24/12/13

Rusia vs China. Semejanzas y diferencias

English translation

Andrew Wedeman (La doble Paradoja. Crecimiento rápido junto a corrupción en aumento): "Corrupción y crecimiento prosperaron juntos. Cuanta más corrupción más crecimiento económico... Estaba bastante claro que, mientras que la corrupción en Japón y Corea del Sur era estructural e institucionalizada, en China era una corrupción anárquica y depredadora …La corrupción en China se parece más a corrupción en Zaire que a la corrupción en Japón. Así que se me ocurrió la idea de la "doble paradoja": la cuestión fundamental no es si uno puede tener corrupción y crecimiento económico, …, pero ¿cómo era posible sostener un crecimiento rápido dados los altos niveles de corrupción depredadora con funcionarios involucrado en el saqueo de la economía. "..." En la post-maoísta, reformista China la corrupción en realidad facilitó la innovación y el espíritu empresarial favoreciendo así un mayor crecimiento económico"

Una historia mal contada


¿Se trató de una transición del socialismo al capitalismo o de una transición desde un tipo de capitalismo a otro tipo de capitalismo?

Cuando se plantea un cambio en términos de “Transición” es fundamental aclarar la naturaleza de los dos extremos de la ecuación: Transición ¿desde qué punto de partida hasta qué punto de llegada?

Según el estereotipo usual, el planteamiento de la ecuación pretenden ser simple y expeditivo: En ambos casos, tanto en Rusia como en China, la situación de partida era un “sistema socialista-comunista de planificación central” y el final de la Transición un “sistema capitalista de mercado”. Sin embargo hay demasiadas incógnitas y parámetros sospechosamente ausentes en este tránsito.

Si realizamos el simple ejercicio de introducir los parámetros más significativos e incorporar ciertas incógnitas  marginadas, la nueva ecuación resultante resultará más explicativa y más ajustada a los hechos.

Dos ecuaciones dispares para interpretar unos acontecimientos de enorme trascendencia para el presente y para el futuro de la humanidad.


¿Cuál era la situación de partida en Rusia?



A finales de la 1ªGM, tuvo lugar una revolución socialista revolucionaria de obreros, soldados y campesinos, que intentaban sacudirse a la vez del yugo feudal y del yugo capitalista. La revolución acabó sofocada y reprimida por un partido bolchevique que tenía un plan para sacar al país del atraso y convertirlo en una potencia capitalista capaz de competir con los imperialistas de la época.

El plan era quemar etapas mediante un revolucionario mecanismo alternativo de desarrollo económico capitalista, capaz de establecer una hoja de ruta fuera del alcance de los países imperialistas.

El mecanismo consistía en apalancar el desarrollo económico, poniendo en juego por un lado  el arsenal analítico marxista para acelerar el desarrollo de las fuerzas productivas, y por el otro, el arsenal ideológico revolucionario socialista (transmutado a conveniencia en terrorismo) para estimular la productividad de las clases trabajadoras.

No se trataba de competir “con” el sistema capitalista. No se trató nunca de crear un “sistema” “socialista” alternativo al capitalismo sino de “atrapar” al capitalismo más desarrollado mediante la dictadura de la nueva burguesía “soviética”, la centralización estatal, la planificación económica y el adoctrinamiento ideológico para domesticar, someter y explotar a la clase obrera.

¿Cuál era la situación de partida en China?


En el caso chino la 2ªGM ofreció una oportunidad al pueblo chino para sacudirse el régimen feudal, pero sobre todo, a diferencia de Rusia, librarse de una pertinaz dominación imperialista que se había repartido el país.

En 1949 China era uno de los países más pobres del mundo. El PIB ruso equivalía a 12 veces el PIB Chino.

En China el movimiento revolucionario socialista fue mucho más prolongado y mucho más extenso (soviet de Jiangxi 1930-33, larga marcha 1933-35, ...) que en el caso soviético. La rápida subyugación del campesinado y la oposición obrera rusa mediante el terror y el Gulag estalinista no tuvo su equivalente en China.

Mientras que en Rusia la revolución triunfó rápidamente en las grandes ciudades. En China las ciudades fueron las últimas en caer ante un ejército revolucionario formado básicamente por campesinos. Los comunistas chinos fueron los líderes de la lucha para la liberación nacional.

Como en Rusia, una burguesía “comunista” empezó a tomar forma en el seno del PCC tras la derrota definitiva de Chiang Kai Chek en 1949. Pero la envergadura de la rebelión campesina y la profundidad que había alcanzado el movimiento revolucionario chino representaron un serio obstáculo para su escalada definitiva al poder. Mientras que en Rusia la oposición fue totalmente neutralizada desde finales de los años 1920s (y liquidada definitivamente con las purgas de los años 1930s), en China una oposición socialista revolucionaria (a menudo ambigua y contradictoria) resistiría hasta la muerte de Mao en 1976.

¿Cuál era la situación en la línea de salida de la transición?


En la línea de salida la situación de Rusia parecía mucho mejor que la de China. Rusia era un país mucho más desarrollado y urbanizado que China. El PNB per cápita ruso era de 3.783 $ (el PNB per cápita chino era de 285 $). El empleo industrial representaba el 39% (China 13,5%). El analfabetismo (2%) había casi desaparecido en Rusia (China 44%). El 91% de la población rusa tenían la educación secundaria (China 63%) y el 50% eran universitarios (China 2%).

Sin embargo, mientras que China no sufría graves desequilibrios macroeconómicos (baja inflación, equilibrio presupuestario, saldo comercial exterior equilibrado, poca deuda externa) en el inicio de su Transición en 1978, los países del Bloque Soviético sufrían de un notable descontrol en sus macromagnitudes cuando se disponían a iniciar la suya a finales de los 1980s.

A diferencia de la URSS y sus satélites, la planificación en China era sólo parcial (el plan central controlaba poco más de la mitad de la producción industrial) puesto que una parte considerable de la producción estaba descentralizada en manos de las administraciones locales. Además el número relativo de empresas pequeñas y medianas era proporcionalmente mucho mayor que en la URSS. Mao Tse Dong había propiciado cierta descentralización empresarial en favor de provincias y ciudades durante el Gran Salto Adelante (1957-58) y la Revolución Cultural (1966-76). China, además, contaba con una nutrida burguesía emigrada (los chinos de ultramar sumaban unos 55 millones con unos activos cifrados en medio billón de dólares) dispuesta a invertir en el país en cuanto las condiciones fueran las adecuadas para hacer negocio.

¿Cuáles fueron los motivos de la Transición en Rusia?


El desgaste y el atraso del mecanismo de desarrollo del capital monopolista soviético con respecto al capitalismo globalizado. Tras la muerte de Stalin y la denuncia del terrorismo totalitario del difunto, la burguesía “soviética” empezó a perder puntos en su lucha contra la clase obrera. La tasa de explotación disminuyó y la clase obrera consiguió notables mejoras en su situación (estado del bienestar soviético). La productividad se resintió y Rusia empezó a perder puestos en la carrera capitalista.

Ante esta situación de creciente deterioro, la burguesía “soviética” optó por reintroducir los mecanismos de mercado para someter a la clase obrera, aumentar su productividad y elevar el nivel de la tasa de explotación.

En 1987, cuando se inició la Perestroika, la burguesía “soviética” llevaba casi 70 años en el poder. Tres generaciones en el poder significaban un alto grado de confianza en sí misma para “controlar” la transición.

El objetivo de la Perestroika era el de modernizar el capital productivo “soviético” para hacerlo competitivo a escala global. La burguesía “soviética” confiaba alcanzar con las reformas una situación pareja a la de la burguesía capitalista globalizada.

¿Cuáles fueron los motivos de la Transición en China?


En 1978, cuando Deng Xiaoping inició el camino de las reformas, la burguesía “comunista” hacía tan solo dos años que había conseguido consolidarse en el poder tras el fuerte varapalo de la Revolución Cultural.

El objetivo inmediato de la transición, en el caso de la burguesía “comunista” china era el de asegurar sus posiciones y privilegios recientemente amenazados por la oposición de izquierdas.

¿Cuál fue la causa del gradualismo en las reformas en China?


El temor tras la Revolución Cultural había agudizado el sentido del cálculo de la timorata burguesía “comunista” china. De ahí el “gradualismo”, la experimentación y la sectorialización en las reformas a pesar de las críticas, consejos y recomendaciones (terapias de choque) de los impacientes economistas y agencias neoliberales.

La amenaza de la oposición seguía siendo considerable y era preciso conseguir crear bases crecientes de apoyo entre la población.

Deng planteó las cosas con extrema cautela. Hizo coincidir el inicio de las reformas con subidas en los precios de las entregas obligatorias de los campesinos y subidas de los sueldos de las empresas públicas.

Las primeras reformas se efectuaron en el sector campesino. La descolectivización representó el disparo de salida de la “modernización” capitalista del país. La reforma obedecía a una estrategia doble: dividir a campesinos y obreros por un lado y allanar la senda para la justificación de la reintroducción de los valores e ideología burgueses.

¿Cuál fue la causa de la falta de gradualismo en la Unión Soviética?


Cuando Mikhail Gorbachev llegó al cargo de secretario general del partido en marzo de 1985 conocía perfectamente las reformas iniciadas en China. Contrariamente a la narrativa convencional, su plan de reformas pro-mercado para la Unión Soviética (Perestroika) era gradualista en extremo, como en el caso de China. Inicialmente propuso ceder lotes individuales de tierra a las familias campesinas, establecer zonas especiales de comercio libre, promover pequeños negocios en régimen de cooperativa y establecer joint ventures con empresas extranjeras.

Sin embargo, a poco de iniciarse la Perestroika, movilizaciones espontáneas de gran amplitud, exigiendo más derechos, más bienestar y más democracia, estallaron por toda la zona.

Ante tal disyuntiva, y de acuerdo con la mayoría de los estrategas imperialistas, la burocracia "soviética" aparcó el gradualismo en favor de las “terapias de choque”, es decir una infernal sucesión de reformas que, como ha investigado Naomi Klein, tiene la evidente ventaja para el capital de atontar de tal manera a sus víctimas que quedan sin capacidad apenas de reaccionar.

Los crecientes desequilibrios macroeconómicos acumulados durante los últimos años, la autoconfianza de la vieja burguesía soviética en su supuesta capacidad para “controlar” el proceso de transición, y, por supuesto, altas dosis de codicia y desprecio para sus conciudadanos, facilitaron el cambio de estrategia. Perestroika y Glasnost quedaron enterradas. El Big Bang ansiado por el capitalismo monopolista transnacional se hizo realidad.

En unos pocos años, las grandes corporaciones multinacionales se veían ya tomando posesión de los enormes recursos del territorio euroasiático, y al mando de un nuevo mercado cercano a los 200 millones de consumidores.

¿Cuál fue el grado de espontaneidad en ambos casos?


Según algunas fuentes occidentales (Hoover Institution), “el PCC simplemente reaccionó (y sabiamente no se opuso) ante las iniciativas de reforma espontáneas que emanaron mayoritariamente de la población rural”.

Mientras que la transición china se habría generado a partir de una movilización espontánea procapitalista del pueblo chino (bottom up), de ahí su “éxito”, la transición rusa, por el contrario, habría sido el resultado de unas reformas organizadas por la burocracia soviética (top down); de ahí su” fracaso”.

El mito de una supuesta descolectivización “espontanea” por parte de las masas campesinas a principios de los 1980s, que la cúpula del PCC habría sancionado finalmente como hecho consumado, mito cultivado por algunos medios de desinformación occidentales y nunca desmentido oficialmente por la burocracia china, quedó en entredicho según la propia documentación del PCC que ha confirmado la existencia de fuertes resistencias de todo tipo y a todos los niveles frente a una descolectivización organizada y dirigida por las altas esferas del partido (top down). Así pues en China nunca hubo movilizaciones espontáneas pro-capitalistas.

Desde finales de los cincuenta las comunas campesinas se habían convertido en una institución social global, proporcionando educación y servicios públicos básicos a sus miembros; desde los maestros de aldea a los "doctores descalzos”, en un marco cooperativo. La comuna era también el propietario nominal de las tierras colectivas. El nuevo “sistema de responsabilidad familiar" anuló la función de la Comuna como organizador de la producción agrícola, convirtiendo el hogar campesino en la unidad básica de producción. Los gobiernos municipales pasaron a desempeñar los servicios públicos que antes desempeñaban las comunas, pero sin fondos suficientes para ejecutar adecuados sistemas escolares o redes de salud en las aldeas. Desde entonces, los servicios públicos en el campo nunca se han recuperado los niveles de prestación que alguna vez disfrutaron en comparación con las ciudades. El cambio afectó también a la propiedad de la tierra rural que pasó a ser gestionada por los poderes del municipio dejando a los campesinos a merced de los funcionarios locales cuando surjan disputas por la tierra con los especuladores los desarrolladores y las inmobiliarias.

