El pinchazo de la IA
La burbuja de la IA está inflada por un circuito cerrado de financiación (NVIDIA invierte en Oracle, Oracle compra chips a NVIDIA; Microsoft invierte en OpenAI, OpenAI paga a Azure). Cuando un eslabón de esta cadena se rompa, el castillo de naipes colapsará.
El fracaso de la IA militar
La IA americano-israelí le está pasando lo mismo que al ejército americano-israelí. Está demostrando que no está a la altura. No funciona bien en el mundo moderno. La “victoria” de la “guerra” contra los gazatíes prometía mucho. Se lanzaron a invertir en infraestructuras con un valor de más de 1 billón de dólares. Se endeudaron hasta las cejas. Pero la promesa gazatí se fundió como un terrón de azúcar en las turbulentas aguas del Golfo. Nada de lo prometido se cumplía. La IA norteamericana sucumbió ante la ira iraní. Los sofisticados sistemas de satélites y algoritmos genocidas no funcionaron incluso frente a tormentas de anticuados drones que cubrieron los cielos de Oriente Medio. ¿Quién querrá comprar IA USA? ¿Qué ejército se arriesgará a usar IA que conduce inmediatamente al fracaso?
Las acciones de Palantir han caído aproximadamente un 14% en una sola semana (abril de 2026), a pesar del respaldo público del presidente Trump, quien alabó su tecnología en operaciones militares. Michael Burry, el conocido inversor de The Big Short ha intensificado su campaña bajista contra Palantir. Burry mantiene posiciones cortas y considera que el valor fundamental de la compañía está muy por debajo de su precio actual en torno a los 127 dólares. Aunque Palantir se benefició inicialmente del conflicto con Irán por su sistema Maven Smart System para identificación de objetivos, el entusiasmo inicial se ha desvanecido. El fracaso de la IA militar occidental es más que evidente. ¿Para qué sirve un modelo de lenguaje avanzado si no puede predecir movimientos enemigos ni optimizar una cadena de suministro durante un conflicto?
Carrera contra la IA China y endeudamiento masivo
El el volumen de las inversiones en centros de datos crece de forma exponencial, con empresas recurriendo a financiación externa (bonos, crédito) ante la falta de retorno inmediato.
La deuda de las 10 mayores tecnológicas (2025) supera los 120 mil millones de dólares (con un crecimiento del 167% interanual). El CapEx (Capital Expenditure), es decir la inversión en infraestructuras, prometido por las 5 grandes de IA (2026) son 680 mil millones son dólares.
El gasto de capital en IA de gigantes como Amazon, Alphabet y Meta es tan enorme que podría hacer que su flujo de caja libre se vuelva negativo en 2026, un claro signo de estrés financiero.
Las Big Tech están atrapadas en una espiral de gasto colosal. Solo en 2026, Amazon, Google, Meta y Microsoft invertirán la asombrosa cifra de 650.000 millones de dólares.
Verdaderas vacas de dinero (cash caws) las Big Tech hace unos meses, se han convertido en mendigos necesitados a toda costa de créditos del sistema bancario usurero en la sombra con cash flows en números rojos que no dan ya ni para pagar intereses.
La exposición de los centros de datos
Dos centros de datos de Amazon Web Services (AWS) en Emiratos Árabes Unidos (EAU) y otro en Baréin fueron bombardeados. Se acabó la neutralidad civil de la IA. Esto marca un antes y un después. Bajo el Derecho Internacional Humanitario, un objeto civil puede perder su inmunidad si realiza una "contribución efectiva a la acción militar". Las grandes tecnológicas, al firmar contratos millonarios con el Pentágono y con el ejército israelí, se han convertido en infraestructura de guerra de facto. El 31 de marzo de 2026, Irán publicó una lista de 18 empresas tecnológicas (entre ellas Google, Microsoft, Nvidia, Intel, Meta, Apple y Palantir) consideradas "objetivos legítimos".
Así pues, para asegurar su operatividad y continuidad futura, los centros de datos deberían haber sido construidos bajo tierra (como las fábricas de misiles y drones iraníes). Pero no se ha hecho así. Las ubicaciones actuales, como si se tratara de una industria “civil” están sumamente expuestas a posibles ataques de represalia, una vulnerabilidad añadida con la que no contaban las Big Tech cuando se lanzaron a la carrera hace dos años.
