7/5/26

Salvar al soldado Wall Street o salvar al soldado Petro Dólar

 


Si a la crisis de liquidez del Golfo y los límites del ESF se le suma el casi seguro pinchazo de la burbuja de las Big Tech (y el colapso subsiguiente de las bolsas mundiales) y el de la burbuja crediticia del crédito privado, el mecanismo de salvataje a base se swaps en dólares no sólo quedaría encallado sino que se fragmentaría en dos crisis independientes, pero mutuamente contagiosas, desbordando por completo la capacidad de respuesta de la Reserva Federal y el Tesoro. 

El pinchazo de la IA
 
La burbuja de la IA está inflada por un circuito cerrado de financiación (NVIDIA invierte en Oracle, Oracle compra chips a NVIDIA; Microsoft invierte en OpenAI, OpenAI paga a Azure). Cuando un eslabón de esta cadena se rompa, el castillo de naipes colapsará.

Las acciones de Palantir han caído aproximadamente un 14% en una sola semana (abril de 2026), a pesar del respaldo público del presidente Trump, quien alabó su tecnología en operaciones militares. Michael Burry, el conocido inversor de The Big Short ha intensificado su campaña bajista contra Palantir. Burry mantiene posiciones cortas y considera que el valor fundamental de la compañía está muy por debajo de su precio actual en torno a los 127 dólares. Aunque Palantir se benefició inicialmente del conflicto con Irán por su sistema Maven Smart System para identificación de objetivos, el entusiasmo inicial se ha desvanecido. El fracaso de la IA militar occidental es más que evidente. ¿Para qué sirve un modelo de lenguaje avanzado si no puede predecir movimientos enemigos ni optimizar una cadena de suministro durante un conflicto?

Endeudamiento masivo para financiar la carrera de la IA a base de inversiones en infraestructura sin retorno garantizado: La deuda de las 10 mayores tecnológicas (2025) supera los 120 mil millones de dólares (con un crecimiento del 167% interanual). El CapEx (Capital Expenditure), es decir la inversión en infraestructuras, prometido por las 5 grandes de IA (2026) son 680 mil millones son dólares.
 
Verdaderas vacas de dinero (cash caws) las Big Tech hace unos meses, se han convertido en mendigos necesitados a toda costa de créditos del sistema bancario en la sombra con cash flows en números rojos que no dan ya ni para pagar intereses. 

La IA americano-israelí le está pasando lo mismo que al ejército americano-israelí. Está demostrando que no está a la altura. No funciona bien en el mundo moderno. La “victoria” de la “guerra” contra los gazatíes  prometía mucho. Se lanzaron a invertir en infraestructuras con un valor de más de 1 billón de dólares. Se endeudaron hasta las cejas. Pero la promesa gazatí se fundió como un terrón de azúcar en las turbulentas aguas del Golfo. Nada de lo prometido se cumplía. La IA norteamericana sucumbió ante la ira iraní. Los sofisticados sistemas de satélites y algoritmos genocidas no funcionaron incluso frente a tormentas de anticuados drones que cubrieron los cielos de Oriente Medio. ¿Quién querrá comprar IA USA? Qué ejército se arriesgará a usar IA que conduce inmediatamente al fracaso. 

 


 Grandes bancos como JPMorgan, Morgan Stanley y el japonés Sumitomo Mitsui ya están intentando reducir su exposición al riesgo del sector de centros de datos de IA. Han financiado cientos de miles de millones de dólares a empresas como Oracle y CoreWeave y ahora buscan distribuir parte de esa deuda para no sobrecargar sus balances. Analistas de Evercore ISI ya han encendido "banderas amarillas" porque el gasto de capital en IA de gigantes como Amazon, Alphabet y Meta es tan enorme que podría hacer que su flujo de caja libre se vuelva negativo en 2026, un claro signo de estrés financiero.
108.000 personas del sector (récord desde 2009) ya han sido despedidas en lo que llevamos del año 2026 y, al parecer, los directivos están vendiendo sus acciones de forma acelerada (8,4 mil millones en ventas de acciones recientes). 

Nubarrones sobre el petrodólar
 

Tras los déficits acumulados durante la época de la guerra del Vietnam, el dólar USA dejó de ser convertible en oro. Fue el final del sistema de Bretton Woods y el inicio del sistema del petrodólar. Los EEUU se convirtieron en la potencia hegemónica en la región del Golfo y obligó a las débiles monarquías petroleras y a otros países productores a aceptar solamente la moneda USA para el cobro de sus exportaciones (los países que pretendieran salirse del corsé del petrodólar quedarían sometidos a sanciones y embargo como así ocurrió con Irán, tras 1979 o Venezuela). El dólar dejó de apoyarse en el oro para apoyarse en el petróleo. El sistema del petrodólar se sostenía sobre dos pilares: 1) El comercio del petróleo en dólares y 2) La OPEP como mecanismo para controlar la oferta y, por tanto, el poder de la moneda. Dado el curso que ha tomado la guerra de Israel y los EEUU contra Irán, este sistema se tambalea. 


