27/02/08

Ruanda y el Congo, el origen de la violencia


El espectáculo dantesco de Ruanda es el prólogo del destino maltusiano que tiene preparado el capitalismo para África: convertir un continente en campo de exterminio.

De como la historia que estudian los niños de Ruanda y Burundi la ha escrito el capital colonial.

Siguiendo el modelo imperial británico, pulcro y perfeccionado a expensas de la población asiática, el capital colonial se dedicó a exacerbar las diferencias y los conflictos entre los nativos para aprovecharse (divide y vencerás), constituyendo ejércitos sobre bases étnicas, tribales o religiosas, que colaboraron con los intereses coloniales: ejército, policía, cuerpos de capataces y de administradores por supervisar el trabajo forzado, ... Dónde tales diferencias no existían, el capitalismo se preocupó de crearlas. Tal es el trágico caso de Ruanda y Burundi.

Cuando los alemanes se apoderaron del país a finales del siglo pasado, la organización sociopolítica de los nativos era una especie de monarquía feudal. Los dirigentes, poseedores del ganado, se los denominaba "tutsis" y los dirigidos, agricultores en general, "hutus”. Todo el mundo hablaba y habla la misma lengua, el Kinyaruanda, todos pertenecían (y pertenecen) a la misma etnia y sus concepciones religiosas y su percepción sobre la vida era la misma. Durante generaciones tutsis y hutus conformaron una sociedad en la que los matrimonios 'mixtos' eran más la regla que la excepción.

Un "hutu” podía escalar socialmente y convertirse así en un "tutsi” y al revés, un “tutsi" podía caer en la escala social y pasar a ser “un hutu”; Estas estructuras políticas y sociales, se habían mantenido estables durante siglos.

Los últimos estudios sobre las migraciones en África han revelado que las teorías sobre la diferencia racial entre los hutu y los tutsi son cuestionables (René Lemarchand: Selective Genocide in Burundi, Minority Rights Group). Los hutu habrían llegado al territorio de los Grandes Lagos aproximadamente en el siglo I a. C. La cultura hutu que encontraron los tutsi era ya el resultado de una mezcla previa con los twas. (Liisa H. Malkki: Purity and exile: Violence, memory and nacional cosmology among Hutu refugees in Tanzania, Chicago University Press, 1995)

Una teoría racista alemana para la historia de Ruanda

Los alemanes trasladaron sus prácticos prejuicios raciales a la colonia. Identificaron a los tutsi, (a los cuales encuadraron en el ejército, la policía y los capataces que facilitaban la explotación capitalista del resto de la población -los hutus- ), como una hipotética etnia de origen camita, es decir, aria (más altos, con facciones más europeas: los famosos "batutsi" de las películas). Los tutsis, al llegar al país, habrían sometido rápidamente a la mayoría hutu, de origen sudanés, (más bajitos, más negroides, y, por lo tanto, menos inteligentes) e inferiores. Esta teoría, racista aplicada a la Europa medieval habría diferenciado la nobleza y el pueblo como dos etnias bien diferenciadas por su estatura y fisonomía pues seguro que vestían y se alimentaban de forma diferente. Tutsi y hutu se convirtieron en etiquetas políticas; la 'etnicidad', tal como estaba definida, asumió gran relevancia, hasta el punto de determinar las posibilidades de vida de la persona y las relaciones con las autoridades.

La versión racista la heredó el capital belga, el cual sustituyó al alemán (tras la primera guerra mundial) en la explotación del país y de su gente.

Pero esta versión es la que convenía que aprendieran los mismos nativos con tal de dominarlos y explotarlos, y es esta versión interesada y promovida por el capital la que han aprendido como propia los ruandeses y está llevando a este pueblo a aniquilarse mutuamente.

Independencia de Ruanda, un calco de la independencia de la India.

Mientras los ingleses exacerbaban la división entre las comunidades religiosas en la India que llevaría a una de las mayores matanzas y desplazamiento de población de la historia, en Ruanda, en 1945, previendo la transición política de la colonia a la independencia, el gobierno belga se encontró en la disyuntiva de elegir entre una élite tutsi cada vez más poderosa que comenzaba amenazar al régimen colonial o una mayoría hutu que parecía más manejable. Por sorpresa, la metrópolis dio un giro en su política a favor de los hutu (los ingleses harían lo mismo en la India a favor de la comunidad musulmana) mientras intensificaba la rivalidad entre los dos grupos. De hecho la revolución hutu de 1959, en la que fue derrotado el último monarca tutsi, fue promovida por el ejército belga.

