados bilaterales de libre comercio, Tratado de Maastricht, Tratado TLCAN o NAFTA,TTIP, TPP, etc.) que aseguren la depresión a perpetuidad constitucionalizando la incapacidad democrática de los estados para reaccionar frente a la depresión monopolista. El TTIP, TPP y similares constitucionalizan la Gran Depresión.

1. Teorías sobre la depresión


. Teorías de la depresión por el lado de la oferta: 

La explicación tecnocrática: a diferencia de otras depresiones, en la actual no surgen innovaciones técnicas de suficiente calado y futuro recorrido que puedan incluso significar la creación de nuevas ramas industriales y reconducir al sistema en la senda del crecimiento.

. Teorías de la depresión por el lado de la demanda (neokeynesianos): 

Martin Wolf: “La economía mundial ha venido generando más ahorro del que los negocios desean usar, incluso a tipos de interés muy bajos”

Para los keynesianos, la depresión es el resultado del aumento del atesoramiento combinado con una falta de demanda de inversión. Mucho atesoramiento y falta de demanda de préstamos para inversión implica la famosa trampa de la liquidez: tipos de interés reales bajos, incluso negativos no consiguen estimular la inversión y el crecimiento.

Algunos desaprensivos apuntan que la causa del atesoramiento sería el envejecimiento de la población y la disminución de la tasa de natalidad. Wolf, por su parte, atribuye esta caída de la inversión a un cambio en la “cultura empresarial” que prefiere especular en activos financieros que invertir en capital productivo.

. Teorías desde el ámbito marxista

Según la teoría clásica marxista, el fenómeno que conduciría a la depresión está en la baja tasa de beneficios que esperan obtener las corporaciones de la colocación de sus fondos.

La competencia entre capitalistas fuerza los precios y por tanto la tasa de beneficios a la baja, desanimando la inversión y generando desempleo.

Pero el problema es que las grandes corporaciones monopolistas continúan obteniendo suculentas tasas de beneficio incluso en tiempos de depresión. En los tiempos actuales no se produce una caída de la tasa de beneficios sino al contrario.

Paul M. Sweezy y Paul. A. Baran, en su libro "El Capital Monopolista" de 1966 argumentaron que el capital monopolista tiene una contradicción dinámica. Al contrario que durante el capitalismo de pequeñas empresas en competencia en el que existía una tendencia al decrecimiento de la tasa de beneficios, en la etapa subsiguiente, con la generalización de los grandes monopolios, esta tendencia desaparece substituída por una tendencia creciente de la tasa de beneficios, al menos para el sector monopolizado.

Pero, segun Baran y Sweezy el sistema muestra una inhabilidad crónica para absorber las enormes plusvalías que es capaz de producir. Gracias a sus posiciones de monopolio obtienen plusvalías en exceso que invierten en capacidad adicional. El problema es que la demanda agregada no sigue y la capacidad productiva se convierte en sobrecapacidad con lo que futuras inversiones no van a generar más beneficios. ¿Para qué aumentar las inversiones si los beneficios siguen fluyendo con la capacidad actual instalada? Es decir, que el capitalismo monopolista muere a causa de su propio éxito. “De ello sigue que el estado normal de la economía en el capitalismo monopolista es el estancamiento

Y mientras la especulación financiera prometa tasas de beneficios superiores a las de la inversión real, los capitalistas seguirán huyendo de la inversión productiva. La financiarización especulativa , aunque pueda generar más actividad vía burbujas financieras gracias al efecto riqueza asociado a ellas, a la larga genera más desigualdad y por tanto menor demanda efectiva.

En lo que parecen estar también todos de acuerdo es en que la gran depresión no interesa a quienes la padecen (trabajadores y clases medias) sino que tampoco interesa a los capitalistas (los keynesianos de buena fe insisten particularmente en ello) y en este punto se equivocan. Hay un grupo de capitalistas, los más poderosos, a los que puede interesar la depresión. Se trata de las grandes corporaciones monopolistas transnacionales.

2. Depresión, beneficios i redistribución de la renta



Es cierto que crear un simple puesto de trabajo significa un esfuerzo en capital fijo (Composición Orgánica del Capital) que pocos inversores están dispuestos a desembolsar en la actualidad. Pero es que además, sin puestos de trabajo adicionales, los parados fuerzan más y más los salarios a la baja. Esto mantiene, incluso acrecienta los beneficios del sector monopolizado (rentas de monopolio) aunque contrae más y más la demanda global (círculo vicioso).

Tampoco se tiene en cuenta que hay que contemplar dos segmentos claramente diferenciados con respecto a la tasa de beneficios. Hay que desagregar los beneficios del sector monopolista (normalmente muy inelástico) de los beneficios del sector no monopolista.

La inversión en el sector no monopolista reacciona de forma directa a la tasa de beneficios presente y esperada. En cambio, la reacción en el sector monopolista no es en absoluto directamente proporcional. Puede no haber reacción alguna e incluso puede haber una relación inversa. A más beneficios menos inversión.

Los monopolista resisten muy bien los periodos de crisis. Puede incluso apreciarse que, paradójicamente, más bien prosperan cuando al resto les va fatal. Su proporción de la renta total aumenta contracíclicamente. A más depresión mayor desigualdad puesto que aumenta la proporción de la renta que se apropian. El tremendo aumento de la desigualdad a medida que se prolonga y profundiza la depresión refleja esta paradoja.

La explicación de esta aparente paradoja es el resultado de la alocada competencia en el sector no monopolista (proveedores, subcontratados, trabajadores, etc) que conlleva la caída de sus precios, rentas y beneficios (deflación), caída que se traduce en disminución de costes para el sector monopolista y por tanto en aumento de sus rentas de monopolio. Es decir que la caída de las rentas y beneficios de unos, la gran mayoría, aumenta los beneficios de la minoría monopolista.

Con la crisis y la depresión los únicos que mantienen sus beneficios son las corporaciones con mayor grado de monopolio. Las tasas de beneficio de las grandes corporaciones monopolistas se han doblado desde 2008 gracias a la disminución del impuesto de sociedades, las cuotas empresariales a la seguridad social y la contracción de los salarios (políticas de austeridad y devaluación interna), mientras que la tasa de beneficios del sector no monopolista se desploma arrastrada por la caída en picado de la demanda global.

Pero es que, además, nadie sabe cuáles son los beneficios de las multiancionales. Declaran lo que quieren donde quieren. Sus declaraciones de beneficios forman parte de su "contabilidad creativa" para captar nuevas aportaciones de capital o simplemente de su política de relaciones públicas. De ahí la pertinaz asimetría según la cual los beneficios sólo aparecen en el lado bueno de la cadena de valor que suele estar situado en algún paraíso fiscal.


Los monopolios multinacionales, utilizan básicamente 3 técnicas para camuflar sus beneficios y evadir impuestos:

a) Moviendo "su" propiedad intelectual (patentes, marcas, ... ) a empresas filiales en paraísos fiscales. Las filiales no ubicadas en paraísos fiscales pagan (gastos deducibles) por las patentes "propiedad" de la filial del paraíso fiscal.

b) Precios de transferencia. Todas las filiales situadas en países donde se pagan impuestos no registran beneficio alguno puesto que los productos les llegan a un coste similar al precio de venta que cobran a los consumidores finales. En el proceso de producción, transporte y comercialización intervienen diversas filiales que se facturan entre si. Sólo obtienen beneficios las registradas en paraísos fiscales.

c) Profit stripping (estriptis de beneficios): Consiste en compensar los beneficios obtenidos en una país donde hay que pagar impuestos con gastos a pagar a una filial establecida en un paraíso fiscal. Una filial en Bermuda presta dinero a interés a una filial en Francia. Los beneficios en Francia se reducen al pagar los intereses a la filial en Bermuda.