Los problemas financieros de los EAU

 
Los Emiratos Árabes Unidos (EAU), con sus bolsillos rebosantes de dólares, adquirieron enormes cantidades de deuda pública USA (más de 2 billones de dólares en bonos del tesoro USA) y, más adelante, se dedicaron a realizar adquisiciones de activos en diversos sectores de EEUU.
La carrera fue yendo cada vez a más y ya no bastaron sus petrodólares. Las grandes adquisiciones de activos (principalmente en el goloso sector de la IA) se apalancaron a base de créditos (respaldados en teoría en sus futuros ingresos por ventas de petróleo). Pero no se trató de créditos obtenidos del sistema financiero regulado, sino del sector del “crédito privado” desregulado, del que hablaremos más adelante.


Swaps en dólares

 
El mundo funciona con una enorme cantidad de deuda y comercio denominados en dólares. En momentos de estrés (como la crisis de 2008 o el COVID-19), los bancos e instituciones fuera de EEUU necesitan desesperadamente dólares para pagar sus deudas. Si no los consiguen, se produce una "fuga hacia la calidad" (venta de bonos del tesoro USA). Si los inversores en bonos del Tesoro venden en el mercado secundario, el valor de dichos títulos disminuye. Ante el desinterés de los inversionistas, EEUU deberá ofrecer tasas de interés más altas para colocar sus nuevos bonos, por lo que le costará más financiar su deuda.   Pero con subidas de tipos en momentos de crisis se congelan los mercados crediticios globales.


Entonces, interesa, a toda costa que los inversores no procedan a ventas masivas de bonos del tesoro USA, y el mecanismo para calmar las ventas de bonos son los swaps en dólares. 


Una línea de swaps de dólares es un mecanismo de último recurso para prevenir una crisis de liquidez en dólares fuera de Estados Unidos. Normalmente, la función de prestamista de última instancia (proveer liquidez en una crisis financiera ante un estrangulamiento del crédito) corresponde a los bancos centrales nacionales. En un mundo dolarizado, la Fed puede actuar como “prestamista de prestamistas” de última instancia. Los swaps en dólares son el mecanismo que permite a la Fed actuar como el banco central del mundo.


En condiciones “normales y controlables”, existen dos niveles de acceso a los swaps de la Fed: un primer nivel “permanente” que integra a 5 bancos centrales (Canadá, Inglaterra, Japón, Suiza y el BCE) que pueden solicitar el giro de swaps para prevenir crisis de liquidez; y un segundo nivel “temporal y discrecional” según el cual se pueden conceder de forma puntual swaps en dólares a otros países distintos de los 5 mencionados, en casos de crisis insalvables. Se han concedido swaps de 2º nivel a países como México, Brasil, Corea del Sur o Singapur.


La guerra con Irán ha dañado la infraestructura energética de los EAU y, lo que es más crítico, el bloqueo de Irán al Estrecho de Ormuz ha paralizado sus envíos de petróleo, privándoles de su principal fuente de ingresos en dólares. 


Los EAU se dedicaron a realizar grandes adquisiciones de activos en EEUU fuertemente apalancadas y ahora tienen que pagar grandes sumas en concepto de intereses de las deudas contraídas (detentan más de 2 billones de dólares en activos soberanos). Debido este apalancamiento financiero ahora tienen que pagar grandes sumas en concepto de intereses. 


Pero no tienen dólares “líquidos” (no pueden vender su petróleo) a menos que pongan en venta sus bonos del tesoro USA. Sólo en marzo, los países productores de petróleo de Oriente Medio redujeron sus tenencias de deuda estadounidense en unos 66 mil millones de dólares para hacer frente a la crisis.
 

Lo mismo ha ocurrido con los otros países del Golfo que también han comenzado también a vender sus reservas de bonos estadounidenses para obtener la liquidez que necesitan. Sólo en marzo de 2026, los países productores de petróleo de Oriente Medio redujeron sus tenencias de deuda estadounidense en unos 660 mil millones de dólares para hacer frente a la crisis.


Ahora, son todos los países del Golfo los que se han puesto a la cola solicitando swaps en dólares. Pero no sólo ellos. Turquía ha vendido 220 mil millones de dólares en bonos extranjeros (mayoritariamente bonos del Tesoro de EE. UU.) desde el inicio de la guerra para estabilizar su moneda. Japón (que es el mayor tenedor extranjero con más de 1,2 billones de dólares en bonos del tesoro) a causa de la actual crisis energética, ha comenzado a vender dichos bonos. El 30 de abril de 2026, Japón vendió por más de 90 mil millones de dólares (estimado por Reuters), inyectando esa cantidad en el mercado para comprar yenes masivamente. China lleva años disminuyendo sus tenencias en Bonos del Tesoro USA. La India y otros países asiáticos están también vendiendo Bonos del Tesoro USA a mansalva para mantener el valor de sus monedas. Todo ello ha provocado una caída total de 820 mil millones de dólares en las reservas en custodia en la Fed.


