1/12/12

Monopsonio y Oligopsonio

English translation

El monopolio se ha convertido en el sistema operativo estándar de toda actividad económica

Menos de tres días después de que el huracán Sandy tocara tierra en la costa este de los Estados Unidos, Iain Murray, del Competitive Enterprise Institute, atribuyó la magnitud y la prolongación de las penurias tras la destrucción, a la resistencia de los neoyorquinos a la instalación de mega-superficies en su territorio. En la revista Forbes.com, explicó que “la negativa de la ciudad a la penetración de Wal-Mart probablemente hará que la recuperación sea mucho más difícil. Las tiendas de mamá y papá no pueden hacer simplemente lo que las grandes superficies pueden hacer en estas circunstancias".

Monopolio (del griego monos 'uno' y polein 'vender'): es una situación en el cual existe un solo oferente que posee un gran poder de mercado y excluye a todos los demás.

Para que exista un monopolio, el monopolista es la única alternativa que tiene el consumidor para comprar. Suele definirse también como un mercado en el que sólo hay un vendedor.

Monopsonio (del griego mono- (μονο-) 'único' y psonios (ψωνιος) 'compra'): es una situación que aparece cuando en un mercado existe un único consumidor. Éste, al ser único, tiene un control especial sobre el precio de los productos, pues los productores tienen que adaptarse de alguna forma a las exigencias del comprador en materia de precio y cantidad. Esto le permite al consumidor único obtener los productos de sus proveedores a un precio menor al que tendría que comprarlo si estuviera en un mercado competitivo. Un ejemplo claro de monopsonio es la industria del armamento pesado o la obra pública, en la que existe una situación normal de competencia entre los productores (fabricantes de tanques, empresas constructoras), pero un solo consumidor (el Estado).


Monopsonio Minorista (WalMart, Tesco, Carrefour)

 

La paradoja de las grandes superficies (dumping)


Lee Scott (CEO de WalMart): "Los bajos precios de WalMart aumentan el nivel de vida del conjunto de la población norteamericana"

La globalización no es otra cosa que la monopolización acelerada de la mayoría de sectores económicos a escala planetaria. 10 empresas del automóvil dominan el 77% del mercado; 2 aeronáuticas (duopolio) concentran el 100% del sector de grandes aviones; 5 operadores controlan el 83% de la telefonía fija, 3 únicos operadores controlan el 77% de las infraestructuras de telecomunicaciones móviles, mientras que sólo tres concentran el 65% del mercado de móviles; 10 farmacéuticas producen el 70% de los fármacos vendidos; 4 tabaqueras suministran el 75 % del humo encajetado; sólo 3 empresas fabrican cerca del 70 % de toda la maquinaria y equipamiento agrícola; ...

Estas posiciones de monopolio u oligopolio les permiten mantener o incluso subir precios en condiciones de crisis económica. Los consumidores que ya no alcanzan a pagar el recibo de la luz o el gas, cargar el depósito, adquirir medicamentos, … son simplemente excluidos del "mercado monopolista" que compensa "las bajas" en consumo con subidas adicionales de los precios.

Paradójicamente, las grandes cadenas comerciales monopolistas parecen escapar a esta definición. Al contrario del resto de monopolios, Wal-Mart, Tesco, Carrefour, … se enorgullecen de sus bajos precios.  Las grandes superficies y sus bajos precios serían la prueba palpable de la bondad de los monopolios privados para los consumidores y el mercado.

La realidad es más prosaica. Sencillamente, se trata de una variante monopolista menos conocida, los monopsonios y oligopsonios, criaturas todavía más peligrosas que los monopolios convencionales. Mientras crecen, su extraordinaria capacidad para extorsionar a sus proveedores les permite hacer uso extensivo del dumping (precios bajos) para aumentar sus cuotas de mercado. Una vez arruinados y expulsados del mercado los pequeños comerciantes, los proveedores que los abastecían quedan enteramente a su merced. Es el único comprador. El puto amo.

Metástasis  maligna de WalMart

El rápido aumento de sus cotas de mercado les da más poder todavía para extorsionar aún más a sus proveedores (que entran en una guerra a muerte entre ellos) y conseguir aún mejores condiciones, lo cual les permite bajar aún más sus precios, para crecer y crecer, como un tumor cancerígeno, hasta quedarse con todo el mercado.

El avance del monopsonio minorista


Nelson Lichtenstein: "Durante más de una centuria, entre 1880 y 1980, la empresa manufacturera constituía el vértice de la economía USA. Hoy en día, son las grandes cadenas minoristas las que han ocupado este lugar".

En Europa Noroccidental más de 70% de todos los alimentos sólo pueden ser adquiridos en 4 o 5 grandes cadenas de supermercados. En Suecia, Irlanda y Dinamarca, la cifra es superior en más del 80%.. Europa del Este entre el 50 o 60 por ciento. El sur de Europa el 30 o 40% (aunque España estaba ya en el 65,2% en 2006). La tendencia sigue siendo al alza. En todos los países de Europa la tendencia es hacia un puñado de grandes cadenas que venden los productos más cotidianos (y ampliando cada vez más la gama hacia otros productos, como la electrónica, ropa, productos farmacéuticos, juguetes, libros, banca, servicios financieros, seguros, …).

Los monopsonios más conocidos (WalMart, Tesco, Carrefour, ... ) encarnan verdaderos gigantes corporativos. WalMart tiene en nómina más de 2,1 millones de empleados en sus superficies minoristas, sin embargo su tamaño efectivo es extraordinariamente mayor. Más de 6.000 fábricas chinas, con decenas de millones de empleados, trabajan, bajo contrato exclusivo, para llenar los kilómetros de estanterías de WalMart. En 2003, el 18% de todas las importaciones USA procedentes de China fueron a parar a WalMart.

Economías de escala


¿Cómo es posible que estas grandes cadenas de venta al por menor sean capaces de ofrecer tales descuentos para persuadir a sus clientes? Sin lugar a dudas son capaces de mantener los costos bajos a través de las tradicionales economías de escala y la innovación técnica. En un pequeño comercio tradicional, alguien tiene que explorar los estantes, anotar en una hoja de papel: "Necesitamos cuatro tarros de miel, 12 potes de yogur, etc ..... ", visitar un mayorista con el fin de reponer las existencias, etc. Multipliquemos este proceso a través de cientos de miles de tiendas en todo el país y es claro que el consumidor tendrá que pagar más que lo que desembolsa en supermercados modernos, con códigos de barras y redes de computadoras, que informan de forma automática de las transacciones comerciales diarias a sus departamentos de compras.


Desintermediación

Las grandes cadenas de supermercados (y los gigantones minoristas de Internet como el gran monopsonista Amazon) ya no acuden a los mercados mayoristas o los canales tradicionales de distribución, sino que obtienen sus suministros directamente de sus proveedores, a menudo a través acuerdos informales.