Contagio del ludismo anti IA en China
Por otro lado, la carrera por el monopolio de la IA se basa en sus supuestas capacidades para generar inmensos beneficios al aplicarla (venderla) a todos los sectores en un inmediato futuro. Por supuesto estos beneficios serían para los productores-vendedores de IA. Pero parece que no contaron con la resistencia creciente de los hasta ahora sumisos supuestos “consumidores beneficiarios”. En China las grandes tecnológicas se encuentran ya con grandes dificultades para su implantación a causa de las protestas cada vez más generalizadas de una población laboral con un alto grado de formación que ve como desaparecen rápidamente sus posibles puestos de trabajo. La IA es una verdadera depredadora de puestos de trabajo y el mismo Estado chino está tomando medidas para controlar y “domesticar” su implantación. En sectores como educación, medios y transporte, los sindicatos negocian cláusulas antidespido por IA. En España, el sindicato CCOO ha denunciado el uso de IA para vigilancia masiva del rendimiento en empresas como Telepizza o Amazon. Gobiernos regionales en Alemania y Francia están imponiendo trabas al despliegue policíaco de la IA mientras que Barcelona prohibió el uso de IA en el alquiler de viviendas para evitar discriminación algorítmica. El uso de cámaras con IA en el metro de Nueva York o en los colegios de China ha generado protestas masivas.
En China, la plataforma de conducción autónoma de Baidu, «Luobo Kuaipao», comenzó su despliegue a gran escala en Wuhan en 2024, ganando rápidamente cuota de mercado con precios tan bajos como la mitad o incluso menos que los servicios de transporte compartido convencionales. De inmediato se disparó la resistencia a los robotaxis y los vehículos logísticos no tripulados. Las formas de resistencia en estos sectores variaron desde acciones colectivas de grupos profesionales específicos a publicaciones o cartas abiertas en las que afirmaban que "el comercio de taxis está al borde de la extinción", acusando a las empresas tecnológicas de "monopolizar recursos y privar a la gente común de su sustento". Se estima que existen aproximadamente 10 millones de taxistas y conductores de servicios de transporte compartido en todo el país. Ello resultó en la intervención regulatoria gubernamental y el "frenado repentino": A finales de 2024, debido a la preocupación por la inestabilidad social causada por el desempleo de los taxistas, las autoridades reguladoras del gobierno chino congelaron la aprobación de nuevas licencias durante varios meses. A diferencia de otros países, el gobierno chino actúa a la vez como promotor de la IA pero basándose en consideraciones de estabilidad y seguridad social, consideraciones que impiden un desarrollo desbocado de la nueva tecnología. El gobierno busca un equilibrio entre el desarrollo de alta tecnología y el mantenimiento de la estabilidad social y la garantía del empleo. Medidas regulatorias: Orden de suspensión: Como se mencionó anteriormente, en abril de 2026, debido al fallo generalizado de Luobo Express, el gobierno suspendió rápidamente la emisión de nuevas licencias en todo el país. Por lo tanto, la implementación de la IA en China se está convirtiendo en un complejo juego entre el progreso tecnológico, la estabilidad social y la seguridad laboral. Su plan "AI Plus" busca la integración, sí, pero bajo estricta supervisión.
Esta es una dinámica de prisionero: ninguna puede permitirse quedarse atrás, aunque la rentabilidad sea incierta. La única forma de justificar estas cifras ante los accionistas es implantar la IA masiva y rápidamente, generando ingresos. No hay espacio para una pausa voluntaria. EE. UU. no tiene una ley federal integral y depende de regulación "ex post" (después del daño). Existe un fuerte lobby para desregular y mantener la competitividad frente a China. Intelectuales y organizaciones (como el Future of Life Institute) piden pausas por seguridad, pero son acusadas por sectores tecnológicos de ser un frente traidor para frenar a EE. UU. en beneficio de China. Este caos regulatorio y la paranoia geopolítica paralizan cualquier intento de establecer controles efectivos.
la ONU advierte que el 40% de los empleos globales podrían verse afectados por la IA. La inversión faraónica obliga a pisar el acelerador a fondo. El "freno" lo pone el impacto social y la inseguridad consiguiente. La necesidad de inmediatos retornos a las mastodónticas inversiones en centros de datos se va a ver frustrada por la resistencia creciente a la implantación desordenada de la IA.
Las dificultades y resistencias que emergen en China, el gran laboratorio global de IA, no están frenando a Occidente, sino que lo están empujando hacia una dirección potencialmente más peligrosa, no menos. Mientras China utiliza su modelo de control para gestionar los "frenos" sociales a su manera, Occidente—impulsado por una inversión sin precedentes de las Big Tech y una regulación más laxa—podría estar avanzando hacia un desarrollo más acelerado, pero también más descontrolado y socialmente disruptivo.
