15/12/15

Antropoceno vs Capitaloceno

English translation

John Kerry (tras el fracaso de la Cumbre sobre el clima de París): “Estamos mandando un mensaje clave al mercado global”, “los mercados ya tienen una señal clara” El País, 13-12-2015.

James Hansen (director del NASA Goddard Institute for Space Estudies y el más renombrado mundialmente científico del clima): "Los acuerdos sobre el clima valen menos que el papel sobre el que se han escrito" "El acuerdo de París es un fraude"

Abengoa, líder mundial en renovables, presentó el 25 de noviembre de 2015, el mayor preconcurso de acreedores de la historia de España, desplomándose en bolsa.

Kevin Anderson and Alice Bows (2012): “La equivocada creencia de que para evitar el calentamiento  todavía se puede conseguir con un impuesto sobre el carbono aquí, un poco de comercio de emisiones allí o un acuerdo voluntario allá, no será suficiente. Los objetivos a largo plazo (por ejemplo, 80% de CO2 en 2050) no tienen ninguna base científica. Lo que rige las futuras temperaturas globales y otros impactos climáticos adversos son las emisiones de ayer, hoy y de los inmediatos próximos años

Noam Chomsky : "El mundo que estamos creando para nuestros nietos es sombrío ... El nivel de destrucción de especies en el mundo de hoy se acerca al nivel de hace sesenta y cinco millones de años, cuando un gran asteroide golpeó la Tierra y tuvo efectos ecológicos horripilantes”. “Lo mismo está sucediendo ahora, excepto que ahora somos nosotros el asteroide

Richard Smith: “El problema con el capitalismo es la economía no se puede poner a votación y hoy en día, las enormes decisiones que nos afectan a todos, a otras especies, e incluso el destino de la vida en la tierra, son todas todavía decisiones privadas, hechas por los consejos de administración de las grandes corporaciones monopolistas transnacionales”.

Climate change go marching in


El 10 de mayo de 2013 los científicos del Observatorio de Mauna Loa en Hawaii anunciaron que las emisiones mundiales de CO2 habían cruzado el umbral de las 400 partes por millón (ppm), por primera vez en millones de años lo cual significa que nos acercamos rápidamente a los temidos tipping points (puntos de no retorno a partir de los cuales el proceso se retroalimenta automáticamente) - deshielo de la tundra subártica o descongelación y la liberación de las vastas cantidades de metano congeladas aún en el suelo submarino del Ártico. La concentración ha aumentado más del 40% durante los últimos 200 años, con una tendencia actual a aumentar entre 2 y 2,5 ppm cada año. Así pues, a pesar de todas las cumbres del clima (Kyoto, Copenhague, Cancún, Ciudad del Cabo, Doha y la última de París) y las consiguientes promesas de autolimitación o el famoso mercado del CO2, el crecimiento de las emisiones y las concentraciones atmosféricas se han acelerado (Curva Keeling).

El avance de la concentración de CO2 se puede monitorizar en la web de la Scripps Institution of Oceanography en la UC San Diego. Se puede visualizar como marchamos con paso firme y decidido hacia el desastre.

Durante el plioceno, la era geológica de entre 3 y 5 millones de años antes del presente, había una concentración de CO2 en la atmósfera por encima de las 400 ppm: Estudios recientes estiman que la concentración máxima llegó a 415 ppm, con temperaturas globales entre 3 a 4 grados por encima de las temperaturas actuales. El nivel del mar era entre 5 a 40 metros más alto que en la actualidad. El nivel del mar no ha tenido tiempo de escalar tanto todavía debido a la gran inercia en la reacción de los océanos a la absorción del calor extra.

El informe publicado en 2013 por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) (es un organismo por diseño conservador, llamando la atención sólo sobre los aspectos donde hay más consenso científico), estima que las temperaturas globales aumentarán entre 1,8 y 4 grados centígrados a mediados de este siglo; El informe destaca que más allá de 2 grados, los seres humanos podrían perder la capacidad de tomar acciones para remediar sustancialmente o mitigar el cambio climático, después de lo cual se habría ingresado en una "zona de peligro" en la que el clima podría convertirse en impredecible y las consecuencias en gran medida imprevistas.

El calentamiento del planeta hasta ahora ha sido más o menos lineal. A más CO2 más calor. Pero según los modelos con mayor consense entre los científicos, más allá de los 2 ° C, el nivel de incertidumbre y la amenaza del calentamiento de la Tierra se convierte en incontrolable debido al cruce de umbrales sucesivos (puntos de inflexión o tipping points) que son como si de golpe se pusieran en funcionamiento centenares de miles de nuevas centrales térmicas alimentadas con carbón. No sabemos cuándo se llegará a este punto de inflexión global, pero la ciencia del clima de hoy nos dice que estamos mucho más cerca de un aumento de 2 ° C de lo que se pensaba cuando ese límite fue propuesto originalmente.

El capitalismo, una civilización de frontera


El desastre ecológico y medioambiental ha sido causado por una ínfima y cada vez más restringida minoría de humanos, la clase capitalista, que ha conseguido imponer sobre todo el planeta una forma cancerígena de organización social basada en un sistema de apropiación voraz diseñado para asegurar todo el poder y concentrar toda la riqueza en manos de un pequeña élite depredadora.

El cáncer capitalista tiene sus orígenes a mediados del siglo XVI cuando empezó a extenderse, a partir de Holanda e Inglaterra por todo el planeta. Originalmente nadie quería al capitalismo (engendro de destrucción, miseria y desigualdad sin parangón desde sus más tiernos balbuceos) y en sus mismos países de origen encontró enorme resistencia. El capitalismo se ha impuesto y expandido a base de fuerza bruta, diplomacia de las cañoneras, terapias de choque, etc. Pero también ha perfeccionado su arsenal ideológico (A. Smith, Malthus, Ricardo, M. Friedman, Jayek, etc.) para justificarse como algo “natural”, como algo racional y ajustado a la propia naturaleza humana. Su capacidad mutante le ha permitido disfrazarse incluso de “comunista” en la URSS, China, etc.

El capitalismo no avanza ni ha avanzado nunca a partir unicamente de la acumulación de las plusvalías extraídas en el área plenamente mercantilizada bajo su control, sino que ha avanzado y se ha expandido siempre a saltos a través sucesivas fases de acumulación por apropiación. De hecho el proceso de acumulación por apropiación de territorios, de recursos naturales, de sociedades, etc., aún no mercantilizadas, constituye un aspecto fundamental y consustancial al sistema. El capitalismo es un verdadero free rider de forma que en cada una de las sucesivas olas expansionistas, la frontera proporcionó vastas reservas de trabajo, alimentos, energía y materias primas susceptibles de apropiación sin contrapartida, hacia el vórtex de la acumulación capitalista.  La acumulación por apropiación, a parte del latrocinio del extrarradio capitalista (colonialismo, esclavismo, exterminio y apropiación de territorios de frontera, etc.) implica también la externalización, también sin contrapartida, de los residuos y la polución más allá de la frontera. Pero, si la acumulación por apropiación externa falla, el sistema se colapsa. Y se colapsa tanto si falla el latrocinio del extrarradio como si falla la capacidad del vertedero del extrarradio.

Pero los días para el capitalismo que hemos conocido están contados. Las posibilidades de acumulación por apropiación del extrarradio se están reduciendo a la mínima expresión. El planeta no es plano e infinito sino esférico y finito. Los recursos apropiables se están agotando o se han agotado definitivamente. Ya no queda prácticamente mano de obra con sus bases de reproducción en el extrarradio del sistema (los últimos fueron los 100 millones de campesinos sin papeles chinos explotados por las multinacionales monopolistas) y, para colmo, la atmósfera, que tampoco ha resultado ser un vertedero infinito, ya no soporta más emisiones contaminantes y reacciona con violencia creciente.