En la antigua URSS, por el contrario, la espontaneidad (anti-capitalista burocrática) de las masas populares (bottom up) jugó un papel clave en el rápido cambio de estrategia efectuado por la reaccionaria burocracia “soviética” a favor de las terapias de choque y el fugaz enterramiento de la Perestroika y la Glasnots.

¿Cuáles eran los objetivos imperialistas al otro lado de la ecuación?


El otro lado de la ecuación no era, como quiere hacer ver el planteamiento simplista, un capitalismo idealizado, benefactor, eficiente, liberal y democrático, sino un capitalismo monopolista globalizado, agresivo, a-democrático y sin escrúpulos, que iba a aprovechar una ocasión de acumulación primitiva que llevaba décadas sin presentarse, para desmembrar y comerse enteritas a sus desprevenidas presas.

En el caso soviético el objetivo codiciado (el conjunto del bloque soviético) era un mercado útil de unos 200 millones, una mano de obra muy cualificada, y, sobre todo, unos inmensos recursos naturales que hasta entonces habían quedado fuera del alcance de los grandes monopolios multinacionales.

Pero para el capital monopolista transnacional la conquista de China tenía un valor estratégico clave. En un momento en que las nuevas tecnologías y la escalada financiera facilitaban en extremo la deslocalización y la externalización, una enorme abundancia de mano de obra susceptible de ser sometida a altas tasas de flexi-explotación gracias a la gentil colaboración del PCC y un enorme territorio para degradar y polucionar sin medida ni compasión, con la ayuda del corrupto PCC, eran las cartas definitivas que necesitaba para la globalización. Una vez consolidadas sus posiciones, el objetivo del mercado interno chino caería como fruta madura.

¿Cuáles eran las “recomendaciones” propuestas por los imperialistas?


Inicialmente, desde sus diversos foros, los imperialistas proponían terapias de choque idénticas para ambos países.

Sin embargo, cuando que empezaron a evidenciarse los resultados inesperados de las salvajes terapias de choque en la URSS y en algunos de sus antiguos satélites (El PIB per cápita chino se incrementó a una tasa del 8% anual entre 1978 y el 2000 mientras que el PIB ruso cayó en un 64% entre 1990 y el 2000), y que como consecuencia del caos provocado, el codiciado control y posesión de los inmensos recursos naturales de la zona había acabado en manos de una mafia-nacionalista poco propensa a cederlos al capitalismo monopolista transnacional, los analistas más prestigiosos empezaron a reconocer que a menudo la codicia rompe el saco.

La opción gradualista china, por el contrario, resultó, al final, la mejor opción para los intereses del capital monopolista transnacional. La descolectivización, seguramente, no mejoró en absoluto la productividad, pero la creciente miseria rural convirtió al campo chino en una fuente casi inagotable de mano de obra desclasada y flexible (unos 100 millones de inmigrantes sin papeles en su propio país) que, además de ser susceptible de altísimas cotas de explotación, entró de golpe en el mercado laboral chino, competencia que permitió desmantelar la posible resistencia a la “reformas” del resto de trabajadores chinos.

Al contrario de la URSS y sus antiguos satélites, en China los mercados se liberalizaron antes de proceder a las privatizaciones en masa. Esto permitiría que las empresas públicas se adaptaran a las nuevas condiciones sin cortarles de golpe el cordón umbilical de las ayudas públicas. El objetivo, en principio, sería el de darles tiempo para convertirse en los nuevos paladines monopolistas del nuevo capitalismo chino.

Sin embargo, el prudente gradualismo no impidió la progresiva pérdida del control por parte de la burguesía china. Gradualmente, los intereses de los grandes grupos transnacionales se fueron imponiendo en casi todos los sectores. La entrada de China en la OMC significó el triunfo definitivo del capital monopolista globalizado. La historia había reservado a los capitostes del PCC y al resto del capitalismo “comunista” chino la poco edificante tarea, iniciada por la burguesía compradora prerrevolucionaria, de malvender China, al completo, al imperialismo extranjero.

Epílogo sobre la “espontánea” reforma agraria descolectivizadora: Expulsión planificada de 300 millones de campesinos de sus tierras


¿Fueron los campesinos los principales beneficiarios de la Era de Reformas?

A partir de los años 1990s se produce un giro en contra de las masas de campesinos que acabó arruinando a la inmensa mayoría.

En primer lugar, un cambio fundamental en el sistema tributario que, siguiendo las recomendaciones promovidas por las agencias neoliberales, dejó la financiación de los gastos administrativos a cargo de las autoridades en los niveles inferiores que pasarán a cobrar los impuestos sobre los residentes dentro de su jurisdicción y a "competir" para atraer inversiones. Sin la supervisión democrática y en medio de una total falta de transparencia, los órganos administrativos locales se convirtieron en monstruosos depredadores, explotando los residentes con un número cada vez mayor de tasas y gravámenes. Oficinas encargadas de semillas, fertilizantes, suministro de electricidad, riego y control de inundaciones, etc., subieron el precio de sus servicios hasta tal punto que arruinaron a la mayoría de los campesinos.

Con la crisis financiera asiática (1997-2001), China experimentó una fuerte deflación y el gobierno central trasladó todo el peso de la crisis sobre las espaldas del campesinado. La miseria campesina llegó a extremos tan alarmantes que el gobierno central, ante la amenaza de fuertes disturbios, abolió los impuestos sobre la agricultura en 2005.

Gracias a la pauperización de las aldeas campesinas, millones y millones de residentes rurales se trasladaron del campo a las ciudades costeras o interiores como " trabajadores migrantes” (guomingdong) para alimentar a la fuerza de trabajo necesaria para el sector exportador dominado por las transnacionales extranjeras, cuyo crecimiento se disparó después de la entrada de China en la OMC en 2002. La estimación exacta puede variar, pero no cave ninguna duda sobre la magnitud global de esta ola de éxodo rural. Según datos oficiales, publicados por la Oficina Nacional de Estadística y el Ministerio de Recursos Humanos y Seguridad Social, en 2008 había unos 225 millones de guomingdong empleados en las zonas urbanas, donde no gozan de ningún derecho a la vivienda, la educación, o cualquier tipo de la protección social, debido al infame sistema de hukou (carnet de origen residencial), diseñado y perfeccionado por el PCC y los gabinetes de recursos humanos de las transnacionales. Cinco años más tarde el número había crecido a más de 270 millones, de los cuales más de la mitad eran migrantes de larga distancia. Estos migrantes no están oficialmente reconocidos como miembros de la clase obrera, y están totalmente a merced de sus empleadores, que pueden retener los salarios durante meses. Los guomingdang, además, fuerzan a la baja las condiciones laborales del resto de trabajadores. El capital transnacional y el estado "comunista" uniendo sus fuerzas para explotar una gran masa de la humanidad, la transformación de cientos de millones de campesinos en una sub-proletariado a una velocidad y en una escala sin precedentes en la historia del mundo.

Liquidación del campesinado

En una segunda etapa, una vez aseguradas las reformas capitalistas en el sector industrial, las pequeñas explotaciones de tipo familiar creadas a principios de los 1980s, resultan ahora, según los dirigentes chinos, “improductivas” y habrá que desmantelarlas para concentrarlas de nuevo en beneficio de la eficiencia del poderoso agribusiness chino e internacional (colectivización agrícola globalizada)

Aunque muy numerosos, los campesinos ya no tienen el apoyo de los trabajadores urbanos (los trabajadores emigrantes rurales han contribuido a dinamitar sus salarios y condiciones laborales). La burocracia y el capital monopolista, si nadie lo impide, están planeando expulsar de sus tierras a nada menos que 300 millones de campesinos “redundantes”. Cosas del capitalismo.

En 2008 el Comité Central del PCC ya instaba a los campesinos a comercializar sus derechos sobre sus tierras para favorecer la formación de explotaciones a gran escala más eficientes. En octubre de 2013, el Centro de Desarrollo e Investigación, el más importante think-tank gubernamental de la nación, propuso para el 18 Pleno del Comité Central del partido (noviembre), permitir que los agricultores puedan vender, arrendar o transferir sus tierras. También propuso que el gobierno debería establecer un mercado unificado de tierras en todo el país. La Bolsa de Pekín reaccionó con fuertes subidas del negocio agrario ante tales perspectivas. La espontaneidad, de nuevo, parece que va a brillar por su ausencia.

En conclusión


Bruce P. Jackson (Hoover.org): “La Rusia post-soviética es un primitiva forma de capitalismo mercantil y Putin es el arquitecto de un sistema capitalista oligárquico estatal único de Rusia.”

En Rusia, un tipo de capitalismo transitó a otro tipo de capitalismo. El resultado actual no fue el que esperaba el capital monopolista y por lo tanto fue un "fracaso". La burguesía “soviética” acabó reconvertida en una burguesía nacionalista oligárquico-mafiosa que ha impedido hasta ahora el control de los recursos naturales de la zona por parte de los grandes grupos monopolistas transnacionales.

En China las reformas se iniciaron para reforzar y consolidar las posiciones de la burocracia amenazadas por la oposición socialista. Sin embargo, la transición ha acabado librando China a los grandes grupos monopolistas transnacionales (y por lo tanto ha sido "un éxito"), convirtiendo a la burguesía “comunista” china en una réplica de la burguesía compradora anterior a la revolución.

Más información: The Political Economy of Decollectivization in China
Minqi Li: The Rise of the Working Class and the Future of the Chinese Revolution
Fred Engst: Rise Of China 

14/12/13

Monopolios y competencia, réplica a los negacionistas



Warren Buffett (febrero 2011): “La decisión más importante a la hora de evaluar un negocio es su poder sobre el precio. Si consigues el poder de aumentar tus precios sin perder cuotas de mercado con respecto a tus competidores tienes en tus manos un gran negocio

Déficit tarifario y oligopolio

En España, tras la privatización total del sector eléctrico, cinco compañías eléctricas (Endesa, Iberdrola, Gas natural Fenosa, E.ON y HC Energía, controlan el 70% de la generación, el 90% de la distribución y el 80% de la distribución) en colusión la gran banca y la participación interesada de ministros de puerta giratoria, inventaron un particular sistema oligopolista de sobreprecios a partir del año 2000. El gobierno interviene en el mercado de la energía, un sector “muy sensible”, alegando hacerlo en supuesto “beneficio del consumidor y de la competitividad”. La intervención consiste en la fijación de una tarifa. La diferencia entre este precio y la “tarifa” cobrada a los consumidores pasa a ser endeudamiento del consumidor con las eléctricas (déficit tarifario) que es inmediatamente intermediado por la banca, un enorme negocio redondo en intereses y comisiones (la partida correspondiente a amortización e intereses en 2012 fue de 3.182 millones de €).

Durante más de una década, como el consumidor no notaba las subidas en su recibo de la luz, seguía consumiendo lo mismo y no se le ocurría protestar por los abusos puesto que el recibo no subía,… hasta que subió (un 70% en 5 años y va a seguir subiendo a un ritmo infernal mientras dure el oligopolio). La pobreza energética afecta ya a millón y medio de hogares españoles.

La negación del monopolio

A pesar de la evidencia, hay una nutrida serie de autores que niegan sistemáticamente la existencia de sobreprecios de monopolio y afirman que la existencia de monopolios es algo transitorio y poco o nada significativo para el análisis del sistema capitalista.

Buena parte de los negacionistas son neoliberales de derechas a sueldo de los monopolios pero, paradójicamente, existe un considerable número de negacionistas entre los pensadores de la izquierda y de la crítica marxista del capitalismo.

Negacionistas de derechas


Ronald Coase (Escuela de Chicago)

R. Coase (1937): "Dentro de una empresa, las transacciones de mercado son eliminadas y la complicada estructura del mercado con operaciones de cambio es sustituida por el empresario que dirige la producción (queda suprimido el mecanismo de los precios)".

Las corporaciones no pretenden conseguir posiciones de monopolio para fijar precios. Las razones para la integración corporativa son optimizar costos y eficiencia (bueno para el consumidor) internalizando operaciones (integración vertical) y reduciendo así “costes de transacción”. La gran corporación estaría detrayendo grandes lonchas del mercado competitivo en pro de la máxima eficiencia. Demasiada concentración generaría ineficiencias marginales que conducirían, a partir de cierto punto, al adelgazamiento de la corporación.

