24/2/10

Argentina 2001 vs España 2011



English translation

Financial Times. 10/02/2010: "Si los países europeos "periféricos" eligen una aproximación keynesiana para salir de la crisis, serán masacrados por los mercados."

La trampa Moneda-Crecimiento-Deuda en España


España está pillada de lleno en lo que los economistas llaman la trampa "moneda-crecimiento-deuda”, un fenómeno que ya empieza a ser un clásico de la globalización financiera.

Familias, empresas y estados son tentados con el señuelo engañoso de condiciones inmejorables de financiación. Se organizan explosivas burbujas financieras aquí y allá con booms espectaculares de las bolsas donde unos pocos iniciados obtienen ganancias espectaculares. Cuando las burbujas estallan el FMI se encarga de proteger la retirada a tiempo de los principales agentes que incluso sacan buenos réditos especulando a la baja.

La hoja de ruta empezó tras la crisis del petróleo poniendo en la mesa de juego los petrodólares reciclados y los fondos de pensiones. Los países en desarrollo se convirtieron de golpe en países "emergentes" y empezaron a sucederse burbujas por todo el planeta dejando una estela de miseria y perplejidad tras los ineludibles cracs. Finalmente han sido los propios países desarrollados los que han acabado siendo pasto de la globalización financiera.


España abandonó su moneda y cedió su instrumental de política monetaria al Banco Central Europeo. Desde el 2002 el euro sustituyó totalmente a la peseta. La fortaleza del euro ha ido en detrimento de la capacidad exportadora española, sin embargo la confianza en la estabilidad monetaria y los bajos tipos de interés en la zona generaron una entrada neta de capitales en el tropel especulativo inmobiliario de la última burbuja que revitalizaron el crecimiento del PIB al tiempo que aumentaba el déficit comercial y se disparaba endeudamiento exterior hasta cotas estratosféricas.



El equivalente a la caída de las exportaciones (materias primas) argentinas a finales de los 90 ha sido en España el batacazo inmobiliario, la depresión y la caída subsiguiente de los ingresos por turismo. Como en Argentina, el endeudamiento privado (banca, inmobiliarias) se está convirtiendo en público. Como en el caso argentino los inversores están ya formando enjambres, virtuales nubes de langostas, especulando con una posible bancarrota española. La Comisión y el FMI, al servicio de la banca acreedora centroeuropea, han tomado el mando y están condicionado el mantenimiento del suministro del suero crediticio para mantener con vida a la torpedeada economía española a una "devaluación interna" (drásticos recortes del gasto público, devaluación del sistema de pensiones, devaluación de la seguridad social y de la sanidad pública, devaluación de la educación pública, anorexia del sector público y dosis letales de flexibilización laboral, ...).

Países entrampados

Tal como viene operando la trampa MCD, mientras se mantenga inamovible el cerrojo monetario (la permanencia en el €), decrecimiento y endeudamiento se retroalimentan. La vuelta al equilibrio es imposible. La magnitud de la crisis global ha precipitado hacia la trampa a diversos países europeos de la zona euro (PIIGS) y amenaza muchos más. Grecia, el peón a sacrificar, está sirviendo de conejillo de indias para experimentar una medicina cuyos efectos secundarios podrían afectar la continuidad del euro en su conjunto. El paciente principal sin embargo, en la salita de espera, es España. Las desreguladas instituciones financieras siguen amplificando la magnitud de las crisis apostando a la baja en macro operaciones encubiertas fuera de todo control.

Se trata de una espiral en la que los inversores se lanzan sobre los bonos de los países centrales (Alemania, Francia, Holanda, ...) huyendo de la comprometida deuda de los países de la periferia que ven como se disparan sus costes financieros hasta niveles inaceptables que no hacen más que empeorar su ya difícil situación financiera.

Las multinacionales empiezan a contemplar la alternativa de una euro-Europa reducida a los pocos países que aún sean capaces de mantenerse en la ratio déficit/PIB permitida.


Todo apunta a que con un endeudamiento (privado + público) de merecido podium mundial, un sistema financiero plagado de cajas zombi en la UVI pública, cerca de 5 millones de parados y la economía sumergiéndose en picado, la "devaluación interna" se traduzca, como en el caso argentino, en menos demanda, menos consumo y menos ingresos por impuestos. A medida que vayan venciendo los términos de las obligaciones privadas (bancos y cajas) y públicas (estado, autonomías) y con "los mercados" huyendo de cualquier clase de papel ibérico, las desfondadas administraciones central y autonómicas no tendrán otra manera de seguir pagando sus gastos corrientes que emitiendo monedas ad-hoc como en la época de la guerra civil. Los “patacones” de Buenos Aires podrían muy bien traducirse en “barcinones” para una de las nuevas veguerías proyectadas en la hiper-endeudada Cataluña.

El corralito español


La expulsión de los PIIGS de la zona euro seguramente se producirá por sorpresa y de forma conjunta pare evitar un pánico bancario. El factor sorpresa (sin previo aviso excepto para los ricos con buenos contactos) es clave en una operación de este tipo. Un día nos levantaremos de la cama con la noticia de que a última hora del día anterior el euro dejó de ser la moneda del Reino de España y los depósitos bancarios quedarán bloqueados para convertirse en pesetas al cambio que decidan las autoridades. En un santiamén el valor de los ahorros de los incautos depositantes sufrirá un recorte drástico e irrecuperable.

España, de vuelta al subdesarrollo


Argentina se libró finalmente de la trampa porqué renunció a la paridad con el dólar (equivalente a salir del €) y se declaró en suspensión de pagos, introdujo controles sobre las salida de capitales, elevó los impuestos sobre las exportaciones y el sector financiero y la burbuja inmobiliaria relanzó la demanda mundial de materias primas. No parece que vaya a ser este el caso para España a medida que se profundiza y generaliza la Depresión Permanente. La recuperación de la experiencia traumática argentina no tendrá un equivalente a corto o medio plazo en la península Ibérica.


Los estados desfondados por los rescates de la crisis bancaria y el descalabro económico subsiguiente se ven sometidos ahora al chantaje financiero de la economía casino. Se trata de una estrategia de choque para imponer drásticos programas de desmantelamiento en pública subasta del Estado social de un amplitud aún no vista en el norte desarrollado. Se trata de convertir a los PIIGS y a los países del Este europeo en economías "de peaje" donde habrá que pagar por usar una carretera, ir al CAP, llevar los hijos al cole o tener vigilancia en tu calle. Una estrategia capitalista de choque que se va a imponer implacablemente en tanto no encuentre una respuesta socialista de choque.