 La sobrecapacidad: barrera de entrada


Otra ventaja de la depresión para las grandes corporaciones es que la retracción de la demanda genera sobrecapacidad en los sectores más afectados; pero para los monopolistas, la sobrecapacidad constituye una barrera adicional de entrada que refuerza sus posiciones y favorece su expansión. Por lo que la sobrecapacidad se convierte en una característica intrínseca, deseada y permanente de la Depresión monopolista.

Elicópteros monetarios i más monopolio


En condiciones de deflación y sobrecapacidad las empresas no monopolistas cierran y tiran la toalla, mientras que los bancos centrales arman flotas enteras de helicópteros monetarios que invariablemente acaban aterrizando en la especulación financiera, suministrando más y más pólvora para la concentración del capital. Como en las anteriores depresiones, la crisis es el caldo de cultivo para la concentración monopolista y como puede observarse, el día a día de la crisis es el no parar en fusiones, agrupaciones, adquisiciones, ..., una carrera sin obstáculos hacia el monopolismo global.

 Apropiación de comunales


Las bajas empresariales y públicas van cediendo posiciones, una tras otra, sector tras sector. Los estados endeudados y quebrados, optan por la austeridad y la devaluación interna y pronto acaban siendo pasto de su codicia y se ven forzados a ceder empresas, servicios y monopolios públicos, que son absorbidos inmediatamente por las fauces abiertas de par en par de la concentración del capital.

Creación de más proletarios

La crisis genera más desigualdad, con lo que cada vez aumenta más la masa de gente sin medios de producción que han de acabar vendiendo su fuerza de trabajo. El monopolio, la fase superior del capitalismo, también es la que crea más proletarios, sin comparación con la fase anterior. El monopolio está proletarizando al planeta.

Así pues, los monopolistas estarían engordando con la Gran Depresión. La Gran Depresión es buena para los monopolistas siempre y cuando no se produzcan protestas de entidad suficiente para amenazar a su sistema.

3. Depresión y burbujas financieras


La financiarización especulativa y las burbujas financieras son consustanciales con el capitalismo monopolista.

Los crecientes excedentes monopolistas que no encuentran colocación en la inversión en la economía real se desvían hacia la especulación financiera generando burbujas cada vez más enormes. Una característica que define la actual fase globalizada del capital monopolista 2.0 es la espiral ascendente y creciente de burbujas financieras que van salpicando la geografía de los últimos estadios de la gran depresión.

Las burbujas funcionan como la drogadicción. La absorción de una nueva dosis parece que mejora las sensaciones del sujeto cuya salud se va deteriorando con la acelerada sucesión de dosis cada vez más fuertes. Pero las burbujas benefician al capital monopolista puesto que, gracias a su privilegiada información suele salir a tiempo y airoso de las sucesivas rondas especulativas. Por si las moscas, la envergadura de las corporaciones es tal (too big to fail) que tienen asegurado el rescate público en caso de bancarrota.

Los rescates públicos aumentan el endeudamiento de los estados con lo que se ven constreñidos a malvender los activos públicos (monopolios públicos, servicios públicos, etc.), lo cual aumenta más aún la concentración monopolista del capital.

El aumento del endeudamiento público facilita las "flexi-reformas" laborales y administrativas que contribuyen a aumentar aún más las rentan monopolistas y por tanto los excedentes que vuelven a entrar en la especulación de la siguiente burbuja.

Pero, por si fuera poco, tras las burbujas los grandes bancos centrales lanzan verdaderas flotas de helicópteros monetarios (Quantitative Easing) para monetizar la deuda, dinero que acaba también en manos de los especuladores hinchando aún más la siguiente burbuja.

4. Movilidad de capitales y depresión


Hayek: "El resultado ideal sería la transformación de los gobiernos locales e incluso regionales en corporaciones cuasi comerciales compitiendo entre sí para atraer a los inversionistas”.


La expansión monopolista global requiere casi como condición sine qua non la libertad de movimientos del capital. Que no haya tal libertad para las personas puede incluso resultar ventajoso puesto que divide y discrimina a los trabajadores facilitando mayores tasas de explotación laboral (arbitraje laboral).

La libertad de flujos de capital, además de asegurar la evasión de impuestos, la repatriación de beneficios y la especulación financiera, facilita la capacidad de los monopolios transnacionales para deslocalizar y relocalizar, consiguiendo así, a pesar de las trabas nacionalistas a los movimientos de la mano de obra, la tan deseada reducción de costes laborales en los países occidentales, además de considerables ventajas de orden impositivos cuando no de premios y subsidios públicos.

De ahí que el santa santorum del capitalismo neoliberal monopolista sean los supuestamente incuestionables beneficios (sic!) de la libre circulación del capital, libre circulación que trae más monopolio, más dependencia, más pobreza y más depresión.

La movilidad internacional de los capitales (a través de los mercados financieros liberalizados y el libre comercio) potencia el efecto disciplinario sobre los Estados. La movilidad del capital obliga a los estados a competir por el capital transnacional móvil, proporcionando el tipo de políticas neoliberales que los inversores y las empresas multinacionales demandan.

La movilidad del capital, basada en el “derecho a irse”, crea una especie de “mercado” de políticas gubernamentales en el que las firmas demandan localizarse en aquellas jurisdicciones que les ofrezcan el más favorable mix de costes laborales, costes mediomabientales, impuestos y servicios. Es decir, la movilidad del capital globaliza las políticas austericidas de empobrecimiento y embrutecimiento de la mayoría de la población y conlleva un retraimiento de la demanda agregada que se traduce en más depresión.


5. La teoría de la “trinidad imposible” y la imposibilidad del desacoplamiento



Durante la anterior Gran Depresión  de los años treinta las naciones intentaron desacoplarse con mayor o menor éxito de la depresión adoptando diversas políticas económicas más o menos acertadas.

Pero los monopolistas se han dotado en la actualidad de un arsenal teórico formidable para asegurar su dominio y evitar cualquier desacoplamiento duradero y eficaz a su Depresión Monopolista.

La teoría de la “trinidad imposible” se ha utilizado para justificar las consecuencias antidemocráticas de la deslocalización y los flujos de capitales asociados a la globalización neoliberal monopolista, constituyendo la principal baza teórica para forzar “la apertura” permanente de las economías al capital transnacional.


La “trinidad imposible” o “trilema” afirma, según el modelo Mundell-Fleming de 1962, que es imposible para un país mantener simultáneamente un tipo de cambio fijo, el libre flujo de capitales y una política monetaria autónoma e independiente.

Según la famosa teoría, los gobiernos de las economías “abiertas” enfrentan un “trilema” económico que “les obliga a renunciar” al menos a un objetivo de política económica. Si quieren seguir “gozando” del libre flujo de capitales (1), deberán sacrificar, o bien la política de tipo de cambio de su moneda (2), o bien renunciar a una política monetaria propia (3). Es decir, sólo podrán gozar de una política monetaria autónoma si dejan flotar el tipo de cambio.

Es decir, que renunciar a la política de control sobre los movimientos del capital transnacional (economía abierta) implica, “por razones de teoría económica”, tener que renunciar también, o bien a una política autónoma de tipos de cambio (devaluación de la moneda) o bien a una política monetaria autónoma (bajar los tipos de interés). Renunciar a una determinada política económica en beneficio de la población no sería en absoluto un recorte de la democracia nacional sino un caprichoso imponderable de la teoría económica.