Just in time


Las cadenas de supermercados (y los gigantones minoristas de Internet) han perfeccionado sus sistemas de manera que apenas necesitan mantener existencias en stock (lo que reduce los costos de espacio para almacenamiento, costes de inventarios, etc.). Los pedidos pueden ser enviados automáticamente a los sufridos y subyugados proveedores y las cantidades exactas llegan en cuestión de horas, incluso cuando se producen en el otro lado del planeta. Esta técnica la utilizan otros tipos de monopsonio, igualmente letales, como Ikea en el ramo del mueble,  Zara en el ámbito textil o Amazon en el ramo del libro.

Agresivas técnicas de recursos humanos 


 En un entorno de paro creciente, provocado por los mismos monopsonios al desmantelar el tejido comercial e industrial de las zonas donde aterrizan, las opciones que barajan los empleados de estas compañías es la de trabajar en WalMart y aceptar sus vejaciones laborales, o no trabajar.

WalMart y sus congéneres monopsonistas, pretenden ser un agente amigo de los consumidores, situado entre los indefensos consumidores y los desalmados proveedores e intermediarios, para conseguir unos precios al alcance de todos. Se presenta como una especie de "cooperativa de consumo", con "asociados" en lugar de empleados, cuyo interés es más el bienestar y la felicidad de los consumidores y de sus mismos empleados.

WalMart funciona como una secta. No entras a trabajar para WalMart como empleado sino como "asociado". En el "Saturday Mornig Meeting" semanal, una especie de misa sectaria, psicólogos expertos lavan cerebros e inculcan los valores basura de WalMart (cultura WalMart) con el fin de incrementar el rendimiento de los "asociados".


La gran superficie comercial es equiparada a un templo en el que los "asociados" deben actuar como oficiantes de diversos rituales para ganarse a los consumidores. WalMart ha creado "colegios" de entrenamiento sectario de líderes como el de Springdale en Arkansas. Entre los "valores WaltMart" sin discusión posible está el de las "ventajas" de no estar sindicados ni tener seguro médico. Si el sueldo no llega para comer o ir al médico para eso están el food stamp o el medicaid.

En la jerga del departamento de recursos humanos de WalMart, se usan acrónimos tan significativos como TIPS (Threaten, Intimidate, Promise, Spy), es decir, amenazar, intimidar, prometer (comprar), espiar, a los trabajadores que pretendan llevar a cabo actividades de protesta.

El peligroso poder del monopsonio (la supremacía del capital comercial)


Sin embargo, las grandes cadenas minoristas tienen el poder de rebajar sus costos de una forma mucho más preocupante. Los monopsonios minoristas se han convertido en un gigantesco, peligroso e inevitable embudo, de paso obligatorio, entre proveedores y consumidores.

En los países donde la gran mayoría de los alimentos se compran en tan sólo tres grandes cadenas de supermercados (como en Suecia, por ejemplo), estas cadenas detentan un enorme poder sobre su proveedores. Un proveedor que quiere vender sus productos no tiene más remedio que vender a través de una de las tres cadenas, y las tres cadenas “compiten” para ofrecer a los consumidores precios más bajos que sus rivales.

Las grandes cadenas de supermercados pasan por encima de los canales habituales de distribución (desintermediación). Considerando que los supermercados pueden adquirir sus bienes de cualquier parte del mundo, un proveedor que quiere vender en Suecia, el Reino Unido o Alemania tendrá que vender a través de una cadena de supermercados que cuenta con tiendas físicas en Suecia, el Reino Unido o Alemania.

Cada vez más, en todo el mundo, los proveedores sólo pueden llegar al consumidor a través de uno de los tres, cuatro, o cinco grupos de supermercados dominantes que pactan entre ellos (oligopsonio).

WalMart tiene dos millones de empleados y son cientos de miles las empresas que dependen de sus pedidos para sobrevivir (en EEUU alrededor de 3 millones de personas tienen empleos que dependen de WalMart), 100 millones de personas entran en sus almacenes cada semana y 200 millones de obreros de las subcontratas, la mayoría mujeres, ven endurecidas día a día sus condiciones de trabajo y sueldo para mantener llenas las estanterías a "precios siempre más bajos".

Su colosal tamaño hace que sus decisiones comerciales tengan una trascendencia enorme e inmediata en la industria. Toshiva tuvo que retirar el formato HD-DVD porque WalMart decidió en febrero 2008 que se decantaba por Blu-ray de Sony, y desde aquel momento en adelante solo vendería ese formato en sus tiendas. Músicos, escritores y publicistas han de someterse a la censura de contenidos de WalMart que se postula como el defensor de la familia americana. Un libro o un vídeo que tratara temas relacionados con este blog no pasaría la censura WalMart.

El Monopsonio promueve el monopolio entre sus proveedores

 Esta es una de las características más peligrosas y perversas del monopsonio que nunca se cita en los manuales de economía.

Wal-Mart, Target y otros grandes minoristas nombran un solo proveedor para servir como "capitán de categoría". Este proveedor se espera que gestione toda la estrategia de aprovisionamiento y de marketing para toda una familia de productos, tales como el cuidado dental. El monopsonio exige que todos los demás productores de esta clase de productos cooperen con el capitán. El resultado previsto es la cartelización del sector que pronto queda reducido a unos pocos grandes proveedores y un aumento adicional del control que ejerce el gran minorista monopsonista sobre sus proveedores. Wal-Mart, por ejemplo, impone a Coca-Cola qué edulcorante artificial debe utilizar en sus productos light, impone a Disney qué escenas a cortar de un DVD, impone a Levi's qué % de algodón han de incorporar sus pantalones vaqueros, impone a Ahheuser-Busch qué ingredientes poner en la cerveza, y ha dictado a los fabricantes de cortadoras de césped qué tipo de acero han de utilizar.

El monopsonio de Walmart obliga a las pequeñas y medianas empresas, sin posibilidades de encontrar un espacio en sus estanterías, a someterse al "capitán" del sector o simplemente a venderle el negocio. Así pues el monopsonio promueve el monopolio entre sus proveedores.

• Ben and Jerry, pionera en la industria de la fabricación de helados fue absorbida por su "capitán"  Unilever en 2000.
• Cascadian Farm, una de las compañías de alimentos orgánicos de más éxito, fue vendida a General Mills y se transformó rápidamente en lo que su fundador llama una "granja de relaciones públicas".
• Stonyfield Farm y Brown Cow, dos compañías de lácteos orgánicos de Nueva Hampshire y California, respectivamente, cayeron en manos de Danone en febrero de 2003 que las fusionó en una sola compañía.
• Glaceau, la compañía que fabricaba Vitamin Water, uno de los más recientes casos de éxito empresarial independiente, fue vendida a Coca-Cola en 2007.

El resultado práctico es una jerarquía de poder en el que inmensos monopsonios minoristas, en connivencia con un puñado de grandes conglomerados monopolistas dominantes sectoriales (capitanes), gobiernan casi todas las actividades industriales de las que dependemos.

 Los "capitanes" de WalMart

Características del monopsonio minorista


El monopsonio permite a los supermercados exigir condiciones muy favorables respecto a los proveedores.