El levantamiento masivo de hutus contra tutsis de 1959, con matanzas por ambos bandos, era el resultado de la manipulación colonial. Los hutus atacaron y quemaran las casas, no solamente de los dignatarios tutsis sino de cualquier tutsi, tanto si había, o no, colaborado con los belgas. Los belgas, como buenos estrategas, abandonaron a sus antiguos agentes tutsi (demasiado ansiosos de dirigir la independencia) y se decantaron del lado de la mayoría hutu, dejando la minoría tutsi a merced de la turba. La revolución hutu de 1959 provocó la primera ola de exiliados tutsi; más de 150.000 tutsis salieron de Ruanda y otros 20.000 fueron asesinados.

¿No recuerda esta película el proceso de descolonización en la India? La migración de tutsi, principalmente hacia Burundi, fue masiva, al punto de que se convirtió en un problema de seguridad para los estados vecinos. En 1994 se estimaba que la mayoría de la población de Ruanda vivía fuera de su país. Bélgica actuaba como buen alumno de los curtidos maestros británicos.

En Kenia los británicos habían concedido deliberadamente ciertos privilegios a algunas tribus en detrimento de otras. Los gobernantes europeos cristianos dividieron toda África, alentando e intensificando las divisiones tribales. Seguidamente introdujeron un rígido sistema de clasificación de los "nativos" según sus orígenes tribales o reales imaginarios. Incluso inventaron tribus inexistentes con este propósito, como los kalenjins, cuya existencia como tribu separada se remonta a los años cuarenta del siglo XX.

Tras la independencia en 1962, el régimen hutu de Ruanda descriminó a los tutsis de forma institucional. En el carnet de identidad debía figurar tutsi o hutu y se tasaban según esta adscripción los porcentajes de acceso a muchos servicios. El dispositivo exterminador ya estaba a punto: Dos países vecinos, Ruanda y Burundi. En Ruanda gobernaba la mayoría hutu y en Burundi la minoría tutsi.

En la era postcolonial no remitió la violencia sino al contrario. Francia heredó los intereses belgas que veía amenazados por los británicos bien asentados en los estados vecinos. Los tutsis por su lado se prestaron a los intereses de británicos y norteamericanos a cambio de ayuda militar y logística. En una zona limítrofe con el Congo los intereses de las multinacionales y sus lobbies prevalecerían frente a las débiles estructuras estatales de los nativos.

¿Fue la matanza un acontecimiento inesperado?

En los últimos treinta años las matanzas se habían ido repitiendo cada vez a una escala más dantesca. Una matanza de hutus en Burundi provocaba una matanza de tutsis en Ruanda y así sucesivamente. Las cifras siempre eran decenas o centenares de miles de personas.

Dados los precedentes, la matanza de hutus en Burundi en octubre de 1993, con el presidente (un hutu, salido de unas elecciones promovidas por los occidentales) asesinado, colgado por los brazos y cosido a bayonetazos, por miembros de un ejército constituido por tutsis, parece maquiavélica y tenebrosamente criminal la actitud pasiva y callada de los representantes del capital occidental, a pesar de los avisos continuados por todo tipos de instancias reconocidas (Le Monde Diplomatique, 1993), sobre la más que probable extensión inmediata de las matanzas a Ruanda.

La red de complicidades en la matanza

En abril de 1994 fue derribado el avión, regalo de F. Mitterrand, en el que viajaban los presidentes Habyarimana de Ruanda y Cyprien Ntaryamira de Burundi. En unas horas empezaba el genocidio.

Francia que era principal proveedor de armamento del gobierno hutu de Habyarimana siguió embarcando material bélico hacia Ruanda durante el genocidio. El suministro se hacía de manera directa o a través de terceros. Observadores de Human Rights Watch dieron testimonio de que Egipto, Zaire y Sudáfrica, sirvieron como enlace para cargamentos de armas, cuyo destino era Ruanda.