En la práctica, según ha planteado recientemente la economista Hélène Rey, el ciclo financiero mundial restringe las políticas monetarias cualquiera que sea el régimen cambiario. “Muchos creen que un tipo de cambio flexible puede aislarnos de los shocks financieros y permitirnos aplicar una política monetaria independiente… Pero si existe un ciclo financiero mundial, como yo pienso, el tipo de cambio no nos puede separar de lo que ocurre en el resto de los países” (Finanzas y Desarrollo. Junio 2015). Es decir, si se quiere seguir “gozando” del libre flujo de capitales, tan caro al capital monopolista transnacional, habrá que renunciar a cualquier posibilidad de cualquier política económica autónoma, sea de tipos de cambio, sea de tipos de interés. Es decir, el libre flujo del capital monopolista transnacional impone una especie de camisa de fuerza que impide cualquier reacción democrática a la Depresión Monopolista.

 Además, monopolistas y financieros han impuesto al mundo una especie de “solidaridad de mercado”. En ausencia de control de capitales y proteccionismo comercial, y con la mayoría de las industrias deslocalizadas, los estímulos en unos países acaban beneficiando las exportaciones de otros. En el caso chino los beneficiados han sido Latinoamérica y el África subsahariana, los llamados países emergentes que consiguieron desacoplarse durante unos años de la Gran Depresión Monopolista.

Es precisamente la institucionalización quasi constitucional de la libre movilidad del capital transnacional inscrita en los acuerdos bilaterales, acuerdos regionales, acuerdos de integración, o macro acuerdos globales (TTIP, TPP), la que está impidiendo a las naciones resistir el embate de la Depresión Monopolista.

Incluso la gigantesca nación China, con unas reservas descomunales de dólares, está viendo como seguir “gozando del libro flujo de capitales” implica claudicar respecto a cualquier autonomía en cuanto a política de tipos de cambio o de política monetaria alternativas para fortalecer la demanda interna. Deberá, por tanto, morir insistiendo en el modelo exportador que le dictan los monopolistas transnacionales, polucionando sin freno, malbaratando sus recursos, recortando salarios y aumentando el número de parados.

Así pues el capitalismo monopolista triunfante y sin apenas oposición puede finalmente mostrar su verdadero rostro, su más intrínseca esencia que es la de mantener a la sociedad humana en estado permanente de crisis económica y medioambiental para seguir aumentando su poder y sus beneficios cueste lo que cueste, aunque ello signifique acabar con la trayectoria humana en el planeta.

Links:

http://blogs.lclark.edu/hart-landsberg/2015/07/26/capitalism-at-work-profits-over-people/

http://blogs.lclark.edu/hart-landsberg/2015/08/03/signs-of-global-slowdown/

http://isj.org.uk/the-global-crawl-continues/

19/8/15

Historia de los Tratados de Libre Comercio


 

HISTORIA DE LA REGULACIÓN NEOLIBERAL MONOPOLISTA


Código neoliberal monopolista: “La democracia representativa y participativa, la justicia distributiva y el bienestar general son conceptos superados por la realidad de los hechos. Hay que aceptar que una minoría que nadie eligió, dueña del poder económico, que controla el poder político, los medios de comunicación social y todos los demás bienes y servicios por naturaleza sociales, decida sobre quiénes deben tener acceso - o no - a los bienes y productos materiales y culturales” que ellos mismos o fabriquen e inciten a consumir

La proleferación de tratados bilaterales/multilaterales de comercio es un fenómeno vinculado estrechamente con la globalización monopolista. La justicia privada que acompaña dichos tratados no fue utilizada sistemáticamente hasta la segunda mitad del s. XX. Los monopolistas querían asegurar que las excolonias respetaran el orden capitalista.

I. Monopolios y regulación



La existencia de grandes zonas comerciales es condición básica para la formación de grandes corporaciones que necesitan alcanzar el tamaño crítico suficiente para elevar insuperables barreras de escala que defiendan sus rentas de monopolio.

Como reacción al dominio económico que ejercía la industria inglesa durante el siglo XIX, los industriales del continente reaccionaron con la creación de regulaciones de libro comercio (uniones aduaneras) que acabaron facilitando la unificación política y la formación de grandes estados como en el caso de Alemania (el Zollverein, o unión aduanera alemana entró en vigor el 1 de enero de 1834) o Italia. Algo parecido ocurrió en los EEUU.

Pero los monopolios, además de grandes áreas mercantiles y las consecuentes economías de escala, precisan de la creación y defensa de elaborados cuerpos regulatorios que favorezcan su crecimiento y defiendan sus rentas de monopolio.

La propiedad intelectual es una de las principales regulaciones monopolistas. Consiste en el otorgamiento de un monopolio "temporal" al registrador de la patente que le permite obtener rentas de monopolio por encima de los costes reales de producción. Se vende como un incentivo a la creatividad pero en la práctica las patentes son barreras de entrada legales, regulaciones contra la competencia que, en el caso de mercados de demanda fuertemente inelástica, como es el caso de los medicamentos, permiten mantener precios abusivos sin contemplaciones. De ahí que la principal inversión de los oligopolios farmacéuticos sea el mantenimiento de verdaderos ejércitos de lobbistas para defender y ampliar los perniciosos efectos de sus patentes de corso.

El Estatuto de Monopolios inglés de 1623 proporcionó la primera ley de patentes de una nación moderna, y se formó directamente a partir del sistema de privilegios reales (de hecho era una ley que intentaba restringir los beneficios de las patentes). A finales del siglo XVIII, tres de los países más importantes del mundo tenían sistemas de patentes legales. En Francia, la Asamblea Constituyente aprobó una ley de patentes en 1791 (los revolucionarios de 1989 las habían prohibido). En los Estados Unidos de América el Congreso aprobó la primera ley de patentes en 1793.

Durante la siguiente mitad del siglo, el sistema de patentes, en el sentido de un sistema regulado por ley estatutaria, se extendió a otros países. Leyes de patentes fueron promulgadas en Austria en 1810, Rusia en 1812, Prusia en 1815, Bélgica y los Países Bajos en 1817, España en 1820, Baviera en 1825, Cerdeña en 1826, el Estado Vaticano en 1833, Suecia en 1834, Württemberg en 1836, Portugal en 1837, y Sajonia en 1843.

II. La batalla contra las patentes


Pero a mediados del siglo XIX surgieron por toda Europa movimientos contra los abusos de las patentes. La oposición a las patentes en Gran Bretaña vino incluso desde The Economist de Londres, el Vice-Presidente de la Junta de Comercio, algunos inventores destacados de la época, miembros del Parlamento y representantes de los principales distritos industriales tales como Manchester y Liverpool.

Diversas comisiones parlamentarias investigaron el funcionamiento del sistema de patentes en 1851-1852, en 1862-1865, y nuevamente en 1869-1872. Algunos de los testimonios ante estas comisiones fueron tan perjudiciales para la reputación del sistema de patentes que los estadistas líderes en las dos cámaras del Parlamento llegaron a proponer la abolición completa de la protección de patentes. Un “patent reform bill” redactado en base a los resultados de la comisión de investigación de l872 preveía una reducción de la protección de patentes de siete años, un examen más estricto de las solicitudes de patentes, reversión de las patentes no utilizadas después de dos años, y la licencia obligatoria de todas las patentes. El proyecto de ley fue aprobado por la Cámara de los Lores.