Sin embargo, hoy día, con la mayoría de la humanidad en la miseria y a punto de desencadenar un holocausto climático, el capitalismo se presenta a sí mismo, gracias su control omnímodo mediático, como el mal menor que evitará, por el momento, a corto plazo, al menos, un descalabro inmediato, y, en cualquier caso, nos acompañará y guiará hasta el fondo del abismo que nos está preparando.

La dicotomía capitalista entre el hombre y la naturaleza


Engels (Dialéctica de la naturaleza): "No debemos presumir demasiado nuestras victorias sobre la naturaleza. Por cada una de estas victorias, la naturaleza toma venganza sobre nosotros. Es verdad que en cada victoria tenemos, en primera instancia, los resultados esperados, pero en segunda y tercera instancia, son efectos diferentes, imprevistos que a menudo anulan los primeros...La naturaleza es la base sobre la que nosotros, los seres humanos, nosotros mismos productos de la naturaleza, hemos crecido... a cada paso se nos recuerda que de ninguna forma gobernamos sobre la naturaleza como un conquistador sobre un pueblo extranjero, o como alguien que está en pie “fuera de la naturaleza”, sino que con la carne, la sangre y el cerebro, pertenecemos a la Naturaleza y existimos en su seno”.

Kingsnorth (2011): “Mi sensación es que el movimiento ecologista se ha torpedeado a sí mismo con las cifras. Su obsesión con el cambio climático, y su insistencia en considerarlo como un desafío de ingeniería que deben superarse con soluciones tecnológicas guiadas por la mirada neutral de la ciencia, le ha obligado a integrarse en un gueto del que nunca podrá escapar. La mayoría de los ecologistas ahora pasan el tiempo discutiendo sobre si prefieren los parques eólicos o las baterías de turbinas mareomotrices o la energía nuclear al secuestro de carbono. Ofrecen incluso predicciones muy afinadas de lo que pasará si hacemos o no hacemos esto o lo otro, todo ello basado en cifras recogidas de un u otro "estudio" como si el mundo fuera una hoja de cálculo gigante que sólo precisa equilibrarse correctamente”.

Jason HribalLos animales parte de la clase obrera

El Capitalismo plantea la relación hombre naturaleza desde un enfoque cartesiano. En una caja está el hombre y en otra está la naturaleza. De esta forma el homo economicus capitalista se sirve de la naturaleza y la explota y le saca rendimiento sin miramientos. Se trata de considerar la naturaleza como un objeto externo susceptible de ser cartografiado, cuantificado y regulado, para ponerlo al servicio de la acumulación de capital. De esta manera la cuestión del cambio climático se considera, incluso por parte de muchos ecologistas militantes, como un desafío ingenieril que tiene que ser resuelto mediante soluciones tecnológicas cuantificables.

Ninguna formación social precapitalista hubiera planteado las cosas de esta manera. Los seres humanos se han sentido siempre formando parte del entorno natural en el que han vivido excepto en el capitalismo, donde la dicotomía cartesiana ha alcanzado niveles gargantuescos. Timothy W. Luke ha publicado un libro con un título bien explícito: “El desarrollo de la contabilidad planetaria: fabricando la naturaleza como si fuera un producto almacenable, un servicio, y un sistema para la gobernanza ecológica”. Y es que la botánica, la geología, la geografía y demás ciencias de la tierra no son solo “ciencia” sino, y sobre todo, grandes negocios.

Antropoceno o Capitaloceno


Los geólogos dividen 4.500 millones años de historia de la Tierra en una jerarquía de intervalos de tiempo (eones, eras, periodos, épocas y edades) llamada la Escala Geológica del Tiempo. Vivimos en el Período Cuaternario, la más reciente subdivisión de la Era Cenozoica, que comenzó hace 65 millones de años. El Cuaternario a su vez se divide en dos épocas: el Pleistoceno, que comenzó hace 2,58 millones de años, y el Holoceno, que comenzó hace 11.700 años y se extiende hasta el presente.

Las divisiones no son arbitrarias: reflejan cambios importantes en las condiciones dominantes y las formas de vida en la Tierra. La Era Cenozoica está marcada por el ascenso de los mamíferos, después de la extinción masiva de los dinosaurios al final del Mesozoico. El Pleistoceno se caracterizó por sucesivas "edades de hielo". El último retroceso de los glaciares marca el comienzo del Holoceno, que se ha caracterizado por ser un clima estable, relativamente caliente.

Los límites oficiales de los eones, eras, periodos y épocas geológicas los define la Comisión Internacional de Estratigrafía. Cada cierto tiempo se publica una nueva Tabla Cronoestratigráfica Internacional, una relación consensuada de los distintos periodos geológicos. La época geológica en la que nos encontramos es el Holoceno (comenzó hace sólo 11.700 años). Los impactos de las acciones humanas en el planeta en los últimos 300 años han sido tan profundos que puede justificarse la definición de una nueva era geológica de la Tierra, el Antropoceno (término acuñado por Paul Crutzen, premio Nobel por el descubrimiento del agujero en la capa de ozono). De hecho se ha constituido un grupo de trabajo al respecto (que incluye al español Alejandro Cearreta) y se ha fijado el 2016 para tomar una decisión.

La definición de Antropoceno intenta vincular al capitalismo con el homo sapiens. En este sentido continúa con la manía de los teóricos pro-sistema de equiparar al ser humano con su homo economicus. La especie humana fue capaz de manipular y controlar el fuego lo cual inició su carrera como manipulador y agente del clima del planeta. Cuando la humanidad encendió su primer árbol muerto, aquello sólo podía conducir, un millón de años más tarde, a la quema de un barril de petróleo..

La idea de Antropoceno intenta trivializar que “los humanos” hemos creado cosas que no existían como minerales sintéticos, fibras de carbono, plásticos, hormigón (que se ha extendido en la superficie de nuestro planeta a una velocidad de dos millones de kilómetros por año), que hemos sido capaces de quemar alrededor de 200 millones de años de fósiles, entre carbón, petróleo y gas, que las excavaciones en busca de minerales y combustibles fósiles han perforado más de 50 millones de kilómetros bajo la superficie, etc.

De nuevo, para escurrir el bulto, se plantea como responsable del cambio climático al abuso antropozoico de “los combustibles fósiles” como si bastara con cerrar unas cuantas plantas de carbón para solucionar el problema. Lo cierto es que el capitalismo no es un fenómeno que empieza con la máquina de vapor y la revolución industrial hace 200 años (el interesado modelo de los dos siglos), sino que se trata de una malformación, una degeneración que empezó a mediados del siglo XV en Europa y que se expandió cada vez más rápidamente con estrategias audaces de conquista mundial y mercantilización sin fin. Si apagamos algunas plantas de carbón se puede quizás ralentizar el calentamiento global por unos días; si apagamos, en cambio, las relaciones sociales que dieron origen al crecimiento irracional y al despilfarro, lo detendremos para siempre.

La noción antropocénica, además de eludir responsabilidades, incluye la falacia de atribuir al sistema la capacidad de manipular el clima y el medioambiente a su antojo mediante sistemas de secuestro de emisiones o experimentos de geoingeniería (diseño de tecno-estructuras planetarias para la reducción y la remoción de gases de efecto invernadero).

La ciencia del clima, la política y el discurso en general están constantemente formulados según la narrativa del Antropoceno: autoflagelación colectiva, llamamiento a “los consumidores” para enmendar sus costumbres y otras piruetas ideológicas que sólo sirven para ocultar al verdadero conductor, el capital. Dehistorizar, universalizar, eternizar y naturalizar un modo de producción que es específico para un determinado lugar y tiempo constituye la clásica estrategia de legitimación ideológica.