  • Pueden conseguir que el proveedor asuma el costo del deterioro del producto no vendido. Tradicionalmente una pequeña tienda que no pudo vender 20 kilos de manzanas tendría que soportar la pérdida puesto que el pequeño comercio no puede devolver el producto al agricultor o comerciante y exigir su reembolso, sin embargo, los supermercados lo hacen de manera rutinaria y si no logran vender algunas toneladas de manzanas, simplemente no pagan por ellas.
  • Pueden cobrar los proveedores por el acceso a sus estantes (con precios más altos para los extremos de los pasillos o "góndolas" y otras posiciones deseables).
  • Pueden decidir unilateralmente ofertas especiales (dos por uno; promociones especiales, etc), con cargo a los proveedores.
  • Pueden insistir en que los proveedores adopten nuevos estilos de embalaje o llevar a cabo otras innovaciones siempre a cargo de ellos mismos.
  • Consiguen financiación gratuita a costa de sus proveedores alargando los pagos por sus suministros a 90, 120, 160 días (Fondo de Maniobra negativo) con lo que realizan todas sus operaciones con dinero de otros como si de bancos se tratara. 
    •  Efecto de "la cama de agua". Si una persona pesada se encuentra en medio de una cama de agua, el nivel de la cama alrededor de los bordes aumenta a medida que el agua en el lecho se desplaza. De una manera análoga, si un proveedor se ve obligado a aceptar precios muy bajos (que implican pérdidas) para colocar su producto en una gran superficie para no perder cuota de mercado, puede tratar de cubrir sus pérdidas cobrando al resto de sus clientes precios superiores.
      • Wal-Mart ha establecido cientos de "salas de negociación" por todo el mundo donde sólo pueden entrar ejecutivos de Walt Mart y sus proveedores. Allí se lleva a cabo lo que se conoce como una "subasta inversa" en la que los proveedores compiten para ofrecer el menor precio a partir de un precio "target" fijado por Wal Mart.

       Los efectos letales del monopsonio minorista


      El monopsonio cae como una plaga devastadora sobre ciudades y pueblos.

      La concentración en el sector minorista avanza en forma concéntrica y en espiral. Cuando un gigante minorista empuja hacia abajo los costos de los proveedores, consigue precios más atractivos que amplían su cuota de mercado. Mayor cuota de mercado otorga mayor poder de monopsonio sobre los proveedores que se ven obligados a bajar aún más sus precios y así sucesivamente, en un ciclo aparentemente imparable, con lo que el gigante se convierte en un verdadero leviatán del mercado con poder omnímodo sobre consumidores y proveedores.


      A las tiendas pequeñas les resulta muy difícil sobrevivir cuando los supermercados se establecen en sus cercanías. Los centros urbanos se van convirtiendo en verdaderos pueblos fantasmas con calles enteras llenas de locales abandonados. Los impuestos que pagaban los comerciantes gracias al negocio con su clientela se transfieren a los bolsillos extranjeros de los accionistas de las grandes cadenas y los ayuntamientos se quedan sin ingresos. Algo tan ubicuo como el alumbrado de Navidad y muchos servicios públicos han de recortarse. La misma vida ciudadana se resiente por la creciente falta de contacto entre habitantes que dialogan con máquinas para hacer sus compras.

      Mientras avanza el círculo virtuoso de concentración del mercado minorista otros cambios ocurren alrededor del supermercado, como un resultado directo de esta concentración. Centros urbanos, zonas residenciales y pueblos pierden su vida comercial. La gente ya no interactúa con otras personas en su vida cotidiana. El aislamiento social aumenta.

      Aniquilación de la diversidad


      La explosión de la globalización (y la burbuja crediticia) crearon la ilusión de un aumento de la variedad para el rey consumidor. Fruta fresca todo el año, productos provenientes de todo el planeta, ... Pero la realidad ha sido precisamente todo lo contrario. La variedad y la diversidad son las víctimas del monopolio. Dos grupos cerveceros (AnheuserBusch InBev y SAB), se reparten la mayor parte del mercado mundial y todas las marcas disponibles en todas las categorías. Budweiser, Michelob, Stella Artois, Grolsch, Kirin, Tsingtao, , Rolling Rock, Widmer Brothers, Corona, ..., son diseñadas en un único laboratorio integrado de AnheuserBusch InBev. 

      Las tiendas especializadas también tienden a desaparecer. Los supermercados desarrollan sus propias secciones especializadas: librería, papelería, electrónica, panadería, confitería, carnicería, …, y las habilidades artesanales y una creciente gama de productos se pierden irremediablemente.


      En el caso de productos no comestibles, los supermercados son capaces de ofrecer descuentos masivos en una gama muy limitada de libros por ejemplo (como en el caso de los libros de Harry Potter que se vendieron en el Reino Unido a la mitad de su precio normal en las principales cadenas de supermercados). Las librerías tradicionales pierden así la mayoría líneas de productos populares viendo su negocio recortado a la literatura menos rentable, lo que hace difícil o imposible la supervivencia. Las librerías desaparecen de las calles a excepción de una o dos cadenas nacionales y un conjunto cada vez más escaso de los especialistas.

      En EEUU, un 90% de las variedades de frutas y verduras que eran cultivadas en 1800 ha desaparecido. Más de 7.000 variedades de manzanas se cultivaban en 1800 en los EEUU; hoy en día quedan menos de un centenar (que para Wal Mart son todavía demasiadas). La mecánica monopsonista fuerza el monocultivo de una ínfima variedad de plantas y animales (cada vez más transgénicos) que está dejando a la humanidad sin alternativas alimentarias en caso de plagas y mutaciones parasitarias que podrían acabar con la mayor parte de la cosecha (unas pocas variedades) de determinados alimentos clave para la alimentación mundial.

      Exclusión de grupos dependientes


      Algunos sectores de la población enfrentan dificultades para acceder a suministros esenciales. Los que no tienen coche, ancianos y personas con ciertas discapacidades les resulta difícil o incluso imposible llegar a un supermercado acaban dependiendo de lo que queda de las tiendas locales, a menudo pagando precios inflados por el efecto de “cama de agua”, debido a la desaparición de los mercados de venta al por mayor o simplemente debido a la pérdida de volumen de ventas en la tienda local, lo que significa que los precios tienen que ser relativamente altos para cubrir los costos fijos. Por lo general, en este comercio detallista residual se ofrece una gama muy limitada de productos y es frecuente una ausencia casi total de productos frescos (el bajo volumen de negocio obliga a concentrarse en productos de larga duración, como latas y empaquetados).

      Exclusión y ruina de los productores locales


      Como las cadenas de supermercados han crecido en tamaño, se han desarrollado cadenas de suministro globales, rompiendo los vínculos tradicionales con los proveedores de productos de temporada y alimentos locales. Esto a su vez afecta la degradación medioambiental y la seguridad alimentaria.

      Las grandes superficies ofrecen sus productos independientemente de los ciclos estacionales. La preferencia por la compra de alimentos desde el proveedor más barato en cualquier parte del mundo puede significar que los proveedores locales, incapaces de encontrar un mercado, se queden sin trabajo y abandonen sus tierras.