En Alemania un fuerte movimiento en contra de las patentes que pretendían implantarse en toda la zona del Zollverein (unión aduanera alemana). Los economistas fueron casi unánimes en la condena de la regulación. Las asociaciones comerciales también se oponían al sistema. Las cámaras de comercio presentaron informes recomendando la reforma o abolición de las leyes de patentes. El debate se lleva a cabo en libros, folletos, revistas y en la prensa diaria; en varias sociedades de abogados, ingenieros y economistas; y en las legislaturas. Los ingenieros, inventores y aspirantes a inventores, industriales con un gran interés en las patentes, abogados de patentes, etc., eran defensores eran los principales defensores del sistema. Contra ellos se opusieron economistas, comerciantes, industriales e inventores que sentían sus actividades directamente restringidas. En diciembre de 1868 Bismarck anunció sus objeciones al principio de la protección de la propiedad intelectual. Suiza también rechazó explícitamente el sistema de patentes en 1863. En julio de 1869 el debate en torno a las patentes en Holanda acabó el rechazo de la ley de patentes.

A finales de los 1860s la causa de la protección de patentes parecía completamente perdida. Pero el éxito del movimiento contra las patentes en Europa no fue duradero. Los monopolistas defensores del sistema de patentes organizaron una poderosa contraofensiva. Las técnicas de propaganda empleadas entre 1867 y 1877 fueron muy notables para la época. Se formaron nuevas sociedades para la protección de patentes, las resoluciones se elaboraron y distribuyeron a la prensa diaria, oradores entrenados fueron enviados a las reuniones de las asociaciones de profesionales y comerciantes, se produjeron verdaderas inundaciones de panfletos y folletos, los artículos a favor se repetían machaconamente en revistas especializadas y se reproducían en los diarios, se crearon concursos públicos con premios para los mejores trabajos en defensa del sistema de patentes, se presentaron peticiones a gobiernos y parlamentos, se realizaron mítines internacionales, etc.

III. Concentración monopolista: Proteccionismo primero y patentes después


La concentración del capital empezó a manifestar características fuertemente monopolistas durante el último tercio del s. XIX y sobre todo a partir de la Larga Depresión de 1870-1896. En Alemania y en Estados Unidos aparecieron poderosas asociaciones de productores como los konzern alemanes (Krupp, Thyssen, I.G. Farben, etc.) y los trusts americanos (Morgan, Carnegie y Moore que en 1901 se fusionaron en la U.S. Steel Corporation). Los monopolios “nacionales” precisaban de la palanca del poder regulador estatal para establecer barreras de entrada estableciendo medidas proteccionistas de toda índole para favorecer grandes mercados protegidos que aseguraran la formación de cárteles gigantescos . En esta época las patentes jugaron un papel insignificante en el avance de la monopolización. El librecambismo fue rápidamente substituido por el proteccionismo, y el "laissez fair" por la intervención y la regulación estatal de la economía.

IV. Primera Globalización y primeros acuerdos bilaterales


Pero una vez alcanzada la dominación de los mercados nacionales los nuevos paladines del capitalismo estaban ya dispuestos a dar la batalla para convertirse en monopolistas a escala global. Se iniciaba la época de las grandes corporaciones transnacionales.

La etapa siguiente en la concentración del capital fue la 1ª Globalización. Los grandes grupos transnacionales empezaron a denostar el proteccionismo en todos los foros. Para una multinacional que aspira al monopolio global el proteccionismo comercial deja de ser una barrera de protección monopolista para convertirse en un obstáculo a su dominación.

En esta primera etapa globalizada, los monopolios transnacionales reorganizaron sus sistemas de protección monopolista reforzando barreras de entrada alternativas al proteccionismo comercial y las patentes figuran entre las barreras de entrada monopolistas más eficaces, complementándose a la perfección con el resto de barreras de entrada monopolistas como las economías de escala, el marketing del despilfarro, la segmentación del mercado, la obsolescencia planificada, etc.

El tratado franco-británico de 1860 — conocido también como tratado Cobden — que reducía o eliminaba los aranceles entre los dos países firmantes, inició una oleada de acuerdos arancelarios bilaterales entre los demás países europeos. Casi todos estos acuerdos incluían la cláusula de nación más favorecida, por lo que se generalizaron las concesiones arancelarias. El mundo estaba entrando en la Primera Globalización monopolista (1870-1914).

Desde 1870 en adelante se produjo un descenso creciente de la protección aduanera, iniciado con el mencionado acuerdo aduanero anglo-francés. La mejora de los transportes y la caída de sus costos catalizó un aumento sin precedentes del comercio internacional y un vasto movimiento de personas desde economías de bajos salarios a economías con salarios más altos.

V. Nacionalismo económico


Pero la codicia sin freno ni escrúpulos del capitalismo de la primera globalización provocó la 1ª GM. y sus imprevisibles consecuencias.

La guerra moderna y la reconstrucción subsiguiente exigieron unos presupuestos abultados y una intervención drástica del Estado en la economía. La carga impositiva adicional no podía recaer toda sobre la clase obrera que acababa de salir de las trincheras y cuyas aspiraciones revolucionarias parecían concretarse en Rusia y amenazaban en concretarse en otros puntos del planeta.

La primera globalización monopolista resulto prematura y reversible. El capitalismo, a la defensiva, se domesticó, se re-nacionalizó. El nacionalismo económico sustituyó al liberalismo del laissez faire. Tras la guerra los altos presupuestos estatales no menguaron. La progresividad fiscal se mantuvo y las conquistas sociales se consolidaron y fueron en aumento. Los salarios reales aumentaron. Las nacionalizaciones y municipalizaciones se generalizaron. La presión fiscal cayó sobre las escurridizas filiales de las multinacionales. El crédito quedó estrictamente regulado. El proteccionismo, los controles sobre la especulación y la circulación de capitales, los problemas de la libra esterlina y el patrón oro, etc., fueron desmontando uno tras otro los pilares básicos de la primera globalización.

La reversión de la 1ª Globalización significó la reversión y retirada de la mayoría de los tratados de libre comercio firmados durante la misma.

Las nacionalizaciones constituyeron en buena parte una respuesta directa a los abusos de los monopolios privados. Donde aparecían monopolios privados, como en el caso de los ferrocarriles, un puñado de empresas cargando precios de monopolio que marginaban su paso por los pueblos más pobres (exclusión), que eludían servir a los objetivos estratégicos del desarrollo nacional y que se burlaban de las mínimas normas de seguridad, surgió una fuerte movilización para nacionalizarlas.

La difusión de las ideas socialistas en el siglo XIX dio también un impulso ideológico a las nacionalizaciones.

Progresivamente, hasta el comienzo de la segunda mitad del siglo XX, el modelo de Estado nacionalizador, especialmente en Europa, con las compañías aéreas, acero, carbón, energía nuclear, el transporte público urbano, electricidad, agua, gas, seguros de salud, seguros de retiro, guarderías, lucha contra incendios, alcantarillado, etc., pasaron a ser controlados por monopolios estatales.

Bismarck persiguió conscientemente la creación de un cierto Estado de bienestar como una estrategia para frustrar la creciente popularidad de la idea de una revolución socialista. Lloyd-George quedó impresionado por el diagnóstico de Bismarck y el Partido Liberal británico favoreció un incipiente Estado del bienestar, sólo para ser suplantado por un partido laborista que superó la menguada oferta de los liberales ante un movimiento obrero que ahora tenían votos y organización.política propia.

VI. Subversión de las regulaciones democráticas por parte de los monopolistas


En EEU el alcance de las nacionalizaciones fue menor. Aunque hubo periodos hasta la primera década del siglo XX en que los sindicatos en los EEUU llegaron a ser numérica y políticamente más fuertes que en Europa, la enorme fuerza de los monopolios que se estaban formando en los EEUU les permitió usar su capacidad legal y política para aplastar al movimiento sindical, a menudo por medio del asesinato de los líderes sindicales y amenazas de todo tipo. Las grandes corporaciones norteamericanas simplemente se organizaron más efectivamente contra el crecimiento de los sindicatos y como proveedoras de ideologías antisindicales.