Además, el Antropoceno, al excluir la causalidad capitalista, fomenta la confusión y la falacia planteando la responsabilidad no en términos de sistema, de clase, sino en términos geoespaciales, con unos países o zonas geográficas más responsables que otros, dividiendo al planeta entre humanos que aún tienen derecho a polucionar y emitir gases tóxicos y otros que ya no tienen tantos derechos. En esta línea se plantea que es lógico que los chinos polucionen más puesto que han llegado más tarde al desarrollo (cuando en realidad el desastre medioambiental chino ha sido ingeniado y provocado por la externalización industrial de las grandes corporaciones monopolistas occidentales). Dudo mucho que los trabajadores chinos estén pensando en estos términos, y más si se tiene en cuenta que China es especialmente vulnerable al cambio que se avecina. Una elevación del nivel del mar de unos 25 m reduciría el área habitable de las cuencas ribereñas de tal forma que 250 millones de personas deberían ser refugiadas tierra adentro.

La nueva era geológica en la que estamos no es pues el Antropoceno sino el Capitaloceno, la edad del capital (que tiene la ventaja de nombrar al verdadero culpable), el artífice de los cercamientos de tierras, de la apropiación de los comunales, de la mercantilización de la vida, del colonialismo, de la esclavitud, de la industrialización irracional, de las guerras mundiales, de las bombas atómicas, de la guerra fría, del marketing y la obsolescencia planificada, de la producción para el despilfarro, del agotamiento irracional de los recursos, de la manipulación biogenética, del agujero en la capa de ozono, de la explotación y de la miseria de sus propios congéneres a una inconcebible escala nunca sufrida por ninguna otra especie en la historia del planeta. Hoy en día, el homo más numeroso y representativo del Capitaloceno malvive en enormes e insalubres barriadas barraquistas sin alcantarillado ni servicios de ninguna clase. Casi la mitad del mundo, más de 3 mil millones de personas, malviven con menos de $ 2.50 al día, el 80% de la humanidad malvive con menos de $ 10 por día. Estos son los números que cualifican al Capitaloceno no los del Antropoceno.

http://monthlyreview.org/2015/09/01/when-did-the-anthropocene-beginand-why-does-it-matter/
Puede observarse en la gráfica como la aceleración a partir de mediados de los años 1950 coincide con los inicios y el despliegue imparable de la globalización monopolista. Durante el corto Capitaloceno el exterminismo nuclear ha sido siempre un desenlace previsible pero que al fin y al cabo depende de un solo botón. El agujero de la capa de ozono se ha conseguido revertir cambiando el mix de emisiones que lo producían. Con el cambio climático ocurre que hay demasiados interruptores a apagar y es algo consustancial con el sistema el no apagarlos sino, por el contrario, seguir instalando más para seguir acumulando capital.

¿Es posible la lucha contra el cambio climático en condiciones de capitalismo?



Nicholas Stern: "El problema del cambio climático involucra un fallo fundamental de los mercados: los que dañan a otros mediante la emisión de gases de efecto invernadero en general no pagan"... y "el cambio climático es el resultado del mayor fallo del mercado que el mundo ha visto."

No se trata de un simple fallito, sino de un tremendo fracaso del mecanismo de mercado. Pero plantearlo mecanicamente como fallo implica aún la posibilidad de reparar o afinar el mecanismo que falla. Stern sigue en esta vía. Thomas Friedman tampoco se corta ante tales fallos del mercao y plantea un futuro mercado de "empleos verdes" relacionados con las energías renovables, las plantas nucleares y los coches eléctricos como "el próximo gran motor del crecimiento industrial" – la perfecta solución win win capitalista.

A nivel mundial, las plantas de energía eléctrica alimentadas por combustibles fósiles generan solo el 17% de las emisiones de gases de efecto invernadero, la calefacción es responsable del 5%, otras formas de quema de combustible representan 8,6%, la industria el 19%, el transporte 14,3%, la agricultura 13,6%, los cambios en el uso de la tierra (principalmente deforestación) 12.2%. La producción de millones de coches eléctricos en lugar de millones de coches con motor de gasolina, no sería menos ecológicamente destructivo y contaminante, incluso si todos fueran a funcionar con energía solar.

James Jansen ha propuesto la creación de un sistema de "impuesto-dividendo" por tonelada de CO2 emitida a cobrar a las corporaciones que trafican con combustibles fósiles. El impuesto debería rebertir, no al gobierno (feudatario de las petroleras) sino directamente a toda la población en forma de dividendo transferido electrónicamente a las cuentas corrientes de los beneficiarios. El impuesto (115 $/Tm) generaría 670.000 millones de $ en dividendos con lo que cada residente en los EUA recibiría 3000$ al año.

El problema es que el capitalismo es un sistema que se rige por estímulos y dictámenes del mercado, un sistema obtusamente cortoplacista compensado por la perversa planificación antidemocrática que obedece a los intereses de clase de las grandes corporaciones privadas. 

La única manera de frenar el cambio climático será imponer un drástico repliegue, y en algunos casos el cierre total, de industrias, incluso sectores enteros, en toda la economía y en todo el planeta – no solo a productores de combustibles fósiles, sino a todos los sectores que los consumen y producen emisiones de gases de efecto invernadero - automóviles, camiones, aviones, líneas aéreas, transporte marítimo y de cruceros, construcción, productos químicos, plásticos, telas sintéticas, cosméticos, fibras y tejidos sintéticos, fertilizantes sintéticos y agronegocios de engorde animal concentrado. La gran mayoría - por lo menos tres cuartas partes - de todos los bienes y servicios que producimos hoy simplemente no necesitan ser producidos en absoluto.

Todos estos cambios no son simples y requieren acabar con el capitalismo y sustituirlo por una economía orientada a la producción de lo que necesitamos, mientras conservamos los recursos para las futuras generaciones de seres humanos y de otras especies con las que compartimos este planeta.

Estamos entrando en la era post-antibiótica, donde una infección después de un rasguño o a través de un catéter de hospital podría significar una sentencia de muerte. El aumento de la resistencia antimicrobiana es en muchos sentidos una amenaza más inmediata para la humanidad que incluso el cambio climático. La razón: la negativa de los monopolios farmacéuticos para a invertir en antibióticos puesto que no son lo suficientemente rentables en comparación con los medicamentos para enfermedades crónicas.

Sector tras sector, el conjunto de todas las cosas que son rentables es mucho menor que el conjunto de todas las que son útiles. El capitalismo limita lo que podemos producir a sólo aquellas cosas que permiten la acumulación de capital. El capitalismo sólo puede ofrecer una sombra del potencial de innovación que el socialismo podría acometer.

La alternativa es nacionalizar y socializar las grandes corporaciones monopolistas que están destruyendo el planeta. Tendrán que ser nacionalizadas, muchas cerradas, otras adelgazadas, y otras reconvertidas. La alternativa al capital tiene que ser una combinación de planificación democrática y racionamiento. Un control democrático colectivo sobre la economía para dar prioridad a las necesidades de la sociedad, el medio ambiente, otras especies, y las futuras generaciones. Esto requiere concatenar la planificación económica nacional con la mundial para organizar la economía y redistribuir el trabajo y los recursos a escala global.

El mercado deberá perder el protagonismo y volver a cumplir el humilde papel residual que había jugado en la historia de las sociedades antes de la gran aberración capitalista.