Oliver Williamson (1975) adaptaría las aportaciones de Coase respecto a los costes de transacción y la eficiencia para combatir la legislación anti-trust.

George Stigler, reconocía en 1988 que su afán y el de sus colegas de la Escuela de Chicago tenía por objetivo la destrucción del concepto de monopolio en todos sus aspectos. Cuando una corporación adquiría posiciones cercanas al monopolio por motivos de “eficiencia”, y obtenía beneficios de monopolio a corto plazo, estos beneficios quedaban rápidamente disipados por los costes relacionados con la obtención y defensa de la posición de monopolio. El monopolio era pues una situación naturalmente inestable y transitoria que retornaba pronto al estado natural competitivo y por lo tanto podía ser ignorado por los analistas.

William H. Baumol (1982: teoría de los mercados disputados). Según esta teoría, un mercado monopolista u oligopolista se asemeja bastante a una estructura de mercado competitiva por la amenaza de potenciales candidatos a entrar en el mercado y usurpar sus posiciones. Para evitarlo el monopolista no tiene más opción que tomar medidas cercanas a la competencia perfecta, bajando precios e innovando. Es decir, el peligro exterior reprime su instinto natural a fijar precios de monopolio. Para Baumol no existen barreras de entrada insoslayables. Los mercados, incluso con monopolios, son inherentemente competitivos siempre y cuando se consigan excluir la interferencia del estado o de los sindicatos.

La teoría de Baumol se utilizó en los años 1980s para promover la desregulación en las líneas aéreas consiguiendo unos resultados totalmente opuestos a los que planteaba la teoría.

Robert Bork, un jurista norteamericano, alegó en su libro The Antitrust Paradox que la legislación antitrust estaba desencaminada puesto que se hizo para mejorar el bienestar del consumidor y, en la práctica, poniendo trabas a los eficientes monopolios, perjudicaba al consumidor al proteger a competidores ineficientes.

Negacionistas de izquierdas

Robert Ross y Kent Trachte (Global Capitalism. The New Leviathan. 1990): Afirman que el capitalismo actual se caracteriza por una vigorosa competencia de precios entre firmas globales. La entrada de competidores extranjeros en el mercado norteamericano implica que el mercado automovilístico ha dejado de tener características oligopolísticas.

John Weeks (Capital and Exploitation,1981): En este libro pretende explicar la reciente evolución del capitalismo en términos "puramente" marxistas, en una especie de relectura del Capital adaptada a los tiempos actuales. En la nueva y reciente versión de su libro el término monopolios sólo aparece para negar su existencia:  “Los monopolios que llenan las páginas de los escritos de Baran and Sweezy no existen más allá del trabajo de estos autores.”

Giovanni Arrighi (El largo siglo XX)

En toda su larga argumentación sobre el desarrollo del capitalismo a lo largo del siglo XX no hay una sola referencia al poder monopolista o al capital monopolista. El crecimiento de las grandes corporaciones multinacionales es descrito en términos del coste de transacción derivados directamente de Coase y Williamson

Robert Brenner (Competition and Class, 1999)

La financiarización, en lugar de favorecer al monopolio, lo que hace es incrementar dramáticamente la competencia. “Los bancos evidentemente, pero también otras entidades financieras, proporcionan de inmediato cualquier volumen de capitales necesarios para penetrar en un sector que esté registrando una tasa alta de beneficio”

“En la actualidad mantener posiciones de monopolio más allá del corto plazo en muy difícil sin el apoyo de los gobiernos para controlar la entrada de nuevos competidores y obviamente la tendencia en los últimos años ha ido en dirección opuesta, hacia más desregulación”

Rolando Astarita (El monopolio en el marxismo del siglo XX, 2013)

Ronaldo Astarita es el negacionista que va más lejos. Según él el capital monopolista no ha existido nunca puesto que su mera existencia invalidaría la ley del valor por la cual se rige el sistema capitalista.

Para Astarita, en lo que respecta al capital monopolista, Hilferding, Lenin, Trotski, Sweezy, Baran, Dobb, Mandel y compañía estaban fundamentalmente equivocados.

Astarita reconoce que los trabajos de Sweezy, Mandel, Baran o Dobb reflejaron un largo período de relativo aquietamiento de la competencia entre los grandes grupos empresariales pero lo atribuye a otras causas que nada tendrían que ver con el monopolio.

Para Astarita (como en el caso de Brener), la escalada financiera no favorece al monopolio sino todo lo contrario. Suministra pólvora en forma de capitales para romper sus barreras de entrada. Incluso la misma existencia de la bolsa, desde sus orígenes, habría jugado un papel perjudicial para el desarrollo del monopolio porque moviliza y concentra capitales en su contra. Parece olvidar el papel clave de la bolsa en la constitución de grandes monopolios en los EEUU entre finales del s.XIX y principios del s XX (Thomas R. Navin y Marian V. Sears, “The Rise of a Market for Industrial Securities, 1887-1902)

En la línea de George Stigler (no hay barreras de entrada significativas), Astarita afirma que “a la par que avanzan la concentración y centralización, también aumenta el número de capitales que entran en competencia” que neutralizarían la constitución de monopolios.

Según este autor, los estudios sobre el monopolio constituyen nada menos que “análisis populistas izquierdistas, que ponen el énfasis en la oposición monopolio – pueblo y similares”.

Réplica a los negacionistas


Capitalismo monopolista 1.0 vs capitalismo monopolista 2.0


Ninguno de los autores citados tiene en consideración una evidencia empírica trascendental: El capitalismo evoluciona rápidamente y en su fase monopolista también.

En 1960, David Lilienthal, acuñó el término “corporaciones multinacionales”, término que sería recogido por la revista Business Week en un special report de abril de 1963.

Dough Dowd, en Capitalism and Its Economics (2000) y Inequality and the Global Economic Crisis (2009), analizó el cambio que se estaba generando desde mediados de la década de los 1970s. El cambio era profundo y trascendental. El Capitalismo monopolista I estaba mutando hacia una nueva forma o estadio del sistema: el capitalismo monopolista II.

El capital monopolista ha perforado y roto el marco nacional donde nació y se desarrolló adoptando ahora una nueva forma más evolucionada y una estrategias muy distintas de las que estudiaron y analizaron Hilferding, Lenin, Trotski, Sweezy, Baran, Dobb, Mandel y compañía.No atender a este profundo cambio evolutivo conduce a confundir y a errar en el análisis.

El rápido avance del capitalismo monopolista globalizado 2.0

Evidentemente para conseguir posiciones de monopolio hay que liquidar a los adversarios. En la fase actual globalizadora, el objetivo actual del monopolista 2.0 ya no es el dominio exclusivo de un mercado nacional, sino el del mercado global.

Desde los años 1970s, los antiguos monopolistas nacionales se ensartaron en una lucha sin cuartel por la supremacía global, con frecuentes guerras de precios, de forma que el proceso de monopolización total de la economía parecía traer nuevos y saludables aires competitivos en forma de bajos precios para los consumidores. Los eficientes gigantones multinacionales parecían estar reavivando la competencia perfecta en beneficio de un respetado consumidor con derecho a voto en la democracia del mercado global.

Las escuelas de negocios neoliberales junto a los negacionistas, entonaban cantos enfervorizados a la recién descubierta competencia monopolista, mientras que la Academia sueca repartía Premios Nobel de economía a los más significados negacionistas neoliberales por su notable aplicación en favor de la "bondad" de los monopolios: Coase, Williamson Hicks, Hayeck, Fridman, Stigler,…

Pero el tránsito desde el monopolio 1.0 al monopolio transnacional 2.0 ha sido mucho más rápido y fugaz de lo que muchos negacionistas hubieran deseado.

Una vez consolidadas y aseguradas sus posiciones monopolistas u oligopolistas con insalvables barreras de entrada, la competencia desaparece. El mercado queda en manos de unos pocos que fijan precios a placer para asegurar pingües rentas de monopolio.

Los negacionistas escriben sus artículos con la ayuda de un Apple, sobre un escritorio de Ikea, publican sus trabajos en Amazon, leen uno varios de los periódicos de una cadena monopolista, comparten sus perfiles en Facebook o realizan sus búsquedas con un i-phone en Google mientras beben una CocaCola o una Budweiser (Anheuser-Bush y MillerCoors controlan el 80% de la industria cervecera mundial).

La globalización monopolista avanza exponencialmente: El proceso de fagocitación global está ya completado en casi todos los sectores (10 empresas del automóvil detentan el 77% del mercado; 2 aeronáuticas dominan el 100% del sector de grandes aviones; 5 operadores controlan el 83% de la telefonía fija, 3 operadores controlan el 77% de las infraestructuras de telecomunicaciones móviles, mientras que sólo tres controlan el 65% del mercado de móviles; 10 farmacéuticas controlan el 70% de los fármacos vendidos; 4 tabaqueras suministran el 75 % del humo encajetado; sólo 3 empresas fabrican cerca del 70 % de toda la maquinaria y equipamiento agrícola; ...).

El 90% de los medios de comunicación en EEUU están controlados por solo 6 grandes corporaciones (en 1983 eran más de una cincuentena). En 20 años, 37 bancos USA se han concentrado en solo 4: JPMorgan Chase, Bank of America, Wells Fargo and CitiGroup.

Hay sólo 3 principales operadoras de telefonía móvil (wireless) en los EE.UU., (AT & T, Verizon y Sprint) con un tercios de la cuota de mercado cada uno y precios en alza para los consumidores, muy superiores a los que se pagan en Europa (no en España, por supuesto, donde la Comisión Nacional de la Competencia ha multado simbólicamente al oligopolio formado por Telefónica Móviles, Vodafone y Orange con 120 millones de euros por el abuso en sus tarifas sobre SMSs) .

Costes de transacción externos más baratos que los internos. Compañías fabless

Negacionistas laureados con el Nobel afirmaban que el objetivo de la concentración corporativa no son los superbeneficios y las rentas de monopolio sino la optimización de costos y la eficiencia (bueno para el consumidor) internalizando operaciones (integración vertical) y reduciendo así “costes de transacción” externos.

Pues bien, resulta que, tras una fase inicial en la globalización en la que predominó aún la antigua verticalidad en las estructuras empresariales monopolistas 1.0 (IBM, Ford, …),  el modelo actual de monopolio es la compañía fabless consistente en una estructura monopolista hueca que no fabrica nada por ella misma (fabless significa, literalmente que no fabrica nada).

Los primeros experimentos se desarrollaron en el sector de las TIC, el sector más fácilmente desintegrable. Antes de la década de 1980, la industria de los semiconductores estaba verticalmente integrada. Las empresas del sector dirigían sus propias factorías de fabricación de semiconductores y desarrollaban sus propios procesos tecnológicos para la fabricación de sus chips. El montaje, los tests de funcionamiento y el servicio de reparaciones, también estaban integrados en la cadena.

Tras los primeros experimentos de externalización total del proceso de fabricación (fab-less), en 1994, se constituyó la asociación "Fabless Semiconductor Association" (FSA), para "promover el modelo de negocio "fabless" a nivel mundial" y, en la práctica, organizar un marco de control operativo en base al poder oligopsónico de los asociados.

El deterioro de las condiciones laborales del sector “no monopolista” y la generalización de las legislaciones pro-monopolio, significan un incentivo para la subcontratación y externalización puesto que ahora los “costes de transacción” internos resultan más elevados que los del mercado externo.

Boeing construye su moderno 785 Dreamliner externalizando el 90% del valor del avión (solo retiene el ensamblaje final en su planta de Everett, Washington. Coca-Cola, por ejemplo, no posee u opera ninguna planta embotelladora en Colombia. No hay beneficios a “repatriar”. Coca-Cola captura sus rentas de monopolio vía pagos por patentes, materias primas y franquicias.

El control monopolista del sector digital

El sector de las nuevas tecnologías de la información, dada su especial naturaleza, podría ser el más indicado para confirmar las hipótesis de los negacionistas. Microsoft y Goggle claman que la justificación de sus tácticas y estrategias en orden a levantar enormes barreras de entrada, se debe a que en el mundo digital la competencia está a un clic de distancia y temen por su supervivencia si alguien desarrolla un algoritmo mejor en su garaje.

En una época de enorme fluidez tecnológica, los monopolistas digitales contienden agresivamente en ciertos momentos con escaramuzas o ataques sobre el territorio controlado por sus colegas, pero la momentánea sensación de competencia exacerbada en el sector no se debe a la supuesta competitividad de los monopolios entre sí, sino a temporales escaramuzas entre ellos para apoderarse o neutralizar posibles vías emergentes. Es decir, no se trata de “competencia” sino más bien de operaciones de control y afianzamiento de barreras de entrada en un medio muy proclive a las sorpresas.