Así pues, grandes bancos como JPMorgan, Morgan Stanley y el japonés Sumitomo Mitsui ya están intentando reducir su exposición al riesgo del sector de centros de datos de IA. Han financiado cientos de miles de millones de dólares a empresas como Oracle y CoreWeave y ahora buscan distribuir parte de esa deuda para no sobrecargar sus balances. 108.000 personas del sector (récord desde 2009) ya han sido despedidas en lo que llevamos del año 2026 y, al parecer, los directivos están vendiendo sus acciones de forma acelerada (8,4 mil millones en ventas de acciones recientes).
Swaps en dólares
Tras los déficits acumulados durante la época de la guerra del Vietnam, el dólar USA dejó de ser convertible en oro. Fue el final del sistema de Bretton Woods y el inicio del sistema del petrodólar. Los EEUU se convirtieron en la potencia hegemónica en la región del Golfo y obligó a las débiles monarquías petroleras y a otros países productores a aceptar solamente la moneda USA para el cobro de sus exportaciones (los países que pretendieran salirse del corsé del petrodólar quedarían sometidos a sanciones y embargo como así ocurrió con Irán, tras 1979 o Venezuela). El dólar dejó de apoyarse en el oro para apoyarse en el petróleo. El sistema del petrodólar se sostenía sobre dos pilares: 1) El comercio del petróleo en dólares y 2) La OPEP como mecanismo para controlar la oferta y, por tanto, el poder de la moneda. Dado el curso que ha tomado la guerra de Israel y los EEUU contra Irán, este sistema se tambalea.
El mundo funciona con una enorme cantidad de deuda y comercio denominados en dólares. En momentos de estrés (como la crisis de 2008 o el COVID-19), los bancos e instituciones fuera de EEUU necesitan desesperadamente dólares para pagar sus deudas. Si no los consiguen, se produce una "fuga hacia la calidad" (venta de bonos del tesoro USA). Si los inversores en bonos del Tesoro venden en el mercado secundario, el valor de dichos títulos disminuye. Ante el desinterés de los inversionistas, EEUU deberá ofrecer tasas de interés más altas para colocar sus nuevos bonos, por lo que le costará más financiar su deuda. Pero con subidas de tipos en momentos de crisis se congelan los mercados crediticios globales.
Entonces, interesa, a toda costa que los inversores no procedan a ventas masivas de bonos del tesoro USA, y el mecanismo para calmar las ventas de bonos son los swaps en dólares.
Una línea de swaps de dólares es un mecanismo de último recurso para prevenir una crisis de liquidez en dólares fuera de Estados Unidos. Normalmente, la función de prestamista de última instancia (proveer liquidez en una crisis financiera ante un estrangulamiento del crédito) corresponde a los bancos centrales nacionales. En un mundo dolarizado, la Fed puede actuar como “prestamista de prestamistas” de última instancia. Los swaps en dólares son el mecanismo que permite a la Fed actuar como el banco central del mundo.
En condiciones “normales y controlables”, existen dos niveles de acceso a los swaps de la Fed: un primer nivel “permanente” que integra a 5 bancos centrales (Canadá, Inglaterra, Japón, Suiza y el BCE) que pueden solicitar el giro de swaps para prevenir crisis de liquidez; y un segundo nivel “temporal y discrecional” según el cual se pueden conceder de forma puntual swaps en dólares a otros países distintos de los 5 mencionados, en casos de crisis insalvables. Se han concedido swaps de 2º nivel a países como México, Brasil, Corea del Sur o Singapur.
Los Emiratos Árabes Unidos (EAU), con sus bolsillos rebosantes de dólares, adquirieron enormes cantidades de deuda pública USA (más de 2 billones de dólares en bonos del tesoro USA) y, más adelante, se dedicaron a realizar adquisiciones de activos en diversos sectores de EEUU.
La carrera fue yendo cada vez a más y ya no bastaron sus petrodólares. Las grandes adquisiciones de activos (principalmente en el goloso sector de la IA) se apalancaron a base de créditos (respaldados en teoría en sus futuros ingresos por ventas de petróleo). Pero no se trató de créditos obtenidos del sistema financiero regulado, sino del sector del “crédito privado” desregulado, del que hablaremos más adelante.
La guerra con Irán ha dañado la infraestructura energética de los Emiratos Árabes Unidos (EUA) y, lo que es más crítico, el bloqueo de Irán al Estrecho de Ormuz ha paralizado sus envíos de petróleo, privándoles de su principal fuente de ingresos en dólares.