Swaps a discreción. Café para todos

 
El Secretario del Tesoro de EEUU, Scott Bessent, confirmó a finales de abril ante el Senado que "muchos de nuestros aliados del Golfo han solicitado líneas de swap", junto con varias naciones asiáticas. Los fondos soberanos del Golfo gestionan más de 6 billones de dólares en activos, con una fuerte exposición a bonos del Tesoro de EEUU. Si todos ellos empezaran a vender sus bonos de forma desordenada para obtener dólares, provocarían una subida de tipos de interés en EEUU y una crisis en su propio mercado de deuda. Unas líneas de swaps (café para todos) es el precio que paga Washington para "comprar" su lealtad y mantenerlos dentro del sistema del dólar. Una crisis de liquidez en dólares en todo el Golfo tendría un nefasto efecto dominó en los mercados financieros mundiales, desde Londres hasta Singapur.


El swap típico está diseñado para una crisis de liquidez temporal. El banco central extranjero tiene una necesidad aguda de dólares, pero se espera que recupere sus ingresos en dólares (por exportaciones, turismo, etc.) en el corto plazo.


El Tesoro, utilizando su Exchange Stabilization Fund (ESF) —el mismo fondo que usó para el swap de Argentina en 2023 para salvar al soldado Milei—, sería el principal vehículo para conceder estos swaps, evitando que sea la Fed la que los conceda (ello alarmaría a los mercados). 


Con la crisis de la guerra del Golfo se ha producido una gran escasez de dólares. Todos los inversores y bancos del mundo quieren dólares para pagar sus deudas o refugiarse. Esta demanda masiva hizo que el dólar se apreciara bruscamente. Así pues, los swaps, en el corto plazo, serían beneficiosos al disminuir la presión sobre el dólar. Los swaps inyectan liquidez. La Fed (o el Tesoro) proporciona dólares a los bancos centrales extranjeros a cambio de su moneda local. Estos bancos centrales prestan esos dólares a sus bancos comerciales, que sufren la escasez. Se reduce así momentáneamente la prima de liquidez y la desesperación por obtener la moneda USA. 


Pero si los swaps son masivos y sostenidos, la depreciación inducida del dólar dejaría de ser temporal para convertirse en estructural. La razón es que no se estaría revirtiendo una prima de pánico coyuntural, sino financiando un déficit comercial energético permanente de los países del Golfo y del resto de países que han conseguido swaps. 


Además, el café para todos significará que si la guerra se prolonga y todos los países del Golfo (y parte de Asia) necesitan ayuda a la vez, el fondo del Tesoro se quedará corto. El ESF tiene sólo unos 219 billones de dólares. En comparación, durante la crisis de 2008, la Fed llegó a tener 550 billones en swaps activos. 


Si el ESF se agota, EEUU tendrá que pedir dinero al Congreso o hacer que la Fed imprima más dólares para recapitalizar el fondo del Tesoro. Si los inversores perciben que EEUU está monetizando su deuda para rescatar a medio mundo, la confianza en el dólar se erosionará. 


Con los países del Golfo desballestados, la Reserva Federal USA (FED) ha de acudir al rescate, sí o sí. El propósito de estas nuevas líneas de swap es mantener el orden en los mercados de financiación en dólares y evitar la venta de activos estadounidenses de forma desordenada. Prefieren dar dólares a los EAU a través de un swap controlado a que los EAU inunden el mercado con bonos estadounidenses, lo que haría subir los tipos de interés y costaría mucho más caro a EE.UU. financiar su propia deuda.


Si la causa de la escasez (el bloqueo del petróleo) no desaparece en 3 meses, la capacidad de estos países para devolver los dólares al final del swap es nula. La única salida es renovar el swap una y otra vez (rollover), un peloteo de swaps, convirtiéndose en un préstamo a plazo indefinido garantizado por las reservas (bonos del Tesoro) que los países del Golfo tienen en custodia. Esto es técnicamente posible (la Fed ya ha renovado swaps en el pasado), pero transforma el instrumento de "liquidez temporal" a "financiación estructural de déficit". Si los mercados perciben que la Fed/Tesoro están monetizando implícitamente el déficit de dólares de medio mundo, los inversores extranjeros podrían empezar a diversificar masivamente sus reservas fuera del dólar de forma preventiva. Y de hecho ya lo están haciendo. Los países con grandes tenencias de bonos (China, Japón, Golfo) están negociando un sistema paralelo de préstamos en dólares (swaps en dólares entre ellos) al margen de la Fed norteamericana.
La OPEP y el petrodólar

 
¿Qué sentido tiene el anuncio reciente de que los UAE van a abandonar la OPEP? La salida de un miembro tan importante como los EAU es un golpe devastador a la unidad y el poder del cártel. El anuncio de la salida se produjo apenas días después de que el Secretario del Tesoro, Scott Bessent, respaldara públicamente la línea de swaps para los EAU ante el Senado de EEUU. Al salir de la OPEP, los Emiratos ya no están sujetos a ningún límite de producción. Su objetivo declarado es aumentar su capacidad de producción de 4 millones a 5 millones de barriles por día para 2027. Por ahora, este movimiento es más simbólico que práctico, porque el Estrecho de Ormuz sigue bloqueado. Es más bien un intento (bastante infantil) de frenar algo la escalada del crudo.