La trampa Moneda-Crecimiento-Deuda en Argentina


Durante los años 90 Argentina, el alumno más fiel y mimado del FMI, experimentaba un "milagro económico". Los inversores extranjeros invirtieron miles de millones de dólares en el país, la inflación era inferior a la de los EEUU y el país registraba uno de los crecimientos más altos de América Latina.

En dos años la economía argentina se hundió. La crisis afectó a todos los niveles de la sociedad con una pauperación en masa relámpago.


Cronología


1989. Menem es elegido presidente y nombra a Domingo Carvallo como ministro de economía. Se lanza un programa de ajuste estructural que incluye una reforma impositiva en favor de los ricos, la privatización de lo mejor del sector público, liberalización del comercio exterior, desregulación en todos los ámbitos y una paridad fija del peso argentino respecto al dólar.

1 de abril de 1991. El Congreso argentino aprueba la Ley de Convertibilidad garantizando la conversión peso-dólar de 1 a 1. Cada peso en circulación estaría basado en un dólar y la política monetaria quedaba supeditada a esta ley.

1991-1994. Argentina registra un fuerte crecimiento económico.

1995. La crisis financiera mexicana y la devaluación de diciembre de 1994 del peso mexicano lleva a un pánico financiero y una retirada masiva de fondos de los países emergentes (efecto Tequila). El PIB argentino cae (- 2,8%)

1996-97. Argentina vuelve a crecer expectacularmente (5,5% en 1996, 8,1% en 1997) pero el déficit comercial y el endeudamiento se disparan.

1998. En la estela de la crisis asiática de 1997, crisis financiera en Rusia y Brasil. Argentina entra en recesión en el tercer cuatrimestre. El paro se dispara.

Enero de 1999. Brasil devalúa su moneda afectando de lleno a las exportaciones argentinas (la exportación a su vecino representa más del 30%)

Septiembre de 1999. El Congreso argentino aprueba la Ley de Responsabilidad Fiscal, que plantea una gran reducción del gasto público, tanto a nivel federal como provincial.

Diciembre de 1999. De la Rua pide ayuda al FMI.

Marzo de 2000. El FMI acuerda la concesión de un préstamo de 7,200 millones de $ condicionado a un estricto ajuste fiscal.

10 de mayo de 2000. El FMI recomienda un recorte drástico del gasto público. El gobierno anuncia un recorte del gasto público de mil millones de dólares con la esperanza de que la "responsabilidad fiscal" devolverá la confianza de los inversores. El ajuste consiste principalmente en recortes y retrasos en las pensiones y en los sueldos de los funcionarios y la anulación de los subsidios por desempleo. El PIB del 2000 cae un 5%.

Muchos analistas atribuyen la severidad de la crisis a que el gobierno, aleccionado por el FMI, evitó abandonar la paridad con el dólar hasta que ya fue demasiado tarde.

Marzo de 2001. Domingo Cavallo, el ministro de Menem que diseñó la paridad con el dólar, vuelve a ocupar la cartera de economía. Se procede a una reestructuración de la deuda externa cambiando deuda a corto por deuda a largo a interés más alto. Cavallo no duda en saquear el fondo de pensiones públicas para pagar un vencimiento de 3.500 millones de deuda.

Julio de 2001. Cavallo anuncia un plan de déficit cero. Los sindicatos convocan una huelga general. El congreso aprueba la "Ley de déficit cero" y el FMI acuerda un nuevo préstamo que desaparece casi inmediatamente fugándose hacia paraísos fiscales.

Octubre de 1001. Los inversores se niegan a refinanciar la deuda pública. Las administraciones locales y el mismo gobierno central empiezan a emitir pseudo-moneda (Lecop, Patacones, Porteno, Quebracho, ....). Se trata de títulos de deuda pública emitidos a nominales pequeños que se usan para pagar a los funcionarios y para las transacciones corrientes.

Noviembre de 2001. Argentina propone una nueva reestructuración de su deuda que implica en realidad una suspensión de pagos. Retiradas masivas de depósitos de los bancos. Las reservas en el Banco Central disminuyen en 2.000 millones en un solo día. De la Rua impone la limitación de retirar un máximo de 1000 $ al mes (corralito).

Diciembre de 2001. El día 5 de diciembre el FMI se niega a acordar un préstamo al gobierno con lo que ya no puede hacer frente a sus obligaciones y Argentina se declaró en bancarrota el día 7. El paro llegaba al 18%. Los sindicatos declaran la 8ª huelga general desde 1999 para el día 13. Asaltos a supermercados. Continuos levantamientos populares en muchas ciudades (28 muertos). El gobierno declaró el Estado de Sitio. Domingo Cavallo dimitió. La crisis política acabó con tres presidente en un mes. El FOREX cerró durante tres semanas.

Los efectos de la trampa MCD


Técnicamente los economistas afirman que la economía argentina estaba deslizándose hacia una trampa "Moneda-Crecimiento-Deuda" a finales de los 90. El tipo de cambio sobrevaluado impide las exportaciones, la economía se estanca. Si Argentina abandonara la paridad con respecto al dólar sufriría represalias financieras con retiradas masivas de fondos. La caída del PIB provoca el crecimiento de la deuda. Si se reduce el gasto público para disminuir la deuda se frena más el crecimiento. Es como un inestable taburete de tres patas; recortas una para equilibrarlo y se desequilibra por el otro lado.

El boom de la economía argentina


La relación fija entre el peso y el $ favoreció la entrada de capital extranjero. El PIB aumentó (de una media del - 0,7% entre 1980-1990 a un media del 4,7% entre 1991-99). La inflación quedó contenida (4% a partir de 1994, 1% a partir de 1996) y se produjo una notable caída de los tipos de interés internos que, no obstante, siguieron siendo mayores que los intenacionales, atrayendo así entradas de fondos (entre 1994-2000, LIBOR 5-6%, tipo de interés argentino 8-12%).