En 2012 Apple lanzó diversas escaramuzas contra el mercado cautivo de Google, al tiempo que Google hacía lo mismo con respecto al campo protegido de Microsoft (aplicaciones office para iPads), el cual había lanzado, a su vez, un ataque contra Apple (una tablet de Microsoft).

A golpe de talonario los monopolistas “compiten” entre si expandiéndose hacia áreas adyacentes para monopolizarlas o crear nuevos servicios monopolizados. Apple ha creado así todo un imperio. Google también se expande fuera del negocio de los buscadores (g-mail, You Tube, …), Amazon pretende ampliar sus dominios hasta hacerse con el monopolio de todo el negocio minorista en la red. Muchos de los grandes sitios de Internet (You Tube, Pay Pal, Skype, Hotmail, …) ya están controlados por los grandes. Entre 2000 y 2011, Amazon, Apple, Comcast, AT&T, eBay, Google, IBM, Intel y Microsoft se gastaron alrededor de 200.000 millones de $ en adquisiciones superando de lejos al segundo en la lista, el sector financiero norteamericano (66.000 millones de $)

Como resultado, en la actualidad, Internet está dominado por un puñado de firmas de tamaño colosal. Estos gigantones (Microsoft, Google, Faceboock, Apple, Amazon y los cárteles de operadores) nadan en un océano de cash flow que utilizan para adquirir cualquier cosa que pudiera llegar a hacerles la más mínima sombra.

Cambio tecnológico y monopolios

Para algunos negacionistas el cambio tecnológico representa la antítesis del monopolio. El monopolista no estaría interesado en un avance tecnológico descontrolado que podría dejar obsoletas muchas inversiones aún no amortizadas. Además, las nuevas tecnologías representan una amenaza a sus posiciones de monopolio.

Evidentemente, están hablando de los monopolios 1.0 pero sin decirlo, y por tanto confundiendo al personal. En el mundo globalizado actual, para las grandes compañías transnacionales, una vez establecidas posiciones de monopolio, el cambio tecnológico deja de ser un factor de competencia y pasa a ser, sobretodo, una barrera de entrada monopolista para la cual destina ingentes cantidades provenientes del flujo de caja permanente de sus rentas de monopolio.

Precios bajos y monopolios

Otro de los argumentos de los negacionistas es que los bajos precios en diversos sectores son la demostración de la persistencia de las guerras de precios.

Pero resulta que en la mayoría de los casos, los precios más bajos en determinados sectores fuertemente monopolizados no suelen ser el resultado de supuestas guerras de precios sino, como en el caso de WalMart, Amazon o Ikea, una barrera de entrada contra los pequeños comerciantes basada en su enorme poder monopsónico de contratación con respecto a sus proveedores.

Finanzas y monopolios

Algunos negacionistas aducen que la escalada financiera (de cuyos orígenes o causas no hablan) inhibe la formación de monopolios suministrando de inmediato capitales a los competidores en cuanto aparezcan sobrebeneficios en algún sector.

Aunque se supone que existe alguna una especie de feed back entre financiarización y globalización, no es habitual relacionar específicamente el proceso de externalización monopolista con el avance de la financiarización, procesos curiosamente paralelos en el tiempo.

Sin embargo, se trata de dos fenómenos que, no sólo son coetáneos y se influencian mutuamente, sino que están estrechamente interconectados. La escalada financiera es la otra cara de la externalización monopolista.

Fueron las grandes corporaciones transnacionales las que propiciaron el desarrollo de los centros financieros "offshore" y los mercados monetarios internacionales para facilitar sus operaciones globales. La globalización de la producción jugó un papel primordial en la integración internacional de las finanzas.

La progresiva asimetría de las cadenas globales de valor permite desviar los enormes flujos de capital capturados por los monopolios en la esfera de la producción hacia la esfera de la intermediación y la especulación financiera que, a su vez, retroalimenta la asimetría y constituye el combustible de las redes transfronterizas de producción corporativa de la globalización monopolista.

En un análisis exhaustivo sobre un conjunto de 43.060 compañías transnacionales, se ha aislado la existencia de un núcleo interrelacionado de 1.318 multinacionales que acaparan el 80% del total de las ventas de la muestra, y un núcleo duro de sólo 147 multinacioneles estrechamente vinculadas entre sí, todas ellas con participaciones cruzadas, que concentran más del 40% de la riqueza del total de la muestra. El 1% del 1%. Una situación similar a la del juego del Monopoly en la que un jugador posee el 40% del tablero y ya no tiene sentido continuar la partida.


La importancia de las redes transfronterizas de producción corporativa explica por qué los monopolios transnacionales 2.0 (a diferencia de sus antecesores 1.0) son tan declarados partidarios de los acuerdos de libre comercio (TPP, TTIP).

Monopolios y ley del valor

Entre los negacionistas de izquierdas la generalización de los monopolios negaría la ley del valor que rige el destino del capitalismo. Al internalizar los costes de transacción por un lado, y pactar sobre-precios de monopolio por otro estarían cargándose literalmente la ley del valor. Como esto no puede ocurrir en capitalismo, ergo el capitalismo actual es "no monopolista".

Aunque monopolio y competencia constituyen un oxímoron, la globalización monopolista ha exacerbado y ampliado la competencia y el jugo de la ley del valor a nivel mundial y por tanto el nivel de explotación de la clase obrera.

Los hiper-beneficios monopolistas no son resultado de la "competitividad monopolista" sino de su “eficiencia” en fomentar la competencia entre los "no monopolistas", es decir, son el resultado de la deslocalización, la subcontratació, la externalización, la informalización de sectores enteros, la explotación de las pequeñas y medianas empresas, la evasión de impuestos, los subsidios y exenciones resultado de la corrupción y manipulación de los gobiernos y las instituciones nacionales e internacionales, la colusión con tráficos ilícitos y la especulación financiera.

No se trata de puras teorías sino de hechos cotidianos (como las subidas en el recibo de la luz). Cuando una gran superficie se instala en tu barrio tienes un monopolista que se va a cargar todo el tejido comercial de proximidad de la zona. Los precios son más bajos y por eso la gente acude a llenar sus carritos. Pero son precios que no responden a una hipotética lucha competitiva. Sólo hay una gran superficie en el barrio (no caben más). Los bajos precios responden a una típica barrera de entrada para anular al comercio tradicional de proximidad.

¿Cómo se las arregla este monopolista para poder ofrecer precios tan bajos? Resulta que los monopolistas, a menudo, suelen ser monopolios “capicúa”. Por un lado fijan sobreprecios (monopolio comercial o único vendedor) y por el otro fijan costes (monopsonio o único comprador). Como en nuestro caso, la gran superficie, convertida en el único comprador para los proveedores de la zona, les fuerza a bajar sus precios si o si (además de otros abusos en términos de crédito comercial), es decir les fuerza a aumentar la explotación de sus trabajadores vía ley del valor. Se convierte en el puto amo de la ley del valor. Reúne a los proveedores y les insta a negociar subastas inversas. El monopolista queda exento de la ley del valor, pero la ley del valor sigue cortando cabezas en beneficio del monopolista.

El mercado "competitivo" es para las empresas subcontratadas, para los antiguos empleados convertidos en autónomos, para los flexi-trabajadores amenazados por el paro o la deslocalización y para el creciente sector informal.

Su carácter multinacional-global les permite poner en competencia sueldos de aquí y allá, regulaciones medioambientales, laborales, mercantiles, fiscales, penales, financieras, etc. De ahí su cacareada “eficiencia” y “competitividad”. Eficiencia en explotar y competencia suicida entre sus flexibilizados explotados y subcontratados.

A mi entender, y en esto discrepo profundamente con los negacionistas de izquierdas, los estudios sobre el monopolio constituyen el fundamento esencial para el análisis marxista que pone el énfasis en la oposición capital-clase obrera.

Más información:

J.B. Foster, R.W. McChesney y R. Jamil Jonna: Monopoly and Competition in the Twenty-First Century Capitalism

8/12/13

El final de la Transición española


España, brotes “verdes”

La acción puntual de los “indignados” del 15M de 2011 parece que representó más bien una especie de despedida “# twitter” de los jóvenes resignados a emigrar (a los pocos meses los españoles votarían en masa a favor de la derecha más recalcitrante).

La España de los indignados que atemorizaron al capital autóctono e internacional durante la anterior gran depresión de los años 1930s yace denostada y olvidada bajo tierra en fosas comunes en los márgenes de las carreteras. La España resignada de la actual depresión  sigue prestando atención a sus sucesivos ministros PP-PSOE atisbando desde lo alto del palo mayor los brotes verdes de la recuperación que nos librarán del naufragio de la transición.

El ruter se me estropeó. Llamé a Telefónica y a los dos días vino un técnico a cambiarlo. Era búlgaro. Inmediatamente advertí que tenía un alto nivel formativo. Resultó ser ingeniero de telecomunicaciones (telecos). Había trabajado para una empresa subcontratada de Telefónica ganando más de 2.000 €/mes a base de reparaciones a destajo. Ahora trabajaba para una subcontratada de la subcontratada. Seguía haciendo horas a destajo pero el sueldo final no llegaba a los 800 €. Conversamos mientras manipulaba el ruter. Había estudiado en una universidad búlgara (Bulgaria era una especie de “Silicon Valley” del COMECON, que suministraba más del 40% de los sistemas informáticos y micro-ordenadores que se utilizaban en los Países del Este). Le pregunté cómo se vivía allí antes de la transición. No eran ricos pero todos tenían trabajo. Los servicios públicos funcionaban bien y cubrían todas las necesidades básicas (la universidad era “obligatoria”, vivienda de propiedad asignada por el estado, calefacción, sanidad, transporte, pensiones, …). Me confesó que la transición había sido una estafa.

El final de la transición en Bulgaria

 
Bulgaria está llegando ya al final de su transición. Se comportó como el mejor alumno de la transición neoliberal y como recompensa fue admitido en la UE en 2007 (no entró en el euro pero mantiene la paridad de su moneda fijada al euro).

Desde el año 2000 hasta 2007, tras las terapias de choque neoliberales del inicio de la transición, Bulgaria experimentó un milagro económico semejante al español, con un boom en el crédito y la construcción y tasas del 6% de crecimiento del PIB.


El capital extranjero se hizo dueño del país. Todas las palancas políticas y económicas están en manos de las corporaciones transnacionales. Bulgaria es una república con un alto grado de centralización política, administrativa y económica.

Aunque la deuda privada supera el 75% del PIB (la mayoría en manos de la banca griega), la deuda pública era inferior al 18,5% del PIB en 2012 (la 2ª más baja de toda la UE) y las exportaciones han crecido a una media del 10% anual desde la crisis.


Obsérvese que, a diferencia de España, el endeudamiento público no pasó a sustituir al privado (rescate bancario) puesto que la mayor parte de la banca era extranjera.

Las finanzas (la banca está en manos extranjeras) están saneadas. Como en Rusia, el el pequeño sector controlado por los autóctonos está en manos de la mafia búlgara (TIM, por las iniciales de los tres capos principales, controla, además de los tráficos ilegales, medios de comunicación, cadenas de TV, un banco, la compañía aérea Bulgaria Air, parte de los aeropuertos, …) .. Las contribuciones a la seguridad social por parte de empresas y trabajadores están por los suelos. Bulgaria detenta el IRPF y el impuesto de sociedades más bajo de la UE.

Las “recomendaciones” de la Comisión y el FMI, fielmente seguidas, han conducido al país al austericido. Como manda la Troika, la salida de la crisis ha de ser vía exportaciones; lo malo es que las exportaciones no pagan IVA y sin otros ingresos el estado sigue adelgazando. El sueldo medio ronda los 350 euros. Los pensionistas cobran 75 euros al mes.600.000 hogares ingresan menos de 100€ al mes. La economía informal ronda el 32% del PIB.

Como en España, tres operadores extranjeros se reparten el sector eléctrico que, pese a una demanda en caída libre, sigue forzando subidas continuadas de las tarifas que dejan en la pobreza energética a la mayoría de la población.

En un solo año la población ha disminuido en un 5,5% y aún así el paro supera el 12% oficial. Según una encuesta encargada por la BBC británica, el 37% de los búlgaros ha considerado mudarse a otro país comunitario en los últimos cinco años (la mafia controla el boyante sector empresarial del tráfico migratorio).