Links:

Jason Moore:
The Capitalocene Part I:
The_Capitalocene Part_II

Capitalism and the destruction of life on Earth

The Anthropocene Myth

2/9/15

La III Gran Depresión. La Depresión Monopolista

English translation
http://isj.org.uk/the-global-crawl-continues/

La relación entre la actual depresión y los monopolios parece que escapa a los analistas. Introduje en el buscador Google "Depresión Monopolista" y las únicas entradas en la red vinculándolos siguen siendo las de este bloc. Ni una sola referencia en ningua otra parte. Chocante. Lo probé en ingles "Monopolistic Depression" y al parecer se trata de una rara variedad depresiva mental. Ni una referencia a la economía. Probé con "Monopoly Depression" y las únicas entradas (a parte del blog en inglés Exit Capitalism )  hacen referencia al juego del Monopoly y, de nuevo al desarreglo mental. Lo probé finalmente con "Economic Monopolist Depression"  y en este caso solo seis resultados, todos referidos a Exit Capitalism. Más chocante aún. Pues bien, queramoslo o no, existe una fuerte relación que vincula estrechamente ambos fenómenos.

Las grandes depresiones sientan bien al capital monopolista.
  • . Con la depresión los monopolistas ganan cuota de mercado a costa del sector no monopolista. 
  •  . Con la depresión se mantienen e incluso aumentan los beneficios del sector monopolista que es capaz de mantener e incluso aumentar sus precios en depresión.  
  • . Según la doctrina del shock (Naomi Klein), el capital monopolista aprovecha los desastres, la conmoción y la confusión, generados por la gran depresión para introducir regulaciones neoliberales que aseguren sus negocios y sus rentas de monopolio.
  •  . La gran depresión genera sustanciosas oportunidades para la concentración capitalista: el endeudamiento de los estados facilita la privatización de las empresas públicas y de los servicios públicos.  
  • . Con la depresión, la alocada competencia en el sector no monopolista (proveedores, subcontratados, trabajadores, etc) conlleva la caída de sus precios, rentas y beneficios (deflación), caída que se traduce en disminución de costes para el sector monopolista y por tanto en aumento de sus rentas de monopolio. Es decir que la caída de las rentas y beneficios de unos, la gran mayoría, aumenta los beneficios de la minoría monopolista. El sector monopolista aumenta su participación en la renta global en detrimento de la disminución de la cuota de renta de todos los demás.
  • La depresión monopolista significa la redistribución de la renta y de la riqueza en favor de los más ricos. Pero tal redistribución es la otra cara de la proletarización. El capital monopolista es la verdadera esencia del capitalismo y la máquina perfecta de apropiación o destrucción total de los medios de producción que todavía no están en sus manos. La depresión monopolista significa proletarización en gran escala.
  • . Las grandes depresiones, sin embargo pueden resultar peligrosas para el capital monopolista si los pueblos o los estados reaccionan en contra de sus intereses (nacionalismo económico, controles sobre los movimientos de capital, renacionalizaciones, socializaciones, regulaciones anti-monopolios, etc.) De ahí el ahínco en la introducción de regulaciones (tratados bilaterales de libre comercio, Tratado de Maastricht, Tratado TLCAN o NAFTA,TTIP, TPP, etc.) que aseguren la depresión a perpetuidad constitucionalizando la incapacidad democrática de los pueblos y de los estados para reaccionar frente a la depresión monopolista. El TTIP, TPP y similares constitucionalizan la Gran Depresión.

En 2011 publiqué un artículo titulado Fase 4. Depresión Permanente donde prometía la entrega del capítulo III, una vez que finalizara el tirón chino. Pues bien. Estamos entrando en el capítulo III de la Gran Depresión del s. XXI. El tirón chino ya puede darse por finalizado.

I- El fin del desacoplamiento 

de los países emergentes



Brad DeLong: “En algún momento deberemos dejar de llamar a esto “La Gran Recesión” y empezar a llamarlo “La Gran Depresión”"

El término “Depresión” causa escalofríos y está vedado en los medios de comunicación pero aquí y allá, de forma aislada pero insistente, surgen tímidos avisos de que estamos ante algo mucho más profundo y peligroso que una recesión larga y se empieza a hablar de un “Estancamiento Secular” (el término vendría prestado del economista keynesiano Alvin Hansen que lo utilizó en los años 40. Krugman lo define como “Un situación persistente en la que una economía depresiva es la norma, salpicada con episodios cada vez más esporádicos de recuperación del empleo”)
 

1.El desacoplamiento chino

La demanda china de materias primas, junto a la especulación en bolsa inducida por laxas políticas monetarias, endeudamiento descomunal y gigantescas rondas de monetización de deuda (Quantitative Easing), permitió un desacoplamiento temporal de los países exportadores de materias primas y un cierto freno a la tendencia depresiva global gracias a la demanda de los BRICS. Esta etapa está a punto de finalizar. dado que China nunca va a sustituir a EEUU o Europa como locomotora consumista mundial, puesto que la estructura monopolista global excluye mejorar las condiciones de los trabajadores chinos.

China ha quedado atrapada al final de la cadena de la división internacional del trabajo. Nunca evolucionará como un nuevo Japón o un nueva Corea del Sur. Si en los 90 parecía que la burocracia controlaba el proceso de apertura al capitalismo, en la siguiente década las multinacionales tomaron definitivamente el control. El capital extranjero transnacional controla ya la mayoría de los sectores industriales del país (60% de las exportaciones y el 80% de las exportaciones del sector de electrónica y maquinaria). La mayoría de las marcas chinas han ido sucumbiendo una tras otra. Las firmas extranjeras ya no sólo controlan el sector exportador sino que están tomando posiciones en el sector de servicios (consultoría, inmobiliario, seguros, auditoría, mensajería, entretenimiento, refrescos, deporte, grandes superficies, etc. ) e incluso en los servicios públicos del país (suministro de agua potable, alcantarillado, sanidad, educación, ...) .

Tras la crisis de 2009, el enorme estímulo de inversión pública (gracias a las enormes reservas de dólares acumuladas tras años de superávits comerciales con respecto a EEUU)  no se ha traducido en una mejor distribución de la renta y la riqueza (demanda interna) sino más bien al contrario. China es el país con más desigualdad del mundo (después de Nepal). Además, la mayor parte de la nueva capacidad instalada lo ha sido en el sector exportador (subordinado a los monopolios multinacionales) contando con una fuerte recuperación de la demanda externa mundial. Pero la recuperación de la demanda por parte de EEUU, la UE y Japón ha sido de todas todas decepcionante con lo que China siguió tirando de estímulo irracional, que la ha conducido a una descomunal crisis de sobrecapacidad agravada por un gran endeudamiento que amenaza traducirse en crisis financiera.

2. La crisis de las exportaciones


El crecimiento mundial desde el crack de 2008 en gran parte ha sido impulsado por Asia y Latinoamérica.  Sólo Asia representó casi el 60% del crecimiento mundial en el período 2009-2014.

Pero el crecimiento en Asia previo a la crisis financiera de 2008 había sido impulsado por las exportaciones de las grandes corporaciones transnacionales deslocalizadas allí, a los países capitalistas avanzados, en particular los EE.UU.

Sin embargo, como resultado de dicha deslocalización (menos puestos de trabajo) la demanda de los países desarrollados fue cayendo pertinazmente, con lo cual, los países asiáticos vieron como sus exportaciones se iban desplomando. La siguiente gráfica muestra el crecimiento de las exportaciones de año a año para el desarrollo de los países asiáticos.

http://blogs.lclark.edu/hart-landsberg/2015/08/03/signs-of-global-slowdown/


El comercio inter-asiático (básicamente compuesto de partes y componentes) también está cayendo en barrena tal como muestra la siguiente gráfica:

 http://blogs.lclark.edu/hart-landsberg/2015/08/03/signs-of-global-slowdown/

La siguiente figura muestra las exportaciones agregadas (China, Hong Kong, Corea, Singapur, Taiwán y Tailandia). Los descensos en las exportaciones a Japón y la UE son especialmente llamativos.

http://blogs.lclark.edu/hart-landsberg/2015/08/03/signs-of-global-slowdown/

El periódico The Wall Street Journal y el mismo FMI reconocen que se trata de un modelo económico (basado exclusivamente en las exportaciones asiáticas a occidente) que hace agua por todas partes.
 