      Las centrales de compras de las grandes cadenas de supermercados no quieren lidiar con cientos de miles de pequeños proveedores. Prefieren negociar con un pequeño número de proveedores que son suficientemente grandes como para ser capaz de proporcionar productos para una parte sustancial o incluso la totalidad de sus redes comerciales. Esto significa que las prácticas agrícolas han de cambiar para adaptarse a las necesidades de los supermercados. Las granjas pequeñas se queden sin mercado y su la tierra es comprada por grandes corporaciones alimentarias capaces de instalar las tecnologías apropiadas para satisfacer los requisitos de entrega de servicios de la supermercados.

      Contaminación y malbaratamiento de recursos


      El alto nivel de especialización que exigen a los productores sólo es posible con gamas muy restringidas de productos y con niveles crecientes de tratamientos químicos y pesticidas con consecuencias irrecuperables para la salud y la biodiversidad.

      La insistencia de los supermercados en los productos frescos completamente intachable y en productos que se ven bien en las estanterías aumenta la presión sobre los agricultores a utilizar altos niveles de agroquímicos y a sacrificar la parte de la cosecha que no alcanza los estándares requeridos.

      Los sistemas de distribución desarrollados por supermercados se han asociado también con un enorme incremento en el uso de materiales de embalaje, en particular plásticos, que reducen el daño durante el transporte y las plataformas de apilamiento. El crecimiento de los supermercados ha conducido así a un aumento de la presión para utilizar más energía, contaminar más, empobrecer los suelos y la calidad del agua, etc, sólo cuando todos sabemos que tenemos que utilizar métodos más sostenibles!

      Explotación laboral


      La presión sobre los productores / proveedores para mantener los costos bajos no cesa nunca por más mejoras en eficiencia que introduzcan. Con el fin de garantizar su acceso a los estantes de WalMart, Tesco o Carrefour, los proveedores se ven constreñidos a eludir los controles ambientales y reducir el gasto en salarios a un mínimo absoluto. Muchos de los productos expuestos en las grandes superficies se producen en condiciones laborales infrahumanas peores que las imperantes durante la primera revolución industrial. El trabajo a destajo es a menudo supervisado por subcontratistas que pueden simplemente desaparecer si se les acusa de esclavismo, abusos, malos tratos o violaciones de derechos laborales y reaparecer inmediatamente con otro nombre para seguir suministrando a los grandes minoristas. Las condiciones sociales que se imponen a los países suministradores fomentan los regímenes represivos.

      Los CEOs de Wal Mart son verdaderos expertos en relaciones con la nomenclatura china que les asegura el mantenimiento de condiciones draconianas de trabajo en los talleres que suministran los productos que Wal Mart dispone graciosamente en sus estanterías.

      Degradación de la agricultura


      Los pequeños y medianos agricultores por lo general se encuentran en una posición análoga a la los trabajadores de las grandes plantaciones. Tienen pocas opciones sino la de suplir una de las grandes cadenas de supermercados. La continua presión para reducir los precios a menudo los deja sin excedente alguno, luchando para pagar las deudas bancarias y trabajar largas horas para sobrevivir. Algunas industrias agrícolas, tales como el sector lácteo, son particularmente vulnerable a las presiones de precios impuestas por los hipermercados, caen en bancarrota y son sustituidas por grandes unidades agropecuarias.

      Las pequeñas empresas agrícolas sostenibles son expulsadas del negocio y reemplazadas por un número cada vez más reducido de empresas gigantes. Los trabajadores agrícolas se queda sin empleo, caen los salarios y el trabajo se hace cada vez más precario. La agricultura y la transformación de los alimentos se convierten en procesos cada vez más industrializados y menos adaptados a lo local y a las las condiciones ambientales. Enormes granjas industriales agotan los suministros de agua, destruyen la calidad del suelo y la biodiversidad.

      Lucha contra las grandes superficies


      Las grandes cadenas minoristas son organismos parásitos capaces de prosperar a costa de la depresión. A más depresión, más WalMart, más Carrefour, más Tesco; a más WalMart-Carrefour-Tesco, más depresión.

      La supervivencia de los negocios en las condiciones actuales de crisis depende de las posiciones de monopolio acumuladas. Es el reino del capital que destruye incluso el instrumento que lo ha aupado, el mercado.

      A medida que los beneficios de los grandes minoristas crecían, el círculo de exponencial de desarrollo monopsonista se evidenciaba cada vez menos virtuoso. Proveedores, tenderos, ciudadanos y gobiernos comenzaron a darse cuenta de que los cambios generados por el crecimiento cancerígeno del monopsonio u oligopsonio empezaban a ser muy poco deseables.

      Las preocupaciones, campañas e iniciativas legales, no son las mismas en todos los países. En los EE.UU., por ejemplo, las campañas anti-WalMart han tendido a centrarse en el abuso de los derechos laborales por parte de las grandes cadenas de supermercados.

      El portal Wake Up WalMart.com publica un manual de autodefensa contra WalMart, tácticas de disuasión, recogida de firmas, recogida de testimonios de empleados, ect. Wal-Mart Fight relaciona los "real WalMart facts" frente a las campañas de intoxicación del monopolio, WalMart Watch realiza un seguimiento de las retorcidas actividades de la firma.

      En la India, el temor inmediato es que los supermercados sustituirán y aniquilarán al enorme sector informal de venta al por menor y ambulante que ofrece un magro sustento para millones de personas. Mientras que la teoría económica clásica vería la reducción del empleo ineficiente de los campesinos indios como un desarrollo positivo, las raíces de esta teoría se echaron en una época en la que el mundo industrial se estaba expandiendo y los trabajadores expulsados de un sector podían pasar a otro sector. En la etapa senil de un capitalismo enfrentado al agotamiento de los recursos y el desastre ecológico, cuando los trabajadores son expulsados de una ocupación ya no hay necesariamente alternativas viables para encontrar empleo.


      En la India la fuerza de trabajo des de 422 millones pero el sector formal sólo emplea a 27 millones. Así pues, el sector del comercio detallista es una verdadera válvula de seguridad puesto que emplea a más de 40 millones de indios en más de 11 millones de pequeños establecimientos. La entrada de las grandes cadenas detallistas en la India significaría un desastre humano de proporciones incalculables y de ha desatado una verdadera batalla entre las fuerzas a favor de la penetración (campañas de relaciones públicas financiadas por WalMart y compañía) y la sociedad civil india.

      Oligopsonio mayorista (Apple, Dell, Cisco, IBM, ...)

       


      Feenstra and Hanson: “La asimetría de las estructuras de mercado en las redes globales de producción, con empresas oligopólicas en posiciones de liderazgo y la competencia extrema entre los proveedores de segundo y tercer nivel, supone una fuerte presión sobre dichos proveedores que, al tratar de mantener ciertos márgenes de ganancia, deben mantener los salarios bajos y resistirse a cualesquiera mejoras laborales que podrían conducir a un cambio en el proceso de suministro hacia otra empresa o país ".

      Las actuales estructuras en las cadenas de valor globales, son cada vez más asimétricas: los cuarteles generales de las grandes corporaciones monopolistas multinacionales con sede en el norte o en paraísos fiscales, acaparando la mayoría del “valor”, y competencia suicida entre los proveedores y subcontratados para repartirse las migajas que han quedado.