Su situación macro-económica, en comparación con la española, es envidiable. Bulgaria está “haciendo los deberes” pero el país se está literalmente muriendo. La “transición” está acabando con Bulgaria.

La transición en España


Orígenes

Los orígenes de la transición “económica”, irónicamente, hay que buscarlos en el franquismo. La alternativa frente a los desequilibrios macroeconómicos y la falta de competitividad de la industria naciente española fue el plan de estabilización de 1959 (que desató la primera gran ola migratoria) con la entrada en el gobierno de los ministros del Opus Dei, la progresiva apertura económica y la fuerte dependencia respecto al turismo y la construcción. La consigna falangista de un "capitalismo de propietarios" se adelantó en dos décadas a la del "capitalismo popular" de la Sra. Thatcher.

La severa crisis económica de 1973 se entrelazó con la crisis política de los últimos años del franquismo. La transición política se fundió con la transición económica colaborando en profundizar el modelo y readaptarlo a las nuevas circunstancias económicas internacionales.

El perfeccionamiento

Con la entrada en la CEE, el gobierno de Felipe González cedió a los intereses de los grandes grupos industriales europeos pactando la desindustrialización del país a cambio generosos subsidios del orden del 1% del PIB, buena parte de los cuales irían a infraestructuras vinculadas a potenciar el turismo y la construcción. Multinacionales francesas, alemanas e italianas fueron convidadas a la subasta por el control de las posiciones claves de la estructura productiva del país que se privatizaba por momentos. La veda se levantó excepto para los bancos y las constructoras que continuaron en manos de la oligarquía patria. El sector eléctrico y las telecomunicaciones quedaron momentáneamente al margen de la ola de privatizaciones.

Esta entrada en tropel de capital exterior disparó la especulación: la bolsa se revaluó en un 200% entre 1986 y 1989 y el sector inmobiliario se convirtió en el más rentable del planeta. El modelo de la transición se había “perfeccionado” demostrando que podía generar crecimiento a partir del consumo interno estimulado por la burbuja de precios y activos financieros, al margen del sector industrial.

Lamentablemente el creciente déficit exterior y la falta de una base sólida para el crecimiento terminaron desatando ataques especulativos contra la peseta. Los juegos olímpicos de Barcelona y la Expo de Sevilla no consiguieron frenar el crash de los mercados.

España en la "Champions League"

Sin embargo, a la transición le quedaba aún un cierto margen: el “euro-perfeccionamiento” del modelo en conexión con la desregulada escalada especulativo-financiera neoliberal globalizada y la gentil colaboración PP-PSOE (ley del suelo de 1998, incentivos fiscales a la vivienda, desregulación bancaria, …) alargarían el experimento hasta el crash definitivo en 2008.

De golpe, los españoles pasaban de sufrir unas tasas de interés entre el 18 y el 20% a ser literalmente perseguidos por los oferentes de crédito barato que los convertirían en los ciudadanos más endeudados del continente. El efecto riqueza generado por la escalada de precios de la vivienda se traducía en un 7% de incremento anual del consumo privado (según cálculos del FMI) y el empleo registraba un crecimiento acumulado del 36% (7 millones de nuevos empleos).

En la euforia del “década milagrosa”, el país se autocomplacía en su papel de punta de lanza del nuevo orden económico mundial. Éramos los más europeístas, firmábamos a ciegas cualquier tratado o constitución neoliberal que nos fuera presentada y estábamos dispuestos a privatizar cualquier cosa a precios de escándalo. Se construían AVEs, puertos, aeropuertos, autopistas y circuitos automovilísticos por doquier. En pocos años la población se incrementó en un 18% gracias a la entrada de 6 millones de inmigrantes mantenidos artificialmente en la exclusión para explotarlos mejor.

Para mayor orgullo patrio, los nuevos campeones privados surgidos o reforzados con las privatizaciones, apalancándose en los mercados globales, adquirían, también a precios de saldo, los restos del naufragio de la crisis de la deuda latinoamericana. España jugaba ya, de pleno derecho, en la champions league económica mundial.

El fin del círculo virtuoso


En 2006 se iniciaron las obras para 0,9 millones de viviendas pero las ventas empezaron a caer. En 2008 había más de 1 millón de viviendas sin encontrar comprador. De golpe, el "efecto riqueza", el círculo virtuoso de precios de la vivienda - consumo, se invertía en “efecto pobreza” y se iniciaba la debacle.

El PiB cayó en un 7,7% y el superávit fiscal del 2% en 2006 se convirtió en un déficit del 15% para socializar las pérdidas de los bloques oligárquicos del país (ACS, Ferrovial y FCC exigiendo que el estado en crisis mantuviera en pie sus contratos en infraestructuras). Luego vino el rescate financiero. De golpe los contribuyentes asumiendo las deudas de sus cajas y bancos con respecto a la banca centroeuropea.

Endeudamiento exterior con respecto a la banca centroeuropea

El final de la transición española


La última fase de la transición española (el eurocidio) ha dejado al país ahogado en un mar de deudas impagables.

En 2002 la deuda externa neta (lo que debemos menos lo que nos deben) apenas superaba los 303.000 millones de €, a finales de 2012 la deuda neta había escalado hasta los 976.400 millones de € (92,9% del PIB). En marzo de 2013 debíamos al exterior 1,75 billones de € (167% del PIB).

 
Deuda exterior en dólares: 2,57 billones de $

La deuda no ha hecho más que crecer al ritmo de los sucesivos déficits de la Balanza de Pagos.

Evolución del déficit por cuenta corriente

El final de la transición exige, "para salir de la crisis", que el país produzca domésticamente mucho más de lo que importa, convirtiendo el déficit en superávit y volviendo a la senda del crecimiento para poder reducir así el nivel de endeudamiento exterior. 

La trampa de las exportaciones

Como no paran de propagar los ministros y portavoces del gobierno, las exportaciones españolas se han recuperado rápidamente al nivel de pre-crisis (demostrando su creciente competitividad).

Pero el problema es que el sector exportador es demasiado pequeño en relación al tamaño de la economía. El sector exportador alemán es 5 veces mayor que el español, incluso si incluimos el turismo en el cómputo.

Azul: Alemania. Marrón: España

Para aumentar el peso del sector exportador de bienes transables (comercializables en el exterior) es preciso aumentar la inversión en bienes de equipo específicos. Como, salvo contadas excepciones, los únicos que pueden hacer esto son los grandes grupos monopolistas transnacionales, es preciso que las “reformas” (ahora lo de “terapias de choque” ya no se lleva) se sucedan a un ritmo frenético hasta convertir a España en un país lo suficientemente “atractivo” para el capital internacional. Esta es la hoja de ruta y la esperanza del gobierno actual que con la mayoría absoluta de la resignación es capaz de encadenar reformas laborales y sociales a placer, con el objetivo de unos sueldos, seguridad social, pensiones y servicios públicos acordes con los deseos de los inversionistas (las exportaciones no generan IVA).

Sin embargo, de momento tal estrategia aún no acaba de funcionar como muestra la siguiente gráfica.

Inversión en equipo industrial

El problema es que el capital monopolista internacional ha puesto en competición mortal a una multitud de países que pretenden exactamente lo mismo y todos ellos están encadenando reforma tras reforma. Además, como la crisis global no remonta (ni remontará) hay pocos incentivos para que los inversores internacionales acaben aterrizando en España.

El retraso en la transición

Si finalmente las reformas del PP-PSOE acabaran teniendo éxito y el capital internacional desembarcara en España, estaríamos en una situación semejante a los países que ya han realizado este tipo de transición (Polonia, Hungría, Letonia, Bulgaria, …), países dotados ya de un poderoso sector exportador (y sin apenas endeudamiento externo) en los que la democracia anda secuestrada en manos del capital exterior y sectores neonazis o mafiosos, países con los cuales estamos convergiendo de forma cada vez más notable, incluso en lo que atañe a resignación.

El austericidio es pues la receta para la conclusión de la transición española. España deberá salir del oscuro pozo de la deuda y la depresión vía exportaciones. Para atraer al capital exterior es preciso bajar los sueldos y las cotizaciones sociales con un continuum infernal de reformas para “competir” con las reformas de nuestros vecinos.

El nivel del paro formal es una "ventaja comparativa" frente a nuestros competidores y deberá permanecer bien alto para administrar con éxito las sucesivas dosis de reformas laborales hasta que el salario medio resulte competitivo (400 €/mes ?).


Como en el caso de nuestros sufridos competidores “exportadores” de la periferia, la pobreza energética, los desahucios, la pobreza de la dependencia, la pobreza “sostenible” de los pensionistas, la pobreza sanitaria, la pobreza educativa, la polarización social extrema, la privatización de lo público, el adelgazamiento administrativo, …, acaban expulsando población joven a mansalva, indignados y resignados sin distinción. 

Austericidio o rebeldía


Como en el caso de la década perdida latinoamericana, el problema de la deuda no tiene solución económica. La salida de la crisis vía terapias de choque (reformas) y exportaciones es una distopía. La única solución posible es la política, es la rebeldía, es la indignación en masa, es la denuncia de la ilegitimidad de una deuda instrumentada por el capital para someter a la gran mayoría del país a un mayor grado de explotación capitalista.

Más información:

I. López, E. Rodríguez : El modelo español

E. Hugh: El rosario de la aurora

1/7/13

¿Era capitalista la URSS?




English translation

Robert Kurz: "Como burocracias estatales, los partidos obreros marxistas no sólo tuvieron que asumir las tareas burguesas de una forma mucho más enfática de lo que sucediera antes en Occidente; en verdad, paradójicamente, tuvieron que engendrar la clase obrera, como material humano del propio proceso de explotación, por primera vez a gran escala social."...." Se trataba de conquistar el poder estatal, con el fin de instalar una máquina estatal moderna responsable de la industrialización capitalista de Estado, ...; el "comunismo" funcionaba simplemente como rótulo del nuevo impulso modernizador del capitalismo de Estado".

Lucien: "La participación de un trabajador en una huelga o un conflicto económico, una pelea con un comunista influyente, conocer a un socialista buscado por la policía o un parentesco con él, esos son motivos suficientes para la exposición a toda la rabia de la persecución chekista."

Maximilien RUBEL: "Capital es capital, incluso si la plusvalía extorsionada a  los trabajadores se ha bautizado como valor añadido "socialista"; el Estado es el Estado, el ejército es el ejército, tanto si la policía y o incluso la mega-bomba son "comunistas"".


Unión soviética y capitalismo. ¿Era capitalista la URSS?


Ni “soviético”, ni “comunista”, ni “socialista”, ni “democracia”, ni “popular”: capitalista.

Si la revolución rusa significó inicialmente una inspiración para los trabajadores de todo el mundo, su impacto posterior fue negativo. El concepto “comunismo” se acabó asociando a un ineficiente sistema antidemocrático de control estatal de los medios de producción y a una severa represión totalitaria de toda oposición. Los movimientos obreros de todo el mundo fueron dominados por partidos afines a este modelo de “socialismo realmente inexistente” que resultó letalmente contrarrevolucionario.

Análisis estático y análisis dinámico


Hay una extendida tendencia a plantear el tema de la naturaleza de la Unión Soviética, sobre todo después de su desaparición, como un “modelo” o sistema estático. Se discute acaloradamente acerca de si funcionaba o no la ley del valor, sobre si había o no clases sociales, sobre si la burguesía soviética era una casta o una nueva clase social, si la mano de obra era asalariada o no, si había o no explotación obrera, etc.

Según la óptica estática más extendida, la revolución de Octubre de 1917 habría instaurado un régimen revolucionario socialista–comunista que tras una corta fase de consolidación perduraría inalterado hasta la penúltima década del siglo XX.

La realidad fue que, surgido en unas circunstancias extraordinariamente convulsas, el régimen evolucionó con enorme rapidez durante los primeros años. Un movimiento socialista revolucionario fue traicionado por el partido bolchevique que aprovechó una revolución, que le pilló por sorpresa y en la que jugaba inicialmente un papel bastante marginal, para imponer sus objetivos de dirigir el país por la senda del desarrollo económico, confiando en quemar etapas utilizando el arsenal teórico marxista y hacerlo “drásticamente” amparándose en el ideario socialista, para ponerlo, lo más rápidamente posible, en condiciones de competir con otras potencias imperialistas.

Evidentemente, esta compleja y hetedoroxa estrategia de desarrollo exigía mantener un alto grado de confusión para hacer compatibles los intereses particulares del nuevo capitalismo “soviético” con una larga lista de sospechosas estrategias y tácticas genocidas, ecocidas, gulags, colectivizaciones, pactos con regímenes fascistas, purgas asesinas, etc.