En realidad, cargarse a la OPEP es Un golpe al mismo corazón del petrodólar. El sistema del petrodólar se sostiene sobre dos pilares: El comercio obligado del petróleo en dólares y La OPEP como mecanismo para controlar la oferta y, por tanto, el poder de la moneda “petrodólar”.


Nubarrones frente a Wall Street

 
Tras la gran crisis financiera de 2008, las nuevas regulaciones del sistema bancario para evitar una repetición de la crisis de las hipotecas subprime, como los requisitos de capital de Basilea III, hicieron que prestar a ciertos sectores riesgosos fuera significativamente más caro y menos rentable para los bancos. 


Al mismo tiempo, las políticas de tipos de interés bajos y flexibilización cuantitativa (Quantitative Easing inyecciones de dinero fresco desde los bancos centrales a las entidades financiera privadas con problemas) que siguieron a la crisis empujaron a grandes inversores (como fondos de pensiones y aseguradoras) a buscar alternativas que ofrecieran mayores retornos que los bonos gubernamentales tradicionales.


El crédito privado emergió como esa alternativa atractiva, ofreciendo mayores rendimientos a cambio de iliquidez.


El “crédito privado” ha existido siempre como vía de acceso al crédito por parte de negocios que no cualifican para obtenerlo en el sistema bancario oficial. Es una especie de crédito “en negro” por el cual los inversores con ansias de altos rendimientos suministran sus fondos a prestamistas opacos (por lo general experimentados y con conocimiento fehaciente de este mercado), que los canalizan a empresas o individuos en dificultades (o negocios poco o nada legales). Se trataba, hasta finales de la década de los 2000, de un minúsculo mercado financiero al margen de las regulaciones que rigen para la banca oficial.

Lo que hizo la gran banca para sortear las regulaciones impuestas tras el escandaloso rescate de 2008 fue trasladar sus actividades financieras más lucrativas a áreas con menos supervisión entrando a saco en el “crédito privado” y expandiéndolo a niveles inconmensurables.


Los actores de este mercado son las Business Development Company (BDC) es un vehículo de inversión que ya existía en Estados Unidos desde los años 1980s, que permitía a inversores minoristas (no sólo institucionales) invertir en deuda privada de empresas de mediano tamaño. Es decir, actuaba como un banco alternativo, al margen de las regulaciones de la banca oficial, para empresas que no acceden fácilmente al crédito tradicional. 


Las BDC no pagan impuestos sobre sociedades. Esto las hace muy atractivas para inversores que buscan una alta rentabilidad por dividendo. Tras la crisis de 2008, los bancos más grandes de EE. UU. han incrementado a niveles monstruosos las líneas de crédito a las "Business Development Companies" (BDCs). Al prestar a las BDCs, los bancos no asumen el riesgo “directo” de la empresa que toma el préstamo final (por ejemplo, una fábrica al borde de la quiebra o una promotora inmobiliaria en Chicago). En su lugar, asumen el riesgo ·indirecto” de que el propio fondo de crédito privado, la BDC, pueda quebrar. Las BDCs contratan a una firma externa (Blackstone, Ares, Apollo, KKR y Blue Owl son algunas de las gestoras más grandes del sector) para gestionar las inversiones. A cambio, esta firma cobra suculentos honorarios.


Las operaciones de crédito privado ofrecen rendimientos que pueden alcanzar hasta el 22%.  Financian a empresas que no califican para préstamos bancarios tradicionales o se utilizan para situaciones complejas como rescates o reestructuraciones.

 
Según los datos más recientes, las BDCs estadounidenses acumulan entre 450.000 y 554.000 millones de dólares en activos.


Las BDC no se limitan a EE.UU. A través de ellas, los grandes fondos de private equity invierten en empresas de todo el mundo. Los grandes fondos de private equity (capital privado) son administrados por las llamadas "firmas de gestión de activos alternativos". La industria está dominada por un grupo de gigantes estadounidenses (Blackstone, Apollo Global Management, KKR & Co., Brookfield Asset Management, The Carlyle Group, etc.) que, juntos, manejan billones de dólares en activos. Reúnen dinero de grandes inversores institucionales, como fondos de pensiones, aseguradoras, soberanos y donaciones universitarias y los utilizan, a menudo apalancado con deuda, para comprar empresas completas (públicas o privadas) con el objetivo de venderlas más adelante con una ganancia. Blackstone es considerado el mayor propietario mundial de centros de datos, un activo crucial en la era de la inteligencia artificial. 