Los militares franceses estaban plenamente al corriente de lo que se estaba cociendo. Quizás nadie imaginó que la matanza alcanzara tales proporciones, pero se trataba de planear y organizar matanzas, era lo habitual y era en este entorno en el que las multinacionales fracesas y sus militares estaban acostumbrados a operar. (François-Xavier Verschave y Philippe Hauser: Au mépris des peuples. Le néo-colonialisme franco-africain. Editions La fabrique, 2004)

El exterminio de los tutsi apareció en los programas de televisión y las fuerzas de la ONU fueron también testigo. Pero a pesar de todo, la ONU no intervino, apelando a su neutralidad.

Los estados miembros de la ONU se cuidaron de no declarar, tanto como fue posible, que en Ruanda se estaba cometiendo un genocidio, debido a que admitir tal cosa implicaría comprometer al Consejo de Seguridad a tomar acciones, en atención a la resolución 260A (III) que dio origen a la Convención para Prevenir y Castigar el Crimen de Genocidio que rige desde 1951.

Nadie veía la conveniencia de involucrarse en un 'conflicto tribal' que implicaría invertir recursos para atender una situación que no arrojaba ganancia alguna.

Es sospechoso como los grandes medios de comunicación insistían en la versión racista, alemana :- El diario El País –, que en 1987 hablaba de las "tribus' hutus y tutsis, precisó en su apreciación y en 1994 hablaba ya de "etnias diferentes, alturas diferentes, facciones diferentes, orígenes diferentes". Esta insistencia no es inocente. Atribuir a las desavenencias tribales o étnicas el exterminio y el genocidio africano es una manera de eludir las responsabilidades del capitalismo que se limpia las manos atribuyendo los males africanos a la pervivencia de un hipotético pasado étnico o tribal anterior a su dominación.

Misión de rescate "solo para blancos"

El espectáculo del envío de una fuerza de protección "sólo para blancos" y el cubrimiento por parte de los medios de información, "sólo" de esta operación, con total desprecio por la suerte de los nativos, dice mucho de la suerte que el capital ha deparado al continente.

Dos millones de ruandeses abandonaron el país en solo dos semanas y muchos hutu huyeron aterrorizados del genocidio en el que habían participado.

El Congo, un Estado fallido

Un caso similar al de Ruanda, el Congo empezó como "propiedad particular" de Leopoldo II de Bélgica en 1884. En 1960 conseguía la independencia con 19 licenciados universitarios de una población de 16 millones. Se trataría, como en tantos otros casos, de una independencia "dependiente" gracias al "apoyo desinteresado" de Francia, Bélgica y EEUU a la corrupta dictadura de Mobutu Sese Seko.

La dictadura de Mobutu rapiñó el Congo sistemáticamente durante 32 años. Creado y sostenido por Washington, el FMI - BM y la colaboración de París.


Protegido por Washington en la época de la guerra fría, Mobutu creía estar por encima de los mortales y a principios de los 70 promovió la nacionalización de tierras e industrias (zairización) a pesar de los intereses de sus valedores.

El Dep. De Estado norteamericano animó a Mobutu a usar como aval las riquezas mineras del país para pedir ingentes préstamos que iban en buena parte directamente a las cuentas suizas del dictador. A partir de ahí el FMI lanzó el primer plan de ajuste estructural en 1977 para que la población congolesa pagara las deudas anteriores con sus intereses. Las condiciones impuestas por el equipo de técnicos del FMI desplazados a Kinshasa para dirigir las operaciones significaron que 250.000 empleados públicos, incluidos personal sanitario y educativo, quedaran en la calle mientras el resto seguían la estela de su patrón robando lo que quedaba del patrimonio público.

El servicio de la Deuda se comió el 11% del PNB en 1980, el 15% en 1982, el 17% en 1983, el 30% en 1984, el 58% en 1985 y el 56% en 1986.

Con las infraestructuras oxidadas, semidestruidas, o bandalizadas el FMI impuso el segundo plan de ajuste estructural en 1987. Se trataba de que el sector informal substituyera la sector formal que el plan de ajuste del 77 había aniquilado. El Club de París accedió a seguir prestando a Mobutu a cambio de de un retroceso definitivo de lo poco que quedaba de sector público, mayor apertura de los mercados, privatización de cualquier compañía o servicio público, retirada de cualquier control de cambios y aumento de las exportaciones de diamantes. La renta media anual que era de 288 $ en 1960, cayó a 116 $ en 1997 y a 88 $ en 2001.