Paradójicamente las grandes corporaciones norteamericanas consiguieron frenar el avance del nacionalismo económico con más eficacia que en Europa gracias al establecimiento de un complejo sistema de regulaciones entre 1890 y 1913. Se creó la Federal Trade Commission, la Food and Drug Administration (FDA), la Interstate Commerce Commission, etc. Durante el New Deal (1930s) se creó la Securities and Exchange Commission (SEC), la National Recovery Administration, la Federal Communications Commission, el Civil Aeronautics Board, etc. Todas ellas propiciarían el fortalecimiento de las grandes corporaciones norteamericanas que pronto iban a dominar la esfera internacional.

Paradójicamente también, en EEUU se inició la lucha contra los monopolios. Los granjeros veían como los “robber barons” del ferrocarril imponían tarifas de monopolio para el transporte de sus cosechas mientras los monopolios se generalizaban en otros sectores como el petróleo, el acero, las telecomunicaciones, el tabaco, etc. Pero la resistencia social contra los monopolios no se tradujo en nacionalizaciones sino en regulaciones. Ya en 1890 al menos diez estados de los EEUU habían establecido leyes anti-trust por lo que la ley federal anti-trust (Sherman Anti-trust Act) fue aprobada casi por unanimidad por el congreso norteamericano en 1899. La Clayton Antitrust Act prohíbía expresamente la discriminación de precios, consejeros comunes, acuerdos de vinculación, etc.

Pero los monopolistas acabaron aprovechando una regulación erigida en su contra para hacerse más fuertes. Tras 1899 sus abogados les aconsejaron abandonar todo tipo de acuerdos o alianzas a través de cárteles o asociaciones y fusionarse consolidándose como corporaciones únicas legalmente establecidas. La paradoja de las paradojas fue que las leyes anti-trust acabaron estimulando las fusiones al poner fuera de la ley las prácticas de connivencia de los cárteles y estimularon la aparición del lobbying para adecuar la regulación a la medida de los intereses de los monopolios.

VII. Regulaciones ad hoc para desbancar a los pequeños competidores


Además de establecer regulaciones que las benefician directamente, las grandes corporaciones también promueven sistemas regulatorios que les acaban beneficiando de forma indirecta. Una forma de apoderarse de la totalidad de un mercado es expulsar a los pequeños competidores a base de promover (a partir de las actividades de lobby) regulaciones desfavorables contra los mismos. Las grandes corporaciones usan astutamente su poder de lobby político para conseguir la aprobación de normativas regulatorias que ellas podrán satisfacer con facilidad pero que quedan fuera del alcance de sus pequeños competidores que acaban cediéndoles el mercado.

VIII. La vuelta de los tratados bilaterales: constitucionalización neoliberal


En 1947 se firmó el acuerdo general sobre aranceles y comercio (GATT) entre 23 países, ampliándose este acuerdo a 96 países en 1988. Su principal objetivo consistía en reducir las tarifas arancelarias y en eliminar las prácticas restrictivas del comercio internacional. Se aceptaba la existencia de acuerdos especiales entre países miembros del GATT como la CEE (1993), la EFTA (1960), la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC, 1960), el Mercado Común Centroamericano (MCCA, 1960).

En una primera fase los nuevos tratados bilaterales se establecieron básicamente entre países desarrollados y países pobres para asegurar el dominio total de los monopolios en la periferia del mundo desarrollado. Estos tratados aseguraban, además, un control alternativo al antiguo control colonial imperialista.


IX. El arbitraje internacional: las Law Firm


La nueva regulación monopolista neoliberal no avanza a partir de normas jurídicas producidas por los estados. Asistimos al surgimiento de un nuevo derecho globalizado producido y aplicado por instancias privadas al servicio de las grandes corporaciones monopolistas transnacionales.

El principal productor de normas jurídicas es la Law Firm, la firma de abogados al estilo anglosajón, que se gestiona con criterios empresariales y que es ella misma una empresa multinacional. El principal servicio que ofrecen estas Law firms a otras empresas multinacionales es la elaboración de contratos. Se trata de contratos “sin ley”, que responden al modelo contractual del common law. Es decir, son contratos que no presuponen un sistema jurídico estatal que los dote de validez y, sobre todo, que supla sus lagunas.

Lo que está ocurriendo es el surgimiento de un nuevo derecho privado en el que la firma de abogados sustituye al estado, el contrato a la ley y el árbitro al juez.

El trabajo normativo de las Law Firms no sólo cristaliza en la elaboración de contratos
individualizados, sino también de contratos tipo. La inversión de la relación entre contrato y “ley” se pone de manifiesto en el hecho de que las normas generales aplicables a los contratos internacionales son el resultado de la generalización y abstracción a partir de las cláusulas de contratos anteriores (una especie de jurisprudencia ad-hoc – se habla de los “usos de los negocios”)

De la red de tratados bilaterales a la telaraña global


Alejandro Teitelbaum (2004): “El planeta está envuelto en una densa trama de convenios y tratados económicos y financieros internacionales, regionales y bilaterales que han subordinado o suplantado los instrumentos básicos del derecho internacional y regional de los derechos humanos (incluido el derecho a un medio ambiente sano), las Constituciones nacionales, la legislación económica orientada al desarrollo nacional y las leyes laborales y sociales tendentes a mitigar las desigualdades y la exclusión. Esta trama, como consecuencia de la aplicación de las cláusulas de «trato más favorable», de « trato nacional » y de «nación más favorecida», que figuran en casi todos los tratados, funciona como un sistema de vasos comunicantes, que permite a las políticas neoliberales circular libremente a escala planetaria y penetrar en los Estados, donde desintegran las economías nacionales y generan graves daños sociales”… “Se trata, entonces, de una «feudalización» del derecho, de un derecho corporativo opuesto al derecho público nacional e internacional, que funciona en el interés exclusivo del gran capital transnacional y de los Estados ricos y en detrimento de los derechos fundamentales de los Estados llamados periféricos y de sus pueblos. Con la agravante de que este derecho corporativo está acompañado de un fuerte sistema coercitivo para asegurar su aplicación: multas, sanciones económicas, presiones económicas, diplomáticas y militares, etc.

Libre comercio, división del trabajo, ventaja comparativa, oferta y demanda combinándose para permitir una mejor especialización, más productividad y una mayor producción… Es la perorata habitual que acompaña a los tratados de libre comercio.

En realidad muy a menudo no se trata de libre comercio en absoluto. Se están utilizando los “acuerdos de libre comercio” para obligar imponer regulaciones neoliberales monopolistas respecto a normas de propiedad intelectual en detrimento de la mayoría de las poblaciones. Es doblemente irónico por cuento las regulaciones sobre la propiedad intelectual son exactamente lo contrario de los mercados libres. Son monopolios respaldados por gobiernos infiltrados por los lobbies monopolistas los que imponen reglas de monopolio para asegurar rentas de monopolio, disfrazándolas de “libre cambio”.

La desregulación neoliberal puede entenderse como un dar marcha atrás respecto de la regulación llevada a cabo por el Estado durante el siglo XX. Pero la desregulación no significa la abolición de esas regulaciones sino su sustitución por otras regulaciones ámbito superior. Las nuevas regulaciones neoliberales se constitucionalizan, es decir, se prohíbe al Estado restablecer las antiguas regulaciones. En el ámbito europeo esta “constitucionalización” se realiza fundamentalmente por medio de la normativa comunitaria.