Estas firmas son también los mayores actores en el mercado de crédito privado, un mercado que ha crecido hasta los 3,5 billones de dólares y donde compiten directamente con los bancos tradicionales.
El sector de las "finanzas intermedias no bancarias" (NBFI, por sus siglas en inglés), donde se engloba el “crédito privado”, ha crecido hasta los 250 billones de dólares a nivel mundial, superando el tamaño del sector bancario tradicional.


En España Ares Capital Corp (una BDC) poseía deuda del Atlético de Madrid, y Blackstone ha financiado a la empresa educativa Metrodora o a la plataforma de viajes Perk. KKR utilizó una BDC para financiar la cadena dental Dentix.


Las BDC son grandes prestamistas de empresas de software, un sector que ha generado cierta volatilidad recientemente ante el auge de la inteligencia artificial. UBS estima que entre el 25% y el 35% de las carteras de crédito privado (unos 450 mil millones de dólares sólo en BDCs) están invertidas en el sector de la IA. Recientemente (febrero 2026) quebraron ya varias BDCs con gran exposición al sector del software.


Deuda pública por las nubes y creciendo

 
El monto de la Deuda Pública USA ya ronda los 40 billones de dólares.  En 2020, el gobierno de EE. UU. gastó aproximadamente 345 mil millones de USD en intereses. Para 2026, esta cifra casi se triplicará (en 2020 los tipos de interés eran muy bajos), superando los 1.000 millones de dólares. El servicio de esta deuda está consumiendo una parte cada vez mayor de los ingresos del presupuesto federal, reduciendo el espacio fiscal para políticas sociales, inversiones en infraestructura o defensa. La relación deuda/PIB de EEUU es superior al 100% lo cual indica que no hay margen fiscal para un rescate estilo 2008 o 2020. En 2008, el gobierno podía endeudarse porque la deuda estaba en el 60% del PIB. En 2020, en el 80% del PIB. En 2026, en el 105% del PIB ya no queda margen.


Dada la relación deuda/PIB, EEUU deberá priorizar el petrodólar sobre Wall Street o a la inversa. La Reserva Federal tendría que elegir entre rescatar a los bancos y fondos de inversión expuestos a las Big Tech (como en 2008) y al crack del crédito privado o proveer swaps masivos a los países del Golfo y otros países para evitar el colapso del petrodólar. Si hace ambas cosas a la vez, ello exigiría una expansión monetaria sin precedentes que depreciaría estructuralmente el dólar. 


Salvar al soldado Wall Street primero

 
La Reserva Federal está intentando evitar precisamente esa elección trágica. Pero las cosas van tan deprisa, y ante el tremendo rugido de la tormenta en ciernes se ha visto obligada a actuar. Mientras “contempla” la necesidad de líneas masivas de swaps para sus socios internacionales, la Reserva Federal ya ha tomado una decisión implícita: evitar el colapso del sistema bancario doméstico a toda costa. Sin embargo, lo está haciendo con una estrategia diferente a la de 2008 o 2020, precisamente para no alarmar a los mercados sobre el estado real de las cosas. 


Se rebajan las reglas (Basel III, estrés, LCR) para que los bancos necesiten menos dólares de la Fed en una crisis. La Fed está cambiando la ingeniería del sistema para que los bancos puedan operar con mucho menos capital y liquidez regulatorios. Es la antítesis de 2008. Está, en esencia, desmontando las regulaciones post-2008 para dar a los bancos un margen de maniobra masivo reduciendo los requisitos de Capital (Basel III Endgame): El 19 de marzo de 2026, la Fed, la OCC y la FDIC presentaron una nueva propuesta para implementar Basel III que es un giro de 180 grados respecto a la versión de 2023. 

El cambio más significativo es que, en lugar de aumentar el capital, las nuevas normas reducirían modestamente los requisitos de capital para los grandes bancos y de forma más significativa para los más pequeños. El objetivo declarado es "simplificar" y evitar que el capital se convierta en un lastre. Pero la ingeniería financiera para liberar capital bancario lleva meses, no días. Y precisamente lo que falta es tiempo.

Desde diciembre de 2025, la Fed ha reactivado su balance (comprando activos) después de años de reducción (QT). Los titulares hablan de "QE5" (quinta ronda de flexibilización cuantitativa), pero la realidad es más sutil y preocupante a la vez: No es QE tradicional. La Fed insiste en que NO está imprimiendo dinero para estimular la economía. Lo llama "gestión de reservas". ¿Qué está comprando?: Para evitar que el sistema bancario se quede sin liquidez (reservas), la Fed está comprando principalmente letras del Tesoro a muy corto plazo - menos de 1 año -; “se queda” con el activo y a cambio, crea reservas que acredita en los bancos. Suplementariamente está realizando operaciones de recompra (repos) proveyendo liquidez de emergencia a corto plazo, prestando dólares a cambio de garantías (colateral) intentando evitar que las tasas de interés se disparen. Se presenta como que no es QE. Pero en realidad es una QE encubierta puesto que el balance de la Fed sigue creciendo. En el pasado, la Fed compraba bonos a 10 o 30 años para bajar las tasas de interés (QE real).
 