      Las grandes corporaciones multinacionales ya no "deslocalizan" a ubicaciones o países "low cost" sino que "subcontratan" o "externalizan" la mayor parte de sus operaciones industriales a subcontratistas "low cost", reservándose, como mucho, la operativa del diseño de la marca, el marketing, las cadenas de distribución y los servicios de administración financiera. Se está produciendo una verdadera "desintegración vertical" de los grandes grupos monopolísticos que se agrupan para formar potentes oligopsonios frente a sus proveedores industriales.

      La intensa competencia entre suministradores y proveedores y el fiero oligopsonio de los compradores globales, arrebata a los productores el fruto de su trabajo, engrosando las cuentas y el valor de los activos financieros en manos de una pequeña casta bien posicionada en el extremo opuesto de la cadena de valor.

      Como en el caso del sector de la Tecnología de la Información, el poder oligopsónico (único comprador) de un reducido y exclusivo grupo de multinacionales (Apple, Sony, HP, Motorola, Dell, Cisco, …), somete a sus subcontratistas (Foxconn, Solectron, Jabil, Celestica, Sanmina, Flextronics), sin posibilidades de contratar con otros clientes alternativos, a condiciones draconianas que éstos repercuten en sus empleados en una carrera suicida hacia el abismo global.

      Comunalizacion de proveedores


      Una vez constituido un oligopolio vendedor (GM, Ford, Chrysler, Toyota, Honda y Nissan), su control total del mercado les permite actuar como oligopsonio frente a sus proveedores. Estos proveedores, enfrentados a un único comprador, se ven obligados a reducir a la mínima expresión sus costos operativos. La competencia desenfrenada entre ellos elimina rápidamente a los menos eficientes y sólo sobreviven algunas firmas a base de sueldos ínfimos y economías de escala, convirtiéndose a su vez en monopolios (bottom up monopolios). Es decir, se produce una verdadera comunalización de los proveedores de forma que todas las firmas del oligopolio vendedor adquieren sus componentes y piezas a un único proveedor.

      GM, Ford, Chrysler, Toyota, Honda y Nissan tienen como suministradores "just in time" a unas pocas firmas proveedoras (monopolios proveedores) y, aunque los vehículos parezcan diferentes y luzcan diferentes nombres, la mayoría de sus piezas provienen de una misma factoría, o bien Collins & Aikman (C&A) o bien Medaldyne o bien Yuwei Plastics and Harware Product Company.

      Acer Inc., Amazon.com, Apple Inc., Cisco, Dell, Gateway, Hewlett-Packard, Intel, Microsoft, Motorola, Nintendo, Nokia, Samsung, Sony, Toshiba o Vizio, dependen de o bien de Foxconn, o bien de KYE, o bien de Meital Plastics and Electronics, para ensamblar todos sus productos.

      La "eficiente" comunalización de proveedores implica un grave riesgo sistémico. Si cualquiera de las grandes firmas compradoras falla, el proveedor común a todo el oligopolio puede ser arrastrado también a la quiebra dados los estrechos márgenes con que trabaja. Cuando tras el colapso de Leheman Brothers en 2008, Chrisler y General Motors estaban técnicamente en bancarrota, Ford, su teórico aguerrido "competidor", reclamó al Congreso de EEUU ayuda para rescatar a "sus rivales" (sic!). Allan Mulally, en CEO de Ford, explicaba que "la industria automotriz es totalmente interdependiente con respecto a nuestra base de aprovisionamiento, con una dependencia "común" de más del 90%" Es decir, reconocía que las operaciones del oligopolio norteamericano de la automoción, GM, Chryslers y Ford, estaban fusionadas en un 90% y que el colapso de dos de ellas significaría el colapso de sus proveedores comunalizados y por lo tanto también el colapso de Ford..


      Más información sobre el tema:

      Totnes, un pueblo que se resiste a la entrada de un monopsonista: Totnes: the town that declared war on global capitalism

      Iain Farquhar: Competition Law and the New Slavery

      WalMart, un monopsonio letal (en este mismo blog)

      18/11/12

      Euro-gheto



      Yanis Varoufakis: "Europa está en proceso de desintegración. La crisis del euro opera con la determinación de una colonia de termitas comiéndose incluso los mismos cimientos hasta que no quede mas que un cascarón vacío de lo que había sido, hasta hace poco, un noble y glorioso ideal de Unión Europea. "

      G. Soros: “Existe un fuerte paralelo entre la crisis del euro y la crisis de la deuda Latino Americana de los años 80… En la actualidad, Alemania está jugando el mismo papel que jugara entonces el FMI, prestando lo justo, a cambio de fuertes recortes, para que los deudores no se declaren en suspensión de pagos, aunque esto signifique caer en la depresión”

      Boris Kagarlitsky (Russia in Global Affairs): "En la fase actual del capitalismo las élites dirigentes han perdido el norte y cualquier atisbo de comprensión a cerca del significado de responsabilidad social, y son incapaces de tomar cualquier tipo de decisiones o medidas en favor, incluso, de sus propios intereses estratégicos a largo plazo."

       El euro-gheto

      Los últimos estertores de la moneda europea


      Los primeros compases de la película “El pianista” dirigida por Roman Polański, reproducen el tiempo transcurrido entre la entrada de los alemanes en Polonia (octubre de 1939) y la instauración del Gueto de Varsovia en octubre de 1940, con la familia del pianista pegada a la radio y devorando los periódicos mientras se van sucediendo las cada vez más injustas y duras medidas impuestas por las nuevas autoridades. Algo así está ocurriendo en la actualidad a las familias de la periferia europea.

      Como en el caso de Varsovia, se les estigmatiza como vagos, cigarrones amantes del sol y la siesta, escaqueadores, improductivos, manirrotos, latinos, católicos, morenos, ..., para luego arrebatarles todo aquello por lo que merece ser vivida una vida. En Varsovia, los que rumiaban y discutían cada noche las nuevas medidas a publicar al día siguiente eran la administración civil de ocupación, el ejército alemán y las SS (unos insistiendo en reducir las raciones, otros recalculando los réditos a obtener de trabajadores útiles). En la actualidad son los agentes de la gran banca y las grandes corporaciones multinacionales, es decir, la Troika, los que discuten como hay que ir administrando la medicina de la “terapia de choque” impuesta a la población para mantenerla (como muy bien estudiaron los sicólogos nazis) en un permanente estado de shok que la debilita, la desconcierta y la hace más vulnerable. En el Euro-gueto también sobra gente. Demasiados pensionistas, demasiados funcionarios, demasiados parados, demasiados indigentes.

      Para buena parte de la población europea, el euro se ha convertido en una trampa, en una especie de muro sobre el que los megáfonos vocean rosarios de amenazas para quienes pretendan cuestionarlo. Mientras, los que viven en la zona “acreedora” se sienten algo reconfortados pensando que las terapias que se aplican a la otra zona no se las van a aplicar a ellos, más productivos, más disciplinados, más ahorradores, y además nórdicos y protestantes.

      ¿Como hemos llegado hasta ahí?