A medida que avanza la 2ª Globalización el neoliberalismo monopolista y revoca o aniquila las regulaciones estatales y las normas constitucionales, menoscaba o arrincona la Declaración Universal de Derechos Humanos, los Pactos Internacionales de Derechos Civiles y Políticos y de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, convenios internacionales de la Organización Internacional del Trabajo y otros tratados y convenciones internacionales de derechos humanos y ambientales, para sustituirlas por nuevas y potentes macro-regulaciones supuestamente de rango superior a las normas internacionales de derechos humanos fundamentales (en las que los derechos de propiedad intelectual se sobreponen e interponen al derecho fundamental a la alimentación, a la salud, a una vivienda adecuada, a la educación).

Los grandes monopolistas transnacionales han estado tejiendo durante las últimas décadas una gigantesca red mundial de tratados y acuerdos bilaterales, regionales e internacionales para asegurarse un medio óptimo para sus expansión y atrapar y capturar toda regulación democrática que ponga coto a sus intereses y preparar el terreno para el establecimiento de la Gran Regulación monopolista global.

Tal constelación de tratados bilaterales, con la complicidad de gobiernos claudicantes, serviles y corruptos, crea vínculos de subordinación de muchos países con respecto al poder económico monopolista transnacional, que equivalen a una pérdida casi total de la soberanía nacional y a la supresión de aspectos esenciales del sistema democrático de gobierno con el resultado de que los pueblos resultan despojados de sus derechos más elementales, tanto civiles y políticos como económicos, sociales, ambientales y culturales, quedando sujetos a las consecuencias de la descarada externalización de costos y riesgos medioambientales por parte de los “inversores” transnacionales.


La movilidad internacional de los capitales (a través de los mercados financieros liberalizados y el libre comercio) potencia el efecto disciplinario sobre los Estados. La movilidad del capital obliga a los estados a competir por el capital transnacional móvil, proporcionando el tipo de políticas neoliberales que los inversores y las empresas multinacionales demandan.

La movilidad del capital, basada en el “derecho a irse”, crea una especie de “mercado” de políticas gubernamentales en el que las firmas demandan localizarse en aquellas jurisdicciones que les ofrezcan el más favorable mix de costes laborales, impuestos y servicios. Es decir, la movilidad del capital genera desempleo, empobrece a la mayoría de la población y conlleva un retraimiento de la demanda agregada que se traduce en más depresión.

En sus inicios, la tela de araña monopolista empezó atrapando a los débiles estados de los países menos desarrollados a base de multitud de “acuerdos bilaterales”. Pero en la fase siguiente de la segunda globalización monopolista, el ámbito de los acuerdos se amplía y generaliza con mega acuerdos regionales que abarcan grandes zonas geográficas, incluyendo ahora a los principales países desarrollados: TTIP (Transatlantic Trade and Investment Partnership; USA y la UE), TPP (Trans-Pacific Partnership; Australia, Brunei, Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur, USA y Vietnam), TISA (Trade in Services Agreement: 50 países, incluyendo a USA, la UE, Suiza, etc. Un acuerdo integral sobre servicios para privatizar los sectores que más resistencia plantean a los monopolios privados). Estamos ante la Gran Regulación Monopolista que pretende abarcar definitivamente todo el planeta.

La tipología de la red es compleja y variopinta:

- I. Acuerdos internacionales

Acuerdos celebrados en el marco de la Organización Mundial del Comercio (OMC), entre ellos el Acuerdo sobre propiedad intelectual y patentes (ADPIC, TRIPS en inglés).

Acuerdo sobre las medidas en materia de inversiones relacionadas con el comercio (de bienes) (TRIM)
Acuerdo General sobre el comercio de servicios (AGCS, GATS en inglés).

- II. Acuerdos regionales

Tratado de libre comercio de América del Norte (TLCAN, NAFTA en inglés)

El CAFTA (Central American Free Trade Agreement) que es el Acuerdo de libre comercio entre los países de América Central y Estados Unidos.

La proyectada y combatida Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA).

Tratado europeo de Maastrich

ASEAN (Asociación de Naciones del Este de Asia)

AFTA (ASEAN Free Trade Area)

APEC (Asia Pacific Economic Cooperation). Forman parte de la APEC Chile, Perú, México, Canadá y Estados Unidos

- III. Tratados bilaterales

Se trata de tratados de libre comercio, tratados de inversiones (los tratados bilaterales de promoción y protección de inversiones extranjeras (TPPI)), tratados de derechos de propiedad intelectual, tratados de cooperación, de ciencia y tecnología, etc., celebrados entre dos países y que incorporan, a menudo, tribunales arbitrales.

1. Los Tratados bilaterales de libre comercio.

Se trata de tratados normalizados, tratados estandarizados según el códice monopolista neoliberal. Durante las negociaciones se introducen, como mucho, algunos ligeros retoques, básicamente formales, a la plantilla tipo. El estándar neoliberal monopolista suele implicar importantes infracciones de las constituciones de los estados recipientes. Estas infracciones se producen a menudo sin previas reformas constitucionales con lo que se convierten en flagrantes vulneraciones de los códices domocraticos de los países débiles.

Chile fue el primer país de Latino América cuyo gobierno firmó y su parlamento aprobó en octubre de 2003 un tratado bilateral de libre comercio con Estados Unidos, tratado que entró en vigor en enero de 2004.

En virtud del artículo 10.5.3 de dicho tratado, un inversionista de cualquier país podría comprar un terreno u obtener en concesión una mina abandonada en el desierto de Atacama para depositar en ellas residuos nucleares y Chile no podría impedirlo, porque podría ser demandado por “restricción encubierta” al comercio o inversión internacional. Es decir, Chile no puede denegar una inversión que afecte la preservación de su medio ambiente, con lo que se está violando el inciso 8 del artículo 19 de la Constitución chilena que establece: «El derecho a vivir en un medio ambiente libre de contaminación. Es deber del Estado velar para que ese derecho no sea afectado y tutelar la preservación de la naturaleza». Es decir, la regulación neoliberal monopolista desbanca sistemáticamente a la regulación democrática nacional.

De hecho el gobierno chileno renunció a su obligación constitucional de preservar el medio ambiente no sólo frente a los inversores del estado contratante, los EEUU, sino a los inversores de estados que no son parte en el Tratado.

Ninguna autoridad chilena tendrá poder de decisión en caso de conflicto con un inversionista extranjero, sobre alguna disposición de este capítulo. Sólo tribunales arbitrales internacionales tendrán competencia para resolver estas controversias.

Los artículos 10.9 (Expropiación e indemnización) y 10.15 (Sometimiento de una reclamación a arbitraje) se podrán aplicar a una medida tributaria que se alegue como expropiatoria o como una violación de un acuerdo de inversión o una autorización de inversión. Esto quiere decir que Chile quedaría imposibilitado de efectuar modificaciones tributarias que afecten a inversionistas de EEUU, restringiendo las facultades de las autoridades chilenas en materia tributaria (medidas claramente inconstitucionales). Según el art. 10.9, el aumento de las regalías también puede ser considerado como una medida equivalente a la expropiación.
Además, el mencionado art. 10.9 del tratado, al establecer que la indemnización debe basarse en el valor de mercado y no debe excluir los derechos sobre yacimientos mineros, viola la disposición decimoséptima transitoria de la Constitución de 1925, que en el inciso quinto de la letra a) establece: «En conformidad a lo dispuesto en el inciso cuarto del Nº 10 del artículo 10 no habrá lugar a indemnización alguna por los derechos sobre yacimientos mineros», disposición que está vigente por mandato de la disposición tercera transitoria de la Constitución de 1980 que establece: «La gran minería del cobre y las empresas consideradas como tal, nacionalizadas en virtud de lo prescrito en la disposición 17º transitoria de la Constitución Política de 1925, continuarán rigiéndose por las normas constitucionales vigentes a la fecha de promulgación de esta Constitución». La no indemnización por la nacionalización o expropiación de concesiones mineras es absolutamente lógica y concordante con el inciso sexto del Nº 24 del art. 19 de la Constitución que establece: «El Estado tiene el dominio absoluto, exclusivo, inalienable e imprescriptible de todas las minas». Es doblemente inconstitucional entonces, que el Estado tenga que indemnizar por recuperar mediante expropiación, lo que le pertenece y que sólo había entregado en concesión.