Los EAU se dedicaron a realizar grandes adquisiciones de activos en EEUU fuertemente apalancadas y ahora tienen que pagar grandes sumas en concepto de intereses de las deudas contraídas (detentan más de 2 billones de dólares en activos soberanos).
Pero no tienen dólares “líquidos” (no pueden vender su petróleo) a menos que pongan en venta sus bonos del tesoro USA. Lo mismo ha ocurrido con los otros países del Golfo que también han comenzado también a vender sus reservas de bonos estadounidenses para obtener la liquidez que necesitan. Sólo en marzo de 2026, los países productores de petróleo de Oriente Medio redujeron sus tenencias de deuda estadounidense en unos 660 mil millones de dólares para hacer frente a la crisis.
Ahora, son todos los países del Golfo los que se han puesto a la cola solicitando swaps en dólares. Pero no sólo ellos. Turquía ha vendido 220 mil millones de dólares en bonos extranjeros (mayoritariamente bonos del Tesoro de EE. UU.) desde el inicio de la guerra para estabilizar su moneda. Japón (que es el mayor tenedor extranjero con más de 1,2 billones de dólares en bonos del tesoro) a causa de la actual crisis energética, ha comenzado a vender dichos bonos. El 30 de abril de 2026, Japón vendió por más de 90 mil millones de dólares (estimado por Reuters), inyectando esa cantidad en el mercado para comprar yenes masivamente. China lleva años disminuyendo sus tenencias en Bonos del Tesoro USA. La India y otros países asiáticos están también vendiendo Bonos del Tesoro USA a mansalva para mantener el valor de sus monedas. Todo ello ha provocado una caída total de 820 mil millones de dólares en las reservas en custodia en la Fed.
Swaps a discreción. ¿Café para todos?
El Secretario del Tesoro de EEUU, Scott Bessent, confirmó a finales de abril ante el Senado que "muchos de nuestros aliados del Golfo han solicitado líneas de swap",También los han solicitado varias naciones asiáticas. Los fondos soberanos del Golfo gestionan más de 6 billones de dólares en activos, con una fuerte exposición a bonos del Tesoro de EEUU. Si todos ellos empezaran a vender sus bonos de forma desordenada para obtener dólares, provocarían una subida de tipos de interés en EEUU y una crisis en su propio mercado de deuda. Unas líneas de swaps (café para todos) es el precio que paga Washington para "comprar" su lealtad y mantenerlos dentro del sistema del dólar. Una crisis de liquidez en dólares en todo el Golfo tendría un nefasto efecto dominó en los mercados financieros mundiales, desde Londres hasta Singapur.
El swap típico está diseñado para una crisis de liquidez temporal. El banco central extranjero tiene una necesidad aguda de dólares, pero se espera que recupere sus ingresos en dólares (por exportaciones, turismo, etc.) en el corto plazo.
El Tesoro, utilizando su Exchange Stabilization Fund (ESF) —el mismo fondo que usó para el swap de Argentina en 2023 para salvar al soldado Milei—, sería el principal vehículo para conceder estos swaps, evitando que sea la Fed la que los conceda para no alarmar a los mercados.
Con la crisis de la guerra del Golfo se ha producido una gran escasez de dólares. Todos los inversores y bancos del mundo quieren dólares para pagar sus deudas o refugiarse. Esta demanda masiva hizo que el dólar se apreciara bruscamente. Así pues, los swaps, en el corto plazo, serían beneficiosos al disminuir la presión sobre el dólar. Los swaps inyectan liquidez. La Fed (o el Tesoro) proporciona dólares a los bancos centrales extranjeros a cambio de su moneda local. Estos bancos centrales prestan esos dólares a sus bancos comerciales, que sufren la escasez. Se reduce así momentáneamente la prima de liquidez y la desesperación por obtener la moneda USA.
Pero si los swaps son masivos y sostenidos, la depreciación inducida del dólar dejaría de ser temporal para convertirse en estructural. La razón es que no se estaría revirtiendo una prima de pánico coyuntural, sino financiando un déficit comercial energético permanente de los países del Golfo y del resto de países que han conseguido swaps.
Además, el café para todos significará que si la guerra se prolonga y todos los países del Golfo (y parte de Asia) necesitan ayuda a la vez, el fondo del Tesoro se quedará corto. El ESF tiene sólo unos 219 billones de dólares. En comparación, durante la crisis de 2008, la Fed llegó a tener 550 billones en swaps activos.