El gasto de inversión masiva de China ha servido para apoyar las exportaciones y el comercio intra-asiático. Tras el colapso de las exportaciones en 2009, las autoridades chinas lanzaron un programa de inversiones descomunal para mantener el ritmo de actividad mientras se recuperaban las exportaciones. El problema es que la exportación no se recuperó lo suficiente. La recuperación experimentada en los llamados países emergentes, América Latina y África, beneficiados por las exportaciones a China, no fue suficiente dado el permanente retraimiento de la demanda en los países del centro. Con el retraimiento de la demanda, ahora global, China se encuentra con un problema de sobrecapacidad sin parangón.

Pero China sigue en la misma adicción, erre que erre (¿temor a disturbios incontrolables?). Desde febrero de 2014, China ha aprobado al menos 2.300.000 millones de dólares adicionales en nuevos proyectos de infraestructura para contrarrestar la creciente desaceleración de la economía. Pero estas infraestructuras, aparte de verdaderos elefantes blancos, no están dirigidas a las necesidades del mercado interno sino que, como las anteriores, están destinadas en su mayor parte a reforzar el modelo exportador (que exige salarios irrisorios, agotamiento de los recursos y destrucción medioambiental), subordinado a la globalización monopolista.

Los gobiernos de toda la región mantienen estrategias similares lanzados a una competencia ciega entre ellos para atraer y mantener la inversión empresarial monopolista a costa de mantener los costos de mano de obra lo más bajos posibles.

3. Caída del precio de las materias primas


Gillem Tulloch “China está consumiendo más acero, hierro y cemento per cápita que ninguna otra nación industrial en la historia. Todo va a ferrocarriles que nunca harán dinero, carreteras en las que nadie conduce o ciudades donde nadie vive.”

Otro indicador de la fragilidad global es la disminución de los precios de las materias primas. Por supuesto, esta tendencia es en gran medida una consecuencia de la anterior. La disminución de las exportaciones de Asia se ha traducido en un descenso en la actividad manufacturera regional y una caída en la demanda, así como en los precios, de la mayoría de los productos básicos (los precios del cobre, el aluminio, el platino, el petróleo, el carbón, el hierro, etc., están ya cercanos a los niveles de 2009 y algunos ya han caído más abajo)

Estas fuertes caídas en los precios de las materias primas amenazan con reducir drásticamente las tasas de crecimiento de los países africanos y latinoamericanos, la mayoría de los cuales dependen de las exportaciones de estos productos básicos para financiar las importaciones necesarias para apoyar la producción y el consumo interno, amenazando con reducir aún más las exportaciones chinas (círculo vicioso de la Depresión)

4. Deuda creciente


Desde la crisis financiera de 2008 el mundo se ha apalancado aún más. El total de la deuda pública y privada global se ha incrementado desde los 143 billones de $ en 2007 hasta los 200 billones en 2014. La deuda global ha pasado del 258% del PIB mundial en 2007 al 270% del mismo en 2014. El mundo capitalista nunca en su historia había estado tan endeudado.

Mientras que Europa ha vivido un trasvase de deuda privada a deuda pública vía rescates financieros, en China, la deuda total, incluido el sector financiero, se ha casi cuadruplicadlo desde 2007, alcanzando el equivalente al 282% del PIB.

Antes de la crisis de 2008, todas las naciones europeas, aparte de Portugal y de Grecia, estaban reduciendo su nivel de deuda-PIB. La mayor parte de Europa estaba reduciendo la deuda pública a niveles muy manejables y históricamente bajos. La deuda de Irlanda, por ejemplo, era muy baja (27%). Parecía como si se estuvieran preparando para el subsiguiente rescate masivo. La próxima crisis financiera va ha ser sin duda otra crisis de deuda. Pero una vez iniciada, sin embargo, la crisis  va a ser muy diferente de la última puesto que esta vez casi todas las naciones ya están muy endeudadas y serían incapaces de asumir una nueva ola de rescates.

5. Deflación en el sector no monopolista 


E.J. Jobsbawm (Industria e Imperio): "Durante la Gran Depresión el nivel de vida de los obreros que aún tenían trabajo se mantuvo gracias a la caída del coste de la vida".

En las antiguas crisis cíclicas de sobreproducción del siglo XIX, era la fuerte competencia entre las empresas la que deprimía los precios (deflación), caían las empresas menos competitivas y el mercado remontaba a partir de precios bajos y menos empresas ofertantes.

La actual debilidad de la mayoría de las economías, combinada con la fuerte caída de los precios de la energía, ha levantado el temor al fantasma de la deflación por primera vez desde la Gran Depresión. En diciembre de 2014 la Eurozona cayó de nuevo en deflación (ya hubo deflación en 2009). Japón sigue en deflación y los EEUU y el RU rondan cada vez más de cerca tasas de precios deflacionarias.

Según los economistas académicos el problema de la deflación (y de las expectativas que conlleva) es que se trata de una espiral que se retroalimenta. La deflación reduce la tasa de beneficios de las empresas que como respuesta bajan aún más los salarios, con lo que baja aún más la demanda agregada y vuelven a bajar más los precios. La deflación hace que el valor real de las deudas de las familias, de las empresas y de las administraciones públicas, aumente, con lo que una leve subida de los tipos de interés puede llevarles a la morosidad o a la quiebra. Además, el endeudamiento generalizado retrae la inversión de los estados y la demanda de las familias.

Un problema de esta teoría es que no explica por qué no remonta la demanda al bajar los precios. En anteriores crisis, con el sistema menos monopolizado, los precios se desplomaban por la falta de demanda (deflación) y la competencia entre las empresas. La desaparición de empresas por un lado y los bajos precios por el otro, acababan al final con la sobrecapacidad, el paro y la deflación.

Otro problema de esta interpretación es que contempla la deflación como algo general que afecta a todos los sectores, tanto a los monopolizados como al resto. Aunque haya sectores en los que los precios no solo no se deprimen sino que suben, al computar los datos agregados se camufla lo bien que resisten los precios (y los beneficios) de los sectores fuertemente monopolizados (bancos, energía eléctrica, gas, agua, gasolineras, fármacos, alimentos, bebidas, peajes de autopistas, servicios de telecomunicaciones, etc.)

En un sector no monopolista en crisis (viviendas en alquiler, bares, chiringuitos, ...) , quien no baja los precios no coloca sus productos o servicios. En este caso los consumidores resultan beneficiados y pocos de ellos quedan excluidos. En cambio en los sectores monopolizados, como el de las corporaciones energéticas, telecomunicaciones, gasolineras, servicios públicos privatizados, etc., los precios resisten i incluso suben durante la crisis y los beneficios aumentan a cargo de los clientes que, a falta de suministradores alternativos, sólo pueden optar entre pagar el recibo o quedar excluidos. Los monopolios privados pueden compensar con creces la caída de la demanda subiendo sus precios aunque esto implique la exclusión y la marginación de buena parte de la población del planeta.

Otro agujero de la teoría convencional es que da por hecho que la sobrecapacidad es un mal para la economía y es mala para todos. Pero resulta que el monopolista tiene un cierto interés en el mantenimiento de la sobrecapacidad puesto que ésta constituye una buena barrera de entrada con respecto a sus acotados mercados. Wal-Mart mantiene en funcionamiento en ciertas zonas enormes superficies comerciales, totalmente superfluas, para disuadir posibles contrincantes.

6. Más financiarización


Los bajos tipos de interés y los helicópteros monetarios (QE o compra masiva de bonos y deuda por parte del Banco Central) en EEUU y ahora en la Zona Euro no han conseguido su supuesto efecto estimulante de la inversión. Las grandes corporaciones, financieras y no financieras, han capturado este maná fiduciario emitiendo bonos a tipos irrisorios para invertirlo en las bolsas.