Hasta los años 1960s la URSS parecía que estaba aguantando en su particular carrera por atrapar al resto de potencias imperialistas, pero el problema era que el mismo imperialismo estaba evolucionando hacia una nueva fase en la que las antiguas bases estatales empezaban a convertirse en una rémora arcaica. Los antiguos monopolios capitalistas con base nacional (los cuales pretendía emular la URSS con sus grandes conglomerados industriales) se estaban transnacionalizando y globalizando, abandonando a su suerte sus antiguas bases territoriales y consiguiendo tasas de explotación muy superiores a las de la fase anterior.

Mientras que China intentó integrarse en esta nueva fase imperialista (transnacionalizando a marchas forzadas sus monopolios), la URSS optó por "perfeccionar" su modelo de desarrollo localista y autárquico introduciendo reformas de mercado. Al final el modelo se derrumbaría. Los monopolios transnacionales y la misma burguesía soviética* formaron parte de las brigadas de derribos que arrasarían la zona en favor de globalización.

* Caracterizar a la burocracia "soviética" como burguesía es una discusión recurrente. Los revolucionarios rusos encarcelados por los bolcheviques fueron los primeros en definirlos así. No creo que valga la pena seguir discutiendo contemplando la realidad actual de la perfecta burguesía "burocrático-comunista" china, con sus vástagos al timón de las nuevas multinacionales chinas. Un tercio de los capitalistas privados chinos son miembros del PCC. La “fracción más burocrática” de esta evolucionada burguesía “comunista” es la que ocupa las posiciones más importantes en la vasta red de oficinas del partido, del gobierno y del ejército.

Transición al capitalismo dirigida por el partido bolchevique


En Rusia hubo una revolución socialista y democrática en 1917. Tras tres años de guerra imperialista, tras los que el estado y la economía quedaron desarbolados, soldados, obreros y campesinos se apoderaron del aparato militar, tomaron el control de las fábricas, se repartieron las tierras de los terratenientes, y crearon soviets como forma de organización socialista democrática.

La Revolución Rusa y la creación del primer estado obrero produjeron un profundo impacto en el mundo. El aparente éxito de la revolución rusa renovaba la esperanza de que era posible una alternativa real al capitalismo. Quedaba demostrado que el capitalismo podía ser derrocado y que una sociedad socialista, si no comunista, se podía construir sobre sus ruinas. Como tal, inspiró a generaciones de socialistas y trabajadores, influyendo determinantemente tanto en sus objetivos como en sus métodos.

Los bolcheviques se pusieron a la cabeza de la revolución presentándose como el partido más revolucionario y más radical. En realidad, sus intenciones no eran “socialistas” de inmediato. Según ellos, las condiciones para el socialismo aún no eran las adecuadas. Rusia aún no estaba madura para el socialismo. Hacía falta modernizarla, hacerla competitiva, desarrollar las fuerzas productivas hasta un nivel semejante al de las grandes potencias imperialistas de la época.

Durante la 1ª Globalización la mayoría de los recursos de Rusia había caído en manos de grandes corporaciones extranjeras. La burguesía rusa había quedado rebajada, ninguneada y supeditada al capital foráneo sin aparente capacidad para plantarle cara.

Lenin, que había estudiado a fondo en nuevo carácter monopolista y globalizador del imperialismo, pretendía instaurar un régimen capaz de promover el desarrollo industrial y la modernización del país, manteniendo a raya al colonialismo y la dominación imperialista extranjera. Un régimen de transición al capitalismo, “dirigido por socialistas”, puesto que la burguesía rusa no estaba aún suficientemente desarrollada.

En la práctica, sin embargo, el ideario “socialista” se utilizó para ponerse a la cabeza del movimiento revolucionario, desviarlo del socialismo, vencer y aniquilar a los verdaderos revolucionarios, y, finalmente, justificar la apropiación “colectiva” de los medios de producción por parte de una burguesía nacionalista capitalista de nuevo cuño, disfrazada de “burocracia” y de “socialista”. El sistema de planificación centralizada, se copió del capitalismo de guerra alemán de la primera guerra mundial.

El “despegue” de la URSS (despegue y defensa de la industria naciente)

Ante Ciliga: "Durante el Plan Quinquenal no se registraron movimientos de masas de los trabajadores industriales. Cuando se produjeron manifestaciones espontáneas en las fábricas, la GPU arrestaba las personas más activas y las enviaba a los campos de trabajos forzados o los campos de concentración, acusándolos de " contrarrevolución económica" o de ser "bandidos " o kulaks ".

"Imagine un territorio de seis o siete mil millas de largo por 300 hasta 1500 millas de ancho, desde Solovetsk y el Canal Mar Blanco hasta las costas del Océano Pacífico, a la península de Kamchatka y Vladivostok. Este territorio, así como el conjunto de Asia Central, quedo  sembrado en todas las encrucijadas con campos de concentración y "colonias de trabajo" (campos con una misión específica que cumplir) y centros de exilio obligatorio ".

El objetivo de la revolucionaria burguesía capitalista “soviética” era el mismo que el de sus competidores europeos. Acumular capital lo más rápidamente posible, explotando sus recursos y su mano de obra. Pero como partían de una base más atrasada, para “despegar”, para evitar quedar relegados a la periferia semicolonial sometida a las potencias imperialistas, necesitaban quemar etapas intermedias para constituir grandes corporaciones industriales monopolistas, capaces de competir, en todos los terrenos, a las potentes corporaciones extranjeras.

El proteccionismo y el intervencionismo estatal para favorecer el despegue y defensa de la industria naciente no fue algo propio de la URSS. Japoneses, surcoreanos, argentinos, brasileños, españoles, …, experimentaron con el sistema de cambios múltiples, el control del comercio exterior, el control estatal de las divisas, el control estatal de la banca, la nacionalización de los sectores estratégicos, los planes de desarrollo, etc. La particularidad de la URSS fue que para quemar etapas lo más rápidamente posible, era preciso, además de la estatalización de la economía, someter a la población a un régimen inhumano de explotación totalitaria bajo la divisa del socialismo/comunismo marxista. La planificación centralizada y la “ausencia” formal de propiedad “privada” permitieron a la nueva burguesía seguir utilizando la verborrea “socialista” en defensa del nuevo sistema para justificar el terror y la explotación desalmada de la clase obrera durante décadas.

Se ha dicho que la URSS era un "socialismo deformado" o una "sociedad en transición" del capitalismo al socialismo, o un "estado obrero" aunque degenerado (Trotski). En realidad se trataba de una variante capitalista totalitaria de carácter defensivo. Si era una “sociedad en transición” intentaba transitar desde una posición capitalista atrasada a una más avanzada con monopolios nacionales capaces de competir con los monopolios extranjeros.

Variantes capitalistas


El capitalismo constituye una forma histórica de regulación social y, como tal, susceptible de adaptaciones múltiples y a menudo sorprendentes. En el sur de los EEUU funcionó durante décadas una variante “esclavista” de capitalismo en la que los esclavos figuraban como una partida más del activo en los modernos libros de contabilidad. Se trataba de partidas amortizables que precisaban biocombustible para funcionar a pleno rendimiento. En la variante nazi las SS proporcionaban prisioneros a los grandes grupos industriales en régimen de “renting”. Si se estropeaba el trabajador era substituido inmediatamente, sin recargo alguno, por el eficiente oficial de las SS. En la variante sudafricana, el aparheit convertía a la fuerza de trabajo en sub-humanos susceptibles de tasas de explotación acordes con su naturaleza. En la variante “soviética” los capitalistas (burócratas) competían entre ellos por las participaciones en la explotación de los trabajadores rusos a los que se adoctrinaba y aterrorizaba con el gran hermano estalinista.

Los obstáculos para el despegue


Tras la toma del poder los bolcheviques tuvieron que superar los enormes problemas del subdesarrollo y demás obstáculos internos y externos a la modernización e industrialización del país. Los dos obstáculos internos más acuciantes para el desarrollo de un capital industrial nacional fueron el "atraso" en la agricultura y la falta de financiación.

La agricultura rusa se basaba principalmente en la subsistencia a pequeña escala o la pequeña explotación para la producción mercantil. Esto implicaba dos importantes obstáculos para la industrialización. En primer lugar, bloqueaba la formación de un proletariado industrial, ya que la mayor parte de la población todavía estaba atada a la tierra. En segundo lugar la agricultura rusa era incapaz de producir un excedente apropiado para alimentar a un proletariado industrial en expansión y menos aún suministrar un excedente exportable para financiar las importaciones estratégicas necesarias para el despegue del sector industrial.

El segundo obstáculo importante para la industrialización era el financiero. El carácter atrasado del capitalismo ruso significaba que se había acumulado poco capital interno. La industrialización durante la etapa zarista había sido promovida por el Estado y se había financiado a través de inversiones extranjeras. Pero los revolucionarios habían repudiado todos los préstamos externos contratados bajo el régimen zarista y se había expropiado capital de propiedad extranjera en Rusia, con lo cual no podía esperarse que la banca internacional confiara en los bolcheviques.

Evidentemente, el obstáculo externo principal eran las maquinaciones de todo tipo del capital imperialista para el que la inabarcable Rusia tenía un atractivo especial y que, como mucho, precisaba de una débil burguesía compradora subordinada (como en China) para explotar y esquilmar a placer el territorio.

Para los bolcheviques el "socialismo" debería servir para salvar estos obstáculos. 

La justificación teórica


El marxismo tradicional de la Segunda Internacional consideraba el capitalismo de Estado como la etapa superior del capitalismo. El capital monopolista, en simbiosis con el capital financiero, reforzaban la palanca del estado para sus proyectos de expansión imperialista. Kautsky y Lenin, a pesar de sus diferencias, consideraban que esta estatalización del capitalismo lo hacía más susceptible a una toma del poder por parte de las fuerzas socialistas. Teorizaban que el capitalismo de Estado era la fase más avanzada del capitalismo y preparaba (y en cierto modo facilitaba) la fase ulterior socialista; por lo tanto, el capitalismo de Estado podía ser visto como un primer paso necesario en la transición al socialismo.

Consecuentemente, Lenin podría argumentar, con cierta consistencia, que la imposición de la dirección unipersonal de las empresas (antiguos managers y CEOs burgueses) y el desmantelamiento de los consejos obreros, la reintroducción del taylorismo y la Nueva Política Económica (NEP), eran la tarea inmediata del Gobierno Revolucionario, dadas las condiciones de atraso en Rusia. Lo mismo podía argumentar Stalin respecto a su “inesperado?” giro “izquierdista” (haciendo suyas las tesis de Trotsky), con la finalización de la NEP, la colectivización forzada del sector agrícola, los campos de trabajos forzados del GULAG, o la creación del complejo militar-industrial.

Capitalismo totalitario defensivo y capitalismo totalitario agresivo


El nazi-fascismo, representó otra variante capitalista totalitaria, pero de carácter netamente ofensivo. Una variante “nacionalista” y agresiva del sistema. En este caso, el proteccionismo, la planificación centralizada, la promoción de los monopolios y la restricción del mercado, se organizaron para reforzar a una burguesía ya consolidada, con el objetivo, más que de despegar y defenderse, de agredir y expandirse. La ideología cohesiva ario-nazi venía a ser el equivalente de la ideología socialista-comunista de la variante soviética.

Por el contrario, el capitalismo totalitario “soviético” tuvo un carácter fundamentalmente defensivo. Se trataba de sociedades atrasadas que precisaban de una incubadora proteccionista para desarrollarse sin caer en las redes imperialistas. De ahí que el modelo “soviético” de incubadora resultara muy atractivo para otros países subdesarrollados que intentaban sacudirse el yugo colonialista o imperialista.

¿Socialistas tutelando el desarrollo capitalista?


Contrariamente a las tesis de Kautsky, Lenin y Trotsky, el capitalismo de Estado no era la fase más desarrollada del capitalismo sino una variante secundaria que se manifestaba en zonas periféricas al núcleo central del sistema. No era un síntoma moderno sino, todo lo contrario, un síntoma de atraso capitalista. El capitalismo de estado alemán no representaba la cumbre en la evolución capitalista sino la manifestación de su debilidad frente a la competencia del capitalismo anglosajón.

Para el capitalismo, el Estado es una costosa herramienta que evoluciona con él de forma contradictoria y con la globalización y la transnacionalización del capital, se ha convertido en una herramienta de usar y tirar. Cada vez es mayor el agujero negro de los “estados fallidos” del planeta.