Si el ESF se agota, EEUU tendrá que pedir dinero al Congreso o hacer que la Fed imprima más dólares para recapitalizar el fondo del Tesoro. Si los inversores perciben que EEUU está monetizando su deuda para rescatar a medio mundo, la confianza en el dólar se erosionará.
Con los países del Golfo desballestados, la Reserva Federal USA (FED) ha de acudir al rescate, sí o sí. El propósito de estas nuevas líneas de swap es mantener el orden en los mercados de financiación en dólares y evitar la venta de activos estadounidenses de forma desordenada. Prefieren dar dólares a los EAU a través de un swap controlado a que los EAU inunden el mercado con bonos estadounidenses, lo que haría subir los tipos de interés y costaría mucho más caro a EE.UU. financiar su propia deuda (una alternativa a los swaps típicos son las “facilidades de Repo FIMA”. En lugar de intercambiar su moneda nacional, estos países entregan sus propios bonos del Tesoro de EE. UU. como garantía para recibir dólares en efectivo temporalmente).
Si la causa de la escasez (el bloqueo del petróleo) no desaparece en 3 meses, la capacidad de estos países para devolver los dólares al final del swap es nula. La única salida es renovar el swap una y otra vez (rollover), un peloteo de swaps, convirtiéndose en un préstamo a plazo indefinido garantizado por las reservas (bonos del Tesoro) que los países del Golfo tienen en custodia. Esto es técnicamente posible (la Fed ya ha renovado swaps en el pasado), pero transforma el instrumento de "liquidez temporal" a "financiación estructural de déficit". Si los mercados perciben que la Fed/Tesoro están monetizando implícitamente el déficit de dólares de medio mundo, los inversores extranjeros podrían empezar a diversificar masivamente sus reservas fuera del dólar de forma preventiva. Y de hecho ya lo están haciendo. Los países con grandes tenencias de bonos (China, Japón, Golfo) están negociando sistemas paralelos de swaps al margen de la Fed norteamericana.
La red de swaps entre países de la ASEAN+3 (China, Corea del Sur y el Sudeste Asiático) (Iniciativa Chiang o CMIM) desde abril de 2025 decidió usar el yuan chino (RMB) como principal base de los swaps). Los países de Asia Oriental y el Sudeste Asiático están ahora mismo reforzándola para que sirva como un verdadero cortafuegos financiero regional ante la incertidumbre global. El objetivo es transformarla en un fondo con capital pagado por adelantado (Paid-In Capital). Esto le daría más velocidad, funcionando de manera más parecida a una reserva conjunta.
Por su parte, China está construyendo una red basada en el Renminbi (RMB) estableciendo líneas de swap con más de 40 países. Estos acuerdos permiten a los países pagar importaciones chinas en yuanes.
Además, los bancos centrales acumularon un total neto de 244 toneladas de oro en el primer trimestre de 2026, registrando el ritmo más rápido en más de un año, Impulsada por Polonia, Uzbekistán y China, dando continuidad a la tendencia a largo plazo de diversificar las reservas, alejándolas del dólar estadounidense. La aceleración en las compras de oro se debe al deseo de adquirir activos distintos del dólar.
En realidad, cargarse a la OPEP es Un golpe al mismo corazón del petrodólar. El sistema del petrodólar se sostiene sobre dos pilares: El comercio obligado del petróleo en dólares y La OPEP como mecanismo para controlar la oferta y, por tanto, el poder de la moneda “petrodólar”.
El crédito privado se va a comer a Wall Street
Tras la gran crisis financiera de 2008, las nuevas regulaciones del sistema bancario para evitar una repetición de la crisis de las hipotecas subprime, como los requisitos de capital de Basilea III, hicieron que prestar a ciertos sectores riesgosos fuera significativamente más caro y menos rentable para los bancos.
Al mismo tiempo, las políticas de tipos de interés bajos y flexibilización cuantitativa (Quantitative Easing inyecciones de dinero fresco desde los bancos centrales a las entidades financiera privadas con problemas) que siguieron a la crisis empujaron a grandes inversores (como fondos de pensiones y aseguradoras) a buscar alternativas que ofrecieran mayores retornos que los bonos gubernamentales tradicionales.
El crédito privado emergió como esa alternativa atractiva, ofreciendo mayores rendimientos a cambio de iliquidez.