Se desprende del apartado de “solución de controversias” del artículo 10.5 y del artículo 10.27 que el Estado chileno solo puede ser demandado, pero nunca podrá ser demandante, aunque considere que un inversionista no respeta las disposiciones de este tratado. En toda controversia que se produzca con relación al Tratado, los tribunales chilenos no tendrán competencia: sólo la tendrán tribunales arbitrales internacionales, compuestos de 3 árbitros, uno de Chile, otro de la otra Parte, y otro de una nacionalidad distinta. El derecho que se aplica en estos juicios es el derecho internacional consuetudinario y no las leyes chilenas, lo que deroga en forma tácita el artículo 16 del Código Civil chileno que establece: «Los bienes situados en Chile están sujetos a las leyes chilenas, aunque sus dueños sean extranjeros y no residan en Chile».

2. Los tratados de promoción y protección de inversiones (TPPI).

Mariana Herz: «Estos tratados son suscritos por Estados pero los derechos que acuerdan se confieren a los particulares y, para asegurarse de que esto sea así, en los mismos se incluyen disposiciones relativas al mecanismo de solución de las controversias que puedan surgir con motivo de la inversión, entre el inversor nacional de un Estado Parte y el Estado receptor de la inversión distinto del Estado de nacionalidad del inversor. El incumplimiento de cualesquiera de las obligaciones asumidas en un TPPI hace surgir la responsabilidad internacional del Estado receptor por los daños ocasionados. La novedad radica en que el procedimiento para hacer cesar tal conducta u obtener un resarcimiento se aparta del sistema clásico de Derecho Internacional. En el sistema clásico el particular no goza del ius standi (acceso directo al tribunal) y por ende es el Estado de su nacionalidad el que hace suyo el reclamo a través de la Protección Diplomática, pero por virtud de las doctrina Calvo esto solo puede suceder una vez que el particular afectado ha agotado los recursos administrativos y judiciales establecidos por en la legislación nacional del Estado que se pretende demandar. En el sistema de los TPPI esto se modifica ya que se admite el acceso directo de los particulares a la instancia arbitral internacional en las condiciones pactadas en el tratado. Se les reconoce así el ius standi.»

Disposiciones principales de los TPPI
  • Las inversiones extranjeras gozan siempre del trato más favorable.
  • Toda ventaja concedida a inversores nacionales debe ser extendida a los inversores extranjeros.
  • Cláusula de «nación más favorecida»: los inversores extranjeros con domicilio en los Estados partes en el Tratado deben gozar, por lo menos, de las mismas ventajas concedidas a los inversores extranjeros domiciliados en cualquier otro Estado ajeno al Tratado.
  • Los Estados firmantes no podrán nunca exigir al inversor, para autorizar la inversión, determinadas conductas destinadas a proteger la economía nacional: utilizar, en lo posible, materia prima nacional, exigir la transferencia de tecnología, exportar parte de la producción para incrementar el ingreso de divisas, etc. 
  • Cláusulas de indemnización ante posibles expropiaciones u otras mediadas que «privan al inversor de los beneficios que podría razonablemente esperar», como dijo el tribunal arbitral en el caso «Metalclad c/México», en el marco del TLCAN. En 1996 la empresa norteamericana Metalclad demandó al gobierno mexicano por violar el capítulo 11 del TLCAN, cuando el gobierno de San Luis Potosí impidió abrir a dicha empresa un depósito de desechos tóxicos. Bajo las normas del TLCAN, la denegación del permiso para abrir un vertedero fue considerada un acto de «expropiación» y el gobierno mexicano tuvo que pagar a Metalclad una indemnización de 16,7 millones de dólares.
  • Los TPPI aseguran las transferencias al exterior del capital, los beneficios, las remuneraciones, las regalías, los honorarios por consultorías, etc., de manera irrestricta, en divisas libremente convertibles.
 3. Los Tratados Bilaterales en Materia de Propiedad Intelectual.

La única contribución relevante del derecho de origen estatal a la satisfacción de las exigencias jurídicas del mercado global ha sido el reforzamiento de la propiedad intelectual. Se trata de las normas de derecho internacional que aseguran la protección de la propiedad intelectual: los llamados acuerdos ADPIC (acuerdos relativos a la propiedad intelectual relacionados con el comercio).

Hay una serie de tratados bilaterales sobre la propiedad intelectual que los países ricos celebran con los países pobres en interés de las sociedades transnacionales, que agravan las ya interesadas disposiciones del ADPIC (El Acuerdo de la OMC sobre Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio – TRIPS en inglés). Por eso se los llama «TRIPS-plus».

Suelen venir incorporados a los “tratados bilaterales de libre comercio” obligando, por ejemplo, a los firmantes a adherirse a la UPOV (Unión Internacional para la Protección de Nuevas Variedades de Plantas) con lo que desaparece la posibilidad que tienen los Estados miembros del ADPIC de excluir de sus leyes de patentes a las plantas y a los animales o se restringe el derecho del agricultor a guardar o intercambiar con otros agricultores para la siembra siguiente semillas que tengan «derechos de obtentor» registrados. También puede quedar suprimido por el tratado bilateral el mecanismo de las «licencias obligatorias» -una de las salvaguardas más importantes de las reglas de propiedad intelectual previstas por la OMC- que permite a los Estados saltar las barreras de las patentes y fabricar o comprar fármacos genéricos en caso de emergencia pública (el derecho de las «licencias obligatorias» está reconocido en los ADPIC de la OMC, reforzados con una declaración en la IV reunión ministerial de la OMC en Doha (Qatar) en noviembre de 2001)

4. Los Tribunales Arbitrales al servicio de los monopolios

El Centro Internacional para el Arreglo de Controversias Relacionadas con las Inversiones (CIADI, ICSID en inglés), miembro del Grupo del Banco Mundial, tiene como presidente al Presidente del mismo Banco Mundial. El CIADI ayuda a constituir tribunales arbitrales que dirimen las controversias entre las sociedades transnacionales y los estados (son más de un centenar los estados que forman parte del CIADI), que aceptan someterse a ese procedimiento. Los estados, al aceptar esta jurisdicción para dirimir conflictos de igual a igual con empresas privadas, renuncian a una prerrogativa fundamental de la soberanía como es la jurisdicción territorial de sus tribunales.

El acceso a las facilidades que proporciona el CIADI en relación con la conciliación y el arbitraje es completamente voluntario. Sin embargo, una vez que se accede a los mecanismos del CIADI no se puede desistir de ellos unilateralmente. Además todas las partes contratantes de la Convención del CIADI están obligadas de reconocer y ejecutar las decisiones arbitrales del CIADI.