La apertura financiera fue total tras la supresión de las restricciones a la movilidad del capital y la supresión de las restricciones a la penetración de la banca extranjera. Se permitió la libre emisión bancaria de títulos negociables en moneda extranjera, supresión de las trabas a la entrada de capital extranjero en compañías de seguros y fondos de pensiones. La masiva privatización de empresas estatales (el gobierno ingresó 16,000 millones de $ entre 1991 y 1998) y la misma liberalización del sistema financiero favoreció la entrada de un considerable volumen de inversión directa atraída por las jugosas oportunidades a precios de saldo. La disparidad en los tipos de interés atrajo inversiones en cartera (aprovechar la revalorización de la bolsa y préstamos bancarios).

El régimen monetario y la apertura financiera explicarían no sólo la crisis sino también el crecimiento espectacular a partir de l991. Argentina se convirtió en el alumno predilecto del FMI, el mejor solista de la globalización bajo la experta batuta del FMI.

Las entradas netas de capital pasaron de un montante de 6.402 millones de $ en 1992 a 10.449 millones en 1998. La financiación externa neta pasó del -3,1% del PIB en 1990 al 2,1% del PIB en 1995 y al 5,9% en 1998. Estas entradas de capital ( 170.000 millones entre 1992 y 1998) contribuyeron a la revalorización de la moneda argentina y a la acumulación de deuda externa (61.337 millones de $ en 1991 - un 26% del PIB - , 141.371 millones de $ en 1998 - un 51,1% del PIB - ).

El crac de la economía argentina


El deterioro de la competitividad comercial debido a la apreciación de la moneda junto con el descenso del precio de las materias primas (en 1999, el 68,3$ de las exportaciones argentinas eran materias primas y derivados) hizo entrar la economía en recesión mientras se disparaba el déficit de la balanza por cuenta corriente (exportaciones menos importaciones y pagos por intereses).


El parón del crecimiento, el desequilibrio en la balanza de pagos y el aumento de la deuda externa provocaron la desconfianza de los inversores. Como en el caso de la crisis asiática, un enjambre cada vez más voluminoso de inversores empezaron a apostar por la quiebra del Estado Argentino mientras que se producía una fuerte fuga de capitales y se hacía imposible refinanciar la deuda externa. La suspensión de pagos estaba cantada. Falto de ingresos el gobierno y las administraciones locales se vieron en la necesidad de emitir pseudo-moneda para pagar sus gastos corrientes y los sueldos de sus funcionarios. (Patacones en Buenos Aires, Lecor en Córdoba, Petrom en Mendoza, ...)

Los recortes del gasto público y las medidas de flexibilizacion laboral (Ley de responsabilidad fiscal y Ley de déficit cero, ...) no hicieron más que acentuar la recesión aumentando el paro y disminuyendo los ingresos fiscales. El PIB acumulaba una caída del 10% a finales del 2002.

El corralito argentino


Cuando finalmente se declaró la suspensión de pagos el pánico se apoderó de los depositantes previendo un cambio en la política monetaria y se lanzaron en tropel a sacar sus depósitos en dólares de los bancos (unos bancos que, como en el caso español, estaban teóricamente bien supervisados y capitalizados). El gobierno declaró “el corralito” (máximo 250 $/semana) para evitar la fuga de capitales. Finalmente se abandonaría la paridad con el dólar dejando flotar al peso que a las pocas semanas cotizaba a 2,4 pesos/dólar. Los pequeños ahorradores experimentaron una masiva destrucción de sus derechos de propiedad al ser obligados a convertir sus secuestrados depósitos en dólares a pesos devaluados.

La recuperación


Cuando Kirchner ganó las elecciones a la presidencia en 2003, heredaba un país devastado. Reunió a los acreedores del país y les propuso pagar solamente entre un 25 y un 30% de lo adeudado. O aceptaban reestructurar la deuda según estas condiciones o seguirían sin cobrar un dólar. A regañadientes los tenedores de bonos argentinos, después de patalear en las oficinas del FMI, acabaron doblegándose a la propuesta. Esto permitió dedicar fondos a la recuperación económica. Se introdujo controles sobre las salida de capitales y se elevaron los impuestos sobre las exportaciones y el sector financiero. El PIB argentino, que había caído un 10% en 2002, recuperó un 8% en 2003. Argentina fue tachada como indeseable por los mercados financieros internacionales, sin embargo a partir de este momento empezó una recuperación económica que le permitió pagar sin atosigamiento la totalidad de su deuda al FMI en 2005 (y el espaldarazo financiero que representó la compra por parte de Venezuela de 2.400 millones de dólares en bonos argentinos). Según la CEPAL, entre 2002 y 2009 la tasa de pobreza cayó desde el 45% al 11%.

Argentina creció a un ritmo del 10% anual desde 2004 a 2008 aprovechando la subida del precio mundial de las materias primas, pero una razón fundamental del crecimiento fue que los recursos financieros fueron invertidos en la economía en lugar de pagar los servicios de la deuda. El peso argentino quedó desligado del dólar. Se establecieron controles sobre los precios internos, tasas sobre las importaciones y exportaciones, topes sobre los beneficios de las empresas, crecimiento en el gasto público, etc. Se rechazó de plano la entrada en la Zona de Libre Cambio de las Américas, impulsada por Washington y que hubiera precipitado a las economías sudamericanas hacia el abismo criminal en el que se devana el fallido estado de México tras su pertenencia a la zona de librecambio con EEUU y Canadá.

Epílogo: Los Fondos Buitre sobrevuelan Argentina


Argentina paso de ser el mejor alumno del neoliberalismo a ser la bestia negra que fomenta los "default" (suspensiones de pagos soberanas), los controles de capitales, las empresas dirigidas por los propios trabajadores, ...

Pero los mercados difícilmente sueltan prenda. Hay fondos de inversión especializados en la carroña (vulture funds), que husmean tras las suspensiones de pagos y las quiebras para adquirir, a precios de saldo, los bonos de deuda de los quebrados. Su recompensa está en la paciencia (y el acierto) con la que esperan que la sangre vuelva a fluir por las venas de los cadáveres para llevarlos de inmediato a los tribunales exigiendo la devolución del nominal que figura en sus polvorientos títulos.

En el caso argentino, el fondo hedge carroñero NML (con base en las islas Caymán y subsidiario de Elliott Associates, un vulture fund norteamericano famoso por cuadruplicar su inversión ganando un caso contra la deuda de Perú en los 90) hace años que litiga contra Argentina por un enorme paquete de bonos de deuda que adquirió por la mitad del nominal. NML se apoya en un lobby norteamericano – American Tassk Force Argentina – que presiona para que se tomen represalias contra Argentina por no pagar a los carroñeros.