El “crédito privado” ha existido siempre como vía de acceso al crédito por parte de negocios que no cualifican para obtenerlo en el sistema bancario oficial. Es una especie de crédito “en negro” por el cual los inversores con ansias de altos rendimientos suministran sus fondos a prestamistas opacos (por lo general experimentados y con conocimiento fehaciente de este mercado), que los canalizan a empresas o individuos en dificultades (o negocios poco o nada legales). Se trataba, hasta finales de la década de los 2000, de un minúsculo mercado financiero al margen de las regulaciones que rigen para la banca oficial.
Lo que hizo la gran banca para sortear las regulaciones impuestas tras el escandaloso rescate de 2008 fue trasladar sus actividades financieras más lucrativas a áreas con menos supervisión entrando a saco en el “crédito privado” y expandiéndolo a niveles inconmensurables.
Los actores de este mercado son las Business Development Company (BDC) es un vehículo de inversión que ya existía en Estados Unidos desde los años 1980s, que permitía a inversores minoristas (no sólo institucionales) invertir en deuda privada de empresas de mediano tamaño. Es decir, actuaba como un banco alternativo, una especie de banca usurera al margen de las regulaciones de la banca oficial, para empresas o particulares que no acceden fácilmente al crédito tradicional.
Las BDC no pagan impuestos sobre sociedades. Esto las hace muy atractivas para inversores que buscan una alta rentabilidad por dividendo. Tras la crisis de 2008, los bancos más grandes de EE. UU. han incrementado a niveles monstruosos las líneas de crédito a las "Business Development Companies" (BDCs). Al prestar a las BDCs, los bancos no asumen el riesgo “directo”"indirecto" de la empresa que toma el préstamo final (por ejemplo, una fábrica al borde de la quiebra o una promotora inmobiliaria en Chicago). En su lugar, asumen el riesgo ·"indirecto” de que el propio fondo de crédito privado, la BDC, pueda quebrar. Las BDCs contratan a una firma externa (Blackstone, Ares, Apollo, KKR y Blue Owl son algunas de las gestoras más grandes del sector) para gestionar las inversiones. A cambio, esta firma cobra suculentos honorarios.
Las operaciones de crédito privado ofrecen rendimientos que pueden alcanzar hasta el 22%. Financian a empresas que no califican para préstamos bancarios tradicionales o se utilizan para situaciones complejas como rescates o reestructuraciones.
Según los datos más recientes, las BDCs estadounidenses acumulan entre 450.000 y 554.000 millones de dólares en activos.
Las BDC no se limitan a EE.UU. A través de ellas, los grandes fondos de private equity invierten en empresas de todo el mundo. Los grandes fondos de private equity (capital privado) son administrados por las llamadas "firmas de gestión de activos alternativos". La industria está dominada por un grupo de gigantes estadounidenses (Blackstone, Apollo Global Management, KKR & Co., Brookfield Asset Management, The Carlyle Group, etc.) que, juntos, manejan billones de dólares en activos. Reúnen dinero de grandes inversores institucionales, como fondos de pensiones, aseguradoras, soberanos y donaciones universitarias y los utilizan, a menudo apalancado con deuda, para comprar empresas completas (públicas o privadas) con el objetivo de venderlas más adelante con una ganancia. Blackstone es considerado el mayor propietario mundial de centros de datos, un activo crucial en la era de la inteligencia artificial.
Estas firmas son también los mayores actores en el mercado de crédito privado, un mercado que ha crecido hasta los 3,5 billones de dólares y donde compiten directamente con los bancos tradicionales.
El sector de las "finanzas intermedias no bancarias" (NBFI, por sus siglas en inglés), donde se engloba el “crédito privado”, ha crecido hasta los 250 billones de dólares a nivel mundial, superando el tamaño del sector bancario tradicional.
En España Ares Capital Corp (una BDC) poseía deuda del Atlético de Madrid, y Blackstone ha financiado a la empresa educativa Metrodora o a la plataforma de viajes Perk. KKR utilizó una BDC para financiar la cadena dental Dentix.
Las BDC son grandes prestamistas de empresas de software, un sector que ha generado cierta volatilidad recientemente ante el auge de la inteligencia artificial. UBS estima que entre el 25% y el 35% de las carteras de crédito privado (unos 450 mil millones de dólares sólo en BDCs) están invertidas en el sector de la IA. Recientemente (febrero 2026) quebraron ya varias BDCs con gran exposición al sector del software.