El dinero “fácil” que ofrecen actualmente los bancos centrales, supuestamente para restaurar el crecimiento, es un dinero fácil para el gran capital pero no, por supuesto, por la mano de obra ni los pequeños negocios. No estimula la inversión sino solo el sector financiero y especulativo, aumentando la desigualdad y la redistribución negativa detrayendo cada vez más recursos de los pobres para dárselos a los más ricos.

Una forma de aumentar los beneficios sin invertir en la economía real es la de autocomprar (buyback) tus propias acciones. De esta forma se consigue bajar la proporción entre ingresos y número de acciones (el EPS - earnings per share – aumenta) es decir, la tasa de beneficios de los títulos aumenta artificialmente con lo que se atrae a más inversores hacia la bolsa y aumenta la cotización. Solo una pequeña parte residual de estos estímulos se usa para invertir en nuevas tecnologías o más puestos de trabajo.

http://blogs.lclark.edu/hart-landsberg/2015/07/26/capitalism-at-work-profits-over-people/

La linea verde, con su escala a la izquierda, recoge los pagos por beneficios a los accionistas y las autocompras de acciones, mientras que la línea roja, con escala a la derecha, recoge los fondos destinados a inversión productiva.

Las operaciones de recompra anunciadas para 2015 van a registrar un record nunca alcanzado de 993.000 millones de dólares. Desde 2009 las grandes corporaciones norteamericanas han gastado 2,4 billones en operaciones de recompra de sus propias acciones.

Según Bloomberg Businessweek, numerosos analistas comparten el punto de vista de que las grandes corporaciones se ven obligadas a adoptar este comportamiento debido o a la falta de alternativas más “atractivas” (debilidad de la demanda agregada y malas expectativas de beneficios) para el uso de sus fondos.

7. Pésimas perspectivas de crecimiento


En resumen, las perspectivas de crecimiento en los países centrales son pobres y como consecuencia, Asia se enfrenta el agotamiento de su estrategia de crecimiento impulsado por las exportaciones. Y lo mismo es cierto para el África subsahariana y América Latina.

Y las perspectivas de crecimiento de los países centrales son poco halagüeñas dadas las políticas de austeridad impuestas por la Troika y las estrategias alemana y japonesa de crecimiento vía exportaciones (sacrificando su demanda interna). En cuanto a EEUU, y a pesar de la caída del precio del petroleo (que como en todas partes tarda lo suyo en bajar el precio de la gasolina), es difícil que la exuberancia de Wall Street y las bolsas de valores se traduzcan en un “efecto riqueza” que estimule suficientemente la demanda, recuperando su antiguo papel de locomotora de última instancia de la economía global.

En suma, sin cambios estructurales significativos en la mayoría de las economías, cambios que incluyan políticas destinadas a impulsar la mejora de las condiciones de vida y de trabajo y a enfrentar decididamente el desastre medioambiental causado por el neoliberalismo monopolista, entraremos de lleno en un largo período de dificultades.

II. La Depresión beneficia 

a los monopolistas


Shimshon Bichler and Jonathan Nitzan:” Los economistas suelen consensuar que la proporción de las rentas del capital en la renta total de los países avanzados es procíclica, es decir que en épocas de bonanza económica y poco paro sus rentas aumentan más que proporcionalmente. Pero esto no es lo que ocurre en la práctica. De acuerdo con los datos, desde la posguerra mundial, la participación en la renta del capital ha sido contracíclica, elevándose durante las crisis y cayendo durante los booms”… “Hablando en plata: los capitalistas no están en absoluto preocupados por la crisis sino todo lo contrario. Les enamora.“.

Las grandes depresiones sientan bien al capital monopolista.

  1. Con la depresión los monopolistas ganan cuota de mercado a costa del sector no monopolista.
  2. Con la depresión se mantienen e incluso aumentan los beneficios del sector monopolista que es capaz de mantener e incluso aumentar sus precios en depresión.
  3. Según la doctrina del shock (Naomi Klein), el capital monopolista aprovecha los desastres, la conmoción y la confusión, generados por la gran depresión para introducir regulaciones neoliberales que aseguren sus negocios y sus rentas de monopolio.
  4. La gran depresión genera sustanciosas oportunidades para la concentración capitalista: el endeudamiento de los estados facilita la privatización de las empresas públicas y de los servicios públicos.
  5. Con la depresión, la alocada competencia en el sector no monopolista (proveedores, subcontratados, trabajadores, etc) conlleva la caída de sus precios, rentas y beneficios (deflación), caída que se traduce en disminución de costes para el sector monopolista y por tanto en aumento de sus rentas de monopolio. Es decir que la caída de las rentas y beneficios de unos, la gran mayoría, aumenta los beneficios de la minoría monopolista. El sector monopolista aumenta su participación en la renta global en detrimento de la disminución de la cuota de renta de todos los demás.
  6. Las grandes depresiones, sin embargo pueden resultar peligrosas para el capital monopolista si los pueblos o los estados reaccionan en contra de sus intereses (nacionalismo económico, controles sobre los movimientos de capital, renacionalizaciones, socializaciones, regulaciones anti-monopolios, etc.) De ahí el ahínco en la introducción de regulaciones (tratados bilaterales de libre comercio, Tratado de Maastricht, Tratado TLCAN o NAFTA,TTIP, TPP, etc.) que aseguren la depresión a perpetuidad constitucionalizando la incapacidad democrática de los estados para reaccionar frente a la depresión monopolista. El TTIP, TPP y similares constitucionalizan la Gran Depresión.

1. Teorías sobre la depresión


. Teorías de la depresión por el lado de la oferta: 

La explicación tecnocrática: a diferencia de otras depresiones, en la actual no surgen innovaciones técnicas de suficiente calado y futuro recorrido que puedan incluso significar la creación de nuevas ramas industriales y reconducir al sistema en la senda del crecimiento.

. Teorías de la depresión por el lado de la demanda (neokeynesianos): 

Martin Wolf: “La economía mundial ha venido generando más ahorro del que los negocios desean usar, incluso a tipos de interés muy bajos”

Para los keynesianos, la depresión es el resultado del aumento del atesoramiento combinado con una falta de demanda de inversión. Mucho atesoramiento y falta de demanda de préstamos para inversión implica la famosa trampa de la liquidez: tipos de interés reales bajos, incluso negativos no consiguen estimular la inversión y el crecimiento.

Algunos desaprensivos apuntan que la causa del atesoramiento sería el envejecimiento de la población y la disminución de la tasa de natalidad. Wolf, por su parte, atribuye esta caída de la inversión a un cambio en la “cultura empresarial” que prefiere especular en activos financieros que invertir en capital productivo.

. Teorías desde el ámbito marxista

Según la teoría clásica marxista, el fenómeno que conduciría a la depresión está en la baja tasa de beneficios que esperan obtener las corporaciones de la colocación de sus fondos.

La competencia entre capitalistas fuerza los precios y por tanto la tasa de beneficios a la baja, desanimando la inversión y generando desempleo.

Pero el problema es que las grandes corporaciones monopolistas continúan obteniendo suculentas tasas de beneficio incluso en tiempos de depresión. En los tiempos actuales no se produce una caída de la tasa de beneficios sino al contrario.

Paul M. Sweezy y Paul. A. Baran, en su libro "El Capital Monopolista" de 1966 argumentaron que el capital monopolista tiene una contradicción dinámica. Al contrario que durante el capitalismo de pequeñas empresas en competencia en el que existía una tendencia al decrecimiento de la tasa de beneficios, en la etapa subsiguiente, con la generalización de los grandes monopolios, esta tendencia desaparece substituída por una tendencia creciente de la tasa de beneficios, al menos para el sector monopolizado.