Las tesis de Lenin y Trotsky les llevaron a la más contradictoria de las incongruencias. Los revolucionarios debían hacer avanzar al capitalismo para que alcanzara la madurez monopolista necesaria para finalmente reconvertirlo en “socialismo”. Socialistas “tutelando” el desarrollo del capitalismo.

El capitalismo es malo, siempre ha sido malo, y cada día que pasa es peor. Aumenta la productividad y la eficiencia, pero se trata de una micro-eficiencia al servicio de una absoluta macro-ineficiencia. Este notable atributo productivista deslumbró a muchos marxistas que lo antepusieron como una fase necesaria, aunque dolorosa, previa al socialismo, sucumbiendo ante él y constituyendo, quizás, el peor caso de fetichismo y alienación de la historia.

Crisis y lucha de clases en el bloque soviético


Ante Ciliga: "La industria forestal del norte de Rusia y Siberia emplea mano de obra servil , y en las minas de oro se emplean en gran medida . Del mismo modo las minas de carbón de Kuznetsk y Karaganda. La industria del cobre Balmach y las estaciones eléctricas de energía de Asia Central son el trabajo de los reclusos en las "colonias de trabajo" . Incluso en Ucrania la fábrica de tractores agrícolas ha sido construida en parte con trabajo forzoso. En el corazón de la Rusia europea, la construcción  del canal Moscú-Volga se realiza con la ayuda de hordas de esclavos. En cuanto al enorme desarrollo económico y militar del Lejano Oriente, con sus ferrocarriles, carreteras y grandes líneas de fortificaciones a lo largo de la frontera de Manchuria, es el trabajo de un inmenso y siempre renovado ejército de los condenados. Creo que no es exagerado afirmar que una tercera parte de la clase trabajadora en Rusia se compone de esclavos. Este trabajo servil, apenas remunerado, hace más fácil la tarea de mantener los salarios de los teóricamente libre a un nivel muy bajo " .

"Los líderes soviéticos declararon que no hay límites para la intensidad del trabajo; el límite psicológico que existe en la producción capitalista " se ha suprimido entre nosotros" , ... , "en el país del socialismo, gracias al entusiasmo de los trabajadores."

Al igual que los obreros en el oeste, los obreros rusos estaban subordinados a un proceso de producción diseñado y desarrollado para maximizar la producción, con escasa consideración a sus necesidades reales. Como tal, el trabajador quedó reducido a un mero instrumento de producción y, al igual que sus homólogos en Occidente, explotado, trabajando más tiempo del necesario para reproducir el equivalente de su fuerza de trabajo, y sin ningún control sobre el fruto de sus esfuerzos.

El régimen de propiedad “colectiva” de la burguesía “soviética” se correspondía con un sistema de grandes monopolios, proteccionismo, control de cambios, y planificación central. La propiedad colectiva se manifestaba en los privilegios de todo tipo que se reservaban y disfrutaban los propietarios “soviéticos” de los medios de producción, equivalentes a los de sus homólogos occidentales, pero sin el temor a ser desalojados por los imponderables de la competencia económica (aunque si por el clientelismo corporatista).

La característica fundamental del capitalismo “soviético” era, a parte de la substitución de los mecanismos de mercado por los de la planificación centralizada, la utilización de la propaganda socialista en combinación con el “terror rojo” para el encuadramiento, la explotación y la esclavización (trabajos forzados) de la clase obrera. Frente al leninismo y al trotskismo, el estalinismo significó que la combinación mistificación-revolucionaria/terror, cambiaba a terror/mistificación (un cambio de énfasis trágico pero que en nada cambiaba el modelo a seguir).

Mientras la crisis de los años 1930s se expandía y afectaba a la mayoría de las economías del planeta, la URSS registraba los índices de crecimiento económico mayores de su historia. ¿Había superado el sistema capitalista “soviético” la lacra que ha acompañado al capitalismo desde sus inicios?

Se ha aducido que el sistema "soviético" no estaba libre de patrones cíclicos, y que, en cualquier caso, los patrones cíclicos eran de un tipo diferente, asociados con el ciclo de planificación. Un ejemplo era, por un lado, la intensa actividad económica ('asalto') hacia el final de un período del plan, cuando todo el mundo estaba trabajando duro para cumplir con el plan a tiempo y obtener sus bonos por cumplimiento del plan, seguida de la calma en el período al comienzo del próximo plan, cuando todo el mundo se recuperaba de 'asalto' anterior, a la espera de la llegada de nuevos suministros. También hubo ciclos más largos asociados con la planificación de inversiones.

Si el carácter regional y autárquico permitió una cierta desvinculación temporal respecto a la periodicidad cíclica del sistema capitalista global, las crisis capitalistas internacionales no iban a dejar al margen a uno de los eslabones más débiles del sistema.

Aunque la resistencia obrera continuó desde la insurrección de Kronstadt, (Parbigskii, ...) durante los últimos años del estalinismo la resistencia obrera se reforzó (huelgas y levantamientos de los trabajadores esclavos en Vorkuta en julio de 1953, Norilsk, Gorlag, Norillag)  y la burguesía “soviética” tuvo que ir cediendo, una y otra vez, a la presión popular (estado del bienestar soviético) a pesar de sus últimos zarpazos (aniquilación del levantamiento de los consejos obreros en Hungría 1956).

Con el debilitamiento del terror sobre la clase trabajadora, el sistema “soviético” de explotación capitalista empezó a perder fuelle. Mientras en el Oeste, con un ejército de parados inabarcable se imponían la flexiexplotación y la precarización en aras a la productividad capitalista, en el Este la clase obrera mantenía a raya a los explotadores.

Mientras en el Oeste la derecha y la socialdemocracia, amparadas en la deslocalización y el desempleo, desmontaban una tras otra las conquistas laborales de décadas de lucha, en el Este los trabajadores se negaban a la introducción de "prácticas de control" y, por el contrario, exigían y mantenían el pleno empleo, menos rigidez en las normas, mayores pagas y menor diferenciación salarial (los salarios de los mineros y trabajadores del metal se mantenían al mismo nivel que los de los ingenieros y mánagers de 2ª fila).

El "malfuncionamiento" del sistema no se debía a problemas técnicos, no se debía a la "falta de mecanismos de mercado", sino, fundamentalmente, a la resistencia obrera que no toleraba "reformas" para aumentar la explotación.

Desde la muerte de Stalin, la economía de la URSS se había ido integrando en los circuitos comerciales y financieros del sistema global. Cada vez dependía más de las divisas por exportación de productos energéticos y materias primas, y bancos capitalistas y agencias internacionales no veían inconvenientes en prestar a la "soviética" URSS y a las demás “democracias populares”. A finales de la década de los 1970s el sistema “soviético” empezó a manifestar síntomas inequívocos de crisis económica y pérdida de competitividad frente a la 2ª globalización.

Este debilitamiento interno del capitalismo "soviético" a causa de la resistencia obrera, se tradujo en debilitamiento externo frente al capitalismo de vanguardia, que se estaba dotando de unos agresivos mecanismos de dominación de clase (monopolios transnacionales y globalización) fuera del alcance de la burocracia soviética. La crisis económica del capitalismo marginal “soviético” se aceleraba a pesar de las alternativas “de mercado” que intentaba introducir la burguesía "soviética".

La transición equivocada


Un capitalismo defensivo, marginal, deformado, atrasado, localista y en quiebra (con un discurso "socialista" trasnochado y contraproducente, y sin claras opciones de vuelta al terrorismo estalinista), era más débil y más fácil de resistir, y hubiera incluso sido más fácil de derrocar que el capitalismo globalizado. Las posibilidades que tenían de resistir o sobrevivir al capitalismo los habitantes de la URSS y los países del Este, o China, eran mucho mayores que las que tienen ahora, tras la agresiva penetración del capitalismo monopolista transnacional. La “Transición” fue una oportunidad perdida para la revolución socialista en el Este.

Las ventajas de los obreros del bloque "soviético" en el puesto de trabajo (seguridad, pleno empleo, jornada de trabajo, permisos, descansos, respeto, libertad de cambio de empresa, vacaciones,  ...) además de los beneficios del estado del bienestar "soviético" (vivienda, educación, sanidad, ocio, ...), duramente arrancados tras décadas de lucha y resistencia frente al capitalismo estalinista, fueron barridas de un plumazo con la penetración del capitalismo monopolista globalizado.

El problema fue que los obreros polacos, húngaros, checos, rusos, lituanos, …, que se enfrentaban y levantaban contra la burguesía capitalista “soviética”, no entendieron que era esta misma “nomenklatura” la que estaba decidida a “reformar” o simplemente liquidar el experimento, en pro de “modernización” del sistema de explotación (terapias de choque) aunque ello implicara el reto de su peligrosa reintegración en el concierto capitalista internacional. Muchos pensaban que su enemigo era el socialismo y su amigo, el capitalismo. Craso error, el capital es un tipo de pocos, muy pocos amigos.

A pesar de las deslumbrantes estanterías capitalistas de Carrefour y Tesko, la mayoría de los polacos, húngaros, checos, rusos, lituanos, rumanos,…, obreros, campesinos y pequeño-burgueses, han acabado pagando su ilusión con la más horrenda explotación, miseria y exclusión.

Durante las crisis periódicas aparece el verdadero Mr. Hide capitalista y resulta difícil esconder o camuflar la absoluta macro-ineficiencia social, económica y medioambiental del sistema. Las bases ideológicas que lo sustentan se desmoronan. La alienación social se resquebraja. Los fetiches se funden. Es durante las crisis cuando es más fácil la revolución socialista. Es entonces cuando el sistema es más débil y ofrece flancos desprotegidos por donde atacarlo y la crisis del bloque soviético era uno de ellos.

Lo que cayó no fue el “socialismo” realmente inexistente en la URSS, sino la oportunidad perdida por los obreros polacos, húngaros, checos, rusos, lituanos, rumanos, …, de aprovechar la crisis del flanco más débil del capitalismo, el capitalismo “soviético”, para iniciar una revolución verdaderamente anticapitalista y socialista.

Elementos básicos de la estructura y del funcionamiento de la economía "soviética"


Aunque a los administradores directos de los medios de producción - los directores de las empresas industriales y los presidentes de las granjas colectivas - se les permitía cierto margen de maniobra, tenían que obedecer órdenes "desde arriba". Para los directivos industriales los comandos procedían de los órganos del Estado en tres niveles - jefes de administraciones responsables de los sectores de las industrias, los ministerios responsables de industrias enteras, y las agencias centrales responsables de toda la economía (el Consejo de Ministros) o de una agencia especializada (el Comisión Estatal de Planificación, Comisión Suministros del Estado, etc.). En la agricultura los niveles inferiores de la jerarquía se organizaron sobre una base territorial (municipio, provincia, etc.)

Los grandes monopolios de carácter nacional no tenían competidores dentro de la URSS y tampoco competían con los monopolistas extranjeros puesto que disponían del coto cerrado de la URSS y de su posterior ampliación con el COMECON. Sus peligrosos competidores eran las grandes corporaciones monopolistas que estaban evolucionando rápidamente en la senda de la transnacionalización. Mientras que el capitalismo monopolista se globalizaba (Imperialismo 2.0) el capitalismo soviético recurría aún a las trasnochadas estrategias del viejo imperialismo intentando crear un bloque de cotos cerrados en los países que iban cayendo bajo su influencia.

El sistema (bélico) de planificación centralizado pudo acelerar inicialmente la formación de grandes monopolios industriales y quemar etapas, pero a la larga resultaría completamente ineficiente a la hora de hacer más competitivos a escala internacional dichos monopolios.

Al menos en términos formales, se trataba de una "economía planificada". Los planes anuales de producción se desglosaban por meses. A parte de los objetivos de producción, el plan especificaba las fuentes de suministro de insumos (materias primas, repuestos, etc.) para cada empresa en particular y los lugares de destino de su producción. Formalmente, las empresas "soviéticas" no tenían autonomía para “competir”, pero en la práctica competían y la excepción de un "mercado gris" para obtener los inputs necesarios acababa siendo más bien la norma.

El dinero como medio universal de intercambio y acumulación capitalista no existía en la economía “soviética”. Había dos tipos de dinero no intercambiables, cada uno sirviendo a un propósito distinto - (1) el dinero en efectivo, distribuido como salarios para gastar en bienes de consumo, (2) el dinero “no en efectivo” (unidad de cuenta) utilizado para ayudar a supervisar las transacciones no salariales de las empresas. Ninguna de estas figuras monetarias revestía formalmente la función central que el dinero posee en el capitalismo de mercado (los salarios y los precios eran establecidos por el Estado).