Aún no hay noticias de una quiebra reciente de una Business Development Company (BDC) como tal. Sin embargo, aunque ninguna BDC ha quebrado, el sector está atravesando una crisis de confianza severa con consecuencias muy graves, incluyendo la pérdida masiva de valor de sus activos y una estampida de inversores que ha dejado a varios fondos al borde del colapso. La analogía más precisa es la de un pánico bancario: los inversores están retirando su dinero en masa de las BDC, lo que ha obligado a los fondos a limitar los reembolsos y a revaluar drásticamente a la baja sus inversiones. Lo que sí se ha producido ya es el colapso de dos grandes empresas a las que estas BDC habían prestado grandes sumas. First Brands Group (proveedor de autopartes) se declaró en quiebra en septiembre de 2025. Al menos 15 BDC tenían exposición a esta empresa, acumulando pérdidas por 190 millones de dólares solo en el tercer trimestre. Tricolor Holdings (créditos para autos) también quebró en 2025, provocando una pérdida directa de 170 millones para JPMorgan, que era prestamista.
Como ya apuntábamos antes, los préstamos a empresas relacionadas con la IA son la mayor concentración sectorial en las carteras de las BDC. Se estima que unos 206 mil millones en deuda de empresas de software vinculadas a las BDC vencerán sólo entre 2028 y 2029. La incapacidad de refinanciar esta deuda en un entorno de tipos de interés altos es una amenaza existencial. Las acciones de las BDC se han desplomado a causa de la pérdida de valor de sus carteras tecnológicas. El pánico se ha manifestado en una avalancha de solicitudes de reembolso. Pero, como ya explicamos más arriba, la estructura de estos fondos (semilíquidos, que permiten retirar solamente un 5% del capital cada trimestre) implica que estamos ante un “corralito” puesto que los inversores en pánico se encuentran con que la mayor parte de sus fondos están bloqueados y no pueden retirarlos.
Además, en la última década, las aseguradoras estadounidenses han invertido masivamente en este tipo de deuda privada (buena parte en acciones de BDCs). Este tipo de activos representa ahora alrededor del 35% de sus inversiones totales. Si estas empresas de software en problemas empiezan a impagar sus deudas, las pérdidas no recaerán en los bancos de Wall Street, sino directamente en los fondos de pensiones y en los ahorradores minoristas que compraron anualidades o seguros de vida a estas aseguradoras. Las aseguradoras, en busca de retornos superiores a los bonos corporativos tradicionales o la deuda pública, mantenían aproximadamente 1,8 billones de dólares en crédito privado a principios de 2026.
El monto de la Deuda Pública USA ya ronda los 40 billones de dólares. En 2020, el gobierno de EE. UU. gastó aproximadamente 345 mil millones de USD en intereses. Para 2026, esta cifra casi se triplicará (en 2020 los tipos de interés eran muy bajos), superando los 1.000 millones de dólares. El servicio de esta deuda está consumiendo una parte cada vez mayor de los ingresos del presupuesto federal, reduciendo el espacio fiscal para políticas sociales, inversiones en infraestructura o defensa. La relación deuda/PIB de EEUU es superior al 100% lo cual indica que no hay margen fiscal para un rescate estilo 2008 o 2020. En 2008, el gobierno podía endeudarse porque la deuda estaba en el 60% del PIB. En 2020, en el 80% del PIB. En 2026, en el 105% del PIB ya no queda margen.
Dada la relación deuda/PIB, EEUU deberá priorizar el petrodólar sobre Wall Street o a la inversa. La Reserva Federal tendría que elegir entre rescatar a los bancos y fondos de inversión expuestos a las Big Tech (como en 2008) y al crack del crédito privado o proveer swaps masivos a los países del Golfo y otros países para evitar el colapso del petrodólar. Si hace ambas cosas a la vez, ello exigiría una expansión monetaria sin precedentes que depreciaría estructuralmente el dólar.
Salvar al soldado Wall Street primero
La Reserva Federal está intentando evitar precisamente esa elección trágica. Pero las cosas van tan deprisa, y ante el tremendo rugido de la tormenta en ciernes se ha visto obligada a actuar. Mientras “contempla” la necesidad de líneas masivas de swaps para sus socios internacionales, la Reserva Federal ya ha tomado una decisión implícita: evitar el colapso del sistema bancario doméstico a toda costa. Sin embargo, lo está haciendo con una estrategia diferente a la de 2008 o 2020, precisamente para no alarmar a los mercados sobre el estado real de las cosas.
Se rebajan las reglas (Basel III, estrés, LCR) para que los bancos necesiten menos dólares de la Fed en una crisis. La Fed está cambiando la ingeniería del sistema para que los bancos puedan operar con mucho menos capital y liquidez regulatorios. Es la antítesis de 2008. Está, en esencia, desmontando las regulaciones post-2008 para dar a los bancos un margen de maniobra masivo reduciendo los requisitos de Capital (Basel III Endgame): El 19 de marzo de 2026, la Fed, la OCC y la FDIC presentaron una nueva propuesta para implementar Basel III que es un giro de 180 grados respecto a la versión de 2023.