Pero, segun Baran y Sweezy el sistema muestra una inhabilidad crónica para absorber las enormes plusvalías que es capaz de producir. Gracias a sus posiciones de monopolio obtienen plusvalías en exceso que invierten en capacidad adicional. El problema es que la demanda agregada no sigue y la capacidad productiva se convierte en sobrecapacidad con lo que futuras inversiones no van a generar más beneficios. ¿Para qué aumentar las inversiones si los beneficios siguen fluyendo con la capacidad actual instalada? Es decir, que el capitalismo monopolista muere a causa de su propio éxito. “De ello sigue que el estado normal de la economía en el capitalismo monopolista es el estancamiento

Y mientras la especulación financiera prometa tasas de beneficios superiores a las de la inversión real, los capitalistas seguirán huyendo de la inversión productiva. La financiarización especulativa , aunque pueda generar más actividad vía burbujas financieras gracias al efecto riqueza asociado a ellas, a la larga genera más desigualdad y por tanto menor demanda efectiva.

En lo que parecen estar también todos de acuerdo es en que la gran depresión no interesa a quienes la padecen (trabajadores y clases medias) sino que tampoco interesa a los capitalistas (los keynesianos de buena fe insisten particularmente en ello) y en este punto se equivocan. Hay un grupo de capitalistas, los más poderosos, a los que puede interesar la depresión. Se trata de las grandes corporaciones monopolistas transnacionales.

2. Depresión, beneficios i redistribución de la renta



Es cierto que crear un simple puesto de trabajo significa un esfuerzo en capital fijo (Composición Orgánica del Capital) que pocos inversores están dispuestos a desembolsar en la actualidad. Pero es que además, sin puestos de trabajo adicionales, los parados fuerzan más y más los salarios a la baja. Esto mantiene, incluso acrecienta los beneficios del sector monopolizado (rentas de monopolio) aunque contrae más y más la demanda global (círculo vicioso).

Tampoco se tiene en cuenta que hay que contemplar dos segmentos claramente diferenciados con respecto a la tasa de beneficios. Hay que desagregar los beneficios del sector monopolista (normalmente muy inelástico) de los beneficios del sector no monopolista.

La inversión en el sector no monopolista reacciona de forma directa a la tasa de beneficios presente y esperada. En cambio, la reacción en el sector monopolista no es en absoluto directamente proporcional. Puede no haber reacción alguna e incluso puede haber una relación inversa. A más beneficios menos inversión.

Los monopolistas resisten muy bien los periodos de crisis. Puede incluso apreciarse que, paradójicamente, más bien prosperan cuando al resto les va fatal. Su proporción de la renta total aumenta contracíclicamente. A más depresión mayor desigualdad puesto que aumenta la proporción de la renta que se apropian. El tremendo aumento de la desigualdad a medida que se prolonga y profundiza la depresión refleja esta paradoja.

La explicación de esta aparente paradoja es el resultado de la alocada competencia en el sector no monopolista (proveedores, subcontratados, trabajadores, etc) que conlleva la caída de sus precios, rentas y beneficios (deflación), caída que se traduce en disminución de costes para el sector monopolista y por tanto en aumento de sus rentas de monopolio. Es decir que la caída de las rentas y beneficios de unos, la gran mayoría, aumenta los beneficios de la minoría monopolista.

Con la crisis y la depresión los únicos que mantienen sus beneficios son las corporaciones con mayor grado de monopolio. Las tasas de beneficio de las grandes corporaciones monopolistas se han doblado desde 2008 gracias a la disminución del impuesto de sociedades, las cuotas empresariales a la seguridad social y la contracción de los salarios (políticas de austeridad y devaluación interna), mientras que la tasa de beneficios del sector no monopolista se desploma arrastrada por la caída en picado de la demanda global.

Pero es que, además, nadie sabe cuáles son los beneficios de las multiancionales. Declaran lo que quieren donde quieren. Sus declaraciones de beneficios forman parte de su "contabilidad creativa" para captar nuevas aportaciones de capital o simplemente de su política de relaciones públicas. De ahí la pertinaz asimetría según la cual los beneficios sólo aparecen en el lado bueno de la cadena de valor que suele estar situado en algún paraíso fiscal.


Los monopolios multinacionales, utilizan básicamente 3 técnicas para camuflar sus beneficios y evadir impuestos:

a) Moviendo "su" propiedad intelectual (patentes, marcas, ... ) a empresas filiales en paraísos fiscales. Las filiales no ubicadas en paraísos fiscales pagan (gastos deducibles) por las patentes "propiedad" de la filial del paraíso fiscal.

b) Precios de transferencia. Todas las filiales situadas en países donde se pagan impuestos no registran beneficio alguno puesto que los productos les llegan a un coste similar al precio de venta que cobran a los consumidores finales. En el proceso de producción, transporte y comercialización intervienen diversas filiales que se facturan entre si. Sólo obtienen beneficios las registradas en paraísos fiscales.

c) Profit stripping (estriptis de beneficios): Consiste en compensar los beneficios obtenidos en una país donde hay que pagar impuestos con gastos a pagar a una filial establecida en un paraíso fiscal. Una filial en Bermuda presta dinero a interés a una filial en Francia. Los beneficios en Francia se reducen al pagar los intereses a la filial en Bermuda.


 La sobrecapacidad: barrera de entrada


Otra ventaja de la depresión para las grandes corporaciones es que la retracción de la demanda genera sobrecapacidad en los sectores más afectados; pero para los monopolistas, la sobrecapacidad constituye una barrera adicional de entrada que refuerza sus posiciones y favorece su expansión. Por lo que la sobrecapacidad se convierte en una característica intrínseca, deseada y permanente de la Depresión monopolista.

Elicópteros monetarios i más monopolio


En condiciones de deflación y sobrecapacidad las empresas no monopolistas cierran y tiran la toalla, mientras que los bancos centrales arman flotas enteras de helicópteros monetarios que invariablemente acaban aterrizando en la especulación financiera, suministrando más y más pólvora para la concentración del capital. Como en las anteriores depresiones, la crisis es el caldo de cultivo para la concentración monopolista y como puede observarse, el día a día de la crisis es el no parar en fusiones, agrupaciones, adquisiciones, ..., una carrera sin obstáculos hacia el monopolismo global.

 Apropiación de comunales


Las bajas empresariales y públicas van cediendo posiciones, una tras otra, sector tras sector. Los estados endeudados y quebrados, optan por la austeridad y la devaluación interna y pronto acaban siendo pasto de su codicia y se ven forzados a ceder empresas, servicios y monopolios públicos, que son absorbidos inmediatamente por las fauces abiertas de par en par de la concentración del capital.

Creación de más proletarios

La crisis genera más desigualdad, con lo que cada vez aumenta más la masa de gente sin medios de producción que han de acabar malvendiendo su fuerza de trabajo. El monopolio, la fase superior del capitalismo, también es la que crea más proletarios y sobretodo más lumpenproletarios, sin comparación con la fase anterior. El monopolio está lumpenproletarizando al planeta.

Así pues, los monopolistas estarían engordando con la Gran Depresión. La Gran Depresión es buena para los monopolistas siempre y cuando no se produzcan protestas de entidad suficiente para amenazar a su sistema.

3. Depresión y burbujas financieras


La financiarización especulativa y las burbujas financieras son consustanciales con el capitalismo monopolista.

Los crecientes excedentes monopolistas que no encuentran colocación en la inversión en la economía real se desvían hacia la especulación financiera generando burbujas cada vez más enormes. Una característica que define la actual fase globalizada del capital monopolista 2.0 es la espiral ascendente y creciente de burbujas financieras que van salpicando la geografía de los últimos estadios de la gran depresión.