Así pues, para evitar una crisis de liquidez bancaria por la exposición a Big Tech/private credit, la Fed ya está inyectando dólares al sistema de forma encubierta. 


No ha esperado a la materialización del crack como hizo en 2008 para rescatar a la banca comprometida en la burbuja. Está actualmente “rescatando” con dinero público, de forma encubierta, a la banca en apuros, inyectando enormes cantidades de “nuevos” dólares que, a pesar del camuflaje, acaban apareciendo en los balances de la Fed. 


Por lo tanto, la Fed está eligiendo priorizar el frente doméstico sobre el internacional. Si la Fed imprime dólares para los bancos domésticos (que ya lo está haciendo) Y además se ve obligada a imprimir una cantidad masiva adicional para proveer los swaps que pide el Golfo, la expansión monetaria será enorme. La pregunta es si puede hacer ambas cosas a la vez sin que el dólar se deprecie estructuralmente. La respuesta es NO. Los datos muestran que el mercado ya anticipa problemas. La tasa de inflación implícita a 10 años (breakeven inflation rate) ha subido al 2,44%, su nivel más alto desde mediados de 2025, impulsada tanto por el déficit fiscal como por los riesgos geopolíticos en el Golfo. Así pues, el mercado ya está descontando que la Fed tendrá que elegir y que ninguna de las opciones es buena.


Corralito global de dólares

 
Ambas crisis se retroalimentan. El colapso de las Bolsas reduce el valor de los fondos soberanos del Golfo (que han invertido masivamente en Big Tech) con lo cual su capacidad para devolver los swaps se reduce aún más. El colapso de las Big Tech implica que los bancos europeos y asiáticos (con exposiciones cruzadas) sufren pérdidas y por tanto necesitan más dólares para cubrir sus posiciones. La demanda de dólares se dispara en ambos frentes. 


 El resultado es un corralito global de dólares: todos quieren dólares, y solo la Fed puede imprimirlos, pero hacerlo a gran escala para dos crisis simultáneas provocaría una crisis de confianza en el valor de la moneda.


Es la Tormenta Perfecta: Crisis de liquidez del petrodólar, Colapso de la burbuja de la IA, colapso del crédito privado, endeudamiento récord de EEUU.

22/4/26

Guerra, crisis energética y las bolsas siguen subiendo

 


Con la crisis energética los precios están disparados y las perspectivas inflacionarias son insoslayables. Sin embargo, las bolsas suben y suben. El temor a colapso financiero de proporciones incalculables hace que los bancos centrales mantengan los tipos bajos a pesar de las altas tasas de inflación con lo que la clase "ponzi" se enriquece más y más, los consumidores se empobrecen más y más y cae aún más la demanda agregada, con lo cual los supuestos incentivos de liquidez para aumentar "la inversión" van a parar directamente a las burbujas financieras. 

Estamos ante un escenario paradójico y potencialmente insostenible, donde las políticas de los bancos centrales —diseñadas para evitar un colapso— podrían estar exacerbando desigualdades, distorsionando los mercados y sembrando las semillas de una crisis mayor. 

Los bancos centrales (especialmente la Fed y el BCE) aducen la necesidad de políticas moderadas. Optan por un "ajuste gradual", pero en la práctica, esto perpetúa la liquidez barata que beneficia a los actores financieros (empresas con acceso a crédito, inversores en activos) mientras castiga a los hogares (vía precios de energía, alimentos, vivienda).

A pesar de la subida imparable del precio del petróleo, las bolsas suben y suben

Los bajos tipos hacen que el dinero fluya hacia activos de alto riesgo (acciones, cripto, SPACs, NFTs) en busca de rendimiento, inflando precios sin fundamentos reales. El S&P 500 subió un 27% en 2021, más de un 17% en 2025 y, a fecha de 29 de abril de 2026, el índice S&P 500 ha experimentado una subida aproximada de entre el 4% y el 4.6%, camino de igualar, y porque no superar la subida del ejercicio anterior. Mientras la economía real sufría cuellos de botella. Quienes tienen activos (el 10% más rico) ven su patrimonio crecer; quienes dependen de salarios (el 90% restante) sufren inflación. Esto reduce aún más la demanda agregada, creando un círculo vicioso. Así pues, la liquidez, que debería estimular la inversión productiva (fábricas, I+D), en realidad se canaliza a recompras de acciones, fusiones especulativas y mercados secundarios. Buena parte de ella desaparece en los mercados OTC.

Los mercados Over de Counter y el monstruo de los Swaps de intereses

Los Mercados OTC (Over-The-Counter) son mercados descentralizados donde las transacciones se realizan directamente entre partes, sin la supervisión de una bolsa oficial. Los “productos financieros” típicos que habitan en estos mercados son básicamente derivados financieros (swaps, forwards, opciones exóticas), bonos corporativos no listados, divisas (forex), criptomonedas, y otros instrumentos complejos. Su volumen en 2023 era de 600 billones de dólares. 