El cambio más significativo es que, en lugar de aumentar el capital, las nuevas normas reducirían modestamente los requisitos de capital para los grandes bancos y de forma más significativa para los más pequeños. El objetivo declarado es "simplificar" y evitar que el capital se convierta en un lastre. Pero la ingeniería financiera para liberar capital bancario lleva meses, no días. Y precisamente lo que falta es tiempo.
Desde diciembre de 2025, la Fed ha reactivado su balance (comprando activos) después de años de reducción (QT). Los titulares hablan de "QE5" (quinta ronda de flexibilización cuantitativa), pero la realidad es más sutil y preocupante a la vez: No es QE tradicional. La Fed insiste en que NO está imprimiendo dinero para estimular la economía. Lo llama "gestión de reservas". ¿Qué está comprando?: Para evitar que el sistema bancario se quede sin liquidez (reservas), la Fed está comprando principalmente letras del Tesoro a muy corto plazo - menos de 1 año -; “se queda” con el activo y a cambio, crea reservas que acredita en los bancos. Suplementariamente está realizando operaciones de recompra (repos) proveyendo liquidez de emergencia a corto plazo, prestando dólares a cambio de garantías (colateral) intentando evitar que las tasas de interés se disparen. Se presenta como que no es QE. Pero en realidad es una QE encubierta puesto que el balance de la Fed sigue creciendo. En el pasado, la Fed compraba bonos a 10 o 30 años para bajar las tasas de interés (QE real).
Así pues, para evitar una crisis de liquidez bancaria por la exposición a Big Tech/private credit, la Fed ya está inyectando dólares al sistema de forma encubierta.
No ha esperado a la materialización del crack como hizo en 2008 para rescatar a la banca comprometida en la burbuja inmobiliaria. Está actualmente “rescatando”, de forma encubierta, a la banca en apuros, inyectando enormes cantidades de “nuevos” dólares que, a pesar del camuflaje, acaban apareciendo en los balances de la Fed.
Por lo tanto, la Fed está eligiendo priorizar el frente doméstico sobre el internacional. Si la Fed imprime dólares para los bancos domésticos (que ya lo está haciendo) Y además se ve obligada a imprimir una cantidad masiva adicional para proveer los swaps que pide el Golfo, la expansión monetaria será enorme. La pregunta es si puede hacer ambas cosas a la vez sin que el dólar se deprecie estructuralmente. La respuesta es NO. Los datos muestran que el mercado ya anticipa problemas. La tasa de inflación implícita a 10 años (breakeven inflation rate) ha subido al 2,44%, su nivel más alto desde mediados de 2025, impulsada tanto por el déficit fiscal como por los riesgos geopolíticos en el Golfo. Así pues, el mercado ya está descontando que la Fed tendrá que elegir y que ninguna de las opciones es buena.
Corralito global de dólares
Si a la crisis de liquidez del Golfo y los límites del Exchange Stabilization Fund (ESF) se le suma el casi seguro pinchazo de la burbuja de las Big Tech (y el colapso subsiguiente de las bolsas mundiales) y el de la burbuja crediticia del crédito privado, el mecanismo de salvataje a base de swaps en dólares no sólo quedaría encallado, sino que se fragmentaría en dos crisis independientes, pero mutuamente contagiosas, desbordando por completo la capacidad de respuesta de la Reserva Federal y el Tesoro.
Ambas crisis se retroalimentan. El colapso de las Bolsas reduce el valor de los fondos soberanos del Golfo (que han invertido masivamente en Big Tech) con lo cual su capacidad para devolver los swaps se reduce aún más. El colapso de las Big Tech implica que los bancos europeos y asiáticos (con exposiciones cruzadas) sufren pérdidas y por tanto necesitan más dólares para cubrir sus posiciones. La demanda de dólares se dispara en ambos frentes.
El resultado es un corralito global de dólares: todos quieren dólares, y solo la Fed puede imprimirlos, pero hacerlo a gran escala para dos crisis simultáneas provocaría una crisis de confianza en el valor de la moneda.
Es la Tormenta Perfecta: Crisis de liquidez del petrodólar, Colapso de la burbuja de la IA, colapso del crédito privado, endeudamiento récord de EEUU.Al final, el soldado a salvar va a ser el mismo dólar.