Nordelta, multinacionales y materias primas

Pero Argentina ya no es lo que era. "La recuperación" ha ido en beneficio de los cada vez más ricos que han decidido irse a vivir a Nordelta, una ciudad segura, privado-vigilada, vallada y alambrada, con campos de golf exclusivos y puertos deportivos, con escuelas y hospitales de lujo, ciudad de ensueño exclusiva para ricos evasores fiscales que se expatrian de la Argentina que explotan y sólo pagan contribuciones a su nueva patria privada.

Las desigualdad social sigue siendo un lastre. Más del 36% de la población activa trabaja en el sector informal y la economía ha continuado concentrándose en manos de unas pocas compañías transnacionales. El cultivo de soja transgénica (18 millones de Ha, más de la mitad de la superficie cultivada del país), está en manos de unas pocas empresas agroindustriales y la mayoría de los grandes servicios públicos siguen en manos de los monopolios privados transnacionales que se los apropiaron, a precios de saldo, en la época de Menem. La economía argentina depende demasiado de la exportación de materias primas, un sector sometido enteramente a la especulación financiera que podría estallar muy pronto (la base de la pirámide especulativa ha sido el impresionante plan de obras públicas lanzado por China para combatir la recesión, plan que, a todas luces grandioso, no va a conseguir sacar al conjunto del planeta de la Depresión Permanente.

Links:

Tom Lewis: Argentina's revolt

A. de la Torre, ... : Argentina's Financial Crisis. EL Yeyati, SL Schmukler - unpublished, World Bank, 2002 - econ.umn.edu

Pablo Bustelo: Los orígenes de la crisis financiera de Argentina. Una comparación con las crisis asiáticas. (pdf en internet)

23/11/09

Eurolandia, convergencia neoliberal



Frédéric Lordon: Respecto a "La doctrina del choque" de Noami Klein, evidenciada hasta ahora en el sur, habría que reconocer que su análisis podría resultar espectacularmente verificado en el corazón mismo del capitalismo "desarrollado".

¿Convergencia?


Toda formación supranacional exige la cesión de áreas de gobierno y de decisión por parte de los miembros. Las experiencias históricas recientes (unión alemana, unión italiana, …) implicaron un toma y daca que favorecía sobretodo al conjunto de las burguesías implicadas pero que también acabaría reforzando movimientos obreros más amplios gracias a las conquista democráticas.

Convergencia, hasta Maastricht, significaba disminuir y corregir desequilibrios fiscales, laborales y sociales a fin que el tejido productivo y comercial se distribuyan lo más homogéneamente posible.

La unión carece de un organismo central con un presupuesto federal suficiente (el estado federal norteamericano gestiona un presupuesto equivalente al 20% del PIB, en cambio los fondos disponibles por la UE no alcanzan ni al 1% del PIB conjunto de la unión) y de un prestamista de última instancia.

Si una unión económica en lugar de convergencia de PIBs registra divergencia, es preciso un mecanismo fiscal de estabilización y corrección de desequilibrios (algo más estable y permanente que los fondos de cohesión). Viene a ser el papel fiscal del estado entre norte rico y sur pobre de Italia, norte pobre y sur rico del Reino Unido, etc. En caso contrario, y sin expectativa alguna de convergencia, sería imposible mantener un consenso político que hiciera viable la unión en el largo plazo.

Así pues los países miembros deberían converger y esta ha sido siempre la presunción existente detrás de los tratados. Evidentemente, todo está dispuesto para que la única convergencia posible sea la negativa.

Convergencias positivas y negativas


La globalización neoliberal consiste, entre otras cosas, en ceder soberanía democrática a tinglados burocráticos supranacionales a-democráticos al servicio de las multinacionales (UE, BCE, FMI, OMC, … ) con el fin de imponer una camisa de fuerza exterior a los ciudadanos y contribuyentes impidiendo cualquier resistencia democrática al empeoramiento planificado de las condiciones laborales y sociales.

En ninguna parte del tratado de Maastricht figura alguna cláusula de convergencia hacia pequeñas tasas de desempleo. El nivel de empleo no es una responsabilidad de la UE sino, en todo caso, de los estados miembros a los que se han arrebatado los mecanismos de política económica necesarios para corregirlo. Tampoco figura la convergencia en fiscalidad, ni en niveles salariales (salario mínimo), ni en servicios sociales y pensiones.

Así pues, la convergencia neoliberal que impregna los tratados no es una convergencia social y democrática a mejor sino de una convergencia a-social y a-democrática a peor. No se trata de una convergencia positiva sino de una convergencia negativa. Se trata de converger hacia abajo, converger hacia sueldos inferiores, mayor precariedad laboral, paro sin subsidio de desempleo, desprotección social, pensiones ridículas, privatización de la sanidad y la educación, … y así por el estilo. Dumpig social a la carta.


Mientras el Reino Unido efectuaba el desmontaje de la democracia social de posguerra por su cuenta, sin recurrir demasiado a la UE (M. Thatcher - dirigiendo batallas campales contra los sindicatos), Mitterrand estaba llevando a cabo su propia retirada del keynesianismo a través de la puerta trasera Europea.

Para desmontar el contrato social de posguerra M. Thatcher consiguió aislar el poder de decisión del control del poder legislativo. Los políticos entregaron estos poderes a organismos independientes, desde las múltiples agencias reguladoras nacionales al Banco Central de Inglaterra y de la Oficina de Responsabilidad Presupuestaria. La toma de decisiones se trasladó fuera del ámbito de la política, pero no fuera del Reino Unido.

Por el contrario, en lugar de enfrentarse directamente a los elementos combativos de la clase obrera francesa, Mitterrand también aisló el poder decisión pero desnacionalizándolo, recurriendo a los acuerdos europeos para forzar el desmantelamiento del modelo de economía mixta del capitalismo de posguerra. Mientras que M.Thatcher atacaba al sector público directamente, Mitterrand - y Kohl - lo hizieron indirectamente a través de las directivas europeas. Lo mismo puede decirse de otros países - como Holanda, Bélgica y Dinamarca - donde los viejos modelos corporativistas de capitalismo nacional fueron reformados y progresivamente desmantelados según las “imposiciones” de los acuerdos europeos. Desde el Tratado de Maastricht y la Agenda de Lisboa hasta el reciente Pacto Fiscal actual, la gestión del cambio socio-económico de las sociedades europeas se ha llevado a cabo colectivamente a nivel europeo.