Los swaps de tasas de interés son el corazón oscuro de este sistema. Su volumen es colosal y supera con creces el tamaño de los mercados bursátiles globales. En 2023 su volumen era alrededor de 465 billones de dólares según datos semestrales del BIS (el PIB mundial era 105 billones en 2023, el mercado de acciones globales era de 110 billones en este mismo año).

Los swaps de tasas de interés son contratos donde dos partes acuerdan intercambiar flujos de intereses —generalmente uno fijo por otro variable— sobre un capital nocional (o capital teórico que no se intercambia). En una fecha preestablecida se efectúa el intercambio: yo te pago a ti los intereses a tipos variables (Euribor) del “nocional” y tú me pagas a mí los intereses fijos del mismo. En la práctica no se envían los dos maletines de dinero. En lugar de que tú me mandes 1.000€ y yo te mande 1.200€, el que debe más dinero simplemente paga la diferencia. Yo recibo 200€ (los fijos han sido más elevados que los variables)

No hay intercambio de principal. En un swap el nocional es imaginario. Para "controlar" un contrato de 10 millones de euros, no necesitas tener esos 10 millones. Sólo necesitas tener suficiente capital para cubrir las posibles diferencias. Con solo 10.000 € en garantía (las partes suelen depositar una garantía o margen (por ejemplo, un 1% del valor total), podrías entrar en un swap sobre un nocional de 1.000.000 €. Estás moviendo una posición 100 veces mayor que tu capital real. Si el tipo de interés se mueve a tu favor (del 1% al 6%)  ganas 50.000€ y sólo has jugado con 10.000€. 

Si el mercado se mueve en tu contra y tus 10.000 € de garantía empiezan a evaporarse, el banco o la contraparte no esperará a que llegues a cero. Te llamarán (el temido "Margin Call") "O pones otros 10.000 € ahora mismo para cubrir posibles pérdidas futuras, o cerramos el contrato y te quedas sin nada". El contrato te obliga a mantener un nivel de garantía mínimo para seguir "jugando". Pero si el mercado se mueve muy rápido en tu contra (un "gap"), podrías encontrarte con que debes más dinero del que tenías en garantía. Si el mercado cae tanto que tu pérdida es de 30.000 €, y tú solo tenías 10.000 €, el banco te cerrará la cuenta y te reclamará legalmente los 20.000 € restantes.

Estos swaps sobre intereses permiten a las corporaciones cubrir riesgos de deudas enormes sin tener que inmovilizar su efectivo. Warren Buffett le dio por llamar a este tipo de derivados "armas financieras de destrucción masiva".

Los grandes bancos, corporaciones y fondos los usan para protegerse de fluctuaciones en tasas de interés apostando a cambios en las políticas de bancos centrales. El riesgo en enorme. Los swaps permiten tomar posiciones enormes con poco capital inicial. Como el 80% de los swaps están concentrados en 5 grandes bancos (JPMorgan Chase, Goldman Sachs, Citibank, Bank of America y Morgan Stanley). Como los Bancos centrales están, de hecho, en manos de dichos grandes bancos y corporaciones, unos retroalimentan a los otros. Esa relación se conoce a menudo como "el abrazo del oso" o un círculo de retroalimentación donde ambas partes se necesitan para no colapsar.

El mercado de derivados OTC (fuera de bolsa), donde viven los swaps, está dominado por estos cinco bancos que actúan como Market Makers (creadores de mercado). ¿Qué significa esto? Que casi cualquier swap que una corporación como Apple o un fondo de pensiones quiera contratar, termina pasando por los libros de uno de estos 5 bancos. Si el 80% de los contratos están en sus manos, estos bancos están "atados" entre sí. Si uno fallara, se produciría un efecto dominó porque todos son, a la vez, clientes y proveedores de los demás. 

El nocional de 465 billones de dólares es sólo la "referencia". El inverosímil volumen del nocional nos da la escala de cuánto riesgo de intereses están "moviendo" estos bancos.

El valor de mercado real (lo que realmente se debe pagar si se liquidaran hoy) es una fracción mucho pequeña, alrededor del 2-4% de esa cifra (el 4% serían 18.600.000.000.000).

¿Por qué ante una inflación galopante no suben los tipos de interés de los bancos centrales?

Cuando la Fed sugiere que va a subir tipos, el volumen de swaps explota. Las corporaciones corren a contratar swaps para fijar sus costes antes de que suban. Por su parte los fondos de cobertura (Hedge Funds) usan ese apalancamiento de 100 a 1 para apostar a que la Fed bajará tipos antes de lo previsto.