Existen otros tribunales arbitrales internacionales. Como la Corte Permanente de Arbitraje (CPA) con sede en La Haya, o la Cámara de Comercio Internacional, fundada en 1919 y que reúne a las más importantes empresas del planeta y que tiene una Corte Internacional de Arbitraje que se ocupa de organizar tribunales arbitrales para resolver conflictos entre empresas. Otra jurisdicción arbitral es el Órgano de Solución de Controversias de la Organización Mundial del Comercio.

Los grandes tratados regionales suelen incorporar mecanismos arbitrales adh-hoc. El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN o NAFTA), entre Canadá, Estados Unidos y México, establece tres mecanismos para la solución de controversias: entre Estados, en el capítulo XX, entre inversionistas y Estados, en la sección B del Capítulo XI y entre particulares.

Los tribunales arbitrales han sufrido una evolución paralela al proceso de globalización monopolista: concebidos inicialmente para dirimir conflictos entre Estados o de derecho privado, nacional e internacional, entre particulares, fueron ampliando su jurisdicción a los conflictos entre Estados y particulares. En este último caso primero sólo se ocuparon de los diferendos surgidos en la interpretación y aplicación de contratos y luego se extendieron hasta alcanzar la esfera del derecho público interfiriendo en la facultad soberana de los Estados de adoptar decisiones de política nacional relacionadas con el interés general como la de decidir no aceptar una inversión extranjera o cancelarla para proteger el medio ambiente, o adoptar medidas económicas, financieras o tributarias que los inversores extranjeros consideren que afectan sus beneficios actuales o esperados.

Esta evolución de la competencia de los tribunales arbitrales se refleja en los tratados internacionales como el TLCAN (Capítulo XI), el MERCOSUR (Capítulo V del Protocolo de Brasilia) etc. y en numerosos tratados bilaterales de comercio e inversión. Y figura en el proyecto de ALCA.

Los tribunales de inversión están controlados por unos pocos bufetes privados, que habitualmente también trabajan como asesores de las grandes corporaciones, por lo que no son imparciales. Cada tribunal está formados por tres abogados comerciales que no son elegidos ni controlados por ningún organismo independiente y que tienen la potestad para juzgar los actos legislativos, ejecutivos y judiciales de Estados soberanos sin posibilidad de apelación.

No garantizan la igualdad ante la ley de las dos partes, ya que sólo las empresas pueden demandar a los Estados y no al revés. Así, por ejemplo, una empresa puede demandar a un Estado por aprobar una ley más restrictiva sobre las emisiones de CO2, pero el Estado no puede demandar a la empresa por daños ambientales.

Cualquier cambio regulatorio, tal como una nueva ley o impuesto que reduzca las ganancias privadas se puede considerar como una violación de las “expectativas legítimas” del inversor que merece una indemnización. Así, la sola amenaza de presentar una demanda de inversión tiene un efecto disuasorio en la aprobación de nuevas normas regulatorias en los Estados.

En el caso de la norteamericana Bechtel contra Bolivia, Bechtel presentó un reclamo ante el CIADI contra Bolivia por 25 millones de dólares porque su subsidiaria Aguas del Tunari fue expulsada de Cochabamba. El 3 de septiembre de 1999 se otorgó la concesión de Semapa al consorcio Aguas del Tunari, conformado por Bechtel, International Waters, Abengoa de Servicios Urbanos y socios bolivianos minoritarios. En menos de un año, el 9 de abril de 2000, una masiva movilización - denominada la "guerra del agua » - provocó la salida de Aguas del Tunari de Bolivia. Aguas del Tunari interpuso la demanda amparada en el Tratado Bilateral sobre inversiones entre Bolivia y Holanda, suscrito en 1992 (para poder litigar Aguas del Tunari (Bechtel) transfirió su domicilio desde las Islas Caimán a Amsterdam en 1999). Esa es una de las maneras en que la extensa red tratados bilaterales pueda ser invocada por parte de sociedades transnacionales que no tienen su sede en ninguno de los Estados partes del tratado.

Regulaciones que podrían provocar una demanda:

• Reformas fiscales que aumente los impuestos para las grandes empresas.
• Nacionalizaciones o expropiaciones.
• Normativas más restrictivas de protección de la salud.
• Normativas laborales que perjudiquen a las empresas, como la subida de salarios o mayores indemnizaciones por despido.
• Normativas más restrictivas de protección medioambiental.
• Paralización o reversión de procesos de privatización de servicios públicos.


Ejemplos de demandas por ISDS (Investor-state dispute settlement) mecanismo, normalmente ligado a los tratados bilaterales de inversión o los tratados de libre comercio.


• Ecuador fue condenado en 2012 a pagar 2400 millones $, una suma equivalente al gasto anual de Ecuador en sanidad para 7 millones de personas, como compensación a la empresa estadounidense Occidental Petroleum al determinar un tribunal de arbitraje que poner fin al contrato de esta petrolera equivalía a una expropiación a pesar de que la empresa hubiera violado el contrato.

• Eslovaquia, que se vio obligada a pagar a la empresa aseguradora holandesa Achmea 29,5 millones de euros, el equivalente a todo su presupuesto en Sanidad, cuando el nuevo gobierno electo decidió revertir el proceso de privatización del sistema sanitario.

• Egipto espera el resultado arbitral después de que la empresa Veolia denunciara en 2013 al Estado por sentirse perjudicada por el aumento del salario mínimo.

• Argentina fue demandada en 2010 por la empresa Suez ante un tribunal de arbitraje por devaluar su divisa y congelar las tarifas de los servicios básicos, como el agua y la energía.

• Australia ha sido demandada por la empresa tabacalera Philip Morris bajo un ISDS recogido en un acuerdo comercial entre Hong Kong-Australia, por aprobar una legislación para que las cajetillas de tabaco no tuviesen ninguna publicidad.

• Alemania ha sido demandada por la compañía sueca Vattenfall, que reclama 3700 millones de € al gobierno aleman por su decisión de abandonar la producción de energía nuclear tras el desastre de Fukusima.

• Actualmente los ISDS se incluyen en casi todos los tratados bilaterales de inversión y también en los de libre comercio. El número de demandas por ISDS se ha incrementado de unos pocos casos a principios de los 90 hasta casi 600 en los últimos años, dada la rentabilidad que tienen esta demandas para las empresas.

5. La Gran Regulación monopolista neoliberal: Los tratados globales: TTIP y TPP

Edgardo Lander: “Mediante acuerdos internacionales, se busca hacer que estas políticas no puedan ser revertidas. La principal consecuencia de todo lo anterior es que se avanza en la constitucionalización del ideal del fundamentalismo neoliberal de separar la actividad económica y la operación del mercado de toda exigencia e incidencia desde el ámbito de la democracia. Una vez que se han transformado en normas internacionales de obligatorio cumplimiento, la capacidad de los procesos políticos democráticos para modificarlas queda drásticamente reducida

Con la segunda globalización monopolista los tratados se multiplican exponencialmente hasta cubrir todo el globo.

Pero en una segunda fase el ámbito de los acuerdos se amplía y generaliza con mega acuerdos regionales que abarcan grandes zonas geográficas, incluyendo ahora a los principales países desarrollados: TTIP-ISDS (Transatlantic Trade and Investment Partnership; Investor State Dispute Settlement entre USA y la UE), TPP (Trans-Pacific Partnership; Australia, Brunei, Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur, USA y Vietnam), TISA (Trade in Services Agreement: 50 países, incluyendo a USA, la UE, Suiza, etc. Un acuerdo integral sobre servicios para privatizar sectores enteros de la economía).

Estamos ante la Gran Regulación Monopolista neoliberal global que pretende privatizar incluso el aire que respiramos, bloquear cualquier resistencia u oposición democrática al desballestamiento social y ecológico de todo el planeta, incluidos ahora los países desarrollados.