La convergencia en el seno de la UE se ha convertido en una larga marcha hacia altas tasas de desempleo crónico, pobreza, polarización social y estancamiento. Un conglomerado variopinto de sub-estados no soberanos sin otra alternativa que la de adaptarse a la deriva neoliberal mercantilista según la hoja de ruta trazada por las grandes corporaciones multinacionales.

Un banco central que no puede actuar como tal


Los desequilibrios centro-periferia, agudizados con la crisis, no son un resultado inesperado de la implantación de la moneda única. Se trata de una terapia de choque, una táctica deliberada organizada por las grandes corporaciones en orden a liquidar lo que queda del estado del bienestar europeo, en la periferia y en el centro. El objetivo estratégico desde el principio ha sido una convergencia negativa hacia el empobrecimiento generalizado y la explotación de los trabajadores europeos en beneficio de las élites corporativas y financieras.

En el diseño neoliberal a-democrático de la eurozona, el Banco Central Europeo detenta el poder de una política monetaria europea puesta al servicio de banqueros, especuladores y multinacionales. Los tratados fijan límites estrictos al déficit y la deuda de los estados miembros al tiempo que otorgan patente de corso a los grandes grupos corporativos y financieros para generar desequilibrios. Los estados, fustigados por los mercados, deberán cercenar inversión, bienes y servicios públicos, en orden a mantenerse dentro de los estrictos márgenes de Maastricht.

Eurolandia cuenta con un banco central. Por el artículo 123 del Tratado de Lisboa el BCE tiene prohibido crear dinero para financiar los déficits públicos (precisamente la razón primordial de ser de un banco central). En Eurolandia los bancos privados se han asegurado el negocio de la intermediación y son los únicos que pueden acudir al BCE para obtener préstamos a bajo interés que a su vez prestan a los gobiernos, a tipos crecientes, para financiar sus déficits.

Con la excusa hipócrita de "controlar la inflación", el diseño institucional neoliberal favorece precisamente la privatización de las empresas y servicios públicos cuyos precios se disparan inmediatamente que cambian de manos.

En las actuales circunstancias, el BCE y los burócratas de Bruselas han impedido implementar políticas anticíclicas en los estados con recesión o estancamiento. La barra libre abierta a la banca europea durante el colapso de 2008 se ha cerrado a cal y canto para los gobiernos con problemas. Está claro que el BCE constituye una pieza clave para imponer las "reformas" antidemocráticas favorables a las multinacionales y sus banqueros.

Se trata de una unión constitucionalmente insolidaria donde la única solidaridad posible, nos repiten cada día machaconamente los "expertos", es la “solidaridad del mercado” que exige el dumping social para salir de la crisis (acatar los recortes si o si, en espera de que un hipotético crecimiento en otra parte nos saque del pozo vía exportaciones).


La ausencia de un prestamista de última instancia para los estados significa problemas de liquidez para los deudores y esto anima la especulación generando un aumento continuado de los costes de refinanciación de la deuda pública de los estados miembros con problemas, impidiendo políticas anticíclicas fiscales durante la recesión. Dado que tampoco se puede devaluar, los estados enfrentan una verdadera trampa MCD (moneda-crecimiento-deuda) como la que hundió a Argentina en 2001, un círculo vicioso de decrecimiento y deuda más cara, una convergencia hacia el abismo, la tabula rasa de la globalización neoliberal.

Esta convergencia negativa planificada quedaría disimulada por la escalada del crédito durante la burbuja inmobiliaria. El pinchazo de la burbuja y la desestabilización subsiguiente están dejando al descubierto el carácter fundamentalmente asocial e insolidario de los mecanismos de "convergencia" diseñados por la burocracia del euro al servicio de las multinacionales.

Así pues, Maastricht y el Tratado de Lisboa han convertido el área europea en un territorio óptimo para el crecimiento hipertrófico de multinacionales defraudadoras que operan y maquinan desde sus bases en los paraísos fiscales. Los pueblos y sus gobiernos obligados a una competición fratricida para atraer las esquivas y caprichosas inversiones de un puñado omnipotente de ejecutivos globales que viven en Richistán.

La terapia de choque en Europa: Modus operandi


Los altos niveles de endeudamiento público se deben a la socialización de las pérdidas y la asunción pública del endeudamiento tóxico del sector financiero privado. Tras el hundimiento de Lehman Brothers, muchos bancos privados fueron recapitalizados con fondos públicos y/o descargaron ingentes cantidades de activos tóxicos en "bancos malos" públicos. Las deudas de los bancos privados fueron garantizadas por los estados y se les concedió acceso barato e ilimitado a los bancos centrales. El resultado es que el riesgo de insolvencia (lo que denuncian las agencias de rating) se traspasó de la banca privada a los estados. El rating de la banca privada mejorando a costa del rating de los contribuyentes rescatadores.

Cuando las agencias de rating rebajan la calidad de un estado, la refinanciación se encarece. Los bancos privados recién rescatados pasan a ser agentes activos de los mercados adquiriendo deuda pública de los gobiernos. Cuanto más haya rescatado un estado, peor su rating y, por tanto, más beneficios por intereses para los bancos prestamistas y empeoramiento adicional del estado endeudado. Se trata de una espiral cuyo fondo son las pensiones, la sanidad, la educación, ... todo bien público o servicio público privatizable, ...

La crisis ha puesto de manifiesto el verdadero carácter de la convergencia europea. Cada estado miembro debe buscarse la vida en mercados financieros altamente especulativos, dispuestos a sangrar a los implicados según los métodos habituales utilizados con las economías subdesarrolladas. Toca recortar servicios y vender activos públicos a los monopolios privados al son que toque la troika (FMI, Comisión, BCE), y los acordes de la melodía no variarán demasiado de los que acompañaron la pauperación relámpago de Argentina a principios de esta década.

Convergencia hacia el abismo (centro y periferia)


Esta perversa convergencia no significa sólo soltar el lastre del estado del bienestar de la periferia. El objetivo neoliberal, al igual que en el otro lado del Atlántico, es acorralar los derechos democráticos y sociales de toda la UE, centro y periferia, reduciendo a escombros cualquier mecanismo de defensa frente a la explotación planificada de los grandes monopolios multinacionales.