¿Por qué los bancos “crean” este mercado? Principalmente por dos razones: No suelen apostar su propio dinero; ellos te venden el swap a una corporación un precio y lo "netean" con otro cliente a un precio ligeramente distinto, quedándose con la diferencia. Al ver en directo quién compra y quién vende swaps, estos 5 bancos tienen la mejor información del mundo sobre hacia dónde cree el mercado que irán los tipos de interés. Es un sistema que funciona como un reloj suizo hasta que ocurre un evento imprevisto (un "Cisne Negro") que mueve los tipos de forma tan violenta que las garantías (los márgenes) no son suficientes para cubrir los agujeros.

Los Bancos Centrales (como la Fed o el BCE) tienen la misión de mantener la estabilidad. Como el 80% de los swaps (esos 465 billones) están en manos de solo 5 o 6 bancos, si uno de ellos empieza a quebrar, el Banco Central no tiene libertad de elección. Los grandes bancos saben que, si se meten en un lío lo suficientemente grande, el Banco Central acudirá al rescate porque "la alternativa es el apocalipsis".

Los grandes bancos crean productos derivados masivos (con gran apalancamiento). Esto genera un crecimiento económico artificial basado en deuda. Cuando el riesgo explota, el Banco Central imprime dinero para salvar al banco y evitar el colapso. Esa nueva liquidez permite a los bancos volver a operar y crear más derivados. El Banco Central acaba trabajando para asegurar que el mercado que estos bancos crearon siga funcionando, porque se ha vuelto demasiado grande para ser regulado de verdad.

Una tormenta financiera perfecta a la vuelta de la esquina

Lo que se avecina es una "tormenta financiera perfecta". La crisis energética y la Inflación estructural consecuente es un shock de oferta que los bancos centrales no pueden resolver con dinero barato. Intentar tapar el problema con más liquidez es como echar gasolina al fuego. Los precios siguen subiendo, pero los mercados financieros se desconectan de la realidad. Las bolsas siguen y siguen subiendo.

Si los bancos centrales finalmente suben tipos para frenar la inflación, el resultad inmediato sería una fenomenal crisis de deuda (el mundo empresarial actual es un cosmos plagado de agujeros negros). El sistema funciona bajo una lógica de  kick the can down the road. Los bancos centrales intentan evitar el pánico financiero a corto plazo (agravando los desequilibrios a largo plazo), y por lo tanto van a mantener la fiesta de liquidez hasta que todo estalle. Muchos economistas lo llaman la "Trampa de los Bancos Centrales".

TINA

Inyectar liquidez en el actual escenario solo devalúa la moneda, haciendo que las importaciones energéticas sean aún más caras. Las bolsas siguen subiendo mientras la realidad empeora. Este fenómeno se conoce como el efecto TINA (There Is No Alternative).

Durante la última década de dinero gratis, miles de empresas han sobrevivido solo porque podían refinanciar su deuda a intereses cercanos al 0%. Lo mismo ha ocurrido con las finanzas de muchos estados. En cuanto los tipos suben de verdad para frenar la inflación, estas empresas ("zombis") ya no pueden pagar sus intereses. Si estas empresas caen, dejan de pagar sus swaps y sus préstamos, golpeando directamente los libros de esos 5 grandes bancos. Un mercado de swaps de 465 billones podría actuar como el conductor de un monstruoso incendio forestal junto a una crisis de deuda soberana (países que no pueden pagar los intereses de su enorme deuda).

Tras la crisis de 2008 La fórmula para salir del atolladero habría sido la clásica política económica keynesiana (reformas fiscales progresivas (impuestos a fortunas, transacciones financieras) y una regulación financiera estricta para evitar que la liquidez siga alimentando burbujas). Pero las políticas monetarias post-2008 salvaron a los bancos y a los mercados, pero siguieron alimentando una economía ficticia donde el capital financiero domina al capital productivo. La desigualdad se dispara, socavando la cohesión social. Los fascismos reaparecen por doquier. Las guerras se extienden por todo el planeta. La crisis climática se ignora. La deriva hacia la barbarie es evidente. Lo que estamos analizando no es un fallo en el motor del coche, es que el chasis entero se está desintegrando mientras aceleramos. 

No es sólo una crisis, es una crisis de policrisis.

Es una crisis de policrisis. El sistema financiero, con sus 465 billones en derivados, es sólo el síntoma más hipertrofiado de una estructura que ha priorizado el crecimiento contable sobre la realidad biofísica y social. Puedes hacer ingeniería financiera para "cubrirte" del riesgo de interés, pero no puedes hacer un swap para cubrirte del riesgo de un planeta inhabitable. El sistema financiero asume que el crecimiento es infinito, pero la física del planeta dice que no. Ignorar el clima no es un despiste; es una necesidad del sistema para no aceptar que su modelo de deuda perpetua es inviable.

Estamos en un momento donde la financiarización extrema ha actuado como un parásito que ha terminado por debilitar tanto al huésped (la sociedad y el planeta) que este ya no puede sostenerlo. La "tormenta sistémica" es el choque frontal entre un sistema matemático de deuda infinita y un mundo físico y humano que tiene límites.

Mientras tanto, seguiremos en esta bicicleta financiera donde pedaleamos más rápido para no caernos, pero el abismo cada vez está más cerca.