Las burbujas funcionan como la drogadicción. La absorción de una nueva dosis parece que mejora las sensaciones del sujeto cuya salud se va deteriorando con la acelerada sucesión de dosis cada vez más fuertes. Pero las burbujas benefician al capital monopolista puesto que, gracias a su privilegiada información suele salir a tiempo y airoso de las sucesivas rondas especulativas. Por si las moscas, la envergadura de las corporaciones es tal (too big to fail) que tienen asegurado el rescate público en caso de bancarrota.

Los rescates públicos aumentan el endeudamiento de los estados con lo que se ven constreñidos a malvender los activos públicos (monopolios públicos, servicios públicos, etc.), lo cual aumenta más aún la concentración monopolista del capital.

El aumento del endeudamiento público facilita las "flexi-reformas" laborales y administrativas que contribuyen a aumentar aún más las rentan monopolistas y por tanto los excedentes que vuelven a entrar en la especulación de la siguiente burbuja.

Pero, por si fuera poco, tras las burbujas los grandes bancos centrales lanzan verdaderas flotas de helicópteros monetarios (Quantitative Easing) para monetizar la deuda, dinero que acaba también en manos de los especuladores hinchando aún más la siguiente burbuja.

4. Movilidad de capitales y depresión


Hayek: "El resultado ideal sería la transformación de los gobiernos locales e incluso regionales en corporaciones cuasi comerciales compitiendo entre sí para atraer a los inversionistas”.


La expansión monopolista global requiere casi como condición sine qua non la libertad de movimientos del capital. Que no haya tal libertad para las personas puede incluso resultar ventajoso puesto que divide y discrimina a los trabajadores facilitando mayores tasas de explotación laboral (arbitraje laboral).

La libertad de flujos de capital, además de asegurar la evasión de impuestos, la repatriación de beneficios y la especulación financiera, facilita la capacidad de los monopolios transnacionales para deslocalizar y relocalizar, consiguiendo así, a pesar de las trabas nacionalistas a los movimientos de la mano de obra, la tan deseada reducción de costes laborales en los países occidentales, además de considerables ventajas de orden impositivos cuando no de premios y subsidios públicos.

De ahí que el santa santorum del capitalismo neoliberal monopolista sean los supuestamente incuestionables beneficios (sic!) de la libre circulación del capital, libre circulación que trae más monopolio, más dependencia, más pobreza y más depresión.

La movilidad internacional de los capitales (a través de los mercados financieros liberalizados y el libre comercio) potencia el efecto disciplinario sobre los Estados. La movilidad del capital obliga a los estados a competir por el capital transnacional móvil, proporcionando el tipo de políticas neoliberales que los inversores y las empresas multinacionales demandan.

La movilidad del capital, basada en el “derecho a irse”, crea una especie de “mercado” de políticas gubernamentales en el que las firmas demandan localizarse en aquellas jurisdicciones que les ofrezcan el más favorable mix de costes laborales, costes mediomabientales, impuestos y servicios. Es decir, la movilidad del capital globaliza las políticas austericidas de empobrecimiento y embrutecimiento de la mayoría de la población y conlleva un retraimiento de la demanda agregada que se traduce en más depresión.


5. La teoría de la “trinidad imposible” y la imposibilidad del desacoplamiento



Durante la anterior Gran Depresión  de los años treinta las naciones intentaron desacoplarse con mayor o menor éxito de la depresión adoptando diversas políticas económicas más o menos acertadas.

Pero los monopolistas se han dotado en la actualidad de un arsenal teórico formidable para asegurar su dominio y evitar cualquier desacoplamiento duradero y eficaz a su Depresión Monopolista.

La teoría de la “trinidad imposible” se ha utilizado para justificar las consecuencias antidemocráticas de la deslocalización y los flujos de capitales asociados a la globalización neoliberal monopolista, constituyendo la principal baza teórica para forzar “la apertura” permanente de las economías al capital transnacional.


La “trinidad imposible” o “trilema” afirma, según el modelo Mundell-Fleming de 1962, que es imposible para un país mantener simultáneamente un tipo de cambio fijo, el libre flujo de capitales y una política monetaria autónoma e independiente.

Según la famosa teoría, los gobiernos de las economías “abiertas” enfrentan un “trilema” económico que “les obliga a renunciar” al menos a un objetivo de política económica. Si quieren seguir “gozando” del libre flujo de capitales (1), deberán sacrificar, o bien la política de tipo de cambio de su moneda (2), o bien renunciar a una política monetaria propia (3). Es decir, sólo podrán gozar de una política monetaria autónoma si dejan flotar el tipo de cambio.

Es decir, que renunciar a la política de control sobre los movimientos del capital transnacional (economía abierta) implica, “por razones de teoría económica”, tener que renunciar también, o bien a una política autónoma de tipos de cambio (devaluación de la moneda) o bien a una política monetaria autónoma (bajar los tipos de interés). Renunciar a una determinada política económica en beneficio de la población no sería en absoluto un recorte de la democracia nacional sino un caprichoso imponderable de la teoría económica.

En la práctica, según ha planteado recientemente la economista Hélène Rey, el ciclo financiero mundial restringe las políticas monetarias cualquiera que sea el régimen cambiario. “Muchos creen que un tipo de cambio flexible puede aislarnos de los shocks financieros y permitirnos aplicar una política monetaria independiente… Pero si existe un ciclo financiero mundial, como yo pienso, el tipo de cambio no nos puede separar de lo que ocurre en el resto de los países” (Finanzas y Desarrollo. Junio 2015). Es decir, si se quiere seguir “gozando” del libre flujo de capitales, tan caro al capital monopolista transnacional, habrá que renunciar a cualquier posibilidad de cualquier política económica autónoma, sea de tipos de cambio, sea de tipos de interés. Es decir, el libre flujo del capital monopolista transnacional impone una especie de camisa de fuerza que impide cualquier reacción democrática a la Depresión Monopolista.

 Además, monopolistas y financieros han impuesto al mundo una especie de “solidaridad de mercado”. En ausencia de control de capitales y proteccionismo comercial, y con la mayoría de las industrias deslocalizadas, los estímulos en unos países acaban beneficiando las exportaciones de otros. En el caso chino los beneficiados han sido Latinoamérica y el África subsahariana, los llamados países emergentes que consiguieron desacoplarse durante unos años de la Gran Depresión Monopolista.

Es precisamente la institucionalización quasi constitucional de la libre movilidad del capital transnacional inscrita en los acuerdos bilaterales, acuerdos regionales, acuerdos de integración, o macro acuerdos globales (TTIP, TPP), la que está impidiendo a las naciones resistir el embate de la Depresión Monopolista.

Incluso la gigantesca nación China, con unas reservas descomunales de dólares, está viendo como seguir “gozando del libro flujo de capitales” implica claudicar respecto a cualquier autonomía en cuanto a política de tipos de cambio o de política monetaria alternativas para fortalecer la demanda interna. Deberá, por tanto, morir insistiendo en el modelo exportador que le dictan los monopolistas transnacionales, polucionando sin freno, malbaratando sus recursos, recortando salarios y aumentando el número de parados.

Así pues el capitalismo monopolista triunfante y sin apenas oposición puede finalmente mostrar su verdadero rostro, su más intrínseca esencia que es la de mantener a la sociedad humana en estado permanente de crisis económica y medioambiental para seguir aumentando su poder y sus beneficios cueste lo que cueste, aunque ello signifique acabar con la trayectoria humana en el planeta.

Links:

http://blogs.lclark.edu/hart-landsberg/2015/07/26/capitalism-at-work-profits-over-people/

http://blogs.lclark.edu/hart-landsberg/2015/08/03/signs-of-global-slowdown/

http://isj.org.uk/the-global-crawl-continues/