Los productos extranjeros inundaron Zaire, las industrias autóctonas cerraron y más de 100.000 puestos de trabajo se volatilizaron en Kinshasha. La hiperinflación (1972 1$ = 0.5 Z; en 1997 1$ equivalía a l80.000 Z) liquidó el sistema monetario y financiero, dejando al país en el más absoluto caos y miseria.

Ya no hay estadísticas que consultar en la actual República Democrática del Congo pues casi toda la economía es informal. Las importaciones y exportaciones son en realidad contrabando y fraude sin registro alguno.

En la desesperación los Kineses (habitantes de Kinshasa) se lanzaron a los juegos de azar, carreras de caballos, loterías, y esquemas piramidales (semejantes a los que arruinarían a los albaneses en 1996-97) controlados por los militares. En total más de la mitad del PNB del país se consumió en juegos de azar. Con buena parte de la población metida en estos artilugios financieros, los efectos del colapso económico inducido por el 2º plan de ajuste fueron desastrosos.

En septiembre de 1991 los habitantes de los slums, con la connivencia de los militares, se lanzaron al pillaje de las fábricas, comercios y almacenes de la capital. En 1993 Kinshasha fue de nuevo sometida al pillaje, esta vez por la soldadesca.

El sistema bancario colapsó definitivamente; la administración pública desapareció casi por completo, las empresas que quedaron recurrieron al trueque para seguir con su actividad y los empleados públicos que quedaban cobraban un salario real 1/8 del de 1988. El sector del transporte quedó en el más absoluto caos y ruina.

En noviembre de 1993 el FMI y el BM “se retiraron” del país. En 1997 Mobutu fue destituido pero el país exangüe cayó en la guerra civil y el pillaje. Un enorme “estado fallido” donde más de 3 millones de personas han perecido básicamente de inanición y enfermedades.

En la actualidad menos del 5% de los habitantes reciben un salario regular. No hay transporte público y a veces ni un automóvil, a causa de los cortes de carburante que pueden durar semanas o meses. El valor de los billetes de banco puede experimenta grandes cambios en cuestión de horas . El sector formal es casi inexistente. La renta media está por debajo de los 100$ anuales. 2/3 de la población están malnutridos. Las clases medias han desaparecido y uno de cada cinco adultos tiene SIDA con decenas de miles de niños huérfanos en las calles de la ciudad.

La sociedad de Kinshasa (casi 10 millones de hab) se ha re-ruralizado. Se ha restablecido la agricultura de subsistencia y se recurre a las tradicionales formas de autoayuda rural. Cualquier metro de terreno vacante, incluidas las medianas de las autopistas, se convierten en huertos improvisados. En la actualida la ciudad carece en absoluto de sistema de alcantarillado.

La población ha vuelto a la magia y a los cultos proféticos huyendo de la enfermedad fatal de los blancos: el dinero. El pentecostalismo se expande a velocidad tropical con miles de nuevas sectas instaladas en antiguos fábricas y almacenes abandonados. La desesperación ha llevado a los kineses a creer literalmente en brujas y a expulsar, atacar e incluso matar a los “niños brujos”de las calles.

El pillaje militarizado del Congo

La guerra civil desde finales de la década de los 90 hasta 2003 se cobró más de 4 millones de victimas.

En la época de Mobutu el capital francés dominaba la extracción de las riquezas minerales. Laurent Kabila consiguió el poder con la ayuda exterior (Uganda y Ruanda, armados por EEUU y GB). Desde entonces, y con el añadido de China, la lucha por el control de los minerales por las multinacionales con apoyos diversos y a veces contradictorios ha sumido al país en la barbarie.

Los verdaderos protagonistas del pillaje, que nunca se mencionan, son la sudafricana Metal Processing Congo (MPC) i AngloGold Ashanti, las canadienses Banro, Barrick Gold y Heritage Oil, la francesa Sominki, las sociedades chinas China Railway Group, Sinohydro y Exim Bank.

Actúan bajo la cobertura y la inpunidad de filiales a partir de montajes en paraísos fiscales. Con actividades de lobbying o bien sin ellas - China - consiguen la participación más o menos descadara de sus gobiernos en los conflictos e intervenciones exteriores con tal conservar o mejorar su parte en el valioso pastel.