El "elixir de la austeridad" que devolverá la confianza y las expectativas positiva, se ha convertido el discurso machacón de economistas, políticos y periodistas pro-sistema, para apoyar las políticas de acoso y derribo de lo que queda de estado del bienestar.

El deterioro resultante de esta desestabilización puede conducir a una cadena de estados fallidos. En la actualidad las estructuras de cohesión nacional sirven poco a los intereses de las élites (como no sea para rescates y socialización de pérdidas). Su desestructuración, criminalización y/o descomposición (México, Honduras, Rusia, Ucrania, Rumanía, Pakistán, Afganistán, ...) no importa demasiado a sus intereses ni a los de las multinacionales. Las élites se aíslan en complejos exclusivos de lujo (Richistán) y las multinacionales se adaptan con facilidad a los entornos mafiosos que sustituyen a las regulaciones públicas.

La convergencia definida en la hoja de ruta neoliberal conduce inexorablemente hacia el estallido de los estados y el avance de las mafias. El criminalcapitalismo.



Deuda, desequilibrio comercial y trampa MCD


El desequilibrio comercial ha sido una característica innata de la Eurozona. En toda unión monetaria no neoliberal, "coexisten" zonas superavitarias con zonas deficitarias. Dado que las regiones deficitarias no pueden devaluar, es preciso algún mecanismo de reciclaje que reduzca la divergencia y aumente la cohesión. En el diseño neoliberal los mecanismos de cohesión ni siquiera se contemplan. Con el estallido de la crisis el desequilibrio comercial aumenta. Hemos entrado en una espiral en la que el problema del endeudamiento agudiza el problema del desequilibrio comercial que a su vez desequilibra adicionalmente las cuentas públicas.

Una vez iniciada la espiral, empieza a opera otro fenómeno aún más peligroso, la trampa moneda-crecimiento-deuda que, como en el caso argentino, encadena una espiral de moneda sobrevaluada -  decrecimiento - más deuda, que precipita la depresión y el desastre.

Estamos entrando en un segundo estadio de la gran depresión. Tras el primer embate de la crisis financiera los rescates e intervenciones han desequilibrado presupuestos y retropropulsado el endeudamiento público. Hace un año hubiera parecido inconcebible que España, Irlanda, Austria, Portugal, Grecia, por no decir los recientes socios de la UE al completo, pudieran incurrir en la posibilidad de una suspensión de pagos. Pero la crisis ha convertido lo increíble en una escalofriante realidad a la vuelta de la esquina. La dantesca situación de Islandia, Irlanda, Letonia, Rumanía, Hungría, Grecia, ... y España, no es una ficción.

España 2010

En la primavera de 2009 le FMI (con fondos frescos de la ampliación de contribuciones) evitó la bancarrota a Hungría, Bielorusia, Ucrania, Letonia, Servia, Rumanía y Polonia. Ninguno de estos países pertenece a la Eurozona, pero Letonia estaba muy próxima a la integración. A cambio se impusieron drásticos ajustes. Se trataba de un ensayo general previo al ataque neoliberal al conjunto de la UE.

Hacia la liquidación de la Unión Europea


La posibilidad de una suspensión de pagos en cadena empieza a tomar cuerpo a medida que los inversores empiezan a desconfiar. Crecen las dudas de que incluso grandes economías como España o Italia puedan devolver nunca las ingentes cantidades de endeudamiento en que están incurriendo.

€uro-landing

Los mercados de capitales están penalizando a los PIIGS (los cerdos que se atrevieron a volar tan solo hace unos meses: Portugal, Italia/Irlanda, Grecia, Spain) y países del Este, con fuertes diferenciales de coste financiero con respecto a los países del centro, con economías más grandes, más resistentes y/o menos tocadas por la crisis.

Cuando un país se tambalea, los mercados especulativos ponen precio al riesgo de posible suspensión de pagos mediante veredictos de las agencias de rating (quitando "A"s o cambiando "+"s por "-"s en la etiqueta de "riesgo país") y aumentando el precio de los CDS (credit default swaps) que aseguran los títulos de deuda emitidos por el país. Y entre tanto se va conformando un enjambre carroñero de especuladores que apuestan por la quiebra del estado en cuestión.

Las apuestas están echadas. El hundimiento de la UE es sólo cuestión de tiempo. Los consensos políticos en los que se basa cualquier proceso de unificación están diluyéndose como un terrón de azúcar entre los malsanos vapores del elixir de la austeridad.

¿Es posible una Unión Europea  de izquierdas?


El complejo entramado institucional neoliberal está diseñado precisamente para prevenir tal eventualidad. Neutralizar todas las formas de dumping interno (laboral, social, ecológico), aumentar el presupuesto para aumentar la convergencia social, desbancar la los burócratas marionetas de las grandes corporaciones, romper los grandes monopolios que operan en nuestro territorio, destruir las grandes superficies que ahogan al pequeño comercio y a los agricultores, rescatar los servicios básicos (electricidad, transporte público, comunicaciones, vialidad, agua, alcantarillado, sanidad, educación, ...) de las garras monopolistas privadas, imponer un IVA disuasorio a la especulación financiera y rebajarlo en todos los productos y servicios básicos. Imponer fuertes impuestos a las grandes fortunas y a los grandes grupos empresariales. Imponer un embargo permanente a los paraísos fiscales, una legislación laboral y social común, un salario mínimo común, ...  Todo esto está implícitamente prohibido en los tratados.

Será preciso pues poner panza arriba esos  tratados de la Unión dictados, redactados y defendidos por los procuradores de los poderosos grupos empresariales monopolistas. Tratados anti-democráticos, tratados anti-convergentes, tratados anti-sociales, tratados anti-ecológicos y, en definitiva, tratados anti-europeos.

El proceso de integración europea, historia


El proceso de integración europea ha tenido dos etapas bien diferenciadas.

1. Una primera etapa keynesiana que tuvo un carácter más solidario y social que la actual y que duraría hasta la crisis de 1974.

La amenaza comunista tras los desastres de la 2ª G.M. propició el Plan Marshall y la fundación de una organización centralizada para administrar y canalizar la ayuda. La OEEC (Organisation for European Economic Cooperation) se constituyó en el año 1948 y ayudó a liberalizar el comercio entre los estados miembros coadyuvando acuerdos monetarios y cooperación económica entre ellos. Esta primera experiencia de colaboración sentaría las bases para la creación de un Mercado Común a 6.