      La paradoja keynesiana


      Uno de los supervivientes de la 2GM fue el capitalismo. Aunque perdió mucho territorio (países del Este de Europa, China, parte de Corea, colonias, …), y bajo la presión y la amenaza de potentes movimientos anticapitalistas, consiguió sobreponerse reprimiendo su agresividad, al menos en los países desarrollados. Al capitalismo renovado de la posguerra se le ha llamado “capitalismo con rostro humano”, “capitalismo democrático”, “capitalismo del compromiso social”, …

      Se trató de una extraña fase en la historia del capitalismo en la que el sistema cedió a las aspiraciones y reivindicaciones socialistas (Estado del bienestar, estabilidad y sueldos dignos) en los países más desarrollados. Además, el modelo keynesiano de gestión económica, introducido por primera vez en Escandinavia en los años 30 como respuesta a la Gran Depresión, aseguró una estabilidad que nunca había registrado el sistema. En tiempos de recesión, cuando la confianza bajaba, los gobiernos aumentaban el gasto en inversión pública, se endeudaban hasta donde fuera preciso para substituir el decaimiento de la inversión privada y recuperar el nivel de la demanda agregada. Por el contrario, en tiempos de inflación, cuando la demanda era excesiva, reducían el gasto público y pagaban sus deudas. Así pues, la clase trabajadora quedaba también protegida de las fluctuaciones del mercado y las crisis.

      Este modelo de gestión macroeconómica sólo podía funcionar si el sector público tenía un peso considerable en la economía. En los años inmediatos a la guerra y la reconstrucción, los presupuestos del sector público en los países desarrollados tenían ya un volumen suficiente para actuar como estabilizadores keynesianos. En épocas de guerra, los ricos no se escapan fácilmente de pagar impuestos. La incorporación del Estado del bienestar (por temor al socialismo) a estos abultados presupuestos de posguerra  no hizo más que mantener o aumentar esta capacidad. Los tramos altos del IRPF pagaban del 80 al 90% y no había una amplia variedad de paraísos fiscales donde ocultar las ganancias.

      Los sueldos decentes y la estabilidad en el centro dieron alas al sistema capitalista. Los trabajadores de los países desarrollados se convirtieron en consumidores en masa de una producción creciente, generando beneficios a gran escala para la clase capitalista.

      Paradójicamente, la forzada moderación del sistema debida a la amenaza socialista, favorecía el crecimiento y los beneficios del capital de tal forma que los años 50 y 60 serán recordados como la época dorada del capitalismo.

      La transición al capitalismo realmente existente


      A partir de finales de los 60 las cosas cambiaron. La prosperidad estaba sacando a la luz a nuevas criaturas. La concentración del capital no se había detenido durante la “época dorada”. Grandes corporaciones estaban abandonando su nicho “nacional” primigenio, rompiendo la madeja de regulaciones e impuestos que impedía su completo desarrollo y emprendían su vuelo multinacional en paralelo a la liberalización del comercio y la globalización de los mercados financieros.

      - La estanflación de los 70


      La codicia capitalista quería más. En capitalismo, la estabilidad es un accidente. A medida que el capital crecía y se internacionalizaba, las oportunidades de beneficio al margen de las regulaciones (básicamente de carácter nacional) crecían y los dos requisitos del keynesianismo (sueldos decentes y grandes presupuestos públicos) eran un estorbo para sus beneficios.

      La resistencia de los trabajadores a perder su empleo y la de los pequeños empresarios nacionales a ceder sus negocios se manifestó, por un tiempo, en la presión popular sobre los gobiernos para mantener el empleo y la actividad mediante las habituales políticas monetarias expansionistas keynesianas. Pero esta vez, como las economías eran más abiertas, buena parte de estos estímulos, en lugar de beneficiar a las empresas autóctonas generadoras de empleo y sueldos, acaban en manos de las multinacionales exportadoras. El país se quedaba con lo más malo de la ecuación: el estancamiento y la inflación.


      Cuando la situación se hizo insostenible, con tasas de inflación de dos dígitos en muchos países, el obligado reajuste monetario no hizo más que agravar el estancamiento.

      La crisis de 1980-82 y las Reaganomics


      La caída en picado de la producción industrial (con las práctica desaparición de sectores tradicionales como la siderurgia, las minas o los astilleros) y del comercio internacional, generaron un fuerte aumento del desempleo hasta cotas no vistas desde la 2GM. Manchester, Liverpool, Newcastle, Charleroi, Lorena, Detroit, …, la creciente geografía de la desertificación industrial a la que se sumaría la desertificación del campo por el abandono de las pequeñas explotaciones agrícolas.

      El capitalismo parecía necesitar de un 7º de caballería que viniera a rescatarle. Reagan lanzó una “Guerra de las galaxias”, un programa masivo de rearme, y la señora Thatcher dirigió personalmente una guerra naval contra Argentina. Ambos acontecimientos dispararon en gasto público y el endeudamiento a niveles colosales. Se produjo una cierta reacción económica pero sobre todo una fuerte reacción política, cargando la culpa de la crisis a las políticas keynesianas redistributivas y a los sindicatos.

      - Win-win


      El impass de la macroeconomía keynesiana dio alas al neoliberalismo. Si se liberaba a los mercados (laborales y financieros) de las regulaciones y de la irracional intervención de los estados, la “eficiencia de los mercados”, devolvería la estabilidad perdida y se volvería al crecimiento. Era una fórmula win-win, en la que todos los actores ganarían.

      La realidad transcurría por derroteros muy alejados del win-win teórico que se enseñaba en las cátedras de economía. Durante los años 80, la gran banca y diversas multinacionales colaboraron de común acuerdo para desfondar los presupuestos y apropiarse de las industrias y recursos “nacionales” de muchos países endeudados (crisis de la deuda LA), sometiéndolos a tremendas terapias de choque “win win” tras caer en las redes del FMI. Parecía un gran ensayo general para la función que tendría lugar en Europa algunos lustros más tarde.

      Pesaron más los ataques al estado del bienestar y la reducción del salario real que los cuantiosos dividendos de la reconquista capitalista del antiguo bloque soviético y China. La demanda seguían renqueante y de nuevo había indicios de sobrecapacidad. Los índices de crecimiento de la “época dorada” pasaron a ser un recuerdo en la nostalgia.

      - Las felices burbujanomics (el keynesianismo privatizado)


      La financiarización consiguió durante una década más mantener la demanda agregada. La desregulación financiera había generado enormes excedentes de capital financiero que se quedaban sin colocación a causa de la endeblez de la economía real. La mala experiencia de los préstamos a países en desarrollo de los años 80 agudizó las dotes de la ingeniería financiera de forma que a finales del siglo XX existían ya un montón de “productos financieros” que se vendían como capaces de generar buenas ganancias con un riesgo casi inexistente. Préstamos a estudiantes, tarjetas de crédito, hipotecas subprime, …, se titulizaban como si fueran bonos u obligaciones y se vendían como si fuera deuda pública, con triple A, a los hambrientos inversores. Estudiantes, amas de casa, emigrantes, …, que nunca hubieran pensado en endeudarse, acababan siendo perseguidos por comisionistas para endosarles préstamos.


      Fue la cuadratura del círculo. Los capitalistas acaparando toda la riqueza y el resto endeudándose hasta las cejas para retrasar el descalabro de la demanda agregada (keynesianismo privatizado). Fueron unos años felices como lo fueron los años 1920s. Pero iban a ser definitivamente los últimos años eufóricos del capitalismo.