Los gerentes veían evaluado su desempeño y obtenían los bonos correspondientes sobre la base de los resultados de producción. Estos resultados se medían mediante varios indicadores, que podían ser físicos (por ejemplo, el peso total de la producción, el número de artículos) o de carácter financiero (costes de producción, el beneficio). Pero incluso cuando el indicador clave era la ganancia, el objetivo de la producción no era para “maximizar el beneficio”, sino para cumplir con el “beneficio” fijado en el plan por el planificador.

Los mánagers de las empresas soviéticas intentaban lograr un compromiso con los díscolos obreros que subvertía las intenciones del plan y al mismo tiempo aparecer como que se cumplían sus especificaciones. Para conseguirlo, el mánager intentaba conseguir los aspectos “cuantificables” y ceder respecto a los aspectos cualitativos menos verificables. Los mánagers, sistemáticamente desinformaban a las autoridades centrales respecto a las condiciones actuales de producción. Además, atesoraban trabajadores y recursos escasos. La burocracia “soviética” acabó convirtiéndose en un "aparato competitivo" en el que los explotadores de las distintas corporaciones monopolistas luchaban entre sí y a todos los niveles, para aumentar su parte en la explotación de la clase trabajadora.

Así pues, este paradójico comportamiento “competitivo” no era un accidente circunstancial sino que era una característica inmanente del funcionamiento del sistema. Los controladores y los controladores de los controladores, cada uno poseía una porción del sistema de explotación que tenía de defender o ampliar. Ni siquiera un ministro podía conseguir ser autosuficiente.

Como en el caso de la variante nazi, en el estalinismo, más que la figura de un dictador omnipotente, lo que proliferaba era el arbitrio de pequeños dictadores compitiendo entre ellos por el control de los explotados.

La desorganización era más bien la norma en el proceso de aprovisionamiento. Los “planes”, desde el momento de su aprobación entraban en un proceso de revisión permanente. La tardanza de la comunicación de información y registro de datos así como en la transmisión de instrucciones relevantes, implicaba que a lo largo del año los organismos relacionados con el aprovisionamiento tenían que luchar con desequilibrios endémicos recurriendo al pragmatismo, a la experiencia, y a los imprescindibles “procuradores” (tolkachi), personajes con “contactos”, contratados por los mánagers para que les procuraran los materiales, piezas y equipo que precisaban, por cualquiera que fuera el canal utilizado. En realidad, era imposible trazar una línea entre la economía “oficial” y la economía “no oficial”.

El comercio exterior se limitó a una función auxiliar al servicio del plan. Los productos requeridos por el plan, que no se podían producir en el país, debían ser importados. Las exportaciones iban dirigidas a obtener divisas para pagar las importaciones previstas (control de divisas). El comercio exterior jugó un papel fundamental en la rápida industrialización de la década de 1930 (la famosa “acumulación primitiva socialista”), con importaciones de maquinaria occidental pagadas con exportaciones de granos y materias primas, mientras la gente se moría de hambre.

Tras el estalinismo, el comercio exterior empezó a registrar, además, importaciones de tecnología y bienes de consumo destinados al conjunto de la población. Sin embargo, los grandes monopolios soviéticos no podían competir en la arena internacional. El desequilibrio comercial y el consiguiente endeudamiento exterior (los mercados financieros comprendían mejor que nadie la verdadera naturaleza del régimen de la Unión Soviética) evidenciaban debilidad y creciente dependencia con respecto al capitalismo globalizado.

Teorías


Ha habido bastantes teorías sobre el carácter capitalista del sistema “soviético”.

Contemporáneos de Lenin:

Amadeo Bordiga, fundador del Partido Comunista Italiano en 1921 (una escisión de un PSI incapaz de organizar una revolución durante el “bienio rosso” – 1919-1920 - ) fue uno de los primeros en considerar que la URSS era capitalista.

Bordiga, como Gramsci, provenía del PSI. Ambos dirigieron la  fracción de izquierda internacionalista que finalmente se escindiría para formar el PCI. El PCI se inscribió inmediatamente en la III Internacional pero mientras que Gramsci se inclinaba ante la prepotencia del PCUS y la teoría estalinista del socilismo en un solo país,  Bordiga se enfrentó cara a cara contra Stalin en 1926 arguyendo que no se trataba de supeditar al movimiento obrero internacional a los designios del PCUS sino que, al contrario, el PCUS debía supeditarse a la estrategia diseñada por los demás partidos comunistas que conformaban la Internacional. Evidentemente, Stalin no paró hasta que consiguió la expulsión del ala bordiguista del PCI aquel mismo año. 

Para Bordiga la Unión Soviética era una sociedad en transición hacia el capitalismo. Lo que distinguía al régimen capitalista “soviético” no era su carácter avanzado (Mattick) sino, por el contrario, su retraso, su subdesarrollo. Rusia era un estado periférico atrasado susceptible de caer en manos del capitalismo imperialista desarrollado y quedar relegado para siempre en el subdesarrollo. Los bolcheviques intentaron impedir este destino con métodos intervencionistas y proteccionistas extremos. Fue por esto que la Unión Soviética se convirtió en modelo para la lucha contra el colonialismo.

Para Bordiga, el giro “a la izquierda” de Stalin en 1928, con la colectivización forzada y los planes quinquenales, no fue una “acumulación primitiva socialista” (según las tesis de Preobrazhensky) sino una salvaje acumulación primitiva capitalista. Los excesos estalinistas de los años 1930s – “un infierno para el obrero y una carnicería de energía humana” – no fueron otra cosa que la expresión de “la generación de las condiciones universales para la génesis de todos los capitalismos”. En 1953 afirmaba que “ El proceso económico en desarrollo en los territorios de la unión rusa pueden definirse esencialmente como la implantación del modo de producción capitalista, en su forma más moderna, y con los últimos medios tecnológicos, en países atrasados, rurales y asiático-orientales”.

Para Bordiga, la obsesión en encontrar capitalistas individuales o sustitutos de aquellos, en orden a caracterizar o etiquetar el sistema, era absurda. “el determinismo sin personas es incongruente, pero los hombres constituyen el instrumento del sistema capitalista, pero no el motor”… “No se trata de una parcial subordinación del capital respecto al Estado, sino de una ulterior subordinación del Estado al capital”. El despotismo estatal en Rusia estaba al servicio del capitalismo impulsando el modo de producción en áreas que se resistían aún.

El alemán Paul Mattick, que militó en el  KAPD, consideraba que con la toma de los medios de producción en manos del Estado, los bolcheviques no habían conseguido su “socialización” sino la nacionalización del capital. La propiedad capitalista había cambiado de manos, desde los propietarios particulares, al estado, pero seguía siendo “propiedad capitalista” puesto que los medios de producción no eran controlados por el conjunto social sino que seguían siendo capital alienado respecto a los trabajadores. La Unión Soviética no había abolido la relación de explotación capital/trabajo fundamental del capitalismo.

Mattick planteó que se trataba de una forma avanzada de capitalismo en la medida que había superado algunos de los principales problemas del capitalismo basado en la propiedad privada tales como la competencia y las crisis de sobreproducción, consiguiendo más estabilidad y, en cierta forma, una disminución de los antagonismos de clase.

Karl Korsch (1886-1961), miembro del partido comunista alemán (fue ministro de justicia en Turingia), publicó en 1924 un artículo titulado "Sobre Lenin y el leninismo", en el que planteaba el retorno al capitalismo en la URSS (era la época de la NEP). Ya expulsado del partido comunista y formando parte del izquierdista KAPD, publicó un artículo en la revista Kommunistiche Politike donde afirmaba refiriéndose al capitalismo de estado ruso: "Se toma por socialismo algo que sólo es un capitalismo transformado, interiormente desarrollado, un capitalismo de Estado".


A. Ciliga (1898-1992), revolucionario croata, tuvo que huir de su país y se incorporó a la revolución rusa a mediados de los años 1920s. Fue sucesivamente bolchevique, leninista, trotskista, extrotskista, y, finalmente, exleninista. Encarcelado por la checa en Siberia, salvó la vida de milagro y pudo salir de la URSS. Fue de los primeros en considerar que el sistema ya no tenía nada de “soviético” sino que se trataba de una variante capitalista, desde buen principio. En 1938 publicó un libro titulado "En el país de la gran mentira" donde narra sus experiencias calificando en todo momento al régimen como capitalismo de Estado.

Trotskistas:

Los trotskistas se aferraron a la teoría de que se trataba de un sistema de transición entre el capitalismo y el socialismo (una fase inferior previa, a la sociedad post-capitalista comunista). Trotsky planteó que se trataba de un “estado obrero degenerado” e inestable que, o bien se decantaría rápidamente hacia el socialismo o bien hacia el capitalismo (Trotsky pensaba que esta situación se resolvería en uno u otro sentido tras la 2ª GM).

Tony Cliff (1948), trotskista inglés, ante la longevidad del estalinismo tras la 2ª GM, planteó que existió un estado obrero socialista hasta 1928. A partir de entonces, el estalinismo contrarrevolucionario se consolidaría definitivamente. La burocracia se convirtió en clase capitalista y el sistema dejó de ser un estado obrero para convertirse en una variante particular del capitalismo de estado. 

Hillel Ticktin (1970s), trotskista inglés, desmontaría la tesis de Cliff con argumentos marxistas (teoría del valor) para volver a la idea original de Trotsky de un estado obrero degenerado. Pero su análisis de la URSS era más profundo. Advirtió el mal funcionamiento del sistema hasta el punto de calificarlo de un “no modo de producción” en crisis. La élite era incapaz de controlar el proceso de trabajo. Argumentó que el “mal funcionamiento” y por tanto, la crisis del sistema, era algo intrínseco al modelo y no el resultado de la resistencia obrera, es decir, de la lucha de clases (para él, la URSS era un “estado obrero” sin lucha de clases)

En realidad, lo que Ticktin estaba analizando y estudiando no era el “funcionamiento normal del sistema” sino la crisis del sistema. Una crisis que estimulaba la lucha de clases y en la que los obreros estaban ganando posiciones que contribuían al “mal funcionamiento” del sistema.

Otras teorías:

Charles Bettelheim, ha sido quizá el más significado defensor de la caracterización del modelo imperante en la URSS y los países del bloque soviético como “capitalismo de estado”. En julio de 1936, con 23 años, dominando el ruso y con el carnet del partido comunista francés en el bolsillo, Bettelheim llegó a Moscú donde permanecería 6 meses captando la atmósfera política del inicio de las purgas y los juicios estalinistas. Más tarde visitaría China durante los años de la Revolución Cultural.

En su libro: Calcul économique et formes de proprieté criticaba la suposición de que la nacionalización y la propiedad estatal de los medios de producción implicaban “socialismo”. En un libro posterior: Les luttes de clases en URSS 1974-1982, caracteriza el sistema como “Capitalismo de Estado”. El partido Bolchevique habría confiscado la revolución popular y actuaba como legitimador de unas nuevas élites tecnocráticas que acabaron estableciendo las mismas jerarquías y deferencias sociales que en capitalismo, aunque utilizando el espejismo legal de la propiedad estatal de los medios de producción para camuflar la explotación. También proponía modelos de desarrollo económico alternativos a los que exportaba el bloque soviético orientados a la acumulación por la  acumulación. 

Neil C. Fernandez  considera que todas las categorías y parámetros que definen el “capitalismo” estaban presentes en el sistema “soviético”. Competencia, competita ividad, mercancía, dinero, capital, acumulación, plusvalía, acumulación, … En un extenso tratado analiza cada categoría y la forma que adoptó en el sistema “soviético”. Pero si algo define un sistema es la existencia o no de la lucha de clases y el carácter dicha lucha de clases. Quienes plantean que el Bloque Soviético era socialista se enfrentan a la contradicción de negar la existencia de la lucha de clases frente a la evidencia de los levantamientos obreros, huelgas, manifestaciones, y protestas que enfrentaron a la clase obrera "soviética" frente a la burguesía "soviética" durante todo el período del "socialismo realmente existente".

G.M. Tamás, filósofo, antiguo dirigente de la disidencia húngara, tras el desastre social  acontecido en Hungría y del resto de democracias populares, y consciente de la mistificación del capitalismo, se ha convertido en uno de los más firmes defensores del carácter capitalista del sistema “soviético”. Los húngaros, polacos, checos, eslovacos, rumanos, rusos, lituanos, …, no dejaron atrás el “socialismo realmente existente”, sino una variante más del capitalismo realmente existente.

Más información:

Blog de Rolando Astarita

Lucien: Bilan de la Terreur en U.R.S.S. (Faits et Chiffres) (1936)