La Europa de la posguerra registraba enormes desequilibrios comerciales entre los distintos estados. Si en aquel momento hubieran prevalecido los postulados neoliberales actuales Alemania y en general el conjunto de Europa no se hubiera recuperado nunca del desastre de la guerra. En 1950 se creó la Unión Europea de Pagos (EPU en inglés) que incluía a Alemania, Austria, Dinamarca, Islandia, Portugal, Holanda, Noruega, Suecia, Suiza, Trieste, Turquía , Grecia, Irlanda, Luxemburgo, Bélgica, Italia y Reino Unido. La EPU compensaba déficits de unos con superávits de los otros y financiaba a los países con problemas permitiendo, por ejemplo, que los enormes déficits alemanes no se tradujeran en medidas de austeridad como las que se aplican a Grecia en la actualidad y que hubieran entorpecido seriamente su recuperación.

El Tratado de París de 1951 y los Tratados de Roma (1957) establecieron una unión aduanera entre 6 estados. En el siglo XIX, tanto en el caso de la unificación alemana como en el de la italiana, la unión aduanera había precedido a la inmediata unión política. Parecía pues que se despejaba el camino hacia unos Estados Unidos de Europa. Sin embargo los intereses de los grandes conglomerados empresariales optaron por una unión económica al margen de la aspiración democrática de una unión política. Un mercado común (siempre ampliable) bastaba y sobraba y permitía mantener divididas las instancias políticas y democráticas que pudieran interponerse a la senda marcada por las multinacionales cada vez más concentradas y poderosas.

A diferencia de las uniones "nacionales" del siglo XIX, no se trataba en este caso de un pacto "nacional" entre el capital y el conjunto de la población para competir con otras naciones. La UE avanzaba por y para beneficio exclusivo de las multinacionales hacia un mercado cartelizado por grandes oligopolios y entidades bancarias.

2. La segunda etapa se ignició tras la crisis de los años 70 y acusó el diferencial impuesto por la rápida destrucción del New Deal norteamericano en comparación con las dificultades que presentaba su desmantelamiento en el viejo mundo. En EEUU la lejanía con respecto al bloque soviético y la débil tradición organizativa de su clase obrera, implicaron una notable ventaja comparativa en la implantación del calendario neoliberal.

El ataque al estado del bienestar en Europa, país a país, encontraba fuertes resistencias a los intereses de la gran patronal. La vía de ataque sería el sofisticado asalto a partir del entramado institucional de la integración. La resistencia europea la escalada neoliberal requería una acción coordinada y a escala supranacional.

De la retórica sobre la "convergencia" en renta per cápita, en integración regional, en crecimiento equilibrado, ... se pasó a la acción coordinada de las instituciones europeas para imponer la hoja de ruta neoliberal en el conjunto de la unión. Se pasó de una cooperación hacia la convergencia a una verdadera conspiración para la divergencia social, económica y espacial (Europa a dos, a tres, a cuatro velocidades). Las instituciones europeas se convertirían en los apóstoles del decálogo neoliberal: desreglamentación, privatización, flexibilización, subcontratación, temporalidad, movilidad, ... (la estimulante inseguridad), rentabilidad frente al servicio público, supeditación de la educación a la empresa, grandes superficies comerciales...

España 1011

La eficacia de esta estrategia sacaba partido del localismo de las conquistas sociales arrancadas y consolidadas a nivel nacional. El Acta Única Europea de 1987 que entraría en vigor el 1-1-1993 con la constitución del Mercado Único de mercancías, capitales y personas, representaría la consolidación de la nueva etapa: Dumping reglamentario en orden a poner en competencia las reglamentaciones nacionales (sociales, medioambientales, fiscales) a la hora de atraer inversiones de las multinacionales que lógicamente muestran una especial preferencia a ubicarse en las zonas menos reglamentadas. Una verdadera carga de profundidad contra el estado del bienestar europeo que experimentaría a partir de ahora una verdadera desbandada desreguladora.

De la serpiente monetaria al euro

Frente a la libre flotación de las monedas tras la crisis del SMI de Bretton Woods, la CEE intentó aislarse a base de compromisos de estabilidad cambiaria entre los miembros (serpientes monetarias). Estos compromisos acabaron madurando con la creación de la zona euro. Los países renunciaban a su moneda, a su política monetaria y a su política de tipos de cambio, para adoptar una moneda común sin avanzar un ápice en el terreno de la unión política.

Caso único en la historia. Un elemento clave de la soberanía nacional, la dirección de la política monetaria y del tipo de cambio, se dejaban a cargo de una estructura burocrática supranacional al servicio de las multinacionales (lobbys) y al margen de cualquier control democrático de los administrados.

A partir de ahora el reequilibrio entre economías con superávit comercial y economías con déficit pasaba íntegramente a manos de los mercados financieros, evidentemente ajenos al significado del término "cohesión" y por el contrario encantados de la oportunidad servida en bandeja para saquear países con déficit comercial estructural maniatados por Maastricht.

Crisis de sobreproducción y la última ampliación

La concentración del capital generó una creciente polarización de la riqueza y una estructura productiva irracional que se tradujo pronto en sobrecapacidad en la mayoría de los sectores productivos controlados por los oligopolios multinacionales. Demasiado acero, demasiados vehículos, demasiada leche, ... A partir de los 70 la delicada situación de la economía real precisó de una incubadora financiera cada vez más potente y sofisticada para mantenerla a flote.


La sobreproducción es mala para los beneficios así que los monopolios impusieron drásticas reducciones de costes laborales, apropiación de empresas y servicios públicos, desmontaje del estado del bienestar,... por un lado y malabarismos financieros para mantener la demanda, por otro.

Un paliativo a la sobreproducción fueron las sucesivas ampliaciones del marco integrador a medida que las multinacionales exigían mayores mercados y condiciones más laxas para operar. La senda hacia una Europa a varias velocidades se iba consolidando.

La caída de la Unión Soviética representó una oportunidad única para adelantar en la hoja de ruta ya descaradamente neoliberal. La nueva ampliación implicó un aumento de un 20% de la población aunque sólo un aumento del 5% en el PIB de la Unión. A los nuevos miembros se les prometió el dorado del capitalismo pero en realidad eran sus propias economías las que constituirían "el dorado" para las multinacionales.