      El capitalismo realmente existente


      Nada nuevo en la historia del capitalismo. Cuando amenaza la crisis de sobreproducción y el capital no encuentra colocación en la economía real, se lanza a la especulación y sobrevienen las burbujas. Finalmente, cuando pincha la burbuja sobreviene la depresión.

      Lo nuevo de la crisis actual es que el capitalismo ya no está en una fase juvenil (aquella en la que predominaba la pequeña empresa y funcionaba una cierta competencia), fase que aún permitía la recuperación del sistema tras un duro período de “destrucción constructiva”; ni tampoco en una fase madura (con grandes corporaciones monopolistas operando sólo a escala nacional) en la que la recuperación era más exigente y requería guerras mundiales; sino que estamos en la fase senil, en la que el capital se ha concentrado en unas pocas grandes corporaciones multinacionales que gobiernan y dictan su voluntad a los estados, que funcionan al margen de sus regulaciones, que se “autorregulan” voluntariamente y que pueden permitirse “ir de compras” por el planeta a ver que Estado les ofrece mejores condiciones.

       Multinacionales abandonando su fase de crisálida en sus países de origen

      En un análisis exhaustivo sobre un conjunto de 43.060 compañías transnacionales, se ha aislado la existencia de un núcleo interrelacionado de 1.318 multinacionales que acaparan el 80% del total de las ventas de la muestra y un núcleo duro de sólo 147 multinacioneles estrechamente vinculadas entre sí, todas ellas con participaciones cruzadas, que concentran más del 40% de la riqueza del total de la muestra.

      Las grandes grupos empresariales multinacionales ya no necesitan demasiado de lobbyistas o intermediarios para hacer valer sus intereses sobre gobiernos y parlamentos. Su enorme poder les permite imponer a sus propios “tecnócratas” que diseñan e implementan las políticas de los estados de acuerdo con sus intereses. La máxima "lo que es bueno para las grandes corporaciones es bueno para el país" ya no funciona de ninguna manera cuando se  trata de corporaciones transnacionales.

      En general, durante la fase madura del capitalismo, con monopolios “nacionales” trabajando de mutuo acuerdo con los gobiernos nacionales, los políticos experimentados podían tener más peso en las decisiones clave que los grandes magnates. En Alemania, aunque los consejos de administración de las grandes corporaciones apoyaron la escalada de Hitler, era el Fuhrer el único director de orquesta y más de un empresario fue a la cárcel o directamente liquidado.

      En la actual fase senil del sistema, cualquier gobierno, por poderoso que pueda parecer, se ve obligado a obedecer, sin rechistar, a los dictados de los grandes magnates, bajo la amenaza de deslocalización, retirada inmediata de capitales, acoso de “los mercados”, etc. Los cada vez más debilitados estados se están convirtiendo en utensilios de usar y tirar.

      Ante la pasividad ciudadana, desorientada o adormecida por los medios de comunicación en manos de unas pocas multinacionales, los consejos ejecutivos de las grandes corporaciones se convierten en los verdaderos actores políticos del panorama internacional. A los débiles gobiernos no les queda otro remedio que competir entre ellos para atraer a estos esquivos protagonistas. A los partidos políticos tradicionales no les queda más que adaptarse a sus exigencias planteando programas casi mellizos, aunque los vistan de maneras diversas, o sencillamente traicionar, comiéndose sus promesas electorales una vez en el “poder”.

      La democracia sustituida por la sumisa esperanza rumiante respecto al grado de responsabilidad social que las eficientes y autoreguldas multinacionales deseen asumir según los códigos de buena conducta y demás proclamas responsables relacionadas en sus respectivas páginas web.

      ¿A la espera de una “solución desde arriba”? El plan de Soros


      La crisis se presenta como algo tremendamente complejo y los únicos capaces de desmadejar el lío serían esos mismos magnates multinacionales que se han quedado solitos en la cabina de mando. Pero, ¿y si no saben?

      En las escuelas de negocios se enseña que las corporaciones deben hacer gala tanto de su eficiencia mercantil como de su “responsabilidad social” y en sus páginas web están colgados maravillosos códigos éticos. Pero ¿y si no tienen responsabilidad social?

      Los grandes grupos corporativos de la fase madura del capitalismo no eran indiferentes a los ciclos económicos. Las crisis podían beneficiar a algunos de ellos pero la mayoría se sentían amenazados por la inestabilidad de la depresión. Pero ¿y si en la fase senil del capitalismo las grandes multinacionales (financieras y no financieras) que detentan todo el control, han alcanzado tal tamaño que ninguna crisis las amenza? ¿Y si resulta que sí son indiferentes a la crisis, pues siguen aumentando sus beneficios en medio de la crisis gracias al control que ejercen sobre los precios (un ejemplo cercano sería el precio de la gasolina y la electricidad en España)?


      Las grandes corporaciones multiancionales nadan en océanos de liquidez. En recesión y con exceso de capacidad, no invierten un duro de sus crecientes beneficios gentileza de las terapias de choque de la crisis. Los principales grupos europeos, a finales de septiembre de 2012, atesoraban bajo sus nalgas más de 700.000 millones de euros (disponibles, en todo caso, para especular en alguna nueva burbuja que se tercie).

      Soros tiene un plan


      George Soros, que hizo fortuna dirigiendo un raid de derivados financieros contra la Libra Esterlina a finales de los 90 forzándola a devaluar y salir del Mecanismo Europeo de Tipos de Cambio (una especie se sistema monetario europeo previo al nacimiento del €),  parece querer contradecir las dudas expresadas más arriba.

      Soros es uno de los principales responsables (y beneficiarios) de la desregulación y la financiarización, un experto en planear terapias de choque (Polonia, Rusia, ... ) y terapias genocidas (Yugoslavia).

      Soros se muestra sin embargo honestamente (responsabilidad social?) preocupado por una situación que no deja de reportarle enormes ganancias, pero que cree que está alcanzando una dimensión demasiado explosiva. Titula su plan: “La tragedia de la UE y cómo resolverla”.

      Soros parece ser consciente de la trágica situación de la Unión Europea:

      El BCE no está manteniendo vivo al euro sino más bien impidiendo que la diñe. El Euro es una moneda zombie cuyo objetivo ya no es monetario sino acelerar el traspaso de la deuda privada tóxica al sector público, (España, en eso, iba retrasada con respecto a Irlanda), sangrar todo lo que se pueda a los PIIGS y efectuar un rápido vaciado de todo lo público privatizable de la periferia.


      En lugar de constituir la sangre que debería dar vida al tejido económico, el € se ha convertido en una criatura chupasangre. Los bancos europeos lo saben y están tratando a las economías de la Eurozona como si ya se hubiera roto y han cerrado la vía del crédito privado entre países.