Un enjambre de fondos especulativos y otros inversores apuestan por ellas en la Bolsa de Toronto donde son cotizadas casi el 60% de las sociedades mineras del planeta atraídas por las ventajas fiscales otorgadas por el gobierno canadiense. El índice TSX Venture - especializado en sociedades mineras de exploración - registró un salto en las transacciones efectuadas desde 800.000 mill en 2001 $ a 4.400 mill.$ en 2004. Una notable coincidencia con el índice de violencia que registraban los habitantes del Congo.

Los minerales de la violencia

Cuando empezó la 2ª guerra del Congo en 1998, el Coltan valía 20$ la libra.En 2000 había subido a más de 200$/libra debido a la demanda exponencial de la electrónica y la industria aereoespacial. El Coltan se procesa a partir de sus dos componentes minerales, la columbita y la tantalita. La demanda se disparó con el lanzamiento de la Playstation de Sony y luego el boom de la telefonía móbil. El Coltan se usa en los Ipods y los portátiles.

El mayor exportador de coltan en Goma es GBC que también el el principal vendedor de tántalo a H.C.Starck, propiedad de Bayer Group A.G.

Un metal extraordinariamente valioso y raro es el pirocloro. Se trata de un compuesto radioactivo que incluye niobium ligado a una forma de tántalo llamada microlita.

El niobium (también conocido como columbio) se usa para producir aleaciones de acero (usadas en oleoductos) y aleaciones de cristal (usadas en lentes correctoras) resistentes al calor. También se usa en reactores nucleares, resonancias magnéticas y superconductores magnéticos. Combinado con hierro se obtiene la superaleación ferroniobium, usada en motores de aviones y coetes, hornos, chasis de automóbiles, vías ferroviarias, cascos de barco y turbinas.

El tántalo se usa en la fabricación de condensadores electrónicos usados en telefonía móbil, ordenadores, instrumentos quirúrgicos, electrónica del automóbil, óptica fotográfica, aparatos GPS, baterías de litio, implantes quirúrgicos, fibra óptica, ...

Pues bien, existe una mina de Pirocloro en el territorio de Rutshuru. Se trata de la mina de Lueshe, en la concesión de SOMIKIVU, creada en 1982 por una joint venture entre Gesellschaft für Elektrometallurgie (GfE) (subsidiaria de Metalurg Incorporated, con sede en Nueva York), Coffimines (belga), Sobaki (belga) y el gobierno de Mobutu (20%) que ha polucionado con arsénico el suministro de agua a la zona. A finales de los 80, Mobutu anunció la construcción de una línea eléctrica desde Bakuwa a Goma con gran satisfacción de los habitantes de Goma. Finalmente, la linea fue desviada hacia la mina de Lueshe y Goma se quedó sin energía eléctrica.

Cuando Laurent Kabila sustituyó a Joseph Mobutu disolvió SOMIKIVU, pero sus beneficiarios siguieron disfrutando durante cierto tiempo de la concesión pagando por ello al gobierno de oposición apoyado por Ruanda. Desmantelado SOMIKIVU, el nuevo gobierno vendió los derechos de extracción a Edith Krall Métal Congo SCARL (austríaca) en 1999 que ya poseía una planta de cobre/cobalto en Uganda. Desde buen principio la mina ha estado en el centro de las luchas en la zona.

Karl Heinz Albers Holding International (KHA) exporta pirocloro desde Lueshe para ser purificado por la firma británica Alfred Knight Holdings (AKH) que luego lo reexporta a Rotterdam (también reexporta casiterita y coltan)

La ciudad ruandesa de Gisenyi, justo frente a Goma, aloja una planta de tratamiento de casiterita y tántalo operada por la sudafricana Metal Processing Association (MPA)
y vende su casiterita refinada a Metmar Trading bajo contrato de Iron and Steel Association of South Africa (ISCOR), sociedad que acabaría en manos de Mittal Steel. Por otro lado MPA tiene acuerdos y contratos con Société Aurifère et Industrielle de Kivu y Maniema (SAKIMA) SARL por 37 concesiones mineras.

MPA es la empresa matriz de Mining Processing Congo (MPC) en Goma, especializada en la compra y exportación de casiterita. Además, MPA tiene una subsidiaria llamada Metal Processing Congo que es el mayor comprador de coltan y casiterita en los Kivus.

Más información sobre la batalla por los minerales del Congo: David Barouski: "Blood Minerals in the Kivu Provinces of the Democratic Republic of Congo"