La conquista del Este significó la ampliación del área de mercado, destrucción o colonización de sectores enteros de la economía, burbujas especulativas, saqueo, expropiación, privatización y reconversión de algunos de estos países en las maquilladoras de Europea. Buena parte del combustible para la orgía inmobiliaria española provenía de los despojos de las economías del este. Además, la ampliación ponía en manos de las corporaciones el arma definitiva para acabar con el estado social del bienestar europeo. Deslocalización, inmigración laboral y dumping social y medioambiental para socavar las conquistas sociales en los países de la antigua unión.

La zona euro y el fin de la cohesión

La unión monetaria debería haber sido el resultado predecible de una unión económica y política. El euro proporciona estabilidad y facilita los intercambios. Pero la compleja instauración de la moneda única obedeció fundamentalmente a los intereses neoliberales de las grandes corporaciones.

Se creaba una zona supranacional sin ningún mecanismo de cohesión entre los superàvits y déficits comerciales de los países miembros.

El tratado de Maastricht se constituyó en el instrumento disuasorio del uso democrático de la válvula del gasto público. El margen de maniobra democrática de los países miembros ha quedado reducido a una política de gasto público limitada por el Pacto de Estabilidad, y una política fiscal estrictamente limitada por el tratado (déficit máximo 3% del PIB y endeudamiento total inferior al 60% del PIB).

La crisis económica ha puesto en evidencia el carácter asocial e insolidario de toda esta maquinaria neoliberal. El recurso a la devaluación hacía que la posibilidad de quiebra fuera mucho más remota. Ahora cada miembro de la UE en apuros deberá autoimponerse una estricta dieta deflacionaria con una apetitosa subasta de activos públicos.

Dos varas de medir


Los países recientemente incorporados al mercado común europeo están sufriendo las consecuencias de la crisis con mayor violencia. La condición sine qua non para la incorporación fue su necesaria preparación (criterios Maastricht) para ingresar en la zona euro condiciones que dejaron completamente abiertas y desprotegidas sus economías frente a las avenidas especulativas de todo orden.

Fuertes caídas del PIB junto a desmesurados niveles de endeudamiento en euros que han resultado incobrables, han conducido a una situación crítica. El FMI ya ha intervenido en Latvia (PIB - 18% en 2009)y Hungría (-4%) para salvar la alta exposición de la banca austríaca e italiana, propietarias de toda la banca de dichos países. En contrapartida ha impuesto durísimas medidas deflacionarias en contra de la población. A pesar de todo, la situación es tan crítica que podrían convertirse pronto en estados fallidos (la deuda total acumulada de Latvia supera ya el 60% del PIB y la de Hungría ronda el 70%)

Los pequeños países del Este están sirviendo de conejillos de indias para observar las consecuencias de la imposición de "medidas correctoras" deflacionarias drásticas, antes de comenzar a imponerlas en las grandes economías del Occidente y el sur de Europa cuyos índices económicos están en situación mucho peor. El primer candidato, nadie lo dude, es España.

El fantasma de las suspensiones de pagos en cadena


La suspensión de pagos de un país del eslabón de cola (Rumanía, Irlanda, Grecia, ... ) podría generar un efecto dominó que amenazaría economías como la española o la italiana, lo cual haría saltar el euro por los aires.

Por otro lado, una quiebra en cadena de la periferia europea significaría una reducción de la demanda que implicaría el colapso y la implosión de la caldera exportadora alemana.

Plan Marshall 2.0.


Dada la inexistencia de un presupuesto suficiente de la unión, la única manera de circunvalar esta situación sería que los gobiernos de la Eurozona emitieran bonos en euros colectivamente en lugar de hacerlo como hasta ahora de forma individual. Ello anularía los diferenciales en tipos de interés que graban la deuda de los países con más problemas (el riesgo se diluiría entre todos los países de la eurozona y reduciría el nerviosismo de los inversores al desaparecer la posibilidad de una quiebra de estados soberanos en cadena).

La idea de conseguir fondos a partir de la emisión de EU bonos fue lanzada por primera vez por el presidente de la Comisión, Jacques Delors, en 1993 para financiar su plan de competitividad, crecimiento y empleo para Europa. Delors quería que los eurobonos sirvieran para financiar un presupuesto europeo más potente. La idea se descartó porque hubiera significado aumentar las contribuciones de algunos miembros reacios.


Se trataría, ni más ni menos, que de abandonar la hoja de ruta neoliberal impuesta por Maastricht por una senda más solidaria.

La emisión de deuda conjunta y la institución de un prestamista de última instancia de la Unión, significarían un primer paso en una nueva senda de integración más solidaria y democrática que la que impuesta hasta ahora por los lobbys multinacionales.

Otra posibilidad sería la de obligar a la banca europea (responsable de la difícil situación económica de los estados) a refinanciar a los países en dificultades obligándola a adquirir los nuevos títulos emitidos al vencimiento de los antiguos y a unos tipos de interés comunes y limitados.

El Banco Europeo de Inversiones debería reconvertirse en canalizador de un fondo europeo para la recuperación al estilo del Plan Marshall que podría financiarse introduciendo un impuesto a las transacciones financieras (con el doble efecto de desincentivar la especulación y redistribuir la renta)

La opción nuclear


La fusión completa del tinglado europeo "opción nuclear" (expulsión o abandono del €) no creo que interese a los oligopolios pero el capitalismo ha entrado en una fase de descontrol absoluto en el que la especulación campa sin control alguno y, por lo que vemos, eviscerar estados se está convirtiendo en el deporte favorito del casino financiero global.

La vuelta al marco alemán, o la opción de un euro centroeuropeo, implicaría una inmediata revalorización de las nuevas divisas y la subsiguiente implosión (a la japonesa) de las economías exportadoras que deberían someter a sus poblaciones a drásticos planes de devaluación interna (estilo periferia) para dejarlas en condiciones similares a sus competidores asiáticos.

Sólo la movilización social en favor de una integración social y democrática podrá evitar que este renqueante engendro de integración neoliberal siga perjudicando el bienestar y el futuro de la mayoría de la ciudadanía europea.

Links

Calendario de la integración europea

Simon Tilford:
To avoid a eurozone debt crisis


¿Salir del euro? Kevin O'Rourke

European Union faces deepest crisis in its history

Propuestas alternativas contra la crisis: Euromemorandum

En la senda de la privatización de la sanidad: la ley Bachelot

Se confirma lo impensable