      El euro cadáver monetario está entubado y sometido a sucesivas transfusiones:

      • LTROs: Entre diciembre de 2011 y febrero de 2012 el BCE imprimió un billón de € para prestarlos a la banca insolvente europea ( tres años al 1% de interés a cambio de un colateral sin valor). El 30% del dinero recibido por estos bancos lo prestaron a España e Italia consiguiendo prolongar la agonía de la Eurozona unos meses más.
      • La "voluntaria" suspensión parcial de pagos de Grecia en marzo de 2012 con el traspaso del riesgo del prestamistas privados a la Troika. Un sorprendente proceso "controlado" de quita que ha dejado a Grecia con un peso de deuda pública a finales de 2012 superior al que soportaba a finales de 2011.
      • Outright Monetary Operations (OMTs). En agosto de 2012 el BCE anuncio que estaba preparado para comprar cualquier volumen de deuda pública española o italiana en el mercado secundario que fuera preciso para contener la subida de la prima de riesgo y los intereses a pagar por estos países. Las OMTs implican condicionalidad (recortes) para los países implicados.

      George Soros, comienza recordando (sospechosamente) que “he sido siempre un ferviente defensor de la Unión Europea, una voluntaria asociación de estados iguales que rindieron parte de su soberanía en aras al bien común” y propone su plan para que Europa no caiga en una profunda depresión.

      Según Soros, la crisis del euro no es el resultado de un plan deliberado sino el de una serie de fallos cometidos por “la precipitación” en la creación de la moneda única. Nadie tuvo la culpa.

      ¿No es la “precipitación” o la “la rapidez” en las “terapias de choque” una sospechosa estrategia de manual de la universidad de Harvard, diseñada, experimentada y perfeccionada para dejar sin poder de reacción a los ciudadanos (Naomy Klein)?

      ¿Se podía esperar cualquier otra cosa de la codicia y avidez de un puñado de bancos y multinacionales en los puestos de mando de las instituciones europeas que sacaron sustancial tajada con la “precipitada” creación de la Eurozona?

      Apunta, certeramente, que Alemania sería la principal perjudicada por la desaparición del euro y que continuará haciendo el mínimo necesario para evitar el colapso.

      Propone dos salidas:

      a) Que Alemania salga del euro

      Se suma a los que afirman que la salida de Alemania de la Eurozona sería la única manera de asegurar su supervivencia. Si Alemania abandona el euro, éste se depreciaría de inmediato, favoreciendo las exportaciones de la periferia y equilibrando las balanzas comerciales de la UE.

      De golpe, los países periféricos se habrían calzado las botas de la ansiada productividad/compititividad perdidas. El problema del endeudamiento también mejoraría puesto que la deuda continuaría siendo, a todos los efectos, denominada en euros, y al depreciarse el euro disminuiría el valor real de dicha deuda.

      La nueva zona euro devaluada quedaría libre para hacer efectiva la mutualización de la deuda (eurobonos)

      Soros observa un claro paralelo entre la crisis de la deuda europea actual y la crisis de la deuda latinoamericana en los 80. Sin embargo, de nuevo intenta confundir a actores y responsables. El beneficioso papel para la banca (nefasto para la población) que jugó el FMI (el instrumento de los mercados y las multinacionales) lo atribuye ahora al conjunto de la “nación alemana” en lugar de a sus amigos, los “grandes bancos alemanes”, que están imponiendo el austericidio y la vuelta al subdesarrollo a los países endeudados de la periferia.

      Afirma que esta salida beneficiaría a los que se quedan (y esto convertiría a Francia en el nuevo líder de la nueva Eurozona) y perjudicaría a los que marchan (seguramente Soros está pensando en sus amigos, los banqueros y multinacionales alemanas)

      b) Que Alemania continúe en su papel hegemónico pero de forma más benevolente (más Europa)

      Es decir, que Alemania asuma las responsabilidades y obligaciones de una nación líder en la tarea de devolver la estabilidad financiera y el crecimiento económico al conjunto de la Eurozona.

      Esto se conseguiría

      1. Estableciendo unas nuevas reglas de juego que permitieran a todos, tanto países acreedores como países deudores, refinanciarse en condiciones parecidas.

      2. Permitir niveles de inflación (para Alemania incluida) por encima de los límites actuales.

      Ambos objetivos sólo serían alcanzables tras un considerable progreso hacia una unión política.

      Esto implicaría la creación de una Autoridad Fiscal Europea que absorbería a las agencias de rescate europeas (EFSF y ESM), se financiaría con una parte proporcional del IVA y actuaría de común acuerdo con el BCE.

      La AFE sería la encargada de resolver el punto 1. Adquiriría toda la deuda en exceso del 60% del PIB de los países miembros a través de un Fondo de Reducción de Deuda que se financiaría, bien a través del BCE, bien emitiendo sus propias obligaciones (que podrían acabar convirtiéndose en eurobonos, mutualizando así la deuda europea de forma permanente.

      Conclusión

      Soros no cree que ni una ni otra de las salidas que propone puedan ser adoptadas en el marco democrático actual y apela, sin cortarse un pelo, a la presión que puedan ejercer, de común acuerdo, la “comunidad de los negocios” y la “sociedad civil” (sic!).

      Como pasa con la mayoría de los analistas, el big business no juega ningún papel especial en el análisis de Soros sino es para aparecer en este final sorprendente. Sólo a una alta sensación de impunidad, gentileza del buen trabajo de la industria de la información, puede atribuirse tal grado de provocación.

      La cada vez más monopolizada industria de los medios de comunicación (en la Organización Mundial de Comercio se están proponiendo nuevas normativas que obliguen a todos los países a permitir la entrada sin ningún tipo de restricciones de los grandes conglomerados mediáticos y prohibir cualquier tipo de subsidios a las cadenas públicas) tiene el encargo de fabricar “la realidad” para sus consumidores.

      La crisis que se vende (el marketing ya ha incorporado plenamente el término en sus campañas) no tiene nada que ver con la concentración del capital y las multinacionales. Es una crisis inexplicablemente sobrevenida, una crisis pasajera, en forma de U, remontable, incluso, si lo miramos bien, beneficiosa para un futuro mejor. Se trata de una crisis sin adjetivo, sin causas claras, sin una gestación comprensible, y, por supuesto, sin responsables (o todos responsables de alguna manera).Ocurre como en los thrillers donde el asesino nunca da la cara.

      El avance del nacionalismo en sus diversas variantes asusta al big business a pesar de que siguen obteniendo o incluso aumentando sus beneficios con la crisis. Pero lo que más asusta al capital es la vuelta del internacionalismo. Las últimas movilizaciones coordinadas de esta semana en Portugal, España, Italia, Grecia, Bélgica e incluso en Alemania y Polonia, son las que marcan el verdadero camino para salir de la crisis. Los trabajadores de Wal-Mart, al otro lado del Atlántico están haciendo huelgas, en cientos de grandes superficies contra la empresa que junto a Wall Street constituye la esencia del capitalismo senil. El black Friday 23 de nov. (el día del consumidor desbocado) amenazado a las mismas puertas del olimpo consumista.

      Pero la sociedad civil, los sindicatos y los partidos políticos, deben tener presente que el big business que invoca como “aliado” el señor Soros, es el enemigo a batir, es el causante de la crisis y, de momento, es el único piloto en la cabina de mando de una nave camino de estrellarse.

      Respecto a los oligopolios energéticos en España recomiendo el "Salvados" de esta noche